¿Cómo Puede Dios Ayudarte a Tratar con el Dolor Crónico, la Incapacidad y las Enfermedades? Primer Programa

 

¿Cómo Puede  Dios Ayudarte

a Tratar con el Dolor Crónico,

 la Incapacidad y las Enfermedades?

Primer Programa

Nuestro Invitado:

El Dr. Michael Easley

Joni Eareckson Tada

  

Instituto de Investigación Teológica Ankerberg

El Programa de John Ankerberg

P.O. Box 8977

Chattanooga, TN 37414  USA

¿Cómo Puede  Dios Ayudarte a Tratar con el Dolor Crónico,

 la Incapacidad y las Enfermedades? –

 

Hoy en el Programa de John Ankerberg: ¿Cómo Dios Puede Ayudarte a Tratar con el Dolor Crónico, la Incapacidad y las enfermedades?

Dr. Michael Easley: Los creyentes en Cristo en el Occidente nos equivocamos en esto, pensamos que si hacemos algo bueno, Dios hará por nosotros, algo aún más grande, mejor y más nuevo, más, más saludable, más próspero, y así sucesivamente, pero cuando vas a pasarla mal, vas a sufrir.

Joni Eareckson Tada: Me encontraba  asustada, pues había oído rumores de lesiones de la espina dorsal, sobre la tetraplejia, la parálisis, la rotura de cuello, por lo que estaba aterrorizada.

Locutor: Mis invitados son Joni Eareckson Tada, fundadora del ministerio internacional para personas discapacitadas, “Joni y Sus Amigos”, es autora de más de 70 libros, así como la anfitriona del programa de radio “Joni y Sus Amigos”, y tenemos también al Dr. Michael Easley, presidente emérito del Instituto Bíblico Moody. Michael es autor y Pastor principal de la Iglesia Bíblica en Brentwood, Tennessee. Te invitamos a que veas esta edición especial del programa de John Ankerberg.

 

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Primer Programa

 

John Ankerberg: Bienvenido a nuestro programa. Tenemos uno muy bueno para el día de hoy. Habrás oído hablar de nuestros dos invitados, ellos son Joni Eareckson Tada, y el Dr. Michael Easley. Amigos,  vamos a hablar del sufrimiento. Joni, hay muchas personas a nuestro alrededor, personas que están escuchando en este momento, están sufriendo. Algunos en nuestra audiencia pueda ser que tengan un cáncer extremadamente doloroso, pueda ser que tengan algún problema cardíaco, pueda ser que tengan dolores de cabeza por migrañas, pueda ser que tengan artritis-reumática. Algunos, como tú, pueden tener dañada la medula espinal, por lo que ahora son parapléjicos, o tetrapléjicos. Otros, a causa de la diabetes, les han tenido que amputar sus manos o los pies. Algunos, como mi madre, tienen la enfermedad de Lou Gehrig y no pueden caminar, ni hablar.

Y ellos pueden decir algo como esto, “Joni, no puedo soportarlo más. ¿Por qué Dios permite que sufra así? ¿Se preocupa Dios en verdad por mis problemas? ¿Por qué permitió que esto sucediera?”, ¿Verdad? Y tú dijiste algunas de estas mismas palabras cuando tu accidente tuvo lugar. Y quiero que regresemos a 1967, por favor, llévanos de regreso en el tiempo. Las personas quieren saber tu historia. ¿Qué pasó? ¿Cómo fue que fuiste confinada a esta silla de ruedas? Tú eras una entusiasta joven de 17 años, un excelente jinete de caballo, lo tenías todo para ti; te gustaban mucho las montañas; y “bum” de repente, te enfrentas con el hecho de que nunca tendrás la esperanza de volver a caminar de nuevo. ¿Qué pasó?

Joni Eareckson Tada: Bien, me alegra que hayas mencionado todas esas condiciones médicas al inicio, porque la gente no tiene que estar en una silla de ruedas para identificarse con esas cuestiones. Pienso en los tipos de angustia que pasé cuando era una jovencita, pues yo era una deportista, feliz, con mis pies, esperando entrar en la  universidad en el otoño. Mi hermana Kathy, con quien era muy apegada me pidió que  fuéramos a la playa aquel día, y pasar un tiempo entre hermanas antes de que yo me fuera a la universidad.

