El Perdón

Por: John F Weldon, DMín, PhD; ©2013

El Perdón es Una de las Cosas más Importantes en el Mundo, aunque a veces una de las más Difíciles.

…como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Colosenses 3:13)

Contenido
1. Introducción
2. Dios
3. Nosotros mismos
4. Otros
5. La Solución
6. Unas Ayudas Prácticas
7. Lectura adicional
8. Notas

 

Introducción
El perdón es una de las cosas más importantes en el mundo, aunque a veces una de las más difíciles. En cierto sentido, el perdón es también una expresión de evidencias o apologética cristiana, es decir, de apologética psicológica y cultural. El perdonar genuinamente y con libertad a otras personas sus pecados cometidos en contra nuestra es una expresión innegable de la verdad, de la realidad de la naturaleza y el carácter esencial de Dios.

En mi vida he conocido a un número de personas que simplemente se negaron a perdonar o parecían incapaces de perdonar a otros – y el costo era evidente dondequiera que iban: En enojo, amargura, ira, amistades rotas, salud quebrantada, matrimonios rotos, y mucho más. Pero teniendo en cuenta lo mucho que hemos sido perdonados por Dios a través de Cristo – literalmente de manera infinita – se podría pensar que perdonar a los (en comparación) infinitamente inferiores pecados de los demás sería algo fácil, pero, de alguna manera no lo es.

En parte creo que es porque muchos de nosotros, por cualquier razón, simplemente no estamos dispuestos a perdonar. En parte, es porque no entendemos lo mucho que nosotros mismos hemos sido perdonados por Dios. Y, por supuesto, podemos estar heridos profunda e intensamente. Pero por muy profundas o intensas que sean nuestras heridas, no es nada en comparación con lo que Jesús tuvo que experimentar para que pudiéramos ser perdonados.

Hay una buena razón por la que Dios nos deja sin ninguna opción en lo que tiene que ver con perdonar a los demás. Él nos ama demasiado y hay mucho en juego. Bíblicamente hablando, el perdón no es una opción, es un mandamiento absoluto. Y tiene que ser tomado en serio. ¿Por qué? Por tres razones: las consecuencias para con Dios, nosotros y aquellos a nuestro alrededor.

 

Dios
Primero, si Dios nos ha perdonado todos nuestros pecados (Colosenses 2:13) a través de la fe personal en Cristo – incluso nos ha perdonado por toda la eternidad – a pesar del hecho de que nuestros pecados merecen un castigo infinito que para las criaturas finitas sólo puede llegar a ser el castigo eterno 2 – y aun así nos negamos a perdonar a los que nos ofenden comparativamente sólo un poco, deshonramos a Dios y Le robamos su debida gloria. En efecto, contradecimos o negamos Su naturaleza e implicamos que la cruz del Calvario significa poco o nada, cuando en realidad lo es todo.

