El Budismo y Jesucristo

Por: El Dr. John Ankerberg y El Dr. John Weldon; © 2002

Descripción: El budismo tiene poco que decir directamente acerca de Jesús. Sí, reconoce lo que la mayoría de personas aceptan: que Cristo era una gran persona. Por otro lado, existe el sentido por el cual el budismo explícitamente rechaza a Jesucristo.

Los Dres. Ankerberg y Weldon exploran sus enseñanzas:

El Budismo y Jesucristo
En su totalidad, el budismo tiene poco que decir directamente acerca de Jesús. Sí, reconoce lo que la mayoría de personas aceptan: que Cristo era una gran persona. Para la mayoría, Sus enseñanzas del Evangelio son en gran parte ignoradas y aceptan a un Jesús más conveniente: quien junto con Buda, sonríen serenamente.

Pero, por otro lado, existe el sentido por el cual el budismo explícitamente rechaza a Jesucristo. Lo que un cristiano cree en un Salvador personal del pecado representa para el budismo un forma grave de ignorancia. ¿Un Salvador personal? No existe tal “persona”. Así que ¿Qué hay allí que salvar? Por lo cual, tampoco puede existir un Salvador genuino, por lo que en última instancia, debemos salvarnos a nosotros mismos. El mensaje central del cristianismo (Juan 3:16) es desestimado como los restos de una conciencia obscurecida.

Después de todo, uno podría esperar que en el budismo el Cristo bíblico sería bastante censurable, porque él rechaza lo que el budismo acepta y acepta lo que el budismo rechaza. Él recalca el pecado y el arrepentimiento ante Dios (Juan 5:34; Mateo 4:17). Él cree en un Creador amoroso, infinito-personal que hace demandas morales y juzga a Sus criaturas (Lucas 12:5). Niega la posibilidad de la auto perfección y se refiere a Sí mismo como el Salvador del mundo (Mateo 20:28, 26:28, Juan 6:29, 47; 14:6). No cree únicamente en un Dios creador, el creador Dios es Su Padre personal (Juan 14:5-6); Él es el único Hijo de Dios (Juan 3:16, 18). La salvación e iluminación espiritual vienen únicamente por Él (Juan 14:6) porque Jesús es “la verdadera luz” del mundo (Juan 1:9; 8:12; 12:46). Es imposible que estos pudieran venir a través de Buda y su filosofía, o a través de Bodhisattvas (persona capaz de alcanzar el nirvana) y su sacrificio de permanecer en el mundo, o por cualquier otro método de auto-realización (cf., Mateo 19:24-26). Jesucristo rechaza completamente el politeísmo y paganismo (por ejemplo, Mateo 6:7, 22:37, Lucas 4:8). Su visión del mundo se basa totalmente en los absolutos morales y es por medio de Sus normas morales que todas las criaturas, celestiales y terrenales, serán juzgados y llamados a dar cuentas (Juan 5:22-29; Colosenses 1:16-18; Lucas 10:19-20; 1 Corintios 6:3). Jesús aceptó la permanencia (Mateo 25:46) y la utilidad del sufrimiento (Hebreos 2:10; 5:8-9) -de hecho es mediante el sufrimiento que el mundo es redimido y a través del cual (en parte) Dios santifica a Su pueblo (1 Pedro 2:21, 24, 3:18, 4:1, Filipenses 3:10).

Aunque la gente con mentalidad ecuménica encontraría difícil de aceptar, el Jesucristo de la historia no es un-Budista, Él es anti-Budista. Si pudiéramos traer a Jesús y Buda juntos para una discusión, ni Jesús ni Gautama encontrarían el punto de vista del otro aceptable. Según Cristo, Buda, sin duda no ha sido iluminado espiritualmente—Está muy lejos de eso. Su rechazo de un Dios creador lo clasificará a él como un incrédulo pagano, sin embargo él era adepto a la especulación filosófica. “El necio dice en su corazón, No hay Dios” (Salmo 14:1). Un hombre necesitaría arrepentimiento y fe en el único Dios verdadero (Juan 17:3). En otras palabras, la visión de Jesús de Buda es que requeriría salvación—tal como todo el mundo.