Y me fui a la playa, entré al agua, y nadé hacía una balsa que estaba anclada a unos 20 metros de la playa, y vi como los niños saltaban, y hacían clavados desde allí; no pensé que hubiera nada malo en ello, como atleta que era, ni siquiera me preocupe por tocar el fondo, así que no sabía que tan profunda estaba el agua, así que me subí a la balsa y sin tomar respiración, me sumergí en el agua, y de inmediato, mi cabeza golpeó algo duro, tirando mi cuello hacia atrás, haciendo crujir mis vértebras, rompiendo mi médula espinal, no sabía lo que había sucedido al principio, todo lo que recuerdo es que estaba boca abajo en el agua y mi respiración se me estaba agotando.

No me di cuenta, pero mi hermana Kathy, que en ese momento estaba de espalda, viendo hacía la playa, y se preparaba a salirse del agua, pero justo en ese instante un cangrejo mordió un dedo de su pie, eso hizo que se alarmara y se dio la vuelta en el agua y me gritó, “Joni, cuidado con los cangrejos.” Yo me encontraba boca abajo en el agua aguantando la respiración, el cangrejo la había alertado, ella solo podía ver mi cabello, y se dio cuenta que algo andaba mal, y nadó rápidamente hasta donde yo estaba. Y tan pronto como empezaba a hundirme, e ingerir agua, ella puso su brazo debajo de mi pecho y me tiró hacia arriba fuera del agua, eso lanzo mi cabeza contra su pecho, y en ese instante, vi mi brazo sobre su hombro, colgando, y sin embargo no podía sentirlo, era como que estaba separado de mí, era como el brazo de otra persona—no era el mío. ¿Qué es esto, un mal sueño? No me di cuenta en ese momento, pero estaba experimentando lo que se siente con una parálisis.

Luego, me pusieron en esa balsa, y me llevaron hacia la playa, llamaron a la ambulancia, me llevaron al hospital, rompieron mi traje de baño, y al instante siguiente, estaban a mí alrededor una multitud de enfermeras y médicos. Ellos  afeitaron mi cabeza, estaban haciendo agujeros en mi cráneo, y pusieron tornillos en el cráneo, y me colocaron dentro de un marco estabilizador-Stryker, me miraba  como una especie de sándwich, esto era  para estirar mi cuello con pesas en el otro extremo del marco. Mientras tanto, yo  pensaba, “solo quiero irme a casa, sólo quería irme a casa.” Estaba asustada, y escuchaba rumores de una lesión de la médula espinal, tetraplejia, parálisis, o de cuello roto.

Me sentía aterrorizada cuando escuchaba  esas palabras, y de repente la vida… simplemente cambió, no te lo esperas, y no tienes tiempo para prepararte. Pero todo cambia cuando eres golpeado por el sufrimiento, yo ni siquiera sabía lo que esa palabra significaba, pero pronto iba a descubrir su significado, pero esta fue mi primera experiencia de que mi vida de ahora en adelante iba a ser muy, muy diferente.

Ankerberg: La gente te mira ahora y dicen: “Te ves muy bien, eres hermosa. Joni  deberías de ver lo que esta  enfermedad ha hecho conmigo, no soy tan atractiva como tú, la gente ni siquiera quiere mirarme.” ¿Qué les dirías?

Tada: Bien, algunas personas podrían mirarme y decir, “te ves muy bien Joni” pero cambiaría mi cabello rubio, mi lápiz labial de buena marca, mis cosméticos, en cualquier momento, por unas manos que pudieran trabajar. Pero, para aquellos que nos están viendo, que están luchando con desfiguraciones faciales o lo que sea, pues, hay tantos tipos de sufrimientos. Las incapacitaciones nos llegan de todas formas y tamaños. Les puedo decir que no me había visto en un espejo durante un mes al principio de mi lesión, yo era una chica saludable, con un peso de 140 libras, que de repente bajó a 80 libras. El medicamento estaba volviendo mis dientes negros, y me dio una alergia debido a una reacción a otro medicamento, y estaba comenzando a perder mi cabello.