En la parábola de los dos deudores (Mateo 18:21-35), Jesús habló específicamente para ilustrar la disparidad repugnante, la hipocresía, y la injusticia, entre un gran Rey que había libremente e inconcebiblemente perdonado la deuda de un humilde sirviente de mil millones de dólares – que luego salió y gravemente golpeó a su mejor amigo por negarse a pagarle la deuda de un solo centavo.3 ¿Cómo puede alguien que misericordiosamente se le ha perdonado mil millones de dólares (habiendo sido enemigo de esa persona, (Romanos 5:10, Colosenses 1:21) – y luego va y gravemente golpea a su mejor amigo (que le ruega ser perdonado) por no pagarle un centavo –especialmente cuando ese amigo le prometió que le pagaría la deuda con sólo un poco más de tiempo? Peor aún así, el hombre a quien se le había perdonado mucho por el rey generoso, luego procede a hacer que su amigo sea cruelmente arrojado en la cárcel – todo esto sólo por un centavo. Claramente, de alguna manera, este hombre no tenía ningún aprecio por el perdón de su deuda de mil millones de dólares. ¿Hay algo más increíble, falso o cruel que esto? A él se le perdono mil millones de dólares, por nada menos que el propio rey, pero él no perdonaría a su mejor amigo la deuda por un simple centavo. Si Dios nos ha perdonado libremente mucho más que a este hombre – y en cierto grado un perdón literalmente infinito, entonces ¿cómo es posible negarse a perdonar a los demás que han sido hechos a Su imagen, a aquellos por quienes Él murió (por no hablar de nuestros hermanos en Cristo) – cuando sus pecados contra nosotros por comparación son prácticamente nada, y mucho menos que un centavo? No tiene sentido. Para ver cuánto le importa a Dios el perdón, basta con ver la cruz del Calvario y el costo total involucrado – no sólo a Jesús (un infinitamente gran precio), pero (uno sólo puede imaginar) al Padre y Espíritu Santo también. O puedes hacer un estudio Bíblico relacionado con la palabra “perdón” y términos similares utilizando una concordancia. Si Dios realmente nos perdonó todo, como fue que Él lo hizo, es decir, ¿cómo nos podemos negar a perdonar a los demás lo que prácticamente no es nada en comparación? Obviamente, no deberíamos.

 

Nosotros mismos
En segundo lugar, la falta del perdón tiene costos personales significativos, incluso mayores. Dudo que haya un psicólogo o consejero de salud mental en el planeta que no sea consciente de la importancia del perdón.

La falta del perdón, de hecho, construye un templo de adoración al diablo a través de la amargura, enojo, ira y todo tipo de pecado dentro de nosotros y el precio que pagamos puede ser exorbitante, mucho más de lo que nunca creemos posible cuando empezamos a albergar resentimiento, ira y amargura en nuestros corazones. En cuanto a sus consecuencias generales, la amargura que tenemos en contra a otros, puede repercudir en nosotros diez veces más. Nunca vale la pena, ni por un segundo. Aparte del mandamiento de Dios (Mateo 6:15) – que, particularmente fue dada la cruz del Calvario, debería ser más que suficiente – el perdón siempre debe ser para nuestros propios intereses: es una ventaja para nosotros en todos los niveles. Nos trae verdadera libertad y paz genuina dentro de nosotros mismos y en nuestras relaciones con los demás y con Dios mismo. Negarse a perdonar trae consecuencia negativas, y Dios lo sabe. Él prefiere que no suframos ese precio porque nos ama mucho (1 Juan 3:1).

Además, pocas personas son conscientes de la conexión que se establece entre la falta del perdón, y la sobreproducción resultante de cortisol y adrenalina (por ejemplo, la reducción de las células asesinas naturales) que resulta en enfermedades físicas como el cáncer, 4 el número uno de mortandad en el mundo por mucho margen.

 

Para Aquellos a Nuestro Alrededor
En tercer lugar, la falta del perdón no sólo afecta negativamente a nuestra relación con Dios y la calidad de vida individual, como si estos no fueron más que suficientes. Dios nos advierte de no dejemos que ninguna raíz de amargura surja para no contaminar a otras personas. La traducción del siguiente versículo nos hace ver este punto: ” Mirad bien de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados;” (Hebreos 12:15). El pecado rara vez se realiza de forma aislada, como el gas venenoso que se filtra en nuestras relaciones, familias y potencialmente incluso las comunidades. La falta del perdón es probablemente la causa de más problemas en las relaciones que cualquier otra cosa: el dolor emocional y sus cicatrices, miseria, odio, venganza, crimen, amargura, divorcio, pérdida de amigos y familia, pérdida de trabajo, violencia doméstica, estrés, presión arterial alta, juicio nublado, depresión, abuso de sustancias y eventualmente enfermedades físicas, pérdida del gozo, amor y mucho más. Irónicamente, el mayor destinatario de la falta de no perdonar a los demás no es dado a los que nos negamos perdonar, sino a nosotros mismos. (Para historias reales que ilustran el gran costo personal de no perdonar, vea Johann Christoph Arnold, ¿Por qué perdonar? o el estudio clásico del mal del psiquiatra M. Scott Peck, El pueblo de la mentira.)

