En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 123

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

El Joven Gobernante Rico. Mateo 19:16-30

La Pregunta Relacionada con la Vida Eterna
Mateo 19:16-22
19:16-22: “16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?

17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.

18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio.

19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?

21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.

22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”.

El Evangelio según Mateo describe a este hombre como “joven” (neaniskos, Strong G3495) en el versículo 22, y como “rico” (ploúsios, Strong G4145) en el versículo 23. Lucas 18:18 agrega que era “principal” (árjon, Strong G758, gobernante, hombre principal); Marcos 10:17 lo describe como entusiasta y respetuoso: “Vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él”. La actitud de Jesús hacia este joven indagador fue de ternura: “le amó” (agapesen) (Marcos 10:17, 21).

Es difícil dudar la sinceridad que tenía este joven al buscar la verdad. En los tres evangelios el Textus Receptus indica que este joven llamó a Jesús “Maestro Bueno” (didaskale agaton), y que Jesús le respondió “¿Por qué me llamas bueno?” (Ti me legeis agaton).

La única diferencia en el registro de esta pregunta está en la narración de Mateo, y es, “¿qué bien haré para tener [echo] la vida eterna?”, mientras que en Marcos y en Lucas se usa la frase, “heredar la vida eterna”. (klhronoméo, Strong G2816, heredar, heredero.)

Hay dos conceptos equivocados sobre la pregunta de este joven. Primero, él tenía una idea equivocada sobre la Persona de Cristo, como lo aclara el Señor: “¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios”. Si este joven hubiera conocido la verdadera respuesta a esa pregunta y realmente hubiera creído en la bondad óptima de Cristo como Dios, él habría tenido su respuesta. No es suficiente creer que Cristo es solo un maestro bueno, Él debe de ser reconocido como Dios manifiesto en carne.

Aparentemente Jesús no tenía la intención de esperar por la respuesta de ese joven, sino que reveló un segundo concepto equivocado. La pregunta fue, “¿Qué debo hacer para ganar la vida eterna?” Hay una pequeña diferencia en el uso de “tener” y de “heredar”, a pesar de que generalmente pensamos que solamente los herederos son los que heredan. Sin embargo, es igualmente posible para alguien fuera de la familia llegar a ser un heredero, alguien que hizo un buen trabajo para un hombre rico y, por consiguiente, fue incluido en el testamento debido a sus buenas obras.

A pesar de ello, lo que es importante aquí es que él preguntó qué era lo que debía hacer; y esto es un gran concepto equivocado. Podríamos esperar que Jesús hubiese respondido, “Cree en Mí, aun como tu antepasado Abraham se gozó al ver mi día, y lo vio, y se gozó” (cf. Juan 8:56). Pero no, Jesús quería mostrarle a este joven lo equivocado que estaba si pensaba que la vida eterna estaba disponible por “hacer cosas”. Jesús dio la respuesta más directa posible a esta pregunta: “Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos”.

Los mandamientos específicos mencionados aquí son los del lado “humano” del Decálogo, incluyendo las relaciones y las acciones que muchos judíos honestamente podían alegar que cumplían. Jesús no utilizó la presentación del Sermón del Monte donde Él dio Su interpretación la cual enfatizaba los motivos interiores así como las acciones exteriores. Aquí Jesús simplemente cita los mandamientos y la respuesta del joven es: “Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?”

Este segundo aspecto de su pregunta pudo haber sido tan sincero como el primero. Como otras personas, aun hoy en día, él era una persona moral, deseosa de aceptar las responsabilidades por hacer lo que fuera necesario y que le hiciera falta a su comportamiento. La respuesta de Jesús tenía como objetivo el mostrarle que él no había cumplido con todos los mandamientos, especialmente aquel que tenía que ver con la primera tabla de la Ley; “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Esto habría sido cumplido por este joven gobernador rico si él hubiera hecho la elección correcta entre Dios y mamón (las riquezas).

Entonces, cuando Jesús dijo, “Si quieres ser perfecto”, Él estaba utilizando la palabra téleios (Strong G5046) en el sentido de obtener su meta, o sea, obtener la vida eterna. Este joven debía ir, vender, dar, y, venir, y seguir a Jesús. Todo esto demostraría que él tenía un cambio interior en su corazón hacia su prójimo, la cual venía de una fe interior en Cristo como Dios.

Frente a esto, este joven gobernador rico no respondió, sino que prefirió marcharse: “Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones”. No solamente él hubiera tenido vida eterna, sino, como Jesús agregó, “y tendrás tesoro en el cielo”.

Entonces, aquí aparece un tercer concepto equivocado y es que este joven podía, por su propio esfuerzo, cumplir con todos los requisitos de la Ley. Esto no lo podía hacer. Si una persona es justificada por las obras de la Ley, es deudor de toda la ley, y: “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2:10).

