En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 125

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Cristo Pronosticando Su Propio Futuro.
Mateo 20:17-19

20:17-19: “17 Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo:
18 He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte;
19 y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará.”

Como vimos en la discusión del 17:22-23 Cristo dio muchas predicciones sobre Su muerte en Mateo, pero las tres que vemos en el 16:21; 17:22-23 y aquí en 20:17-19 son lo suficientemente importantes como para agruparlas, ya que cada una agrega un aspecto no mencionado en la anterior. En el 16:21 los hechos básicos del lugar (Jerusalén), la gente (los ancianos, sacerdotes y escribas) y ciertas particularidades (muerte y resurrección) se encuentran incluidas. Luego en el 17:22-23 se agrega el detalle adicional del traidor. Ahora, en el 20:17-19 Jesús dice que Sus discípulos estarán presentes: “He aquí subimos a Jerusalén”; anteriormente Él había dicho que “era necesario ir a Jerusalén” (16:21). Aquellas cosas que van a suceder deberán ser vistas por muchas personas, pero los apóstoles fueron testigos que habían estado con Él: “Comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba” (Hechos 1:22). Más aun, la burla, los azotes y finalmente la muerte por crucifixión se revelan como la forma gentil de la ejecución. Los judíos “le condenarán a muerte” pero únicamente los romanos utilizaban la crucifixión.

Los tres capítulos (16, 17 y 20) incluyen la predicción de Su gloriosa resurrección de los muertos al tercer día, para que se cumplan “todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre” (Lucas 18:31). Sin embargo, es el mismo Lucas quien registró la extraña reacción de los discípulos al utilizar tres verbos fuertes; “Pero ellos nada comprendieron (sunekan, tiempo aoristo de suniemi, ‘comprender totalmente’) de estas cosas, y esta palabra les era encubierta (kekrumenon, de krupto, ‘estar oculto’) y no entendían (eginoskon, de ginosko, ‘saber, darse cuenta’) lo que se les decía” (Lucas 18:34).

Fue su fracaso en entender “todas las cosas escritas por los profetas” (Lucas 24-25) lo que en parte fue una de las razones por las que los sufrimientos de Cristo “les era[n] encubiert[os]”. Como lo mostrará el próximo párrafo (Mateo 20:20-28), ellos aun estaban tan enamorados con la promesa de un Reino Mesiánico terrenal que Jacobo y Juan, dos de los que formaban el círculo íntimo de Sus discípulos, pidieron posiciones de honor en ese reino; pero las repetidas predicciones tuvieron poco efecto en ellos, excepto que “temían preguntarle sobre esas palabras”, como lo expresó Lucas ya en el 9:45.

El Mesías y la Madre Ambiciosa
Mateo 20:20-28

20:20-21: “20 Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo.
21 El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda.”

Marcos aclara que estos dos discípulos estaban directamente involucrados en esta solicitud. La mención de su madre puede haber sido porque ella era tía de Jesús (como lo infiere una cantidad de comentarios) y puede haber sentido el mismo nivel de privilegio para acercarse a Él con ese tipo de solicitud. A cada uno de los discípulos se les había prometido un trono con autoridad sobre una tribu de Israel, pero estos dos pareciera que querían más a pesar de lo que Jesús había enseñado en cuanto a la grandeza en el reino la cual dependía de tener una humildad como la de un niño (18:14).

20:22-23: “22Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos.
23 El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.”.

Cuando Jesús mencionó el “vaso” y el “bautismo” que Él experimentaría, se estaba refiriendo a Su sufrimiento y muerte. Este vaso se menciona de nuevo en Mateo 26:39-40 con ocasión del Huerto de Getsemaní (cf. también Marcos 14:35; Lucas 22:43). Esta fue una lucha emocional y espiritual de la naturaleza humana de Cristo con la voluntad del Padre, pero no era porque Él temiera la agonía física de la crucifixión; muchos mártires han muerto crucificados sin ningún temor, pero nunca tuvieron que cargar con el peso del pecado que cargó Jesús.

El Apóstol Pedro le recuerda a sus lectores: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24). Sin embargo, en Getsemaní hubo interacción con Su Padre: “Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre” (Juan 12:27-28a). “Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú” (Marcos 14:36). Y cuando los soldados vinieron a llevarse a Jesús para ser crucificado: “Jesús entonces dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no la he de beber?” (Juan 18:11).