En otras palabras, es nuestra propia vida la que se destruye – nuestro resentimiento o venganza regresa a devastarnos. Pero no sólo a nosotros – nuestros hijos lo sienten y aun nuestros nietos. Tarde o temprano, todo el mundo se da cuenta. Es casi como si Dios haya incorporado en la creación una lección personal acerca de la Cruz – si rechazamos perdonar como hemos sido perdonados, cosechamos las consecuencias de nuestros pecados sobre nosotros mismos una y otra vez; y así continua acumulándose (véase también Gálatas 6:7; Colosenses 3:25). Considere la paz, el gozo, la sanidad y el bienestar que proviene cuando verdaderamente perdonamos a otras personas, sobre todo cuando nos ayuda a entender el precio del Calvario que Jesús soportó – pues de seguro no por Él mismo.

Tal vez la ironía más grande de todo esto es que la falta de perdón que resulta en el odio a los demás, y que al final resulta en el odio de nuestro ser y de Dios – ¿Acaso, vale la pena tan grande precio?

 

La Solución

¿Cuál es la solución? Necesitamos saber y entender exactamente cuánto hemos sido perdonados por Dios. ¿Realmente creemos que Dios nos ha totalmente perdonado nuestros pecados, cada uno de ellos, hasta el último? ¿Acoso, no hemos de actuar como Dios? Si realmente entendemos lo que Dios nos ha perdonado (millones de pecados y por siempre), entonces ¿cómo no podemos perdonar a los demás, simplemente los pocos pecados comparativamente menores en este corto tiempo de vida? – especialmente cuando eso honra al Dios que decimos amar y además esos pecados Él ya los ha perdonado. Especialmente cuando esto nos puede salvar todo tipo de tragedia y trauma, ¿Cuánto es esto mucho mejor para nosotros? Después de todo, si el mismo Dios realmente ha perdonado a otros todos los pecados, por completo, ¿Cómo es que no podemos perdonar a los demás simplemente uno o dos de sus pecados cuando Dios mismo ya lo ha hecho y ha perdonado lo que ellos han hecho? ¿Cómo podemos mantener contra los demás lo que Dios ya ha perdonado para siempre? Medita sobre tus propios pecados innumerables por un tiempo y también el hecho de que el castigo justo y equitativo para los demás implica vivir en el infierno por toda la eternidad.5 Y luego, el hecho de que un infinitamente santo Dios ha perdonado totalmente gratis cada uno de ellos, hasta el último en pensamiento, palabra y en hecho, aún los motivos detrás de ellos (1 Crónicas 28:9; Salmo 16:2). Y Él hizo todo esto al incalculable costo de Sí mismo. Medita en cuanto un Dios infinitamente justo ha sido ofendido por tus pecados, más aun así, Él con toda gracia y amor procedió a perdonar totalmente cada uno de ellos. Luego mantén una conversación sobria contigo mismo acerca de si debes o no perdonar aquellos que te han ofendido. Incluso si nunca te lo piden, los debes perdonar. Debido a lo que es Dios y lo que hizo Cristo, sabes que debes perdonarles, así que hazlo – y encuentra esa gloriosa libertad. Por otro lado, si no entendemos el perdón de Dios en verdad, posiblemente es una indicación de que nunca hemos recibido a Cristo como nuestro Señor y Salvador personal y que tenemos que buscar el perdón de nuestros propios pecados hacia Dios mediante la transferencia de nuestra confianza a Jesucristo para el perdón de los pecados (Juan 3:16).

