El Celibato Forzoso del Clero

“¡Ella es la mujer del Obispo!” ¿Suena raro, como algo de prensa rosa? Pues según la Palabra de Dios, todos los obispos tendrían que estar casados. Sí. El apóstol Pablo expone los requisitos para obispos en 1 Timoteo 3, y dice: “es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer…”.

En contraste a este mandamiento apostólico, todos sabemos que una de las marcas de la Iglesia Católica Romana es el celibato forzoso del clero. Esto quiere decir que para entrar como sacerdote, uno tiene que ser célibe. La Iglesia Católica manda que sus sacerdotes sean célibes, que no solamente significa no casarse, sino no tener relaciones
sexuales.

“El periódico “Pilot”, portavoz oficial de la arzodiócesis en Boston, EE.UU. dice que los escándalos de abuso sexual de niños por los sacerdotes han hecho levantar serias preguntas en la mente de los laicos, preguntas que no van a desaparecer”.

El artículo citado pregunta:

“¿Debe seguir el celibato siendo una norma para los sacerdotes diocesanos en la Iglesia Occidental (Latina) ?”

“Si fuera opcional el celibato, ¿habría menos escándalos de esta naturaleza en el sacerdocio?”

“¿El sacerdocio atrae un número desproporcionado de hombre con orientación homosexual?”

Otra noticia sacada de la prensa:

“El Cardenal Bernard Law, de Boston, reconoce que el tema del abuso sexual ha causado consternación entre los católicos. Anteriormente había admitido que un sacerdote, el reverendo John Geoghan, había molestado a niños durante años, y que a pesar de esto le habían mantenido como sacerdote, y que continuaba apareciendo más acusaciones contra él, la respuesta de la iglesia había sido cambiarle o otra parroquia”.

“Desde enero, docenas de sacerdotes han sido suspendidos u obligados a dimitir, y sus nombres han sido entregados al fiscal”.

Otro informe de los medios de comunicación:

“Se anuncia la resolución de un pleito entre la arzodiócesis de Boston y 86 personas que alegan haber sido víctimas de abuso sexual por un sacerdote. El abogado que representa a la diócesis dijo que ella pagó 30 millones de dólares en daños y perjuicios. Pero acto seguido, otros abogados anunciaron 58 pleitos más que han sido registrados contra la iglesia, el clero y los obreros de la iglesia.

De nuevo leemos:

“SAN FRANCISCO, California (AP) — Un hombre acusa a un sacerdote católico de haberle molestado cuando era monoguía.

“Wayne Presley, 43, dijo acerca del Monseñor Patrick O’Shea: “no sé si puedo jamás recuperarme de ello, emocional, financial y físicamente”. Ha puesto 224 denuncias contra el sacerdote por abuso sexual de él y otros 8 chicos entre los años 1960 y 1970”.

Y por último, con fecha del 10 de marzo, 2002:

“PORTLAND, Maine (AP) — La diócesis Católica-Romana expulsó a dos sacerdotes de sus parroquias, el sábado después de que ellos confesaran que habían abusado sexualmente a menores de edad”.

Los sacerdotes no serán enviados a otras parroquias, dijo el obispo auxiliar Michael Cote, hablando en la parroquia de Sta. Ágata en el norte de Maine donde uno de los sacerdotes había estado sirviendo. Leyó un escrito hecho por el obispo Joseph Gerry, diciendo que los abusos hechos por los sacerdotes “nos dejan a todos nosotros avergonzados, humillados y desanimados”.

Todo esto, y mucho más, incluso no sólo abusos de niños sino también inmoralidad con chicas solteras y adulterio cometido con mujeres casadas, levantan grandes interrogantes sobre la curia romana y su práctica del celibato forzoso.

Sin embargo, el Papa Juan Pablo II ha mostrado fuerte apoyo del celibato. Y en el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, Roma dice lo siguiente acerca del sacerdocio:

“Todos los ministros ordenados de la Iglesia latina, exceptuados los diáconos permanentes, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes y que tienen la voluntad para guardar el celibato “por el Reino de los cielos” (Mt. 19,12). Llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas” (cf. 1 Co. 7.32), se entregan enteramente a Dios y a los hombres. El celibato es un signo de esta vida nueva al servicio de la cual es consagrado el ministro de la Iglesia; aceptado con un corazón alegre, anuncia de modo radiante el reino de Dios (cf. PO 16). [pág. 362, párrafo 1579] “

Dice que los que son elegidos (por la Iglesia, no por Dios) como presbíteros son hombres que “viven como célibes” y “tienen la voluntad para guardar el celibato…” En los numerosos casos de sacerdotes que han sido inmorales tanto con mujeres así como con hombres o niños, ¿cómo se entiende esto de vivir como célibes? ¿Querrá decir que no se casan formalmente, aunque practiquen el sexo fuera del matrimonio? Y cuando dicen que “tienen la voluntad para guardar el celibato”, preguntamos ¿qué pasa con ellos cuando rompen el celibato? A lo largo y ancho del mundo, son los miembros de la Iglesia Católica quienes dicen que la Iglesia traslada a dichos sacerdotes inmorales a otras provincias, ciudades y parroquias, y que siguen ministrando aunque no han guardado el celibato. Puesto que la Iglesia enseña que el sacerdote, cuando es ordenado, recibe “un poder sagrado” (pág. 356, párrafo 1551), ¿pierde este poder sagrado si rompe su voto de celibato y comete inmoralidad con una mujer, un hombre o un niño?

