En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 114

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Jesús Predice Su Propio Futuro (Parte 2)
Mateo 17:22-23

17:22-23: “Estando ellos en Galilea, Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas al tercer día resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera”.

En realidad, esta es la sexta vez en Mateo que la muerte y resurrección de Cristo se predicen, o, por lo menos, se infieren. La primera la vemos en el 9:15 cuando los discípulos de Juan preguntan sobre el ayuno. Parte de su respuesta fue “Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán”. En el 12:40 aparece la segunda, cuando le piden que haga una señal, Jesús dijo: “Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches”. A pesar de que se dan algunos detalles, no se elabora sobre el método de Su muerte. El tercer pasaje lo encontramos en el 16:4 en donde Él apenas menciona la señal del profeta Jonás. Cuarto, en el 16:21 Él empieza a mostrarles a Sus discípulos “que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día”. Y, ahora, se elaboran los detalles: el lugar, la gente, el sufrimiento, la muerte y resurrección. Pero aun aquí, Pedro reprende al Señor por decir esas cosas y realmente negó que eso fuera a suceder. Quinto, en el 17:9-12 Él menciona Su resurrección en el versículo 9 y Su muerte en el versículo 12. Y cuando Sus discípulos estaban con Él en Galilea, Él emite la sexta predicción de Su muerte, Agregándole la traición (por parte de Judas, como se revelará más tarde) a la lista de los detalles. Pero habrá cerca de otra docena de más predicciones en los Capítulos 20, 21 y 26 de Mateo.

La redacción de Su declaración aquí en 17:22-23 produjo una gran tristeza en Sus discípulos, aun al punto de que temieron pedirle mayores explicaciones (Marcos 9:32). Alguien le va a entregar en manos del maligno, estas personas lo van a matar, pero al tercer día Él será levantado de los muertos. Estos detalles ya les habían sido rebelados, pero, como lo indica Lucas 9:45, “Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen”. Ya para entonces, pudo haber mucha confusión en los pensamientos de los discípulos. Los tres discípulos que estuvieron presentes en el Monte de la Transfiguración pudieron tener la gloria del Reino en sus mentes. ¿Entonces, cómo es que el Mesías podía sufrir y morir? Los otros nueves no estaban menos confundidos; ellos habían visto a Jesús hacer el milagro que ellos mismos no pudieron hacer, ¡y ahora Él les dice que va a morir! ¿Cómo pueden los hombres malos vencer a su Señor? Ellos simplemente no entendían.

El Impuesto Del Templo
Mateo 17:24-27

17:24-25a: “24 Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 El dijo: Sí.

Queda claro por las palabras utilizadas en este versículo que el impuesto no era un impuesto romano, sino que se llamaba “dracma”, equivalente a un medio shekel hebreo, el cual era la contribución anual de un hombre judío de 20 años o mayor, para ayudar a sufragar los gastos del servicio del Tabernáculo (Éxodo 30:15-16) y más tarde para la obra del Templo (Nehemías 10:32). No hay ninguna razón para pensar que los cobradores de impuestos judíos fueran negativos en su pregunta; bien pudo también haber sido una pregunta honesta de su parte. La respuesta de Pedro también debe de considerarse honesta e igualmente positiva. Jesús no reprendió a Pedro por su simple “sí” de que Su maestro estaba acostumbrado a pagar lo que se esperaba. ¿No fue que Jesús no vino a abolir la Ley sino a cumplirla? (Mateo 5:17-20). ¿No le ordenaría también a Sus discípulos darle al César lo que es del César? (22:21). Así que ya sea que fuese un impuesto para el Templo, o para el gobierno romano, Jesús enseñó la obediencia a las autoridades.

17:25b-26: “Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? 26 Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos”.

No está claro si Jesús caminaba con Pedro y escuchó su conversación con el cobrador del impuesto, o si Él estaba mostrando Su omnisciencia cuando Pedro llegó a la casa y Jesús se refirió al cobro del impuesto. De cualquier forma, la ilustración que Jesús utilizó, no estaba específicamente relacionada con el impuesto del Templo, sino, más bien, era una referencia general al principio de los tributos impuesto por los reyes de la tierra. Aun así, la aplicación de este principio les interesó a Jesús y a sus “hijos”. Los reyes y sus familias no pagan impuestos, sino que los reciben. A través de los impuestos (kenson, similar a censo, el cual era un impuesto individual) y la aduana (tele, impuesto de aduana), los reyes de la tierra son mantenidos. Si el rey es bueno, utilizará el dinero de los impuestos para construir caminos y edificios, formar un ejército para proteger la nación y proveer las funciones necesarias para hacer un buen gobierno. El rey no es elegido, sino que se convierte en gobernante en virtud de su poderío al conquistar al enemigo, y sus hijos heredan el reino debido a su parentesco con el rey. Por lo tanto, los hijos no pagan los impuestos.