En pocas palabras, si amamos, perdonamos, y luego ganamos mucho más que el amor. Si no perdonamos, no amamos, y luego perdemos mucho más que el amor. “Hijos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (1 Juan 3:18). “Aun si peca contra ti siete veces en un día, y siete veces regresa a decirte “Me arrepiento”, perdónalo.” (Lucas 17:4, NVI). “…pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:13-14).

Éste último versículo es fundamental. Al recordar los escritos del apóstol Pablo, imagínate cuánto este hombre una vez despresiado tenía que perdonar. Primero, como un incrédulo, había perseguido severamente a las primeras comunidades de cristianos y se había implicado en los asesinatos de cristianos (al menos el de Esteban), por lo que tuvo que tratar con su propia culpabilidad y el tema del perdón personal. Segundo, fue golpeado en repetidas ocasiones, azotado, torturado, odiado enormemente y perseguido en muchas otras formas por los que él tanto amaba – sus propios compatriotas judíos, incluyendo los líderes religiosos judíos que constantemente planeaban asesinarlo, por lo que tuvo que hacer frente a perdonar a los demás . En tercer lugar, además, y lo peor de todo, a causa de su gran amor por la Iglesia de Cristo, sufrió todo tipo de pruebas, desilusiones y hasta traiciones de sus propios hermanos cristianos, para quienes él había sacrificado todo (2 Corintios 6:4-10, 2 Corintios 11:23-29, 2 Timoteo 1:15).

Estas son sólo algunas de las cosas por las cuáles el apóstol Pablo se pudo haber convertido en amargado y resentido. La mayor parte de lo que experimentamos no es ni comparable a lo que el apóstol Pablo tuvo que pasar. Por no hablar de Jesús. Sin embargo, el apóstol comprendió el significado de la cruz, que fue la clave. Sabía que todo lo pasado es siempre agua pasada – nada podría cambiarlo jamás, así que no había ninguna razón en pensar en ello o dejar que le afectara, ya que no sólo sería una pérdida de tiempo que a su vez sería deshonroso para con Dios, nosotros y aquellos a nuestro alrededor. Por lo que nuestro amado hermano Pablo puso su corazón y mente en una sola dirección – hacia adelante, hacia el futuro, hacia el llamamiento supremo de Cristo, y se negó a vivir en el pasado – que es precisamente lo que tenemos que hacer. Olvidar el pasado. Una vez y por todas, para siempre. Nada puede cambiarlo, nada lo hará: seguir pensando en ello sólo conduce a más ira, frustración y amargura y es un espiral descendente. Dios lo ha perdonado todo y lo ha totalmente quitado, así también debemos hacerlo nosotros. Es por eso que ésta era la actitud de Pablo: ” Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo.” (Efesios 4:32).

Tampoco debemos engañarnos a nosotros mismos al “perdonar” sólo superficialmente, o simplemente pensar que hemos perdonado a otros, mientras mantenemos rencores y pequeños resentimientos ardientes, por moderados o grandes que sean, luego se vuelven evidentes en nuestras relaciones. Si verdaderamente hemos perdonado a los que nos han hecho mal, no podremos olvidar fácilmente, pero no vamos a seguir recordando los delitos a las personas y evocando en varias formas cuan perjudicados nos sentimos y el mucho daño que nos hicieron, llevando un registro de los perjuicios, y manteniéndonos resentidos por estas pequeñas cosas, etc. – esto no es un verdadero perdón. ¿Cómo sería nuestra relación con Dios si Él tuviera ese tipo de perdón hacia nosotros? El caminar en ascuas no llegaría a ser suficiente.