La Explicación a los Discípulos.
Mateo 19:23-30

19:23-26: “23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

24 Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

25 Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

26 Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible”.

Cuando Jesús expresó esta primera declaración sobre la dificultad que tiene una persona rica para entrar en el reino de los cielos, los discípulos se “asombraron de sus palabras” (Marcos 10:24a), por lo que Él tuvo que explicarles al añadir: “Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Marcos 10:24b).

Ciertamente hubo personas ricas que se salvaron; un clásico ejemplo es Mateo, y lo mismo Zaqueo y José de Arimatea, sin mencionar a muchos de los santos del Antiguo Testamento, como Abraham, el padre de la fe.

Hay una gran diferencia entre la posesión de las riquezas y el amor al dinero. El mismo Jesús dijo en Mateo 6:24: “No podéis servir a Dios y a las riquezas”. El confiar en las riquezas es una falsa esperanza, amar el dinero es la raíz de todos los males; servir a mamón es repudiar a Dios.

Así es, es difícil para una persona rica renunciar a esa adicción a las riquezas. En su propio yo esto es imposible. Jesús utilizó una ilustración extrema para dejar Su punto en claro. Un camello no puede pasar por el ojo de una aguja. Esto enfatiza la imposibilidad total; sin embargo, lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Solamente Él puede cambiar el corazón de las personas, ricas o pobres.

Esta fue la respuesta de Jesús a los extremadamente sorprendidos discípulos que habían preguntado, “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Quizás Sus discípulos estaban confundidos con la promesa de una bendición temporal bajo la Ley, que incluía aun las riquezas, para aquellas personas que “escuchan la voz del Señor” (Deuteronomio 28:1-14). Ese mismo capítulo continúa con las maldiciones temporales sobre las personas que no obedecen. Sin embargo, la salvación siempre ha sido por fe, como lo testifican Romanos 4 y Hebreos 11.

La Salvación y las Recompensas. Mateo 19:27-30

19:27-30: “27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?

28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.

30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”.

La respuesta de Pedro sin lugar a dudas refleja su personalidad, pero, sin embargo, era correcta. Según Lucas 5:10-11, los tres socios, Pedro, Jacobo y Juan, “dejándolo todo, le siguieron”. A pesar de que los comentarios de Pedro fueron directos, no fueron refutados por Jesús; Pedro preguntó: “¿Qué, pues, tendremos?” La respuesta fue doble; primero, fue referida a los Doce, y luego se extendió a cada verdadero seguidor de Cristo.

A los Doce Jesús les prometió doce tronos “en la regeneración”. Afortunadamente, Él explicó lo que quiso decir y el momento en que eso sucedería. La palabra “regeneración” (palingenesía, Strong G3824, o nuevo nacimiento, restauración), se usa solamente en dos lugares, aquí y en Tito 3:5, que referente a la salvación, pero aquí en Mateo 19 hace referencia al renacimiento de la misma tierra, y sucederá cuando Cristo retorne a la tierra para establecer Su Reino Milenial y para sentarse “en el trono de su gloria”.

Este trono se diferencia del trono de Su Padre en Apocalipsis 3:21: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono”. La Sesión de Cristo empezó cuando Él ascendió al cielo y “se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3). Este es el trono de Su Padre.

El trono de gloria de Cristo se llama “el trono de David su padre” (Lucas 1:32). Es inexacto, por no decir sin sentido, afirmar que el reino de Cristo se inauguró en la Ascensión y que Él está reinando sobre el trono de David hoy. Su reino no puede comenzar sino hasta que suceda la “regeneración”.

El Apóstol Pablo la define como, “La gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse… Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:18, 21).

Habrá doce tronos, uno para cada uno de los Doce Apóstoles (Matías reemplazó a Judas en Hechos 1:26) sobre las doce tribus de Israel. Ellos “juzgarán” en el sentido de Isaías 1:26 como dice Jehová: “Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel”.

Luego Jesús hace extensiva la promesa de la recompensa a “todos” los que “por mi nombre, recibirán cien veces más” de una manera más allá de la imaginación. Este es el “tesoro” rechazado por el joven gobernador rico; y todo esto es adicionalmente a la “herencia” de la vida eterna, lo cual en sí mismo no es una recompensa, sino un regalo de la gracia del Padre a Sus hijos.

El capítulo 19 cierra con la observación de “Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros”. Esto está muy conectado con el siguiente capítulo por la preposición “Porque” (gar) y se explica en la parábola de los obreros de la viña la cual concluye con la misma advertencia en el 20:16.

Diciembre, 2009

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