¿Al Cielo Por Los Diez Mandamientos? Capítulo 1

By: Carlos Tomas Knott; ©2000

Caminando por una calle en Haifa, Israel, vi un letrero rotulado y elevado en un asta. Representaba las dos tablas de la Ley, y en ellas estaban escritos en hebreo los Diez Mandamientos. Era bonito. Arriba, sobre las tablas, decía: “La Ley: Camino de Vida”. Esto ya no era tan bonito, porque no es verdad. Sin embargo, es un concepto generalmente aceptado, aunque no todo lo que tiene notorio arraigo es verdad. Muchas personas creen esto, no solamente en Israel sino también en muchos otros lugares, como la ciudad donde vive un servidor, lejos de Israel:

—“Si usted muriera hoy, ¿estaría segura de ir al cielo?” le pregunté.
— “Oh, nadie lo sabe, pero espero y creo que sí, vamos”, ella me contestó.
— “¿Por qué lo cree?”— continué.

Ella sonrió y dijo: “¡Bueno! Creo que soy una buena persona, sé que no soy perfecta, de hecho nadie lo es, ¿verdad? Pero tampoco he robado, ni matado a nadie, ni cometido adulterio. Siempre intento comportarme lo mejor posible. Como dice el refrán: “Haz bien y no mires a quién». ¡Pues, esto, o sea, procuro cumplir los Diez Mandamientos!”

Esta escena y otras semejantes se repiten una vez tras otra, con algunas variaciones; miles de personas religiosas creen, más o menos sinceramente, que mediante el cumplimiento de los Diez Mandamientos se llega al cielo. ¿Está usted entre ellas? ¿Cree que la verdadera religión es procurar ser bueno, e intentar guardar los Diez Mandamientos? ¿Piensa que los que cumplen los mandamientos bíblicos irán al cielo, y los que no, tendrán el infierno como destino? ¿Es esto cierto? Siga leyendo, por favor, y veremos si es así o no.

Estas personas de buena voluntad no lo saben, pero están dividiendo el mundo en dos categorías: los que guardan la Ley de Dios, y los que no la guardan. Digo dos categorías, pero en realidad, es peor, porque están poniendo a todo el mundo, a toda la humanidad en una categoría: la de los transgresores de la Ley de Dios. Sí, porque según dice Dios, en esta categoría se encuentra todo ser humano. A lo mejor usted no cree lo que acabo de decir, pero veremos si es así o no. Aquí no valen opiniones humanas, ni la suya ni la mía, sino lo que Dios dice en Su Palabra, la Sagrada Biblia.

¿Creería usted que nadie cumple los Diez Mandamientos en su totalidad? ¿Lo creería si lo dijera Dios? Pues es cierto; la misma Biblia que nos da los mandamientos también nos dice lo siguiente: “De aquí que por las obras de la Ley nadie será reconocido justo ante Él” (versión Nácar-Colunga, Romanos 3:20). [búsquelo en su propia Biblia de esta manera: se cita primero el libro: “Romanos” = Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos. El índice al principio de su Biblia dirá en qué página comienza este libro. Después del libro, viene el número del capítulo: 3, luego dos puntos y el número del versículo: 20.] ¿Se ha fijado en la palabra: “nadie”? Esto es lo que Dios dice. Es un absoluto, sin excepciones. Nadie se justificará por la Ley de Dios. Ahora sabe lo que Dios dice, y es cuestión de si cree a Dios o no, pero si no le cree, entonces esto es otro pecado.

¿Por qué nadie puede ir al cielo por los Diez Mandamientos? Nos han dicho toda la vida que hay que guardarlos, total, ¿para qué? Buena pregunta. Démosle la respuesta a la misma, explicando lo que usted debería hacer si quisiera llegar al cielo guardando los Diez Mandamientos. Preste atención, ya que esto lo requiere, especialmente si usted tiene basadas sus esperanzas de alcanzar el perdón de Dios, la vida eterna y el cielo, cumpliendo los Diez Mandamientos. Sepa que no está en buen camino, porque intenta hacer, justo lo que Dios afirma que nadie hará.

En primer lugar, usted debe saber cuáles son los mandamientos, ¿verdad?, porque si no, ¿cómo podrá cumplirlos? Si está fundando su destino eterno tanto para una felicidad sin límites, como para un sufrimiento de perdición eterna, seguro que debe saberse los Diez Mandamientos de arriba abajo, ¿verdad? Entonces, vamos a hacer un pequeño test. Sólo para que se lo demuestre a sí mismo y se asegure de ello, escríbalos en el espacio en blanco a continuación, sin referencia o ayuda alguna, ¿vale?

