En Cristo

En Cristo

Si alguno está en Cristo Jesús, nueva criatura es”(2 Corintios 5:17). El apóstol Pablo declara con estas palabras que la clave para una vida nueva es estar en Cristo Jesús.

NO DICE:

-si tiene padres cristianos

-si ha sido bautizado

-si es miembro de la iglesia

-si asiste a los cultos, escucha, canta, reza mucho, etc.

-si es sincero, intenta hacer bien

-si procura guardar los Diez Mandamientos

La religión no hace nuevas criaturas. Si un pecador se bautiza, es un pecador mojado, no una nueva criatura. Si un pecador reza, aunque rece mucho, es un pecador que reza, no una nueva criatura. Si comulga, esto no le cambia. Sigue siendo la misma persona que era antes. Hay decenas de millones de religiosos que no saben qué es ser una nueva criatura. La religión trata el exterior de la persona, le da una túnica, un hábito, unas ceremonias que realizar, un calendario que guardar, etc. Pero la persona verdadera, en el interior, es la misma. El hábito no hace al monje.

Las buenas obras, aunque admirables, no hacen nuevas criaturas. No cambia la esencia de la persona, pues un mafioso puede ayudar a una persona, y sigue siendo mafioso. Y en todo caso, si uno hace una buena obra con intención de impresionar a Dios y ganarse la entrada en el cielo o mejorar su propia vida, pues su buena obra se convierte en mala obra delante de Dios, porque la intención detrás de ella la contamina. No podemos impresionar a Dios ni ganar nada a base de obras, puesto que Él nos dice claramente: “no por obras, para que nadie se jacte” (Efesios 2:8) y “no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho” (Tito 3:5). Dios declara en Su Palabra que “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:12). Es la condición natural de cada persona que no está en Cristo Jesús. Entonces, si profesamos hacer buenas obras, entonces a Dios le estamos llamando mentiroso. Un pecador hace buenas obras y se siente contento, satisfecho consigo mismo y hasta orgulloso de ellas, pero Dios no está de acuerdo, y Dios tiene la última palabra.

La sinceridad no hace nuevas criaturas. A muchos sinceramente les gustaría cambiar, mejorar, ser distintos, pero su sinceridad, aunque es importante, no es suficiente. Si yo sinceramente deseo ser un médico, esto no me hace médico. Si deseo sinceramente volar, esto no me hace piloto. Si deseo sinceramente tener vida eterna, este deseo no me concede la vida eterna. Pensemos que en el infierno habrá mucha gente que sinceramente querrá salir de allí, y no podrá.

Los asistentes sociales no hacen nuevas criaturas. Los centros de rehabilitación no hacen nuevas criaturas. Los psicólogos tampoco, aunque con sus consejos y terapias a veces sí que crean algo “nuevo”, un comportamiento nuevo, pero la persona sigue siendo la misma que era antes. La ayuda social puede poner parches a una vida, pero no 2 cambiarla en su esencia, su naturaleza. Pueden mejorar a una persona temporalmente, estructurando su vida, ayudándole a aprender un oficio o cambiar de situación. Pero la persona que mora dentro de ese cuerpo sigue siendo quien era antes.

Sólo Jesucristo puede hacernos nuevas criaturas. Es necesario, no sólo aconsejable sino necesario estar en Cristo Jesús. ¿Cómo podemos llegar a estar en Cristo? Buena pregunta. “En Cristo” es una expresión que aparece muchas veces en la epístola a los Efesios.

Efesios 1:3 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Observemos el lenguaje del apóstol. Hablando a los creyentes, “los santos y fieles que están en Cristo Jesús” (Efesios 1:1), les dice que ya han sido bendecidos por Dios, “en Cristo”. Es como si alguien nos dijera que ya ha puesto en nuestra cuenta bancaria todo el dinero, todas sus riquezas, todo lo que necesitaremos en nuestra vida. “Toda bendición espiritual” ya ha sido dada a estas personas. Esto es algo muy bueno para ellas, pero sigue estando la pregunta: ¿Cómo llegamos a estar “en Cristo”?