De la misma manera, el bautismo fue usado metafóricamente para Su sufrimiento y muerte, y no solamente aquí, sino también en Marcos 10:38, y en otra ocasión lo vemos en Lucas 12:50: “De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!”. Entonces, cuando les preguntó a Jacobo y a Juan si podían tomar del vaso y ser bautizados con Su bautismo, Jesús se pudo poner de acuerdo con ellos cuando respondieron “podemos”. Sí, también ellos sufrirían y morirían por la Verdad. Jacobo fue el primero en morir: “Y [Herodes Agripa] mató a espada a Jacobo, hermano de Juan” (Hechos 12:2). A pesar de que Juan fue exiliado en Patmos y vivió largos años, no estuvo libre de persecuciones y de la prisión (Hechos 4-5) y dijo de él mismo: “Yo Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación” (Apocalipsis 1:9). La tradición dice, referente a los demás apóstoles, que sufrieron varias clases de persecuciones y el martirio.

A pesar de todo esto, Jesús les podía prometer tronos, pero no así un lugar específico a Su derecha o a Su izquierda a ninguno de ellos, porque estas posiciones eran la prerrogativa de Dios el Padre.

20:24-28: “24 Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos.
25Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.
26Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,
27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;
28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

En su celo de ser los primeros, Jacobo y Juan habían olvidado fácilmente la enseñanza reciente de su Señor, que el camino a la grandeza en el reino de los cielos era el exhibir la verdadera humildad, como un niño pequeño (Mateo 18:14). Pero entonces, los restantes diez discípulos no se comportaron mejor tampoco. Su indignación debe de haber sido superficial, como lo afirma Lucas 22:24: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor”. Observemos de nuevo que Jesús le había prometido a cada uno de ellos un trono (Mateo 19:28) y no descartó la posibilidad de que alguien más tuviera una posición más exaltada a Su derecha y a Su izquierda. Jesús simplemente no reveló a quien se le daría esas posiciones. Ahora los diez continuaron esta disensión (philoneikia, “amor al argumento”).

Es por eso que Jesús de inmediato hizo el contraste entre esa actitud pagana y la respuesta que debieron haber tenido. Los gentiles que gobernaban entonces eran los romanos, y Jesús indicó que esa clase de gobernantes ejercían el dominio (katakurieúo, Strong G2634, subyugar, dominar) sobre los inferiores, y la autoridad (katexuosiázo, Strong G2715, potestad, esgrimir pleno privilegio sobre) sobre sus inferiores. Estas dos palabras fuertes enfatizan el uso del poder sobre otras personas lo cual era la forma para mostrar grandeza. Al contrario, en el Reino de los Cielos será el ministerio (como en la palabra diakonía) y el servicio (como en la palabra doulos) los cuales son un prerrequisito para la grandeza.

En la declaración “el que quiera ser el primero” (v. 27), la palabra “primero” (protos), que se utilizó en el 19:30; 20:16, “el primero será el postrero”. Jesús los lleva de vuelta al asunto básico de nuevo; para ser el primero, colóquese de último; para ser grande, sea pequeño. Él termina toda la discusión ofreciéndose Él mismo como ejemplo: “Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”. El Apóstol Pablo amplía esto en Filipenses 2:5-11 mostrando que en la mente de Cristo estaba el tomar sobre Sí mismo la forma de siervo (doulos, Strong G1401, esclavo) y ser obediente hasta la muerte, y muerte en cruz. Entonces Dios exaltaría grandemente a Su Hijo. El camino hacia arriba es primero hacia abajo.

No es menos importante que Cristo usara la palabra fuerte para una redención sustitutiva en el 20:28: “en rescate por muchos”. Esta frase es lutron anti polon la cual se repite en Marcos 19:45; 1 Timoteo 2:5 con las dos palabras para rescate combinadas en antilutron. Nadie más podía dar su vida en sustitución por el pecado, y tampoco es necesario hacerlo. Pero sí es imperativo que tengamos “esta mente de Cristo” si uno va a llegar a ser grande en el Reino de los Cielos, “en el cumplimiento de los tiempos”.

Febrero, 2010

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