Recuerdo una vez que una amiga mía de bachillerato—ella era una jugadora de hockey, una chica corpulenta, fuerte, una chica musculosa y muy atlética, éramos muy buenas amigas—ella vino al hospital y me miro y se sujetó a la barandilla de mi cama del hospital y luego sacudió su cabeza y dijo: “Tengo que salir.” Y podía escucharla afuera en el pasillo dando arcadas y vomitando. Y le pedí a mi hermana rápidamente, tráeme un espejo, porque no me había visto como me miraba, y cuando vi cómo me veía, no me reconocía, mis ojos estaban hundidos en sus huecos, estaba delgada y demacrada, recogida, pálida. Y estaba allí tendida en ese marco de sujeción-Stryker, era como si me hubiera convertido en una figura macabra.

Recuerdo que cuando empecé a sumergirme en depresión, no sabía lo que la depresión era hasta entonces, a lo mejor la tuve por no tener con quien salir un viernes por la noche; quizás por torcerme un tobillo en la cancha de baloncesto. Pero ahora se trataba de una depresión real, era una congelación emocional, era algo que iba hundiéndose muy por debajo y profundo en una especie dolorosa de desesperación en la que ni siquiera podía sentir, y según pasaron los meses, incluso dejé de sentir.

Ankerberg: Tuviste operaciones en la cadera, porque los huesos se estaban sobresaliendo a través de tu piel, sin anestesia, porque no podías sentir nada. Y cuéntanos por qué fue que tuviste que tener esa operación. Tuviste dos de esas operaciones.

Tada: Bueno, había perdido tanto peso que mis huesos comenzaron a sobresalirse a través de mis caderas, mis queridos huesos de la parte delantera se estaban asomando a través de mi piel, y mi coxis estaba haciendo lo mismo, así que fui de una operación en otra para cincelar… ellos tomaron un martillo y un mazo y astillaron lo que se llaman las crestas ilíacas enfrente de las caderas y removieron mi coxis. Y tuve que permanecer boca abajo en un marco de sujeción-Stryker durante dos semanas, y durante ese tiempo, añadía insultos a la herida, me dio la gripe de Hong Kong, la que no puedo describir—y cuando estás paralizado, y estás atado a un marco de sujeción-Stryker, y encima te da una gripe y durante dos semanas acostada boca abajo, era como una burla.

Ankerberg: quiero que nos quedemos con  eso, pues vamos a tomar un descanso; porque después de 2 años de estas operaciones y darte cuenta de que nunca volverías a caminar de nuevo y luego las preguntas sobre Dios y por qué esto te había sucedido, y cuál iba a ser el propósito y significado en tu vida, todo esto comenzó a salir a flote, y tuviste una verdadera lucha, y quiero que nos hables de esa lucha, porque hay muchas personas que te están escuchando, que tienen esa lucha ahora mismo. Quédate con nosotros, regresamos ya mismo.

 

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Ankerberg: Muy bien, estamos de regreso, y estamos hablando con el Dr. Michael Easley y con Joni Eareckson Tada. Joni, continuemos con tu historia, como es que te has venido adaptando a lo que estabas enfrentando, también tenías que pensar en Dios y por qué Él había permitido que estas cosas te sucedieran, cuéntanos en lo que pensabas, ya que muchas personas en nuestra audiencia en este momento están pensando “Sabes, yo tengo esto,” sea lo que sea lo que estén pasando, ellos dicen “No me esperaba esto,” y sabes,” me siento como que Dios me ha abandonado, me siento desanimado con Dios.” ¿Te sentiste tú de esa manera?

Tada: Bueno, yo estaba en este marco de Sujeción-Stryker, sabes, tres horas boca arriba; sujetada a otras tablas, me daban vuelta; tres horas boca abajo. Y durante ese tiempo que estaba boca abajo, con una vara en la boca, era capaz de voltear las páginas de la Biblia, e iba desde el libro de Job hasta llegar al Nuevo Testamento. Pero te digo que, parecía, es decir, que al leer versículos como Santiago 1:2, “Tened por sumo, sumo, sumo gozo, cuando os encontréis en diferentes pruebas.” ¡Pero bueno!