En los versículos 12-13 viene la respuesta y explicación. Tomaremos la última frase del versículo 11 para comenzar nuestra lectura:

…nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la edención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria”.

Los que están en Cristo son los que esperan en Él. El apóstol primero se refiere a sí mismo y a los demás judíos que habían creído en Jesucristo como “nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo”. No sólo afirmaron intelectualmente ciertos datos acerca de Él. Esto sería la forma más superficial de “creer”, es decir, creer que algo es verdad, admitir la veracidad de algo. Jorge Washington fue el primer presidente de los Estados Unidos. Lo creo, afirmo que es verdad. ¿Y qué? ¿Esto cambia mi vida? No. ¿Demanda de mí un compromiso? No. Sólo es un dato histórico. Muchos creen en Jesucristo así. Creen que nació, que hizo buenas obras, que murió en la cruz e incluso
creen que resucitó. Para estas personas estos sólo son datos históricos. ¿Cambian su vida? No. ¿Demandan de ellas un compromiso? No. Sólo son datos históricos. Recitan el Credo Apostólico. Afirman que creen en Jesús, le admiran, etcétera, pero no han aprendido a hacer lo que el apóstol dice: “los que…esperábamos en Cristo”. Los judíos creyentes esperaban, anticipaban la venida del Mesías tal como Dios había prometido. Cuando vino, comenzaron a esperar en Él personalmente, para el perdón de sus pecados y la vida eterna que Él promete. Esto es, poner confianza en Él. Creer en Cristo, que es quien profesa ser, y creer a Cristo, hacer caso de lo que dice y promete. Esperaban en Él. No en sentido exclusivamente pasado. Dice “esperábamos” porque habla de orden de tiempo, “primeramente esperábamos”, es decir, que ellos estaban esperando en Cristo antes que los gentiles de Éfeso o de otros lugares. Y porque esperaban en Cristo, porque habían depositado su confianza y esperanza en Él, fueron descritos como “en Cristo”. 1 Corintios 12:13, 18 y 27 describen la posición de los creyentes como “en el cuerpo” y “sois el cuerpo de Cristo”, porque cuando habían llegado a confiar en el Señor Jesucristo. De allí en adelante estaban “en Cristo”.

Pero Efesios 1:12-13 lo explica más detalladamente.

Habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación

Hace falta oír la verdad. La verdad es el evangelio. El efecto que produce es “vuestra salvación”. No les hace religiosos, sino salvos y benditos “en Cristo”. Pero para que sea así, tenemos que hacer algo más que oír el evangelio. Tenemos que creer, como dice la siguiente frase:

Y habiendo creído en él

El propósito del evangelio no es sólo que creamos que es verdad. Algunos acceden intelectualmente a la verdad del evangelio, pero no van más allá de esto. El propósito del evangelio es presentarnos a Aquel que puede salvarnos, para que creamos (confiemos) en Él. Entonces, es necesario que el evangelio también nos informe de qué necesitamos ser salvos. Aprendemos que somos malos, no buenos, que el pecado mora en cada uno de nosotros, en nuestra naturaleza que es teñida y contaminada con el pecado. El Señor explicó esto en Marcos 7:20-23 cuando dijo que la maldad viene de dentro, del corazón del hombre, y le contamina. Es el problema básico de la raza humana: estamos contaminados con el pecado y necesitamos ser perdonados, limpiados y transformados. Sólo Jesucristo puede hacer esto. Es el propósito del evangelio que creamos así en Jesucristo, que depositemos nuestra esperanza y confianza en Él para recibir perdón, limpieza y vida nueva. Primero lo oímos. Segundo, si creemos que es verdad, debemos hacer lo que el evangelio nos manda hacer: creer (confiar) en Cristo. Entonces, estamos “en Cristo”. Observa que no menciona obras, sacramentos, ritos, ni nada más. Habla de oír y de creer. Y si hacemos esto, Dios responde así:

Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa

No dice “seréis sellados” o “recibiréis el Espíritu Santo”. Habla de algo en el pasado, que sucedió en el momento que creyeron: “fuisteis sellados”. Sin esperar un rito de confirmación, lo cual no está en la Biblia, inmediatamente cuando uno confía en el Señor Jesucristo como su  Salvador, Dios sella a esta persona con el Espíritu Santo. El sello nos hace pensar en señal de propiedad, y en seguridad. Dios nos sella con algo, mejor dicho “Alguien”, que nos marca como Su posesión, y este “Alguien” es el Espíritu Santo. También este sello divino nos guarda en seguridad.

