El Consuelo de Dios Cuando estás Desanimado, Deprimido y con Temor al Futuro Primer Programa

El Consuelo de Dios Cuando estás Desanimado, Deprimido y con Temor al Futuro  

Primer Programa

Nuestro Invitado:

El Dr. Michael Easley

Joni Eareckson Tada

  

Instituto de Investigación Teológica Ankerberg

El Programa de John Ankerberg

P.O. Box 8977

Chattanooga, TN 37414 USA

 

 

El Consuelo de Dios Cuando estás Desanimado,

Deprimido y con Temor al Futuro –

 

Locutor: Hoy en el programa de John Ankerberg, una chica muy activa de 17 años que le encantaba montar a caballo, jugar al hockey y la natación, se lanzó en un lago y se rompió su médula espinal. Después de una cirugía de emergencia se enteró de que ella nunca sería capaz de caminar o usar sus manos de nuevo, que iba a ser un tetrapléjica, confinada a una silla de ruedas por el resto de su vida. Pero ¿Cómo Dios ha ayudado a Joni Eareckson Tada durante 45 años para superar el desánimo, l depresión y el temor al futuro?

Luego, imagínate el cuadro de un hombre que en sus 40, que está en buena forma, juega a la raqueta tres veces a la semana, tiene su propio entrenador. Pero, de repente comienza a experimentar dolor en la rabadilla, por lo que tuvo que enfrentar  dolorosas operaciones y, finalmente, los médicos tuvieron que sacar todos los discos y fusionar todos los huesos en su columna vertebral para salvar su vida.

Hoy el Dr. Michael Easley, Presidente Emérito del Instituto Bíblico Moody, y Joni Eareckson Tada te hablarán de cómo encontrar el consuelo de Dios cuando estás desanimado, deprimido y con temor al futuro. Únete a nosotros a esta edición especial del programa de John Ankerberg

 

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Primer Programa

 

John Ankerberg: Bienvenido a nuestro programa, estoy hablando con Joni Eareckson Tada y el Dr. Michael Easley. Y quiero comenzar este programa hablando de un temor que todos tenemos. Pero, pueda ser que algunos de ustedes tengan más temor que el resto de nosotros en este momento. Esto es el temor a morir. Todos tenemos enfermedades, yo me he enfrentado a la muerte, ellos dos se han enfrentado a la muerte también, y no estábamos seguros de que íbamos a salir bien, solo te pones en la las manos del Señor y quiero hablar de esa experiencia y lo que Dios hace por ti. Y, Michael, me gustaría que nos hablaras del tema del temor a la muerte y la respuesta de Dios.

Dr. Michael Easley: Un buen amigo mío ha tenido dos trasplantes de hígado, que es una cirugía masiva de más de 2 horas, y él cuenta la historia de cuando entró para ser  admitido y lo que es la pre-operación, y todas las cosas que hay que pasar, tu vestimenta, y él dice que al final te traen a tu esposa, y puedes hablar con tu esposa un poco antes de que te lleven hasta al cuarto de operaciones, y dice que lo último que hace es quitarte el anillo de bodas y dárselo  a tu esposa, y besarla en la mejilla. Y él cuenta que: “Te están llevando en esta camilla, vas contando las luces fluorescentes, a tu lado dos desconocidos que están enmascarados, y con unas vestimentas” y todo lo demás… dices adiós a tus hijos, tu esposa, quien sabe que… Y continúa diciendo: “Estoy sólo yo y Cristo. Y si despierto de nuevo, voy a servirle; y si no despierto, Le voy a ver” Y esa imagen es muy conmovedora para mí, literalmente  todos los días, pero cuando nos ponen bajo anestesia, y notas la gravedad de nuestra salud, es un recordatorio, de que vamos por ese pasillo, incluso ahora, mientras hablamos.