El Perdón es realmente una hoja en blanco que es precisamente la razón que nos lleva a la libertad. Nuestros corazones saben muy bien si en verdad hemos perdonado a otros y si no lo hemos hecho, entonces tenemos que seguir pidiendo la ayuda del Señor para perdonar, y debemos continuar recordando y entendiendo lo mucho que hemos sido perdonados por Dios – y rehusar ser hipócritas mediante por un lado aceptar el perdón infinito de Dios por nuestros grandes millones de pecados (a la luz de la santidad infinita de Dios) mientras negamos conceder a otros el más pequeño perdón finito sobre algunos pecados menores. Es por eso que Dios requiere que cada uno de nosotros “Perdone a su hermano de corazón” (Mateo 18:35) – porque cualquier cosa menos no es un perdón real. Yo también he tenido que perdonar, he sufrido grandes pérdidas–financieras, del ministerio, de la salud, etc. – perdidas de cristianos genuinos y falsos, pero también me he dado cuenta que a la luz de la cruz, es un verdadero privilegio poder perdonarles – por el amor de Cristo.

Debido a que es algo divino (Lucas 5:21), el perdón es en realidad una cosa gozosa y maravillosa, además de la oportunidad de ser como Jesús mismo, que no sólo perdonó a los que lo crucificaron brutalmente, pero todos los billones de pecados de miles de millones de personas – y no sólo de personas buenas, sino de gente mala que no quería tener nada que ver con él (Mateo 7:11, Juan 3:20, 15:8, Romanos 3:9-18). En realidad pagó el precio legal divino, judicial y espiritualmente de todos, para que pudieran ser perdonados eternamente; porque Dios no se limitó a concederlo psicológicamente. Cualquiera que haya leído una historia médica de una crucifixión romana sabe muy bien el extremo, más allá de lo terrible, más allá de la tortura física que Jesús soportó, para que él pudiera últimamente perdonar a los demás – pero la tortura emocional fue, creo, muy mal, pero luego la tortura espiritual fue aún mucho peor que ambas torturas física y emocional combinadas.

Es por eso que Dios realmente tiene el derecho de exigir que también nosotros perdonemos a los demás. Ni siquiera se nos pide que hagamos una milésima parte para con ellos en comparación con lo que ya Él ha hecho por nosotros y, después de todo, Él sólo nos pide que perdonemos la deuda de un pequeño centavo cuando se trata de las ofensas de otros contra nosotros, mientras que Él ya nos ha perdonado más allá de la descripción de deudas que llevan cierto peso eterno – en realidad una deuda tan grande que nunca vamos a concebirlo de forma adecuada a través de toda la eternidad.

Por lo tanto, muestra a Dios lo mucho que lo amas de verdad, de todo corazón, perdonando a aquellos que te han hecho daño, independientemente de sus delitos, una vez y para todas. En los últimos 2000 años, debido al Calvario, cristianos en verdad han perdonado a los que han abusado y asesinado a sus propios hijos, violado a sus esposas, torturado a sus padres y aun cosas peores. Probablemente es cierto que tu perdón no necesita subir a este nivel. Si ellos pueden encontrar ese perdón en sus corazones por causa de Jesús, tú también puedes. Así que sea cual sea la situación, perdona a los que le han ofendido, especialmente a tus hermanos en Cristo. Y sigue haciéndolo. Luego disfruta de la paz duradera y satisfactoria, sabiendo que tú has traído gloria a Dios, a Su Hijo y sanidad a tu relación con Dios, para contigo mismo y los demás.

Por supuesto, lo más importante sobre el perdón es lo siguiente: si tú nunca has recibido personalmente el perdón de Dios a través de la confianza personal en Jesucristo como tu Señor y Salvador, no hay nada que puedas hacer en la vida que sea más importante. (Para obtener información específica sobre cómo llegar a ser un cristiano, favor de visitar la página WEB de JAshow.org.)