Y por el contrario, el Buda no tendría necesidad de Cristo como Salvador, ya que Buda enseñó autosuficiencia total e inquebrantable. Compare esto con Jeremías 17:5 – “Maldito es el hombre quien confía en la humanidad y hace de la carne su fortaleza y quien desvía su corazón del Señor”. Por lo tanto, al examinar la apelación del budismo al hombre moderno, Stephen Neill está en la correcta observación de que este llamamiento se basa totalmente sobre una orgullosa autosuficiencia:

Para el hombre moderno, una de las cosas más atractivas de este sistema es que en él está completamente confinado en sí mismo. “Por lo tanto, toma el yo como una lámpara; toma el yo como un refugio, no te dirijas a ningún refugio externo, mantén en ti mismo un refugio para la verdad, no busques refugio para nadie más que para ti mismo. Ocúpate de tu propia salvación con diligencia “así como el Maha-Parinibbana-Sutta, uno de los más famosos budistas clásicos…. El Buda alcanzó la iluminación por su intensa auto concentración; él no pidió por ninguna ayuda de ningún Dios o salvador. Así debe de ser con el discípulo. Dios ha sido abolido, al menos en lo que se refiere a cualquier posibilidad de una relación práctica con él. No hay esperanza para un hombre fuera de sí mismo–o más bien en su aprehensión interior del significado del Buda, la Ley y el Orden. “El hombre por sí mismo.” Eso es lo que está de moda. La última cosa que un hombre moderno quiere es que le digan que necesita ser salvo, o que requiere la ayuda de un salvador…. Así que, naturalmente el Budismo tiene un poder atractivo… [1]

Teniendo en cuenta que el Theravada considera a Buda como un hombre iluminado (más iluminado, sin duda, que el Cristo bíblico, pero sigue siendo un hombre), mahayanistas han ubicado a Buda en el nivel de un ser divino que rivaliza con Cristo en su divinidad, aunque siga sin alcanzar el patrón del concepto bíblico.

El texto Mahayana, Matrceta Satapancasatkastotra I, 2-4 declara de Buda:

Para llegar a él en busca de refugio, para alabarlo y honrarlo, para permanecer en su religión, que es apta para los que tienen sentido. El Único Protector, él no tiene defectos ni en sus restos; él es Omnisciente, él tiene todas las virtudes, y sin fallas. Porque aun el malicioso no puede encontrar ninguna justicia, ninguna falla en el Señor—en su pensamiento, palabra o acción. [2]

El Sutra del Loto (Saddharmapundarika) dice que “Él se convierte en el Salvador del mundo con sus Dioses” (XXIV, 17). [3]

Por último, en el ámbito de lo milagroso, nos encontramos con otro desacuerdo con la fe Cristiana: “Puede ser bastante justo decir que el Budismo no es una religión de milagros en el sentido de que ninguna de sus doctrinas centrales dependen de milagros”. [4] Por el contrario, ¿Cuántos temas o doctrinas Cristológicas dependen de los milagros? La profecía Mesiánica (Isaías 9:6; Salmo 22.), La encarnación (Filipenses 2), el nacimiento virginal (Mateo 1:25), los milagros de Cristo como prueba de ser el Mesías (Mt. 8:15-17), los milagros asociados con la crucifixión (Mateo 27:50-53), la resurrección (Lucas 24:36-39) y la expiación (por ejemplo, el milagro de la regeneración), la ascensión (Hechos 1:9-10), la segunda venida (Mateo 24), etc. Las diferencias son otra vez asombrosas.

En conclusión, Buda y Jesús no están sólo un poco lejos de ser amigos. El sufrimiento y la exaltación de Cristo son apenas equivalente a la paz serena del Buda entrando al nirvana. Jesús vino a salvar al mundo, no a sí mismo (Juan 12:27). De hecho, Jesús dijo: “El que quiera salvar su vida la perderá” (Mateo 16:25). Él obedeció y glorificó al mismo Dios quien Buda con satisfacción rechazó (Juan. 17: 4).

NOTAS

1. Stephen Neill, Fe Cristiana y Otras Creencias (2 ª ed.) (Gran Bretaña: Oxford University
Press, 1970), p. 118-119.
2. Edward Conze et al. (Eds.), Textos Budistas a Través de los Tiempos (NY: Philosophical
Library, Inc., 1954), p. 194.
3. Ibid.
4. Sir Charles Eliot, Hinduismo y Budismo, Vol. I. (NY: Barnes and Noble, Inc., 1971), p. 325.

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