Ankerberg: Vamos a responder a la duda que una persona tiene: “No sé si me despertaré y veré a Cristo, tengo miedo a la muerte, pues, no sé lo que hay en el otro lado.” ¿Cuál es la buena noticia del Evangelio?

Easley: Bien, la única esperanza que tenemos son las palabras del resucitado Cristo que dijo: “El que oye la palabra, el que cree en mí, tiene vida eterna.” Y, por supuesto, muchos otros pasajes de la Escritura que nos explican que cómo poner nuestra fe, nuestra confianza y creer en Cristo, que Él vivió, murió, fue sepultado y regresó de entre los muertos. Y todo aquel que confía en Cristo, y sólo en Cristo, se le promete el don de la vida eterna. Estas cosas están escritas, el apóstol Juan dijo: “para que sepáis que tenéis vida eterna”, así que mi esperanza, la esperanza de Joni, tu esperanza, y de todo aquel que llega a tener este encuentro con Cristo, sabe que a pesar de que podemos tener temor del momento de morir – yo no tengo temor de ese momento – puesto que hay vida después de esto. Pero, creo que para aquellos que aún no han llegado a ese lugar, la única esperanza que en verdad existe es que ellos vengan a confiar en Cristo y sólo en Cristo para su salvación.

Ankerberg: Sí, habrás escuchado a la gente decir, sabes, conozco a esta persona y le puedo confiar mi vida. Y me pongo a pensar en Abraham. Abraham creyó a Dios, Dios se le reveló y le fue contado por justicia. Y pensé, ¿Por qué es que no podemos confiar en Dios?; que cuando Él envió a Cristo, Cristo lo pagó todo; Su obra en la cruz es suficiente. No podemos hacer nada para igualar lo que Cristo hizo por nosotros. Él vivió una vida perfecta y luego Él pagó por todos nuestros pecados. Él tomo nuestro pecado y coloca Su justicia en nosotros. Y el poder estar delante de Dios cubierto de la obra de Jesucristo, estaré con buena compañía. Y eso es la justicia que es imputada en nosotros… Todo lo que tenemos que hacer es confiar en Dios, de que Él quiere darnos este regalo. Confiamos en mucha gente; por qué no confiar en Dios.

Easley: Bien, tenemos esta cosa interna dentro de todo ser humano, esta escala del hacer y no hacer. Hago estas cosas malas, y hago algunas cosas buenas para compensar. Y estamos siempre tratando de equilibrar  nuestro pecado, tal como lo percibimos. Y como hemos dicho antes, estamos todos en un tren de carga con dirección al infierno, toda la humanidad está destinada para el infierno, y aparte de confiar, de poner la fe, de creer en Cristo, y sin excepciones… Tu nunca puedes ser lo suficientemente bueno para llegar a Dios; pero Dios fue lo suficiente bondadoso que envió a Su hijo por mí, para morir en mi lugar, en mi nombre, y poder ser perdonado, por esa obra en la cruz. Esta es una gran noticia.

Ankerberg: Es una gran noticia.

Easley: Y creo que es tan simple, que a veces la gente se tropieza con ello, porque piensan que tienen que hacer algo para obtenerla, cuando no pueden hacer nada aparte de ella misma.

Tada: Sabes, esta es una de las razones por las qué creo que Dios permite el sufrimiento, especialmente para los incrédulos, porque cuando estás pasando a través del sufrimiento, es como cuando los  relojes de alarma suenan, son como banderas de auxilio ondeando, hay luces rojas parpadeantes, “ring-ring, ring-ring”. Despierta, despierta de tu coma espiritual. Creo que el sufrimiento es como agua fría en el rostro de incrédulos, que les pregunta: “¿Qué te va a pasar al otro lado de la tumba? ¿Qué vas a hacer al respecto de las demandas de Cristo?” No creo que nosotros, como personas humanas, consideraríamos tales cosas, si no fuera por el sufrimiento, que nos despierta de nuestra coma espiritual.

Ankerberg: Tú tienes una buena ilustración de tu amiga Denise, que tiene que ver con el miedo a morir.