 

Algunas Ayudas Prácticas

He aquí algunos consejos prácticos que pueden ayudar con el perdón:

– Cada vez que te sientas enojado u ofendido o recuerdes cuando fuiste herido por alguien – piensa acerca del infierno eterno y agradece a Dios que no vas para allí, precisamente porque Jesús totalmente te regaló un perdón al 100% (y no sólo eso, sino que te atribuyó su justicia perfecta, 1 Corintios 1:30, 2 Corintios 5:21). Contrasta esto, tu bendición eterna, con la tentación temporal al pecado por no perdonar (y el aumento del costo para Dios, tú mismo y otros. En lugar de agredir, elije amar y perdonar y ser como Jesús. “Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados.” (1 Pedro 4:8). Después de todo, ¿Amas a Jesús? Entonces, ¿quién es el que vive dentro de ese hermano que no estás dispuesto a perdonar, sino el mismo Jesús que tú amas? ¿Cómo puedes amar a Jesús y no amar y perdonar a los hermanos cuando Jesús mismo vive dentro de ellos? Si ellos son hijos adoptados y perdonados, ¿quién eres para albergar resentimiento cuando el Dios del universo ha limpiado su pasado para siempre y el tuyo también? Si todavía sientes resentimiento y sin deseo a perdonar, imagínate a ti mismo de pie frente al océano del perdón, que tú ya has recibido; inclínate y con tu dedo toma una pequeña gota de agua de ese océano de perdón y pregúntate a ti mismo: “¿A quién pertenece esto?” ¿Tiene más sentido dejarla caer en el océano de nuevo o concederla con contentamiento y libertad, esta pequeña gota del océano del perdón que tu has recibido tan libremente? ¿Es tu propia vida – que fue comprada por un precio? (1 Corintios 6:20).

-Recuerda, aunque todos nuestros pecados son perdonados eternamente, aun así, un día cada creyente, por necesidad y certeza absoluta, estará de pie frente a Dios y dará cuenta de todo lo que ha hecho en el cuerpo “ya sea bueno o malo” en el tribunal de Cristo (1 Corintios 3:11-14, 2 Corintios 5:10, Romanos 14:10-12, Efesios 6:8). Como resultado, habrá recompensas eternas o pérdida de recompensas eternas para todos. ¿Vale la pena el no perdonar a alguien, lo que sea, y perder eternas recompensas? ¿Especialmente cuando puede dar gloria a Dios y gran gozo para ti? Es una cosa pagar el alto precio de la falta de perdón en esta vida; otra cosa completamente distinta es pagar ese precio, por decirlo así, por la eternidad. ¿Es la falta de perdón digna del precio de perder la prueba de nuestro amor a Dios aquí y ahora, especialmente cuando puedes ejercer el perdón en medio de las dificultades? ¿Dónde estaríamos personalmente si Jesús hubiera rechazado la cruz, simplemente porque era demasiado difícil, o él no se sentía capaz, o no era conveniente, o si se hubiera enojado porque tenía que pagar por el pecado de todos los demás?

– Medita en los siguientes pasajes bíblicos sobre el perdón: Proverbios 17:9, 19:11, Romanos 15:7; 2 Corintios 2:5-10; Efesios 4:2; 5:1; Colosenses 3:13, 1 Timoteo 6:11; Tito 3:2, 1 Pedro 1:22.

– Ten en cuenta la brevedad de la vida: La vida es corta. Sin embargo, aun así, sólo tenemos una vida en toda la eternidad en la cual podemos glorificar a Dios en medio de la adversidad, sufrimientos y dolores, podemos honrarlo a través de hacer lo correcto, convirtiéndonos en un reflejo de Su carácter. Cuando esta vida haya terminado, se habrá acabado en verdad, y ya no tendremos oportunidades de perdonar disponibles para nosotros de nuevo.