Cuando Jesús aplicó este principio no solamente se estaba refiriendo a Él mismo y a Pedro, sino que a todos Sus “hijos” que están relacionados con Él por la fe (Gálatas 3:16; 4:7). Ya Jesús se había proclamado mayor que Salomón que había construido el Templo, y, ciertamente, aun mayor que el mismo Templo (Mateo 12:6, 42). Este es otro recordatorio que el Mesías un día será Rey sobre toda la Tierra (Salmo 72:8) y los reyes de la tierra le traerán presentes (Salmo 72:10) y se postrarán ante Él para servirle (Salmo 72:11).

17:27: “Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti”.

A pesar del hecho de que Jesús se había presentado como el Mesías/Rey, siempre tenía consideración por los demás. Ciertamente, Él como Rey y Pedro como uno de Sus hijos, definitivamente estaban exentos del impuesto del Templo; sin embargo, Él no quiso hacer nada que pudiera hacer que los judíos dejaran de creer que Él no había venido a abolir la Ley, sino a cumplirla. Así que Jesús le dio a Pedro instrucciones detalladas para el pago del impuesto del Templo.

Todas aquellas personas que niegan lo milagroso por supuesto que van a hacer todo el esfuerzo posible para menospreciar lo genuino de esta ocasión al compararla con los mitos diciendo que no existe ningún registro de que esto sucediera alguna vez. Sin embargo, estas instrucciones y órdenes se originaron del mismo Mesías/Rey. Si el impuesto no hubiese sido pagado, entonces Jesús y Pedro habrían ofendido a los judíos.

Al dar estas instrucciones Jesús muestra que Él es omnisciente y omnipresente. Pedro tenía que tomar un anzuelo para un pez; ese pez estaría en el lugar correcto en el momento correcto; tendría el dinero exacto, un estatero, que era el equivalente a un shekel, justo el monto que necesitaban pagar dos hombres. Cristo sabía dónde estaría el pez y cuándo, y con el dinero necesario en su boca. No es necesario tener que asumir que Cristo creó el pez o el dinero para ese propósito.

Es especialmente interesante ver que el Mar de Galilea contiene un pariente inusual del pez perca que tiene la peculiar costumbre de usar su boca para incubar sus huevos y como un lugar para esconder a sus pequeños. Este pez, particularmente conocido como el pez San Pedro, siendo su nombre científico Tilapia Galilaea, mide como unos treinta centímetros de largo, pero tiene una boca grande, ataca con sus dientes a objetos que le son extraños, y de vez en cuando recoge una piedra en su boca. (Dr. Robert C. Newman, The Biblical Theological Seminary Bulletin, Spring, 1985.)

Hay dos volúmenes científicos que describen esta especie de pez en particular:

La tilapia se encuentra, o ha sido introducida, en Siria, Israel… La frente del macho es cóncava y la boca es ancha y plana… La tilapia usa su boca para incubar… los huevos son recogidos por la hembra y llevados en su boca durante 10-14 días hasta que incuban y los pececillos permanecen en su boca hasta que ya son grandes para cuidarse por sí mismos. (A. J. McClane’s New Standard Fishing Encyclopedia. N.Y. Holt, Rinehart and Winston, 1974, pp. 1039-1040)

En la mayoría de las especies de la tilapia que incuba en su boca, es la hembra la que lleva los huevos, pero hay una especie que se conoce como el incubador paternal y otra que es bi-paternal. (Joseph S. Nelson, Fishes of the World. N.Y. John Wiley and Sons, 1984, p. 316).

Nadie va a negar que esta fuera una provisión milagrosa del impuesto del Templo; debe de creerse que literalmente sucedió, como parte del registro inspirado.

Y “en el Cumplimiento de los Tiempos” todas aquellas personas que rehúsen creer que el que hacía los milagros era el Hijo de Dios, el Redentor, estarán perdidos para siempre.
Marzo, 2009

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