¿Cuantos De Tus Pecados Son Perdonados?-Parte 4

Las Indulgencias

Muchos católicos ponen su esperanza en las indulgencias. Una de las formas más fáciles de observar esto es considerar la cantidad de personas que andan de rodillas a Fátima, Guadalupe, Lourdes, y otros santuarios, y las miles de personas que participan en procesiones de Semana Santa, descalzas, llevando cadenas, llevando a cuestas las imágenes, crucifijos, etc. Hacen estas cosas para lograr una indulgencia, esto es, remisión de algún pecado o algunos pecados que han cometido. ¿Por qué buscan una indulgencia? Porque es lo que la iglesia de Roma les ha enseñado.

“La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos de la Penitencia… La indulgencia es la remisión ante dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados…” (Catecismo de la Iglesia Católica, pág. 339, párrafo 1471)

Observamos que la doctrina y práctica de las indulgencias no están estrechamente ligadas a la Palabra de Dios. Estamos ante otra práctica romana que carece de enseñanza y ejemplo bíblico, pero esto a Roma no le detiene de enseñarlo. En el siguiente lugar en internet, http://www.churchforum.com/info/doctrina/Iglesia/indulgen.htm encontramos una explicación dada por católicos acerca de las indulgencias. Es importante recordar esto, para que el lector no cometa el error de pensar que no entendemos bien el significado de las indulgencias, pues son católicos quienes dan esta explicación.

“La Comunión de las almas es como un «banco de las almas». Los méritos de todos los miembros de la Iglesia —vivos y muertos— están acumulados en un inmenso tesoro común. El Papa y los obispos tienen el poder de sacar de el, para compensar la remisión de las penas, que tienen el poder de conceder. Estos cheques sacados en favor nuestro de la comunidad son las indulgencias.

Concedidas en ocasión de una buena acción, de una devoción, de una oración, las indulgencias llevan consigo la remisión de la pena temporal debida por los pecados perdonados. Pueden darse en favor de los difuntos y de los vivos. En estos últimos abrevian o sustituyen las penitencias que deberá imponer el confesor. En los que esperan en el purgatorio el momento de ser admitidos en la bienaventuranza eterna, tienen como consecuencia la supresión o la mitigación de las penas.

Sólo Dios puede apreciar el valor de estas remisiones, quitar al alma en expiación el peso que corresponde a las indulgencias concedidas, Por eso las indicaciones temporales que acompañan la concesión de indulgencias no corresponden matemáticamente a la realidad. Evocan el recuerdo de las antiguas tarifas penitenciales (En el purgatorio, además, la noción del tiempo no existe).

En el ano 325 el Concilio de Nicea concede a los obispos el poder de aplicar las indulgencias.

A finales del siglo XI, por primera vez el Papa Urbano II concede indulgencia plenaria: se beatificarán todos los cruzados para la libertad de Jerusalén.

Desde entonces, el régimen de las indulgencias se instauró en la economía espiritual de la cristiandad. La mayoría de estas remisiones son un estímulo a la piedad…”

Ahora bien, como lo primordial para un verdadero creyente es lo que dice Dios, no lo que dicen los hombres, enseguida notamos que en toda la explicación no se citan las Sagradas Escrituras ni una sola vez. Y con razón no se citan, porque la Biblia no dice nada al respecto. La referencia más antigua citada es el año 325 d.C. en el Concilio de Nicea, siglos después de los apóstoles del Señor. Se trata de la inclusión y contaminación del cristianismo con inventos y tradiciones de hombres. El profeta Jeremías trajo Palabra de Dios a los falsos profetas de su tiempo, esto es, a los que profesaron hablar de parte de Dios sin que Él los enviara:

“No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban…¿Hasta cuándo estará esto en el corazón de los profetas que profetizan mentira, y que profetizan el engaño de su corazón?…He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová” (Jer. 23: 21, 26, 32).

Como aquellos falsos profetas, la curia romana ha dado vanas y falsas esperanzas al pueblo, y profesa hablar de parte de Dios. Pero Dios no ofrece indulgencias en la Biblia. La predicación apostólica del evangelio jamás mencionó indulgencias. Sólo por medio de arrepentirse y creer el evangelio puede un pecador obtener perdón. Y cuando lo obtenga, TODOS sus pecados le son perdonados, “una vez para siempre” (Hebreos 10:10-17).

Las indulgencias, aun las plenarias, nunca abarcan todos los pecados. Su alcance es desde hoy hacia atrás en la historia, es decir, ciertos pecados ya cometidos. Pero si un católico comete un pecado mortal cinco minutos después de recibir una indulgencia plenaria, ella no le sirve para nada, porque la iglesia le dice que si muere ahora sin arreglar este último pecado, ¡no será salvo! ¿A esto lo llaman buenas noticias? ¡No, por cierto! Pero el verdadero evangelio del Señor Jesucristo no ofrece indulgencias, perdones parciales en base a obras o dinero, sino que es un perdón pleno y gratuito de todos los pecados, pasados, presentes y futuros, por la sangre de Jesucristo, “quien llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 P. 2:24). ¿Has pensado en cuántos de tus pecados eran futuros cuando Jesucristo murió en la cruz? ¡Todos! Así que, Dios no divide el pecado en estas categorías artificiales de pasado, presente y futuro como hacen los hombres. Cristo sufrió por todos tus pecados, pues en un sentido ellos le clavaron a la cruz. Y cuando arrepentido, confías en Él, Él te perdonará todo. ¿Qué puede ofrecer una indulgencia a una persona que tiene el perdón pleno y completo del Señor Jesucristo? ¡Nada!

¿Y quién administra las indulgencias? ¿Quién va a ser, sino la iglesia romana? Así que ella ha inventado otra razón por la que la gente le necesita, porque ella tiene en sus manos las indulgencias. Larga y fea es la historia de la venta de indulgencias, y todo el mal que ha procedido de la promulgación de una doctrina que no es de Dios, sino de los hombres.

Amigo, las indulgencias son una esperanza falsa, vana. No perdonan ni un solo pecado. Si necesita perdón de sus pecados, sólo hay una persona en el universo que puede dárselo: el Señor Jesucristo.

“¿Qué me puede dar perdón? Sólo de Jesús la sangre.
¿Y un nuevo corazón? Sólo de Jesús la sangre.
¡Precioso es el raudal que limpia todo mal.
No hay otro manantial, ¡sólo de Jesús la sangre!”

La Película de Jesús

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