En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 119

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La Discusión de Cristo Referente al Divorcio
Mateo 19:1-12

La Primera Pregunta: ¿Cuándo es legítimo el divorcio? Mateo 19:1-6

19:1-3 “1 Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán. 2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí. 3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?”.

Cuando salió de Galilea, Jesús tomó la ruta al este del río Jordán para llegar a Perea. Ya sea que Él evitara pasar por Samaria a propósito, o que Él deliberadamente fuera a Perea, no se explica. Lo que el texto sí nos dice es que Él tuvo un extenso ministerio de sanidades a “grandes multitudes”. En cualquier caso, algunos representantes de los fariseos se las arreglaron para seguirlo y continuar sus ataques verbales para “tentarlo” (probarlo). Esta vez eso tenía que ver con el asunto del divorcio, pero ellos no le preguntaron si el divorcio era permitido; sino más bien cuándo es que era permitido. La forma particular en la que formularon su pregunta muestra sus motivos ulteriores.

Es de conocimiento general que las dos escuelas principales de las enseñanzas rabínicas eran las de Shamai y Hilel. Shamai, el conservador, interpretaba Deuteronomio 24:1 como que significaba que únicamente si se demostraba un acto de indecencia cometido por la esposa esa era causa para darle la carta de divorcio; al contrario, Hilel, era el liberal, e incluía casi cualquier causa para un divorcio. Carson nos da una presentación muy completa de estos dos grupos:

Shamai… interpretaba esa expresión para referirse a un gran acto de indecencia, a pesar de que no necesariamente era el adulterio; Hilel extendió el significado más allá de este pecado y lo aplicaba a toda clase de ofensas, tanto reales como imaginarias, incluyendo una comida no cocinada apropiadamente. Para entender lo que Jesús dijo en los versículos siguientes, vemos que Él no estuvo de acuerdo ni con Shamai ni con Hilel, a pesar de que la escuela de Shamai era más estricta que la de Hilel, y que permitía volverse a casarse cuando el divorcio no estaba de acuerdo con su propia Halakah (reglas de conducta)… y si Jesús restringía las bases de un divorcio a la indecencia sexual… entonces Él difería fundamentalmente con Shamai. (Carson, Donald A. “Matthew.” Expositors’ Bible Commentary. Editor, Frank E. Gaebelein. Vol. 8, p. 411. Grand Rapids: Zondervan, 1984, 12 Vols.)

De esta manera, los fariseos deben haberse sentido seguros de que habían acorralado a Jesús. ¿Estaba Él de acuerdo con Hilel? Entonces Él estaría contradiciendo Sus propias enseñanzas de una justicia que excedía la de los escribas y los fariseos. ¿Seguía la filosofía de Shamai? Entonces estaba menospreciando la Ley de Moisés sobre la cual Él había dicho que había venido a cumplirla.

Ha sido aludido por muchos escritores que los fariseos recordaban la declaración de Jesús en Mateo 5:32, sobre la que únicamente había una excepción al divorcio permitido la cual es la fornicación (porneia). ¿Cómo es que Jesús podía responder entonces? Ciertamente, ¿cómo podría responderles sin ser atrapado en su trampa?

19:4-6 “4  Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, 5  y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 6  Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.”

En lugar de ser atrapado, Jesús fue mucho más allá de sus disputas humanas, retornando a la narración original del matrimonio en el relato de la creación de Génesis 1—2.

Primero, Jesús afirma que el hombre y la mujer fueron creados como varón y hembra al principio; no hay tal evolución. El principio fue un tiempo de creación, y ninguna de las llamadas explicaciones “científicas” ha surgido para resolver este problema básico de cómo es que los sexos pudieron haber evolucionado, no solamente en los seres humanos, sino en todos los animales, aves y peces también.

Segundo, Dios nunca tuvo la intención de que un varón se casara con otro varón, ni que una hembra se casara con otra hembra, o que alguna de estas “parejas” tuviera relaciones homosexuales. Esto se amplía aun más en capítulos como Levítico 18—20 en el Antiguo Testamento, y en Romanos 1 en el Nuevo Testamento. El único plan de Dios fue que el hombre dejara a su padre y a su madre y se uniera a su esposa.

Tercero, este matrimonio formaba una unión tal que “los dos forman una sola carne”. Después de citar eso en el versículo 5, Jesús de inmediato lo repitió en el versículo 8: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne”.

Cuarto, esa unión fue hecha por Dios por lo que no puede ser “separada” por el hombre. Ninguna ley ha sido instituida, aun incluyendo la Ley de Moisés, que suplante esta ley de la creación, y Cristo afirmará esto en el versículo 8, a pesar de la “carta de divorcio” de Deuteronomio 24:1.

Debemos tener en mente, sin embargo, que la orden de Cristo de “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”, es cabalmente eso, un mandamiento, pero no imposible de romper. La gente ha estado rompiendo este mandamiento al separar la unión matrimonial con el divorcio.

No es posible poder calcular los dolores de cabeza y la ruina que les han producido a las familias el fracaso de obedecer este mandamiento, pero “en el cumplimiento de los tiempos”, todo quedará claro.

Agosto, 2009

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