En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 115

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Jesús y los Niños. Mateo
18:1-14

Una Lección de Humildad
Mateo 18:1-4

18:1-5: “1En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, 3y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. ”.

Los eventos descritos en el capítulo 18 suceden “en aquel tiempo” como los del capítulo 17, o como se les describe en griego, “en aquella hora”. Lo último que leímos sobre los discípulos en el capítulo 17 es que estaban en gran manera entristecidos por las predicciones que Él hizo sobre Su muerte y resurrección y, de hecho, no entendieron (Marcos 9:32), y temieron preguntar. La corta narración de Pedro y el dinero del tributo, sucedió en esa misma hora. Entonces, los Doce estaban discutiendo, cuando iban de camino, quién sería el mayor en Su Reino venidero (Marcos 9:33-34). Este asunto continuaría en Mateo 19:27-28 y en 20:20-28 por medio de la madre de Jacobo y Juan.

Ya sea que usted interprete el término “reino de los cielos” en este pasaje como un reino espiritual o como un reino terrenal, el Reino mesiánico, el cual requiere la necesidad de la conversión como un requisito para ingresar en él. El reino espiritual hoy día es la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, y la conversión, o “volverse” (strepho-o), como Pablo usa la misma palabra en 1 Tesalonicenses 1:9, “ustedes abandonaron los ídolos y se volvieron al Dios vivo” (DHH), que es el acto de abandonar los ídolos y servir al verdadero Dios a través de Jesucristo. Eso será así en el futuro Reino del Mesías, la conversión a Cristo con una fe como de niños.

Esta es la lección que Cristo estaba enseñando aquí en 18:1-4; pero Él la lleva un poco más lejos; si ellos quieren ser grandes en ese reino, la misma actitud de humildad tendrá que ser evidenciada después que han ingresado en ese Reino. El niño pequeño que Él había tomado entre Sus brazos era la clásica ilustración de confianza en Jesús. Santiago 4:10 lo pone de esta manera: “Humillaos delante del Señor, y él os exaltará”.

Una Advertencia En Contra De Las Piedras De Tropiezo. 18:5-10

18:5-10:5Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe. 6Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. 7¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! 8Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. 9Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego. 10Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”.

La misma advertencia la presentó el Señor en Mateo 5:29-30 en relación a la discusión sobre el adulterio y el divorcio. Las palabras allí son solamente un poco diferentes, al mencionar el ojo derecho y la mano derecha. Aquí lo que se dice se usa en relación con la ofensa (de skandalizo, Strong 4624, hacer tropezar, incitar a pecar, hacer caer, ofender) o de ser una piedra de tropiezo o una trampa a los niños pequeños.

Pero primero, el Señor habla en una manera positiva, que “cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe”. Para convertirse en un verdadero discípulo uno debe ser como un niño pequeño, o sea, como uno “de estos pequeños que creen en mí” (v. 6). Para ser un gran discípulo uno debe ser humilde como un niño pequeño. Ahora, para evidenciar ese tipo de creencia y humildad, uno debe de recibir a uno de esos niños, porque con eso se muestra que uno ha recibido a Cristo.

Pero entonces, ¿a quién le está hablando Jesús en los versículos 6-10? Ciertamente no puede ser a un verdadero discípulo, sino más bien, es un contraste directo con aquellas personas que reciben a Cristo. Es una persona que pone una piedra de tropiezo, alguien que trata de engañar a un niño pequeño.

Hay muchos comentarios que tratan de simbolizar “niño pequeño” para referirse a cualquier creyente sin importar su edad, y quien recientemente ha llegado a creer en Cristo.

Mientras que sí es posible de pasar de una interpretación literal a una aplicación simbólica, también es cierto que la interpretación es una, pero las aplicaciones son muchas. Pareciera mejor interpretar consistentemente que los niños son literales, y luego tomar las características de un niño pequeño, por ejemplo, confianza y fe, como aplicaciones. Entonces, “este niño” (v. 4), “un niño como este” (v. 5) y “uno de estos pequeños” (vv. 6, 10), son expresiones que se refieren a los niños de manera literal.