Iba a otro lugar, Romanos 5:3 “Regocijaos en el sufrimiento.” Y luego, en Filipenses, ¡Oh Dios! Que debía considerar esto como un regalo. “Se ha concedido a vosotros  sufrir por Su causa.” Es como si estas Escrituras parecieran ignorar deliberadamente el dolor que estaba enfrentando. Todo esto rebotaba de mi corazón. Poco después de las operaciones, cuando empecé a sanar, y, finalmente, me sacaron del marco de sujeción-Stryker y me pusieron en una sala de seis camas con otras cinco chicas, en una cama de hospital. Recuerdo una noche que estaba luchando con Dios, a las dos de la mañana, cuando todas mis compañeras estaban durmiendo, deseando desesperadamente llorar, pero no me atrevía, puesto que no había nadie alrededor que pudiera limpiar mi nariz o secar mis ojos. Pues ya es bastante malo estar  paralizado, y no se diga, sucia y paralizada.

Recuerdo una noche, volví la cabeza en la almohada, y allí, de pie en la puerta de esa sala de seis camas, estaba esta silueta, y  esta persona se acercó a un lado de mi cama de hospital, y viendo a través de las barandillas dije, ¡Oh Dios mío! es mi amiga de bachillerato, Jackie. Ella era la chica con quien salíamos con chicos y compartíamos batidos y palos de hockey. Y ella se asomó por la barandilla, y le dije: “Jackie, si te encuentran aquí, te van a sacar. ¿Qué haces aquí? ” “Shhh “, dijo. Y ella gentilmente se puso de pie, y escuche el sonar del  chasquido de la cama, ella bajó la barandilla, y luego, como aquellas chicas de bachillerato hacen al ir a pasar la noche, ella se medió en la cama junto a mí, acostándose a mi lado, y tomó mi brazo, la mano, yo no podía sentir nada, pero en la oscuridad, ella sostenía en alto mi brazo para que pudiera ver la silueta, de mi brazo entrelazado con el de ella, en alto.

Y luego ella se dio la vuelta en la almohada y con sus labios a unos centímetros de mi oído, empezó a susurrar “Varón de dolores, maravilloso nombre, para el Hijo de Dios que vino….” No puedo recitarlo, esto fue ya hace 44 años, la memoria aún me golpea en mis entrañas y en el corazón. “a pecadores  redimir, ¡Aleluya!, que Salvador.” Y algo sucedió, algo que hizo que Jesús fuera tan real, fue como si todas esas veces que las balas de la Palabra de Dios, que rebotaban de mi corazón, de repente, impactaron mi ser; porque mi amiga, de alguna manera, encarnó el amor de Cristo por mí. Y fue tan profundo que todas mis preguntas, a pesar de que no fueron contestadas esa noche, de repente no parecían ser urgentes, no parecían insistentes.

Y así, cuando ella se fue esa noche, esa increíble paz que sobrepasa todo entendimiento humano parecía salvaguardar mi corazón. Y creo que, mirando hacia atrás, creo que lo que pasó esa noche es que experimenté lo que todos experimentamos cuando nos preguntamos “¿Por qué, Dios, pudiste permitirlo?” O “No lo entiendo.” Pero, ya no queremos respuestas, porque ya no se está segura de que si Dios respondiera, eso nos satisficiese. Para mí, que Dios me contestara en aquel momento, hubiera sido como echar un millón de galones de verdades en mi cerebro de una onza. Creo  que no lo hubiera entendido todo. Creo que, cuando estamos sufriendo, todo lo que queremos es estar seguros, sentir esa seguridad paternal que dice, “mi niña, mi niña”, acariciando tu espalda, “Tu papá está aquí; todo está bien, cariño.” Todo está bien, todo está bien.

Ankerberg: ¿Cómo llegaste a enfrentarte con la pregunta de cuál era el significado y el propósito de tu vida? Puesto que  pensabas, ¿Qué voy a hacer?

Tada: Sabes, después de esa noche, de una extraña manera, el significado y el propósito de mi vida ya no eran tan urgente o insistentes. Creo que experimenté lo que todos, cuando estamos sufriendo, y que tenemos que llegar a enfrentar, y es que,  está bien. Pues, Dios no es alguien místico meditando sobre una lejana cima en una montaña, haciendo girar sus pulgares, contemplando su ombligo. No, Él está cerca, Él es real, Él es personal, Él no está a un brazo de distancia de tu dolor, ya que  Cristo está en medio del dolor contigo. Y luego, con el tiempo, el propósito y el significado, vendrán.