Tada: Denise era alguien que conocí, ella era una de esas personas en esa sala de seis camas, ella estaba en la cama de en medio, frente a mí, tenía una extraña enfermedad neuromuscular: estaba paralizada y ciega. Un día ella se despertó por la mañana, era una adolescente muy activa, pero para el final del día ya no podía caminar. Y cuando la conocí ella era incapaz de moverse en lo absoluto, y estaba postrada en la cama, en esa sala geriátrica de esa institución estatal. Ella tenía un espíritu muy dulce, su mamá tomaba el autobús, que atravesaba la ciudad para venir a verla casi todos los días, y le leía la Biblia con ella junto a la cama, yo les escuchaba desde lejos, estaba tan admirada con esta joven, pero nunca parecía mostrar la clase de fe que ella parecía exhibir.

Bien, por fin salí de esa institución estatal y seguí con mi vida; regresé a la Universidad de Maryland, pero ella permaneció en ese hospital. Yo regresaba cada año para verla, cuando hacía mis chequeos anuales, pero al octavo año que volví, 8 años después de mi parálisis, busqué por Denise para saludarla, pero ella se había ido. Y cuando le pregunté a la enfermera dónde estaba, me dijeron, “Oh, no supiste que ella murió, ella falleció.” Y me quede muy sorprendida, pues ella siempre estaba ahí. Y recuerdo ir y hablar con una amiga mía, con quien juntas leíamos la Biblia. “No lo entiendo”, le dije: “Esta joven, todo lo que tenía era su madre, no era como si su testimonio podría impactar a muchas personas; tenía muy pocas visitas, durante 8 años estuvo ciega y paralizada, en la cama. ¿Cuál es el sentido de esto?”

Y recuerdo, que mi amiga me mostró una porción de la Escritura: Efesios 3:10 “A fin de que la infinita sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en las regiones celestiales,” Para parafrasear, él dijo que la vida de Denise era como una pizarra en la que Dios estaba tizando todas estas lecciones increíbles acerca de Él  mismo. Lecciones tales como, “Bástate mi gracia”; “Voy a darle fuerza para sostenerla”; “Voy a darle la paz que sobrepasa todo entendimiento.” “Y, Joni”, me dijo mi amiga, “los ángeles y los demonios están de pie de puntillas porque están tan interesados en ver cómo vamos a responder, ¿Cómo Denise habría reaccionado? Por lo que, no creas que  su sufrimiento fue en vano; porque durante esos 8 años, fue acumulando para sí misma una recompensa eterna que excedió por mucho la inconveniencia de su ceguera y parálisis. Y eso es verdad para ti también, Joni; lo que fue cierto para ella, es verdad para ti.”

Así que, no pienses que estás sola con tu  sufrimiento. Ángeles, demonios, millones y millones y millones y millones de seres invisibles están aprendiendo algo acerca de la grandeza de Dios a través de tu obediencia y tu confianza en Dios. Porque cada día, todo lo que hacemos aquí en la tierra, tiene una relación directa, proporcionalmente, a nuestra capacidad de  gozo y adoración y servicio en el cielo. No puedo esperar para ver a Denise y las recompensas anotadas a su cuenta, y todo lo que ella pondrá a los pies de Jesús.

Ankerberg: Veamos un poco más sobre eso, porque conozco de tetrapléjicos que en los últimos días me han hecho esta pregunta: ¿Qué valor tiene mi vida? Me han dicho, “John, estoy confinado a esta cama; mis hijos están teniendo problemas, y no puedo hacer nada al respecto. Mi esposa se está debilitando aquí, tratando de cuidar de mí. Me siento tan impotente y no puedo hacer nada. Así que, ¿Qué valor y propósito  tengo en la vida? “¿Qué respuesta puedes dar a estas personas?

