En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 127

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La narración de Mateo empieza con Jesús “cuando se acercaron a Jerusalén” en donde Jesús le dijo a dos de Sus discípulos que fueran a la aldea que está en frente para que encontraran una asna atada con su pollino, y que se la trajesen. Los dueños primeramente cuestionaron esta acción, pero cuando los discípulos les dijeron que el Señor los necesitaba, de inmediato les permitieron llevarse los animales. Esto era una demostración del cumplimiento de la profecía.

La Presentación Pública y el Rechazo del Rey – Mateo 21—23

Su Presentación: La “Entrada Triunfal” – Mateo 21:1-22

La Culminación de la Profecía: Mateo 21:1-7

21:1-7:
1 Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,
2 diciéndoles: Id a la aldea que está enfrente de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatadla, y traédmelos.
3 Y si alguien os dijere algo, decid: El Señor los necesita; y luego los enviará.
4 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo:
5 Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, manso, y sentado sobre una asna, sobre un pollino, hijo de animal de carga.
6 Y los discípulos fueron, e hicieron como Jesús les mandó;
7 y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y él se sentó encima.

Pocas personas podrían negar la dificultad de establecer una secuencia cronológica de los eventos de la última semana de Jesús en la Tierra (conocida como la Semana de Pasión), y sin embargo, la mayoría estaría de acuerdo en que el Evangelio según Marcos presente la narrativa más exacta, especialmente para la primera parte de esa semana. Luego, Juan 12:1 sí aclara que Jesús llegó a Betania “seis días antes de la Pascua” para visitar a María, Marta y Lázaro. Si Él llegó en un Sabbath y pasó allí el domingo con ellos, bien pudo haber entrado en Jerusalén ese mismo domingo, “y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce” (Marcos 11:11), y regresó a Betania esa tarde. El lunes en la mañana salió de Betania a Jerusalén, y de camino, maldijo la higuera. Luego llegó al Templo, lo limpió, sanó a muchas personas, y regresó a Betania esa tarde. La siguiente mañana (martes) “vieron que la higuera se había secado desde las raíces” (Marcos 11:20).

La narración de Mateo comienza con Jesús “cuando se acercaron a Jerusalén” en donde Jesús le dijo a dos de Sus discípulos que fueran a la aldea que está en frente para que encontraran una asna atada con su pollino, y que se la trajesen. Tanto Marcos 11:5-6 como Lucas 19:33-34 indican que los dueños primeramente cuestionaron esta acción, pero cuando los discípulos les dijeron que el Señor los necesitaba, de inmediato les permitieron llevarse los animales. Esto era una demostración del cumplimiento de la profecía. Partes de Isaías 62:11 y Zacarías 9:9 se usan como que se refieren a la entrada de Cristo en Jerusalén, y, sin embargo, ambas citas son tomadas en contextos que describen el gobierno total del Mesías sobre la tierra. Esta aparente contradicción la elimina el mismo Cristo cuando Él lloró sobre la ciudad de Jerusalén, “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:41-44).

Esta parte de la profecía se cumplió. El Rey ciertamente entró en la ciudad montado sobre un pollino “en el cual ningún hombre ha montado jamás” (Lucas 19:30), sin embargo, ¡la ciudad no conoció el tiempo de su visitación! Así, el resto de la profecía permanece para ser cumplida cuando “hablará paz a las naciones, y su señorío será de mar a mar, y desde el río hasta los fines de la tierra” (Zacarías 9:10).

La Contradicción de la Multitud. Mateo 21:8-11

21:8-11:
8Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino.
9Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
10Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?
11Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.

Cuando las multitudes tendieron sus mantos en el camino y cortaron ramas de los árboles, coreaban otra profecía, esta vez del Salmo 118:25-28, que es uno de los Salmos del gran Hallel (Salmos 113—118). Parte de la multitud había seguido a Jesús desde Galilea; quizás eran aquellas personas que habían sido testigos de sus milagros recientes, como lo testifica Lucas; “Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto” (Lucas 19:37). Específicamente, la curación de los dos ciegos había sido una de Sus grandes obras, y ellos repetidamente le habían llamado a Jesús “Señor, Hijo de David”, así que la multitud continuó con la misma adulación de Cristo.

Es importante recordar también que miles de judíos viajaban a Jerusalén para celebrar la Pascua, así que el Salmo que citaron estaría fresco en sus mentes. Muchas de estas personas bien pudieron ser sinceras en su alabanza. “Hosanna” viene de las palabras hebreas hoshiayana que significan “salva ahora”. El Hijo de David, el Mesías, estaba supuesto a cumplir esta profecía. De hecho, en Juan 7, cuando Jesús se encontraba en Jerusalén al inicio de Su ministerio, hubo varias indicaciones de lo que los judíos esperaban del Mesías: “¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?” (Juan 7:42). Otra expectativa fue expresada en Juan 7:31, “El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?”.

Después de Su resurrección Jesús se encontró con dos de Sus discípulos en el camino a Emaús quienes dijeron: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel” (Lucas 24:21). Todas estas esperanzas realmente son inherentes en las palabras de la multitud, “Hosanna” (Salva ahora), “Hijo de David” y “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Esta última declaración es un recuerdo de las palabras de los dos ciegos cuando fueron curados, “Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer” (Juan 9:33).

Así como la multitud estaba muy entusiasmada, cuando Jesús entró en Jerusalén y “toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste?”, la única respuesta que dio la multitud fue, “Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea”. No les tomaría mucho tiempo a los sacerdotes y escribas para hacer todo el esfuerzo por apagar el entusiasmo y para levantar acusaciones en contra de Jesús. Antes que hubiera terminado la semana, muchas de las personas de esa misma multitud, quienes le cantaron alabanzas, estarían gritando, “¡crucifícale, crucifícale!”. Pero En la plenitud de los tiempos, Jesús, el Mesías/Rey, retornará a la tierra, y solamente entonces se cumplirán todas las profecías del Antiguo Testamento, y ¡Él será Rey sobre toda la tierra!

Abril, 2010

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