Ankerberg: Me gustó lo que escribiste en tu libro. “No tienes que saber por qué Dios permitió tu herida, el hecho es que Dios lo sabe.” Y tu amiga lo dijo, si Él te lo dijera, de todas maneras, ¿Marcaría la diferencia? Es decir, ¿De verdad quieres saberlo? Pero bien, algún día lo vas a saber, pero por ahora, Él lo sabe. Y algunas de estas cosas te ayudaron. Bien, sólo tenemos un par de minutos para el final, vamos a volver a estos temas, ya que sólo estamos arañando la superficie de todo esto. Pero, ¿Cómo fue que una chica que está paralizada, que no puede caminar, que no puede utilizar sus manos, encerrada en este concha, rehabilitándote por dos años, confinada a una silla de ruedas? ¿Cómo una chica en una silla de ruedas se convierte en la líder de un ministerio internacional que viaja alrededor del mundo, donde eres la anfitriona en programas de radio, en más de 1.000 estaciones todos los días? Tienes “Ruedas para el Mundo”, has estado en 48 países. ¿Cómo es que has ido de un lugar a otro?

Tada: Bien, John, estás haciendo un salto cósmico con todo eso. Hay mucha distancia entra el dolor que experimenté cuando era una chica y lo que estoy haciendo ahora como adulta. Todo lo que sé es que hay mil millones de personas con discapacidad en el mundo, el 80% de los cuales viven en pobreza extrema, y que están luchando contra la desesperanza y la desesperación. Pero con lo poco que he llegado a enfrentarme con mi parálisis y la poca satisfacción que he recogido y ganado por conocer a Cristo, y “a quien mucho se le da, mucho se le va a demandar.” Oh, Joni, tienes que exprimir hasta la última gota de oportunidades ministeriales que puedas tener fuera de este cuerpo tetrapléjico y ve a ayudar a alguien.

Es decir, la mitad de mi gozo y satisfacción de la vida en una silla de ruedas es encontrar a alguien más con una necesidad más grande y mirar a su difícil situación y entender que su dolor es mucho más grande  que el mío. ¡Por Dios! Déjeme darte el bálsamo de Galaad, permite que te ponga  aceite, permíteme que te hable de mi Jesús y de alguna manera animar y bajar a donde tu estas, humillarme, y ayudarte a que te levantes, desde donde una vez yo estuve, así como Jackie, una vez me levantó en aquel hospital. Oh, que pudiera hacer lo mismo con esos mil millones de personas. Sólo me queda un corto tiempo. ¡Oh Dios mío! Señor Jesús, dame la salud suficiente para poder hacer eso, y mi vida será mucho más significativa.

Creo que eso me ha llevado hasta el punto en que ahora tengo un ministerio mundial. No lo he deseado, no lo he buscado, no he golpeado a la puerta de nadie, no he pedido  por dinero, y nunca pedí escribir un libro, hacer una película de mi vida. No, todo eso, simplemente ha sucedido, todo ha caído en mi regazo. Pero sé lo suficiente para querer ser una buena administradora de lo que Dios me ha dado. Y si puedo ayudar a otra persona con discapacidad en Perú, China, Cuba, Tailandia, Rumania, Ucrania, donde sea, ahí estaré.

Ankerberg: Sí, vamos a hablar más sobre esto. Amigos, estamos hablando del sufrimiento por las cosas que estás pasando y cómo alentarte, y cómo decirles acerca de Jesús y la compasión que Él tiene y lo que puede hacer en tu vida. Tú me podrás mirar, y a lo mejor, no me quieras creer, quiero que lo creas Joni. Y la próxima semana vamos a hablar con Michael, Y estas personas están viviendo el sufrir, así como tú lo estás haciendo, y es por eso que he querido que sean nuestros invitados. La próxima semana, escucha este tema, Michael nos va a hablar de, ¿Qué hacer cuando todos tus apoyos son eliminados, cuando tu esposo ya no puede ayudarte, tu esposa ya no puede ayudarte, tus mejores amigos no pueden ayudarte, los médicos no pueden ayudarte, tus abogados no pueden ayudarte, la iglesia no puede ayudarte, y sólo tú y Dios están juntos sufrimiento? De acuerdo, Michael nos va a contar su historia, espero que te unas a nosotros.

 

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