Los Diez Mandamientos son:

1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
9.
10.

¿Cómo le ha salido? ¿Bien? ¿Ha conseguido escribir los diez sin que falte ninguno? Esto es muy importante, porque el mero hecho de transgredir o quebrantar un solo mandamiento, una sola vez, ya le identifica a usted como transgresor de la Ley de Dios, y le tacha de pecador. ¿Necesita repasarlos para escribir correctamente los diez? Bueno, si es así, hágalo, y mejor si es ahora mismo. No debería tomarle más de un minuto, porque
si usted es una persona religiosa, seguro que sabe al dedillo dónde se encuentran los Diez Mandamientos en la Biblia. Simplemente para demostrar que lo sabe, anote aquí la cita: el libro, capítulo y los versículos:

¿Ha escrito la cita dónde se encuentran en la Biblia? Si no es así, si no sabe con certeza ni cuáles son, ni dónde están los Diez Mandamientos, eso es un problema. ¿Cómo irá al cielo guardando los Diez Mandamientos, los cuales no sabe a ciencia cierta ni qué dicen, ni dónde encontrarlos en la Bíblia? Bueno, vamos a darle una pista, porque no queremos criticarle sino ayudarle como un amigo a otro. Mire por favor en su Biblia, en el libro de Éxodo (el segundo libro de la Biblia, después de Génesis), el capítulo 20, los versículos 1 al 17. Lo puede mirar ahora si quiere, casi mejor, y así refresca su memoria. Sin embargo, si usted no sabía cuales son, incluso desconocía la referencia bíblica aludida, bien se podría decir que es bastante incongruente seguir diciendo que está fundado en ellos como camino al cielo, cuando ni siquiera está familiarizado con ellos. En tal caso, lo siento, pero usted no ha comenzado muy bien, ¿verdad? Permítame darle el beneficio de la duda; probablemente es una persona sincera y conoce los Diez Mandamientos. Pero aunque sea así, el desafío no es tanto saberlos, sino cumplirlos perfectamente desde la cuna hasta el ataúd, porque esto es lo mínimo para agradar a Dios. ¿Cree que me equivoco? No acepte mi palabra, sino la de Dios. En Gálatas 3:10, el apóstol San Pablo nos enseña: “Pero cuantos confían en las obras de la Ley se hallan bajo la maldición, porque escrito está: ‘Maldito todo el que no se mantiene en cuanto está escrito en el libro de la Ley, cumpliéndolo’»(Nácar-Colunga). Repito, para hacer esto, tendría que ser perfecto, tendría que ser Dios.

Entonces, lo difícil no es saber la Ley, sino cumplirla, y no es que sea difícil, es que para nosotros, es imposible. ¿Cree que conoce los Diez Mandamientos? Si hace referencia a la Biblia para saberlos, bien, pero si usted se fía de misales o libros de catecismo, es posible que se lleve un desengaño, porque muchos catecismos, incluso el CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA de 1992, que es el catecismo universal de la Iglesia Católica Romana, no dicen claramente la verdad acerca de los Mandamientos. Por ejemplo, mire esta comparación de la Biblia Católica, versión Nácar-Colunga, con el CATECISMO universal y oficial de la Iglesia.

Sagrada Biblia: Versión Nácar-Colunga Éxodo 20:1-17

Sagrada Biblia: Versión Nácar-Colunga vs. Catecismo De La Iglesia Católica (1992) págs.455-456 

1 º “Yo Soy Yavé, tu Dios, Que te ha Sacado de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre. No tendras Otro Dios Que a mí “.

1 º “Amaras a Dios SOBRE TODAS Las Cosas”.

 2 º “No te Harás Esculturas ni imagen Alguna de Lo Que heno en lo alto de los Cielos, ni de Lo Que heno abajo Sobre la tierra, ni de Lo Que heno en Las Aguas Debajo de la tierra. No te postrarás ante Ellas y no servirás Las “.

2 º “No Tomaras el Nombre de Dios en vano”.

 3 º “No Tomaras en falso el Nombre de Yavé, tu Dios, Porque ningunas dejará pecado Yavé castigo al Que tome en falso do nombre”.

3 º “Santificarás Las fiestas”.

4 º “Acuérdate del dia del Sabado párr santificarlo”.

4 º “Honrarás a tu padre y una Madre tu”.

5 º “Honra a tu padre ya tu madre Para Qué vivas Largos Jahr en la tierra Que Yavé, tu Dios, te da.”

5 º “No matarás”.

6 º “No matarás”.

6 º “No cometerás Actos impuros”.

7 º “No adulterarás”.

7 º “No robarás”

8 º “No robarás”.