Tada: Bueno, eso es interesante que preguntes eso, pues acabo de estar hablando con una amiga el otro día, que permanece  postrada en la cama, paralizada, tratando con un dolor crónico. Y le dije a esta amiga, le cité a ella el Salmo 10:17, “Tú, Señor, escuchas la petición de los indefensos, les infundes aliento y atiendes a su clamor.” Ese versículo y muchos otros me dicen que las oraciones de los indefensos tienen un enorme poder. Ellos tienen una audiencia especial con Dios. Son introducidos a un santuario interior de una sala del trono que a los demás no se les permite entrar. Cuando los afligidos traen sus intercesiones en nombre de otros ante el Señor, yo creo que Dios acerca e inclina Su oído para escuchar lo que tienen que decir. Y la más débil, más sensible oración, le dije a una amiga mía, que ofreces ante Dios, puede sacudir los destinos de las naciones, puede arrancar de raíz el pecado, puede destruir fortalezas, puede animar a los santos, puede hacer eficientes a los misioneros.

Por favor, no minimices o mitigues el poder de la oración en tu vida. Él escucha el clamor de los afligidos, Él defiende a los enfermos en sus camas porque su clamor ante Él tiene mucho peso, sus oraciones llevan tal poder, son de grande importancia. La oración, conllevar una grande dedicación, pues no quiero llegar al cielo y golpear mi cabeza, y decir, “¡Vaya! ¿Por qué no hice eso?” No quiero llegar allá y pensar, y, ¡Oh, Dios mío! ¿Mis oraciones lograron eso? ¿Esto? ¿Por qué no oré más? Y creo que el sufrimiento nos lleva a ese umbral en el que vemos la importancia de la oración, y nos ponemos de rodillas y oramos.

Ankerberg: Algunos de ustedes, tú has llegado al punto en la vida, donde tu cuerpo se está deteriorando en ti, mientras vives, y no hay nada que puedas hacer al respecto. Y te das cuenta que el final se acerca. ¿Qué valor tiene entonces? ¿Qué haces, entonces? ¿Por qué debes seguir adelante? Joni, explica ¿Cómo una persona puede glorificar a Dios y ser utilizado en gran medida por Dios, de maneras que otros cristianos no pueden, específicamente en su situación?

Tada: Estoy pensando en una mujer que conozco llamada Carla, Carla Larson. Ella vino a un retiro nuestro con una grave diabetes, ella había perdido un par de dedos; ambas piernas amputadas; había tenido un trasplante de riñón; un ataque al corazón; edema; colapso de venas; legalmente ciega. ¡Oh, Dios mío! tengo que conocer a esta mujer. Así que, cuando la conocí, sorprendentemente, le dije: “Carla, no puedo creer que hayas sobrevivido a todo eso.” A lo que ella respondió: “Bueno, Joni, pensé que sería mejor llegar aquí antes de perder alguna parte más de mi cuerpo.” Esta es la mujer, que, después de que ella vino a nuestro retiro, donde la paso muy bien, ella me envió un pequeño regalo, fue una de sus piernas ortopédicas, con una nota adjunta, que decía lo siguiente: “Ya que todo de mí, no puede quedarse con todos ustedes todo el tiempo, una parte de mí, lo hará.” ¡Qué gran mujer!

Pero ella no estaba de buen humor en ese primer retiro, ella estaba bastante baja de ánimo; muy decaída, habiendo perdido tanto y frente a más cirugías y con la muerte a la mano. Ella la estaba pasando mal, y como sabes mis manos no funcionaban, le dije: “Sabes, con los pocos dedos que tienes, ¿Puedes tomar tu Biblia e ir a Filipenses? Quiero que leas lo que dijo Pablo, él dijo que no sabía si era mejor  partir para estar con Cristo, o permanecer. Se debatía entre los dos. Y entonces, Carla, miró el versículo siguiente. Él dice, “pero es más necesario que permanezca”. Le dije: “Carla, te estás preguntando, ¿Cuál es tu propósito? ¿Por qué seguir adelante? Sabes, tu enfermera no conoce a Jesús, las mujeres en la clínica, que te quiere mucho a quienes les encanta tu sentido del humor, ellas no conocen a Jesús tampoco. Dios tiene mucho en juego para ti, Carla. Tienes tanta gente a tu alrededor, es necesario por esta causa  que permanezcas y no tirar la toalla prematuramente. Así que, Carla, ¿Puedes quedarte un poco más aquí, conmigo, con otros como tú, que están perseverando? ¿Podemos perseverar un poco más por la causa de Cristo, por el bien de la expansión de Su reino entre las personas cuyas almas están en peligro del infierno?”

