¿Cuantos De Tus Pecados Son Perdonados?-Parte 1

El Bautismo

Después de nacer uno de nuestro hijos en España, aquella noche una monja visitó a mi esposa en el hospital. Muy amable, le trajo una bebida, se sentó a hablar con ella y hacerle compañía. Hablaron de muchas cosas, y como es lógico la monja le preguntó cuándo iba a bautizar al niño. Estaba visiblemente sorprendida cuando mi esposa le contestó que no hacíamos estas cosas. Aparentemente la monja nunca había hablado con nadie así, y expresó su preocupación por el niño. No hay nada raro en esto, puesto que ella entendía que no bautizar a un niño equivalía a condenarlo y dejarlo en gran peligro. Mi esposa tuvo la oportunidad de explicarle cómo nos preocupamos por el bien espiritual de nuestros hijos, y cómo una persona puede tener realmente el perdón de sus pecados.

El sacramento del bautismo juega un papel importante en el perdón del pecado, para el católico romano. Citamos del Nuevo Catecismo universal de la Iglesia, porque es importante entender cuál es la enseñanza oficial de la Iglesia Católica. Ella dice:

“Los niños necesitan también el nuevo nacimiento en el Bautismo (cf. DS 1514) para ser librados del poder de las tinieblas y ser trasladados al dominio de la libertad de los hijos de Dios…” (pág. 291 del Catecismo de la Iglesia Católica, CIC).

Roma afirma claramente que “El Bautismo es necesario para la salvación”, y “La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna”, y “Dios ha vinculado la salvación al sacramento del Bautismo” (pág. 292, CIC, sección VI).

En la sección VII, “LA GRACIA DEL BAUTISMO”, párrafo 1263, leemos:

“Por el Bautismo, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales, así como todas las penas del pecado (cf DS 1316)”. (pág. 293)

Pero las Sagradas Escrituras enseñan algo muy distinto. El apóstol Pablo dijo que Cristo no le envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, lo cual sería extraño si el bautismo fuera necesario para la salvación (1 Co. 1:18). Luego, en Efesios 2:8-9 afirmó de nuevo: “por gracia sois salvos por medio de la fe; [observa: no por el bautismo] y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. Así que, la doctrina apostólica enseña que el bautismo no quita el pecado, y no salva a nadie. Si el bautismo fuera necesario para salvación, ¿cómo podía el Señor decir al ladrón arrepentido en la cruz que ese día estaría con Él en el paraíso, ya que no se había bautizado? Amigo, hay millones de personas en todas partes del mundo que están engañadas. Ellas en el fondo esperan llegar de alguna manera al cielo, porque se acuerdan de que fueron bautizadas en su niñez. En sus apuros y peligros este recuerdo les da una esperanza falsa. ¡Qué sorpresa les espera un segundo después de la muerte, cuando descubran que el Dios vivo no rige Sus asuntos por los dogmas de Roma.

Un pecador bautizado no es más que un pecador mojado. Y los que están en las cárceles en países predominantemente católicos, ¿fueron bautizados como infantes? Sí, y las prostitutas también, y los mafiosos también. Pero no sólo la gente mala, como se suele decir, sino también la gente “buena” confía en su bautismo. Amigo, Dios no quita el pecado poco a poco, a plazos, con una serie de sacramentos que hay que practicar. La salvación, cuando uno es perdonado y declarado justo, es para el que cree el evangelio. ¿Estás confiando en tu bautismo, u otro sacramento? Espero que no, porque sólo el Señor Jesucristo es digno de nuestra fe.

La Penitencia Y La Reconciliación
“Los que se acercan al sacramento de la Penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones” (LG 11). (pág. 329, párrafo 1422)

Sin embargo, la Biblia no enseña que haya que conseguir un perdón “al día” de los pecados recién cometidos. Cuando Dios perdona judicialmente nuestros pecados, los perdona todos: pasados, presentes y futuros. ¿Cuántos de tus pecados eran futuros cuando Cristo murió en la cruz? ¡Todos! Y cuando Dios justifica a una persona que cree, esto significa que Él declara justa a esta persona. Le es imputada la justicia de Cristo, la cual es perfecta. Desde entonces, delante de Dios ésta es la posición del creyente. Necesita muchas veces el perdón paterno que mantiene la comunión, pero sólo una vez el perdón judicial que remite los pecados. Es un perdón libertador.

Pero la Iglesia Católica no otorga esta libertad a sus feligreses, sino que les ata a una serie de sacramentos y ritos por medio de los cuales ella les dice que están consiguiendo poco a poco la gracia de Dios, se están convirtiendo y se están salvando. Por eso hay que ir a confesión al menos una vez al año, pero allí se está buscando un perdón que, en primer lugar, no puede ser hallado en el confesionario, y segundo, el Señor ya lo ha dado a todos los Suyos. Los que repiten el acto penitencial en Misa, y se confiesan, y hacen actos de penitencia, están confesando que no conocen el perdón de pecados que Dios otorga por medio de Jesucristo. “Los que hemos creído entramos en el reposo”, dice Hebreos 4:3. Es el reposo de la salvación, y lo conocen aquellos que no tienen que buscar todavía el perdón de sus pecados. Al católico­romano esto suena increíble porque la Iglesia le ha inculcado la idea de que el perdón viene poco a poco. Amigo, ¡hay perdón completo, de todos los pecados, y lo hay en el Señor Jesucristo, ahora mismo! Yo dejaría de enrollarme en una iglesia que me lleva delante como el ganadero hace con el buey, con una zanahoria tendida de un palo delante suyo, para que ande, pero la cual nunca alcanza.

Pero hay otros católicos que ya no se confiesan ante el sacerdote, y se disculpan diciendo: “yo me confieso con Dios”. Quizá tu, estimado lector, seas uno de ellos. Está bien que te des cuenta de que no necesitas al sacerdote para perdonar tus pecados. Pero no acabas de librarte, porque en el fondo está el mismo problema, la misma necesidad: el perdón de los pecados. Si tienes que confesarte con Dios, buscando perdón y salvación, entonces es que todavía no los tienes. Y si en privado, entre tú y Dios, te asignas alguna obra de penitencia para arreglar las cosas, cometes el mismo error, buscando el perdón en la confesión y la penitencia. Dios no promete perdonar los pecados a cambio de una confesión humilde y contrita, ni influyen obras de penitencia. Es difícil sacar las telarañas católicas de la mente, ¡pero cuán necesario es! Si creemos lo que Dios dice en la Biblia, comprenderemos el perdón de Dios. Consideremos lo que dice Romanos 4 al respecto:

5 Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.
6 Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,
7 diciendo, Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.
8 Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado.

Éste es el perdón que Dios ofrece al que cree. No al que cree en Dios, sino al que cree a Dios, y confía en Él. El evangelio nos anuncia que Cristo murió por nuestros pecados, y si confiamos en Él, Él nos salva. Los sacramentos no salvan, ni son medios ni canales para recibir el perdón o la gracia santificadora. Todo lo que necesitamos para la salvación, nos lo da el Salvador mismo. ¿Tienes una relación así con el Señor Jesucristo, o todavía estás perdido en el laberinto de la Iglesia Católica, buscando el perdón que siempre está un poco más allá?

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