8 º “No Dirás falso Testimonio ni mentiras”.

9 º “No hay testificarás contra tu projimo falso Testimonio”.

9 º “No consentirás Pensamientos ni Deseos impuros”.

10 º “No desearás la casa de tu projimo, ni la mujer de tu projimo, ni do Siervo, ni do sierva, ni do buey, ni asno do, nada ni de Cuanto le Pertenece”.

10 º “No codiciarás Los Bienes Ajenos”.

Como puede verse, el Catecismo ha hecho desaparecer el segundo mandamiento, acerca de las imágenes. Absorber así a uno de los Diez Mandamientos haría que quedaran en nueve, y se notaría que falta algo. Pero para salir del problema han dividido el último mandamiento en dos, para tener diez en lugar de nueve. Esto no es otra cosa que engaño, ¿y cuántas personas habrán creído sencillamente todo lo que la Iglesia Católica dice en su catecismo, sin examinar la Palabra de Dios, y así han sido inducidas a pecar en cuanto al segundo mandamiento? ¿Qué sería la Iglesia Católica sin imágenes? ¡Pero esas personas ni siquiera saben que Dios nos prohíbe tajantemente la fabricación y el uso de imágenes religiosas! Entonces, todas ellas han roto el segundo mandamiento, y se han constituido transgresores de la Ley. ¡No podrán decir a Dios que han guardado los mandamientos, ni que han hecho bien, porque le han ofendido, haciendo justamente lo que Él prohíbe y dice que le es abominación. Así que, lo dicho, que el primer aspecto, lo fácil, que es conocer la Ley de Dios, es dónde usted debería empezar y asegurarse que sabe por la Sagrada Biblia cuáles son los Diez Mandamientos. ¡Que no le den gato por liebre!

En la página 473 del Catecismo, intenta explicar la razón por la que emplean imágenes aunque la Biblia claramente las prohíbe. La sección 2130 dice:

“Sin embargo, ya en el Antiguo Testamento Dios ordenó o permitió la institución de imágenes que conducirían simbólicamente a la salvación por el Verbo encarnado: la serpiente de bronce (cf Nm. 214-9; Sb. 16, 5-14; Jn 3, 13-15), el arca de la Alianza y los querubines (cf Ex. 2510-121 R. 6, 23-28; 7, 23-26)”.

Este es todo el apoyo bíblico que encuentran. Su siguiente sección, la 2131, pasa ya al Concilio de Nicea, que es extra-bíblico y no forma parte de las Escrituras, sino de las tradiciones de la misma Iglesia Católica Romana. No pudiendo citar más, a menos que citara el culto idolátrico que aparece mucho en la Biblia y siempre condenado, los catequistas se detienen ahí. Es un argumento sumamente débil y fallido. Como mucho, lo único que prueba es que en circunstancias poquísimas y muy determinadas, Dios lo permitió, pero nunca en el sentido de consentir las ideas de los hombres. No, al contrario, las únicas veces que fue válido hacer una imagen fueron cuando Dios ordenó fabricarlas. No consintió que el hombre hiciera nada como invento ni idea suya. Sólo por ordenes divinas. En primer lugar, fueron los querubines y el arca de la Alianza, y en otra ocasión más tarde, una serpiente de bronce. A la serpiente nadie debía rezarle, ni encenderle velas, ni inclinarse, ni rendirle culto alguno. No había imágenes de ella en cada casa, ni la pasaron de casa en casa como algunas vecinas mías hacen con una imagen de la Virgen, echándole monedas y quemándole velas como ofrendas. No había estampas de “santa serpiente de bronce” para llevar, ni llaveros de la serpiente, ni pendientes de ella, ni nada de eso. Era ejemplar único. Dios nunca mandó hacer una antes, ni tampoco después. Ni siquiera debían haberla llevado consigo más allá en el desierto, y cuando años más tarde el rey Ezequías la encontró, la destrozó, la hizo pedazos, llamándola: “nehustán”, es decir, “cosa de bronce”, nada más. Si la Iglesia Católica quiere obedecer los mandamientos de Dios, que haga con sus imágenes lo que Ezequías hizo con aquella serpiente… ¡Imagínese!