Cuando en el párrafo 1579 dice que son “llamados a consagrarse totalmente al Señor y a sus “cosas”, habría que aclarar quién les llama. Es la Iglesia Católica, no Dios, quien les llama, de tal modo que es una ley eclesiástica y una orden de la iglesia que no se casen. Es decir, que aunque Dios le da la opción a un hombre piadoso a casarse o no casarse, Roma no le da esta opción si desea ser sacerdote. Roma convierte en ley y norma lo que Dios presenta como opción. Roma insiste que, puesto que el Señor habla del celibato en Mateo 19:12, esto le da a ella derecho a formular una ley de celibato, interpretando las palabras del Señor como una alusión al sacerdocio. Si fuera así, entonces Pedro, el llamado primer Papa, fue en contra de lo que el Señor enseñó, ¡porque estaba casado! Luego los católicos citan al apóstol Pablo en 1 Corintios 7 como otro apoyo del celibato. Este es el argumento más fuerte que tienen los autores del libro Los Evangélicos, Re- sponde La Biblia cuando citan 1 Corintios 7:8-9 y comentan:

“CONSECUENCIA: San Pablo recomienda aquí la vida célibe por amor a Dios, que él mismo abrazó a imitación de Cristo. Y sólo aconseja el matrimonio a los que no tienen el don de continencia…”

[impreso por Fe Católica – Ediciones, Madrid, 1983, con licencia del Arzobispado de Madrid-Alcalá]

En primer lugar, la palabra “recomienda” está muy bien empleada, por lo cual, extrapolar de la recomendación de Pablo una ley y orden de la Iglesia, es un salto, por no decir disparate. Pero el disparate viene a continuación cuando dicen: “y sólo aconseja el matrimonio a los que no tienen el don de continencia…” Entonces, ¿qué de todos los sacerdotes inmorales que ya han demostrado tristemente con mujeres, hombres y niños que no tienen el don de continencia, y esto después de haber recibido el Sacramento del Órden?

Además, es una contradicción ridícula el que en sus documentos la Iglesia Católica llama “sacramento” al matrimonio, pero por el otro lado de la boca dice que el matrimonio es sólo para los que no tienen el don de continencia, es decir, los que no se pueden controlar sexualmente. ¿Casarse sólo para tener sexo legítimo, esto es un acto sacramen- tal? Vaya.

Pero Dios dice que el matrimonio es honroso en todo (Hebreos 13:4), y Pablo enseña que los mismos apóstoles tenían derecho a casarse (ver 1 Corintios 9.1-5). Entonces, ¿con qué autoridad puede Roma prohibir que sus sacerdotes y monjas se casen? La respuesta es, con la suya propia, no con autoridad de Dios, y esto es como todo lo demás que Roma hace, las hace por su cuenta.

La posición y enseñanza de Roma no es la posición bíblica ni apostólica. Entonces, en esto ella enseña por ley los mandamientos y las tradiciones de los hombres. Es todavía otro caso que demuestra que la Iglesia Católica no tiene el magisterio, sino que tergiversa las Escrituras para conseguir sus propios fines y designios.

Y en el caso de sus presbíteros inmorales, ¿no será éste gran parte del problema con tantos casos de inmoralidad entre ellos? Ella manda lo que Dios no manda, va más allá de lo escrito. Y además, lo que Dios enseña en Su Palabra es lo contrario de lo que la Iglesia de Roma hace. Consideremos dos textos más.

“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer…” (1 Timoteo 3:2)

He aquí la doctrina apostólica. Pablo, el mismo que escribió 1 Corintios 7, aquí insiste, bajo inspiración del Espíritu Santo, en Palabra de Dios, que ES NECESARIO que el obispo sea marido de una sola mujer. Roma dice que es necesario que sea célibe. Ambos no tienen razón, entonces, ¿quién está equivocado? ¡Ciertamente es Roma y no la
Palabra de Dios!

“Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia, prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes…” (1 Timoteo 4:1-3, énfasis añadido)

Además de insistir que “es necesario” que el obispo sea marido de una sola mujer, el apóstol Pablo dice aquí, también bajo inspiración del Espíritu Santo y en Palabra de Dios, que prohibir casarse es una marca de los apóstatas. No lo decimos nosotros, recuerda, lo dice el apóstol. Es doctrina apostólica.

El celibato forzoso de los sacerdotes de la Iglesia Católica-Romana y su defensa de esta posición no bíblica, son una prohibición, una ley eclesiástica y una tradición de los hombres que ha sido elevada incorrectamente y puesta como si fuese Palabra de Dios. A cada lector le es necesario tomar una posición ante esta gran contradicción que ha producido tanta tensión y tanto dolor a lo largo de los siglos. ¿A quién creerías antes, a la Biblia o a Roma? Si la Biblia tiene la razón, entonces Roma está muy equivocada y debes desasociarte de ella. No confíes en alguien que se equivoca, porque si lo haces, lo lamentarás eternamente.

Carlos Tomás Knott

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