Bien, ella no lo había visto de esta manera. Pero, por supuesto, estas palabras del apóstol, que es más necesario por causa de otros que permanezcamos, con nuestros cuerpos maltratados por el dolor, somos necesarios para el bien de otros, nuestra familia; amigos; vecinos; compañeros; amigos de universidad; el conserje en donde trabajamos; las damas en la cafetería en la universidad. Es decir, hay tanta gente, las trabajadoras en la tintorería, los ayudantes en el supermercado. Hay tantas personas que nos rodean que pueden tener  hambre y sed de lo que tenemos. Y Carla permaneció con nosotros por otros 4 años antes de que ella se fue para estar con Jesús, pero, ¡Valla! qué tren de las almas que se llevó al cielo con ella.

Ankerberg: Recuerdo cuando mi madre tenía la enfermedad de Lou Gehrig y perdió la capacidad de hablar; y luego perdió la capacidad de caminar; se le tenía que hacer todo. Y recuerdo llamarla por teléfono, y me acostumbré a escuchar el mensaje metálico que escribía en su computadora. Ella escriba una pequeña oración para mí, y que llegaba a través en ese mensaje metálico. Hay cosas de mi madre que no recuerdo, pero te digo, que recuerdo esos mensajes. Y para las personas que se encuentran en esas situaciones, tal vez ella no pensó que era una gran cosa, pero te lo digo, yo nunca, nunca lo olvidaré.

Joni, quiero cambiar de tema de nuevo. Pero siempre en esta misma línea, quiero hablar de los familiares que cuidan a personas que tienen discapacidades, que tienen esclerosis múltiple, Lou Gehrig, y esto les desgasta. Tú llegas a amar a la persona que te estás cuidando, pero te presentas día tras día tras día tras día tras día. Y algunas personas, llegan al lugar donde los días les abruman. Y dicen: “Renuncio, ya no puedo soportar más.” El problema es que tú no puedes renunciar. ¿Cuál es tu consejo para ellos?

Tada: Bueno, primero quiero decir algo para los espectadores, pues si tienen a alguien que les esté cuidado, sería bueno que les digas “Gracias”, debes de ser cordial con esa persona; no debes de ser grosero. ¡Oh Dios mío! Dios ha puesto a esa persona en tu vida para darte de comer, acomodarte en la cama, poner las almohadas en su sitio, cambiar las sábanas, lavar tu ropa. Tienes que ser agradecido con ellos. Un día alguien me dijo, “Joni, tu hermana se está dejando su vida para hacer tu vida lo más agradable posible, y ni siquiera puedes decir: “Te lo agradezco.” Luego él se dio la vuelta y salió. Y mis mejillas se sonrojearon de enojo contra él. Pero eso, hizo algo bueno en mi vida. Y desde entonces estoy tan agradecida por mi hermana, y soy muy cuidadosa en decir: “te lo agradezco.”