Pero quedan los querubines que adornaban el tabernáculo, más tarde el templo, y el arca de la Alianza. Es verdad que fueron hechos por orden divina. Dios no lo permitió, repito, sino que mandó fabricarlos. Si el hombre hubiese hecho esto sin órdenes, su atrevimiento habría sido idolatría. ¿Para qué servían? Nadie les rezaba. No había copias de ellos en las tiendas de los israelitas, ni estampas, ni pendientes de querubines. Nadie les ponía velas. Los que leemos y estudiamos la Biblia sabemos que los hijos de Israel ni siquiera vieron a aquellos querubines, porque quedaban dentro del tabernáculo, en el Lugar Santo, y sólo los sacerdotes que entraban allí podían verlos. Los dos querubines del arca de la Alianza solamente fueron vistos una vez al año por el Sumo Sacerdote cuando entraba en el Lugar Santísimo, el día de Yom Kippur, día de expiación. ¿Qué culto se les rindió a ellos? Ninguno. Exceptuando estos pocos hombres, nadie más llegó a verlos.

Así que, el punto es este: que de nada sirve que los catequistas romanos citen estos pasajes como si se diesen a sí mismos base bíblica para fabricar y usar imágenes. Al contrario, estos textos demuestran que si no tenemos Palabra de Dios, capítulo y versículo de la Sagrada Biblia, donde Él interviene y da una orden explícita, no se puede hacer imágenes. Siendo que el resto de la Biblia carece de órdenes divinas o instrucciones acerca de imágenes, está claro que el que las hace y usa está quebrantando la Ley de Dios. ¿Dónde dice la Sagrada Biblia hacer imágenes de ángeles, santos y vírgenes? Seamos honestos, y admitamos que si no hay mandamiento bíblico, con capítulo y versículo, donde Dios ordene hacerlas, entonces, es idolatría. Vuelvo a insistir, que la Iglesia Católica misma es idólatra, pero es orgullosa y no lo quiere reconocer, ni se arrepentirá. No sea usted como ella, estimado lector, y como muchos que prefieren quedarse en ella, equivocados, porque es más cómodo esto que cambiar.

Pasemos ahora al segundo aspecto de la Ley, que es más difícil: cumplirla. Una cosa es saber los Diez Mandamientos (y venimos demostrando que muchos no los conocen bien y quebrantan uno de ellos por la tradición de su Iglesia). Otra cosa es, después de saberlos, guardarlos, cumplir la Ley. Un día unos amigos me llevaron a ver la iglesia de San Pablo en Valladolid. Allí nos encontramos con un señor de edad avanzada, bien vestido, apoyándose sobre su bastón, y hablándonos con cierto orgullo acerca de la iglesia. Tomando ocasión de su interés obvio en cosas espirituales, le pregunté si me podía decir cómo llegar al cielo. “Guarda los Diez Mandamientos”, me aconsejó sin parpadear. Le pregunté: “¿Pero usted sabe los Diez Mandamientos?” Se enderezó y mirándome fijamente, comenzó a recitarlos de memoria en voz bien alta que retumbaba en la iglesia. Cuando terminó, le felicité pero le advertí que le faltaba uno de ellos, según la Sagrada Biblia. Se sorprendió y no se lo pudo creer, hasta que sacamos un ejemplar de la Biblia para mostrarle cómo le habían engañado en cuanto al segundo mandamiento. ¡Cuál no fue su sorpresa! Salimos a la plaza delante de la iglesia, y allí le preguntamos si él había guardado los mandamientos siempre, toda su vida, sin fallar nunca. Entonces, una sonrisa apareció en su rostro, y se disculpaba afirmando que nadie es perfecto. Por supuesto. Pero eso es exactamente lo que la Ley de Dios demanda a todo aquel que pretende guardarla para obtener vida eterna: perfección. Solamente hay una opción más, y es reconocerse un pecador culpable, no hay medias tintas. En cuanto a la Ley, o usted la ha guardado perfecta, siempre, o es pecador culpable, una de las dos.

¿Cree usted que ha cumplido perfectamente y guardado toda la Ley de Dios desde su juventud, sin haber cometido un sólo “pecadillo”? Sea honesto, porque no se trata de si usted procura cumplir la Ley, ni si tiene intención de hacerlo, ni si más o menos la cumple, ni si la cumple relativamente más que otras personas. No señor, porque la Ley de Dios es una entidad, una unidad, la cual o se guarda enteramente, o se rompe, una de dos. Verá. Si tenemos una cadena hecha de diez eslabones, ¿cuántos eslabones hay que romper para romper la cadena? ¿Nueve, la mitad, o sólo uno? Claro, si se rompe tan solamente un eslabón, aquella cadena queda rota.

Efectivamente, y así es con la Ley de Dios, los Diez Mandamientos. Si uno no los guarda siempre y enteramente, sin fallar siquiera una vez, entonces ha roto la Ley. Nadie puede “medio romper” ni “medio guardar” la Ley. Vamos a repasar los Diez Mandamientos en los siguientes párrafos, para ver cómo le va a usted eso de guardarlos.

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