Esto también concuerda con el 19:13-14: “Entonces le fueron presentados unos niños,… Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos”. Entonces es natural que surja la pregunta ¿a qué edad es un niño capaz de creer en Cristo? Esto es diferente en cada niño; pero existe gran cantidad de niños de edades entre los tres y los cuatro años, que genuinamente han llegado a tener la verdadera fe en Cristo.

Los pasajes en Isaías 7:14-16; 8:1-4 llevan un cumplimiento local dentro de la experiencia de Isaías y la virgen que estaba por casarse. Desde el punto de vista del cumplimiento lejano que abarca el nacimiento de Cristo, vea la discusión en Mateo 1:21-23 (Parte 3, págs. 9-11). Para nuestra presente consideración es suficiente citar partes de esos pasajes: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo… Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada…” y “me llegué a la profetisa, la cual concibió, y dio a luz un hijo… Porque antes que el niño sepa decir: Padre mío, y Madre mía, será quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria”.

Históricamente, esta derrota sucedió dos años después que ese niño nació. En ese momento él aun no había llegado a la edad de la razón cuando tenía dos años, pero la expectación era que Dios intervendría en nombre de Judá, en un poco de tiempo más cuando el niño llegara a esa edad en su vida. La conclusión, por lo tanto, es que “uno de estos pequeños que creen en mí” ciertamente se puede tomar literalmente y no tiene que ser interpretado como que se refiere en ningún sentido a los creyentes más viejos que recientemente se han salvado.

Las consecuencias de ofender o de atrapar a los pequeñines las describe luego Jesús en el 18:6-10. En no menos de seis ocasiones se usa alguna forma de la palabra skandalizo. La drástica distinción entre “cualquiera” en el versículo 5 y “cualquiera” en el versículo 6, debe tenerse en mente.

Es sorprendente ver que un número de comentarios presentan esta sección, 18:6-10, como que se refiere a creyentes que causan que otros creyentes se vean atrapados en el pecado. Parece que existe una clara aversión de tomar cualquiera de estos términos de manera literal. Aun así, cuando Cristo habla sobre que es mejor que el ofensor sea lanzado al mar con una piedra de molino atada a su cuello, no existe razón alguna para cambiar a que eso sea un símbolo de un castigo extremo; es extremo porque el resultado es la muerte.

Esto mismo debe decirse sobre cortarse una mano o un pie, o el sacarse un ojo. ¿Por qué no tomar esto de manera literal? Cristo del todo no dice que esa clase de mutilación sanaría el asunto del pecado; lo que sí dice es que si esos miembros están impidiendo que alguien lo reciba a Él, sería mejor perderlos que sufrir en el infierno por toda la eternidad. Cualquier cosa que se vuelva una trampa que le prevenga a una persona de entrar en la vida, no vale la pena mantenerla (vea la discusión en 5:29-30, Parte 15, p. 59).

Mateo 18:10 vuelve al asunto específico del 18:7. Ahí, Cristo pronunció un ay sobre “aquel hombre por quien viene el tropiezo”. Ahora, Él advierte en cuanto al menosprecio a uno de estos pequeños. La palabra katafronéo (Strong G2706, desestimar, despreciar), significa “ver de menos”, y se refiere a la falta de respeto que produce el tropiezo.

La última parte del versículo 10 representa un problema para algunas personas, especialmente la cláusula “sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos”. Gaebelein interpreta los “ángeles” como los espíritus de los infantes, o niños pequeños, que han partido y que han muerto antes de llegar a la edad del uso de la razón (Gaebelein, A.C. Matthew, pp. 381-384).