Que es las arras de nuestra herencia

Las arras son una garantía. Es como decir: “paga y señal”. Las arras no son nuestra perseverancia en buenas obras, ni nada que hagamos nosotros. El Espíritu Santo es las arras. Él mismo es la garantía de que un día llegaremos a nuestra herencia celestial. Desde que oímos el evangelio y creímos en Cristo, la transacción de nuestra salvación ha sido terminada y sellada. No seremos más salvos en el cielo que lo que somos ahora mismo, sólo que nos espera este cumplimiento final, como dice la frase siguiente:

Hasta la redención de la posesión adquirida

Cada persona que está “en Cristo” es una posesión de Dios. Somos salvos desde el momento que, habiendo oído el evangelio, creímos en Él. Pero nuestra redención, en un sentido, es todavía futura. ¿En qué sentido? En el sentido de que, aunque somos del Señor, estamos “en Cristo”, no hemos llegado todavía al cielo, a la presencia de Dios. Un día, por la gracia de Dios, llegaremos. El Espíritu Santo quien nos sella garantiza esto. Él nos sella y es las arras “hasta” este suceso, y no fallará.

Para alabanza de su gloria

Y aquel día glorioso cuando los que estamos “en Cristo” lleguemos al cielo, el Señor tendrá en Su presencia Su “posesión adquirida”, la que adquirió con Su 4 sangre vertida en el Calvario. El profeta Isaías dice: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:11). La salvación es “la dádiva de Dios” (Romanos 6:23), “don de Dios” (Efesios 2:8). No nos cuesta nada y no puede ser comprada ni merecida. Pero esto no significa que sea barata, ni mucho menos. A Dios le costó muy caro: tuvo que dar a Su unigénito Hijo. El Señor Jesucristo sufrió siendo maltrecho en la cruz, y murió una muerte agonizante y terrible. Fue afligido por nosotros, “quién llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el
madero” (1 Pedro 2:24). Cuando al final vea a todos los creyentes en el cielo, alrededor Suyo, en esto “verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho”. ¡Y nosotros, como vemos en Apocalipsis capítulos 4 y 5, cantaremos Sus alabanzas como un gran coro celestial! Esto será “para alabanza de su gloria”, la gloria del Señor. Nadie dirá “¡me felicito por haber creído en el Señor!” ni “me alegro de haberle sido fiel y de haber hecho bien”, “qué bien que gané el cielo con mis obras”, ni nada así: “no por obras, para que nadie se jacte” (Efesios 2:9). Los que hablarían así no estarán en el cielo. Todos los que estaremos en el cielo diremos a una voz: “Digno es el Cordero que fue inmolado”.

Esto es lo que significa estar en Cristo. Los que hemos creído en Él, somos nuevas criaturas, porque hemos recibido una vida nueva de Él. Gracias a Él, no a nosotros ni a ninguna religión, estaremos en el cielo un día cantando Sus alabanzas. Amigo, si no estás en Cristo Jesús, no eres una nueva criatura. Como mucho, podrías ser religioso, pero no salvo. No tienes las bendiciones de Dios. No has sido sellado con el Espíritu Santo. No eres posesión adquirida de Dios. No tienes garantizada tu salvación, ni tienes francas las puertas del cielo. Para entrar en todo este bien de las nuevas criaturas, tienes que estar “en Cristo Jesús”. Oye el evangelio, asegúrate de cuál es su mensaje, y habiéndolo oído, es decir, en base a lo que dice el evangelio, confía en el Señor Jesucristo y sólo en Él para que seas salvo. La salvación y la nueva creación no están en ritos, ceremonias o iglesias, sino “en Cristo”.

 

Carlos Tomás Knott

La Película de Jesús

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