En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 112

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Reacción de los Discípulos a la Transfiguración
Mateo 17:6-8

17:6-8. “Al oír esto los discípulos, se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor. Entonces Jesús se acercó y los tocó, y dijo: Levantaos, y no temáis. Y alzando ellos los ojos, a nadie vieron sino a Jesús solo”.

El temor fue principalmente el resultado de la manifestación de la gloria del Señor en una nube, y en segundo lugar, por la respuesta de Dios a la sugerencia de Pedro.

La gloria de Dios en sí misma es lo suficientemente asombrosa como lo descubrió Isaías en Isaías 6:3-5, o Ezequiel en Ezequiel 1:28. Pero los discípulos también reaccionaron ante la reprensión de Dios de que Este, Su Hijo amado ¡es preeminente!

Moisés tuvo gloria, pero Cristo merece una gloria mayor, Moisés fue fiel como un siervo en su casa, pero Cristo como el Hijo sobre Su casa (cf. Hebreos 3:1-6).

En cuanto a Elías, Hebreos 1:1-2 nos recuerda que Dios habló en el pasado en la esfera de los profetas, en una revelación de siervos, pero Él ha hablado en estos últimos días en una revelación del Hijo. Por eso no es de extrañar que Dios quisiera que Cristo fuera preeminente en la Transfiguración.

Nuestro Señor cordialmente calmó sus temores con Su toque y Sus palabras gentiles. Pero cuando alzaron sus ojos, Moisés y Elías ya no estaban, y ellos solamente vieron a Jesús.

La Exhortación Para No Decírselo a Nadie
Mateo 17:9

17:9. “Cuando descendieron del monte, Jesús les mandó, diciendo: No digáis a nadie la visión, hasta que el Hijo del Hombre resucite de los muertos”.

En el Evangelio de Mateo, en cinco ocasiones Jesús prohibió de contar sobre Sus experiencias o hazañas, cada una con un énfasis distinto.

En 8:4 Él limpió a un leproso a quien le dijo que no se lo contara a nadie, sino que se presentara directamente a los sacerdotes y ofreciera la ofrenda prescrita en la Ley de Moisés, para que los sacerdotes se dieran cuenta que ese hombre fue realmente sanado, y así, Jesús, que lo sanó era Dios. Entonces, el hombre aparentemente ya quedaba libre para contárselo a los demás.

En 9:30 vemos la curación de dos ciegos. En esta ocasión, Su reticencia a que esa curación fuera conocida tenía que ver con la posibilidad de que la muchedumbre lo tomara a la fuerza para hacerlo rey, similarmente como sucedió en Juan 6:15.

En Mateo 12:16, después de haber sanado a las multitudes, Jesús se apartó y les advirtió que no debían descubrirlo. En este caso era porque los judíos querían destruirlo, como lo indica el 12:14.

La cuarta ocasión la encontramos en el 16:20, y ya para este momento, la resignación de Cristo había terminado con el Israel oficial, y ya Él los había rechazado (cf. 11:20-24), al rehusar hacer más señales ante ellos, sino la señal del profeta Jonás (12:38-45; 16:1-5).

Entonces, en el 16:20 Jesús estaba por emitir la profecía sobre Su propio sufrimiento futuro como el Salvador, no como el gobernante Soberano. La narración en Lucas 9:21-22 aclara esta conexión como una razón de la orden para no contárselo a nadie.

Por eso no es de extrañar, por consiguiente, que en Su Transfiguración Él les ordenó, por última vez, que no se lo contaran a nadie sino hasta después de Su resurrección.

¿Quién de entre Sus discípulos habría creído esta visión más después de Su predicción sobre Su muerte en el 16:21-23? Y aun si lo hubieran creído, cualquier esperanza de que Él fuera el Mesías glorificado, se desbarataría en pedazos por Su muerte.

Pero después de Su resurrección la esperanza de Su retorno glorioso regocijaría y animaría a todas las personas que conocían las promesas del Antiguo Testamento sobre Su retorno a la tierra para establecer Su reino de gloria.

La Explicación Relacionada con Elías
Mateo 17:10-13

17:10-13: “Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero? Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista”.

Habiendo mencionado todas estas cosas, al principio pareciera extraño que Jesús afirmara, en términos ciertos, el cumplimiento de Malaquías 4:5-6 por el histórico Elías que va a retornar antes que el Mesías y va a “restaurar todas las cosas”.

Esta respuesta está en las afirmaciones previas de Cristo. La cláusula “si” en el 11:14, es una cláusula condicional de primer orden la cual denota una realidad asumida.

Si ellos quisieran recibir a Juan como Elías, él lo habría sido, y presumiblemente habrían recibido a Cristo como su Mesías/Rey. Pero en ese mismo párrafo (11:15-19) la verdad es que los judíos rechazaron al precursor del Mesías.

Entonces, aquí en Mateo 17:10-13 Jesús da el resultado; los judíos le hicieron a Juan lo que quisieron (decapitarlo) y el Hijo del hombre sufrirá de la misma manera de los judíos (la crucifixión).

Al haber rechazado la Persona del Rey, ellos automáticamente estaban rechazando su gobierno sobre ellos.

Algunos comentaristas cuestionan lo que Juan el Bautista sabía, ya que negó que él era Elías en Juan 1:21, sin embargo, él afirmó que él estaba cumpliendo Isaías 40:3 como el precursor de Cristo.

Basta decir que había ciertas cosas que Juan el Bautista no comprendió. Los versículos iniciales de Mateo 11 declaran directamente que Juan no estaba seguro del mesianismo de Cristo, puesto que él como precursor del Mesías, se encontraba en prisión. Él aun fue más allá al preguntar “¿Debemos esperar a otro?” No sabemos cómo es que sus mensajeros lograron consolarlo.

Sin embargo, todas las declaraciones sobre Juan el Bautista de que en realidad era Elías, eran hipotéticas, y dependían de la recepción que la nación de Israel le hiciera a Jesús como su Mesías.

Esto nos lleva a la vieja pregunta: “¿Podía Cristo ofrecer legítimamente el reino a sabiendas de que los judíos lo rechazarían?”

La respuesta es sí, de la misma manera que Jehová les hizo una oferta a Adán y Eva de eterna bendición en el Paraíso, la cual dependía de su obediencia. ¿Sabía Dios que iban a pecar? Por supuesto que lo sabía, pero eso no hizo que Su ofrecimiento fuera insincero, como tampoco quería decir que si el “Plan A” de Dios fracasaba, Él tenía que usar el “Plan B”.

El rechazo del Reino simplemente era el medio para llevar a cabo el plan original de redención a través de la crucifixión del Cordero de Dios, y es tan seguro como que el permitir el pecado de Adán y Eva era parte de ese plan.

Nosotros debemos de darnos cuenta que “en el cumplimiento de los tiempos”, cuando lleguemos al cielo, todos los detalles desconocidos del propósito eterno de Dios, nos serán conocidos.

Enero, 2009

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