En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 122

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Elogiando a los Niños. Mateo 19:13-15

19:13-15: “13Entonces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les reprendieron. 14Pero Jesús dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos. 15Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se fue de allí”

En Mateo 18:1-4 Jesús había llamado a “un niño” a acercarse a Él como una ilustración de fe y de humildad; fe como un requisito para poder entrar en el reino y humildad como una señal de grandeza en el reino. A pesar de que Él aun se encontraba en Galilea en ese momento, su cariñoso comportamiento hacia los niños le había precedido hasta Perea. La conexión inmediata con el 19:1-12 también puede ser un reflejo de una razón para la que la gente le trajera a sus niños y niñas, puesto que Él ya había discutido el matrimonio y su unión permanente.

Desde el punto de vista de los padres, su deseo era que Él les pusiera las manos a los niños y orara por ellos. Marcos 10:16 añade, “Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía”. Tan antigua como la bendición de Jacob sobre sus nietos en Génesis 48:14-18, esta costumbre era practicada en Israel. Una generación antes de eso, en el caso de la bendición de Isaac sobre Jacob y subsiguientemente la bendición de Jacob sobre Efraín, ambas contenían insinuaciones proféticas de su futuro, pero nada de esto se menciona sobre la bendición de Jesús de estos niños. Lo que realmente hizo no se menciona, por eso a las Escrituras se les debe permitir ese silencio sobre el asunto.

Tampoco no se mencionan del todo las doctrinas de la salvación y del bautismo en este pasaje. La narración se muestra en los primeros tres evangelios al utilizar la palabra paidíon casi de manera exclusiva, excepto en Lucas 18:15 que es bréfos (Strong G1025, infante, criatura) en la primera parte del versículo, y más tarde paidíon. Paidíon (Strong G3813) puede referirse a niños sin importar su edad, por lo que se puede utilizar en niños que son capaces de expresar su fe en el Salvador, mientras que bréfos se usa solamente para la infancia.

Puesto que Lucas utiliza ambas palabras y cita a Jesús diciendo, “De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño [paidíon], no entrará en él” (Lucas 18:17), Jesús debe de estar señalando que la fe real le es posible a esos niños pequeños. En esa misma ocasión Él pudo haber tomado en Sus brazos a un infante.

Según Deuteronomio 1:39 habían infantes y niños que “no saben hoy lo bueno ni lo malo”, y en Isaías 7:16, “Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno”; entonces sí hay un momento en la vida en la que los niños y las niñas llegan a ese estado de responsabilidad. ¿A qué edad específica sucede eso? Depende de cada niño y niña, pero antes de que eso suceda, esos niños son incapaces de creer. Juan 3:18 dice que todos somos condenados por nuestra incredulidad; pero si un niño no ha alcanzado la edad de la razón, o responsabilidad, no puede ser condenado por algo que es incapaz de hacer. Cierto, todos son responsables del pecado original, pero la condenación final se debe a la incredulidad.

Cristo es la propiciación por los pecados de aquellas personas que no tienen la capacidad para creer (lo cual, a propósito, incluye a todas las personas nacidas con tal deficiencia mental que nunca llegan a la edad de la razón, o responsabilidad, en sus vidas) y también para aquellas personas que sí pueden creer: “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2).

Esto nos lleva a la pregunta sobre el bautismo de los recién nacidos. Como ya lo mencionamos, en ninguna de las tres narraciones esta historia del bautismo se menciona o se implica. Si un infante muere sin ser bautizado, no corre ningún peligro. Un ejemplo de esto lo encontramos en 2 Samuel 12:18-23. El niño que le nació a David y Betsabé murió “al séptimo día”, un día antes en que debía ser llevado al Tabernáculo para ser circuncidado. Sin embargo, cuando David “entendió que el niño había muerto”, sorprendió a sus siervos al levantarse de su ayuno en cilicio y cenizas, lavarse y pedir alimentos. Cuando le preguntaron porqué había hecho eso, David respondió, “Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí”.

Solamente alguien con un concepto muy distorsionado del carácter de David puede pensar que él se estaba sacudiendo de todo este asunto al considerarlo como un incidente en su vida. No, David era un varón según el corazón de Dios, y sabía que viviría los restantes años de su vida antes de reunirse con su hijo como si fueran el ayer, en vista de la naturaleza eterna de esa reunión con el niño en el cielo.

Y aquellas personas que señalan la circuncisión en el Antiguo Testamento como un paralelo a la necesidad del bautismo infantil, no tienen ninguna explicación para la expectativa de David de reunirse con su hijo incircunciso en la gloria. Más aun, ni siquiera tienen una explicación del porqué las niñas recién nacidas son bautizadas, si es que la circuncisión es el paralelo.

Finalmente, aquellas personas que sostienen que los infantes fueron bautizados como parte del hogar, como es el caso del carcelero de Filipos, no tienen una prueba real de que ahí hubiera algún infante. Hechos 16:32-34 definitivamente declara tres cosas sobre los miembros de ese hogar: Primero, todos escucharon el mensaje relacionado con Jesús (v. 23); segundo, todos fueron bautizados (v. 33); y tercero, todos tenían la capacidad de creer y creyeron (v. 34).

No es estirar las cosas decir que Jesús elogió a estos pequeñines ante Su Padre Celestial y entregarlos a Su cuidado cuando oró por cada uno de ellos. Si el Padre se preocupa por un pajarillo que cae en tierra, ciertamente Él bendecirá a los pequeños por los que Cristo oró. Únicamente “en el cumplimiento de los tiempos” sabremos cuántos de ellos creyeron y están en el cielo.

Diciembre, 2009

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