Sin embargo, hay varias cosas que se oponen a este punto de vista. Primero, estos pequeñuelos son descritos por Cristo como creyentes; entonces, ya han llegado al estado del uso de la razón en sus vidas. Segundo, no hay del todo ningún pensamiento o mención de que estos pequeños hayan muerto. Al contrario, Él se refiere a “estos pequeños” y a “sus ángeles”. Cristo pudo haber dicho fácilmente “los ángeles de estos pequeños”. Tercero, hay otros pasajes (Deuteronomio 1:39; 2 Samuel 12:22-23; Isaías 7:14-16) que apoyan un período en la vida antes del tiempo del uso de la razón, y por lo tanto, también apoyan la salvación de estos pequeños que mueren, así que no es necesario depender de la teoría cuestionable sobre Mateo 18:10.

En vez de eso es mejor interpretar “sus ángeles” como que se refiere a aquellos ángeles que Dios ha designado para que vigilen a los pequeñuelos, como lo enseña Hebreos 1:14, de una manera general.

Un Recordatorio del Amor de Dios
Mateo 18:11-14

18:11-14: “11Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. 12¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”.

Muchos comentaristas omiten el versículo 11 como una interpolación o glosa de Lucas 19:10. Pero realmente, este versículo provee una transición del versículo 10 y la ilustración de los versículos 12-14. El versículo 10 nos asegura que Dios está tan interesado en estos pequeños creyentes, que Él comisiona a ciertos seres celestiales para que sean “sus ángeles”. Pero ahora, en el versículo 11 agrega que Él aun envió a Su Hijo para hacerse hombre y así poder salvarlos; ¡así de grande es Su amor!

Entonces, la ilustración del pastor no deja cabida a ninguna duda sobre el cuidado del Padre de que ninguno de estos pequeños creyentes se pierda. Mientras es cierto que las ovejas extraviadas han sido usadas en Isaías 53:6 para resaltar a los perdidos, las Escrituras también presentan a las ovejas extraviadas como salvas (Ezequiel 34:11-16).

Por consiguiente, cada pasaje debe considerarse de manera independiente y luego relacionarlo con su contexto particular. Aquí en Mateo 18:11-14, el hombre tenía 100 ovejas, no 99 y una cabra. Los “pequeños” son los creyentes (v. 6).

Cuando este contexto se compara con el pasaje paralelo en Lucas 15, tenemos la evidencia para interpretar las tres ilustraciones en Lucas 15 como que se refieren a la restauración de los creyentes extraviados o “perdidos”. La oveja se extravió pero fue encontrada (15:6); la moneda se perdió y fue encontrada (15:9); el hijo pródigo era un hijo antes de extraviarse y fue reconocido como un hijo después de que se había extraviado, a pesar de que el mismo hijo se consideró como indigno para ser llamado un hijo. Él también es descrito como perdido y encontrado (15:24). Ciertamente, su padre lo describió como que estaba muerto y ahora vivía, con lo cual se indica la restauración a la condición previa (15:30).

La conclusión dada en Mateo 18:14 es en cuanto a la comparación con la oveja perdida: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”. Aquí se utilizan dos palabras fuertes: La ‘voluntad’ (dsélhma, Strong G2307) de Dios, no solamente Su deseo, y ‘perderse’ (apólumi, Strong G622), las cuales pueden usarse ya sea en el sentido temporal (Romanos 14:15; 1 Corintios 8:11) o en el sentido eterno (Juan 3:16).

Jesús está diciendo aquí en Mateo 18 que la voluntad de Dios no incluye la muerte eterna de ninguno de Sus creyentes. Cierto, uno se puede extraviar, pero el Padre verá cómo traerlo de vuelta; o, si existe un pecado continuo en la vida, el Padre puede sacar a la persona de este mundo por medio de la muerte, como lo hizo con algunos santos desobedientes en Corinto (1 Corintios 11:30-32).

Pero “en el cumplimiento de los tiempos”, todos los verdaderos creyentes pasarán la eternidad con el Señor que los ama.

Abril, 2009

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