 

Lecturas Adicional
 Charles Stanley, The Gift of Forgiveness
 RT Kendall, Total Forgiveness
 TD Jakes, Let It Go: Forgive So You Can Be Forgiven
 Stephen Cherry, Healing Agony
 Philip Yancey, What’s so Amazing about Grace?
 Lewis B Smedes, The Art of Forgiving
 Miroslav Volf, Free of Charge: Giving and Forgiving in a Culture Stripped of  Grace
 Brian Jones, Getting Rid of the Gorilla: Confessions on the Struggle to Forgive
 Willard Gaylin, Hatred: The Psychological Descent into Violence

 

Notas
1. “Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras
transgresiones.” (Mateo 6:15). Algunos cristianos sensibles podrían pensar que esta
Escritura indica la pérdida potencial de la salvación – si no perdonamos a otros, Dios no
nos perdonará, y por lo tanto no vamos a ir al Cielo como creyentes. Ese no es el
significado porque una vez que naces espiritualmente, el creyente está seguro para
siempre. Es, sin embargo, una severa advertencia de Jesús en cuanto a la seriedad
con que Dios toma el perdón y una declaración de que, por su naturaleza, auténticos
cristianos deben perdonar. Puede ser difícil, pero el que entiende la naturaleza del
sacrificio de Cristo en la cruz no puede dejar de perdonar. El perdón genuino es un
signo de ser cristiano. Los no cristianos pueden perdonar, pero no de la misma manera
que los cristianos lo hacen porque no tienen la base profunda para ello: El haber
experimentado personalmente el perdón total de Dios en Cristo y la comprensión en
cierto sentido de las profundidades del Calvario. Por lo tanto, Jesús se refirió también al
aspecto positivo de este versículo: ” Porque si perdonáis a los hombres sus
transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros.” (Mateo 6:14).

Para la enseñanza bíblica de la seguridad eterna del creyente, véase: John Ankerberg,
John Weldon, Cómo saber con Absoluta Certeza de que Vas a ir al Cielo. Y John
Ankerberg, John Weldon, Conociendo la Verdad Acerca de la Seguridad Eterna;
O visite la página web JAshow.org

2. John G. Weldon, “El Infierno – ¿Por qué es relativamente fácil entrar al cielo
eterno?”, o visite la página WEB JAshow.org

3. He embellecido esta historia bíblica para dar énfasis de la relación al perdón entre
cristianos (“mejores amigos”) y la cantidad de dinero citada.

4. Véase ej., El Dr. Michael Barry con los Centros de Tratamiento del Cáncer de
Estados Unidos, autor de El Proyecto del Perdón y Lori Johnson, “¿Guardando
Rencor? El Perdón clave para un cuerpo sano “CBN News: Salud y La Ciencia 1 de
enero 2012; http://www.cbn.com/cbnnews/healthscience/2011/june/holding-grudges
forgiveness-key-to-healthy-body/. La investigación de Barry, por ejemplo, indica que el
60% de los pacientes con cáncer tenía problemas con el perdón, mientras que el
artículo de Johnson observa: “En la literatura médica, la falta del perdón es clasificada
como una enfermedad, que se define como ‘un proceso que supera la función normal‘”.
Es importante tratar las heridas o trastornos emocionales porque realmente pueden
impedir las reacciones de alguien a los tratamientos – incluso la voluntad de alguien
para seguir con el tratamiento”, dijo el doctor Steven Standiford, jefe de cirugía en los
Centros de Tratamiento del Cáncer de Estados Unidos.
Ver también: Cheryl Walters. “La falta del perdón puede afectar a nuestra salud”,
Natural News; http://www.naturalnews.com/023304_forgiveness_body_health.html
Y: Lawler, et. al., “Los efectos únicos del perdón sobre la salud: Una exploración de sus
Caminos.” El Periódico del Comportamiento Medicinal, abril, 2005;
https://umdrive.memphis.edu/rjbrksby/public/IPCQ/the%20unique%20effects%20of%20f
orgivness%20on%20health%20and%20exploration%20of%20pathways.pdf. “Todos los
factores, ya sean parcial o completamente mediaron el efecto del perdón sobre la
salud.”

5. John G. Weldon, “El Infierno – ¿Por qué es relativamente fácil entrar al cielo
eterno?”, Visita la página WEB JAshow.org

John Weldon: El Perdón
Traducido y adaptado por Roberto Bautista

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