Pero los que cuidan a enfermos, les diría, que es muy  importante pedir ayuda, es  decir, somos gente tan orgullosa, nos aferramos a nuestros propios deberes, tercamente, fruncimos la frente, y decimos: “Voy a hacer esto”. Pero no deberían y no deben de hacerlo, pues, Dios creó una comunidad espiritual para que todos ministremos y ayudarnos unos a otros. Y es bueno, pedir ayuda, pues haces bien con pedir a esa otra persona en esa iglesia, que está ahí esperando, le harás un bien si le pides por ayuda; porque Jesús no vino para ser servido, sino para servir. Y él, esa persona en la iglesia, y los otros en esa congregación, necesitan venir a tu casa; a tu cocina; a esa habitación; y ayudar, ya sea que se trate con la limpieza, o ir hacer recados; hacer las compras; lavar; doblar toallas; limpiar el suelo. Necesitas ayuda, por qué no pides ayuda, y si no te sientes cómodo en la iglesia donde asistes, entonces encuentra una iglesia donde puedes pedir ayuda, donde haya personas lista para venir y brindarte ayuda. Nadie tiene que sufrir solo, si se trata de la persona afectada o del cuidador dando asistencia. Nadie, ninguna pareja, debe sufrir solos. Es para eso que la iglesia existe.

Ankerberg: Mi esposa ha sido maravillosa cuidándome cuando he tenido todas estas operaciones. Háblanos acerca de Cindy, lo que significa para ti; y de la gente que te ayudan; pues tú eres un hombre orgulloso; Pues eras un tipo capaz de hacerlo todo; eres un tipo inteligente, ¿de acuerdo? Pero, se te puso en una posición en la que no podías cuidar de ti mismo.

Easley: Es difícil hablar de eso, pues he hecho de todo en la casa: reparar  los autos,  los frenos, los calentadores de agua, fontanería, conexiones eléctricas; no hay nada que no podía hacer. Y ahora tengo que pagar a alguien para que me lo hagan mal. Un día que estaba en Chicago, me encontraba conduciendo en la carretera yendo a unos 8 kilómetros por hora por el tráfico. Y llame a mi esposa por teléfono, y le dije: “¿Cómo estás, cariño?” Una mujer que puede estar delante de miles de mujeres enseñando. Y ella me dice: “Bueno, acabo de terminar de cortar el césped.” Y yo no pude más, pensé, ¿Qué clase de marido eres? Ella no se casó conmigo para esto. Y, es difícil hablar de esto. Ella nunca se queja, sé que hay veces que es frustrante para ella, que va a procesar todo internamente, pero ella nunca se ha quejado; ni una sola vez se ha enojado conmigo; nunca ha perdido la calma conmigo. Después de la cirugía, cuando se llega a casa y hay una gran cantidad de manos que están allí para ayudarte, pierdes tu dignidad, ya no te queda ninguna. Estás con dolor, pero estás agradecido. Como dijo Joni… que gran consejo… agradecer y amar a las personas que cuidan de ti.

Tada: Claro que sí.

Easley: Incluso los que están en el hospital, que a veces son ásperos.

Tada: Tú sabes que yo amo mucho a mi marido, y esto va a sonar muy extraño, pero yo lo amo más cuando hace mi rutina de ir al baño. Es decir, no es de su costumbre. Tengo una amiga que me asiste con la mayor parte de eso. Pero hay algunas veces  que él hace mi rutina de ir al baño. Y cuando me está limpiando, y estoy allí  pensando en lo mucho que me ama, me ama tanto, él cuida de mí, estoy eternamente en deuda con él.

Easley: Ser aceptado como tal, y decir eso a tu conyugue… y de forma revertida también, tú para Ken, yo para Cindy… lo dices, sin pensarlo dos veces.

Tada: Absolutamente

Easley: Pero es difícil estar en el extremo receptor cuando eres una persona orgullosa y autosuficiente.

Tada: Eso es tan cierto.

Ankerberg: La próxima semana, amigos, voy a preguntar a Joni y Michael, “¿Alguna vez oraron con fe en Dios que los sanara? ¿Querías sanidad? ¿Esperabas que él te la diera? ¿Qué pasó? Vamos a hablar  acerca de la sanidad. Espero que te unas a nosotros.

 

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