En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 128

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Hubo dos purificaciones del Templo hechas por Jesús: Una al inicio de Su ministerio en Juan 2 y la otra cerca del final del mismo aquí en Mateo 21. Aquellas personas que insisten en que solamente hubo una purificación enfatizan las similitudes, pero ignoran las diferencias.

La Purificación del Templo – Mateo 21:12-13

Mateo 21:12-13:
12 Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
13 y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones

Hubo dos purificaciones del Templo hechas por Jesús: Una al inicio de Su ministerio en Juan 2:15-17 y la otra cerca del final del mismo aquí en Mateo 21:12-13 (y en Marcos y Lucas). Aquellas personas que insisten en que solamente hubo una purificación enfatizan las similitudes, pero ignoran las diferencias. Por ejemplo, en Juan 2 en la primera purificación, Jesús confeccionó y usó un azote de cuerdas, los discípulos citaron del Salmo 69:9 y Jesús se refirió a la destrucción de Su cuerpo físico como un templo. Los Evangelios según Mateo, Marcos y Juan muestran a Jesús citando de Isaías 56:7 y Jeremías 7:11, además de una cita del Salmo 8:2 relacionada con los muchachos aclamando Hosanna al Hijo de David. Estas diferencias son demasiado grandes, y, además, los contextos de las dos purificaciones son demasiado diferentes como para considerar esto como un solo evento.

Es de conocimiento bastante común que los cambistas pueden haber sido simplemente tolerados al principio, pero su negocio se volvió más lucrativo, secular y mercenario con el correr del tiempo. Así fue como la función del Templo de Dios como casa de oración había degenerado en una cueva de ladrones. Si esto sorprende a algunas personas de que Jesús se enojara en relación a todo esto, debería ser más sorprendente que Él no echara fuera a todas las personas que vendían y compraban en el Templo.

La Curación de los Afligidos – Mateo 21:14

Mateo 21:14: “Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó”.

Este no es el último ministerio milagroso de Jesús, sino que es la instancia final de Sus milagros en las instalaciones del Templo. Quizás solo fue Mateo quien registró esto porque él también menciona las palabras de Jesús en Mateo 12:6: “Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí”. Puesto que todos Sus milagros públicos fueron una prueba de Su mesianismo, esta gentil demostración era para darnos una confirmación adicional de que Jesús ciertamente era el “que había de venir” (Mateo 11:3).

Las Críticas de los Gobernantes – Mateo 21:15-16

Mateo 21:15-16:

15 Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
16 y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?

No eran solamente los muchachos que gritaban: “Hosanna al Hijo de David” lo cual incomodó a los principales sacerdotes y escribas, sino también “las maravillas que hacía” incluyendo la curación de los ciegos y los cojos. Pera ello no había ninguna explicación racional excepto que Jesús era Dios manifiesto en la carne. Entonces, agregándole las mismas alabanzas del día anterior y atribuyéndole la salvación a Él como el Hijo de David, no era menos que reconocer en Jesús de Nazaret el cumplimiento de todas las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con el Mesías. La cita del Salmo 8:2 es la sexta de siete pasajes del Antiguo Testamento que usó Jesús en Mateo 21.

Los lideres judíos le preguntaron, “¿Oyes lo que éstos dicen?” y Jesús replicó: “”, e inmediatamente agregó una pregunta propia, la del Salmo 8:2, atribuyéndose la deidad a Sí mismo. Como Carson dice, “Jesús está por consiguiente, no solamente reconociendo Su mesianismo sino también justificando la alabanza de los muchachos al aplicarse a Sí mismo un pasaje de las escrituras aplicable solamente a Dios” (Carson, Donald A., “Matthew” Expositor’s Bible Commentary, Grand Rapids: Zondervan, 1984. Volume 8, p. 443).

Mientras que es cierto que los versículos posteriores del Salmo 8:4-8 se refieren al dominio de las personas sobre la tierra, y aun se aplican al eventual dominio de Cristo sobre la tierra como el hombre perfecto (cf. Hebreos 2:6-10), aun así el Salmo empieza con una atribución de alabanza al SEÑOR. Esta es la declaración de Jesús; ¡Él es el SEÑOR! Si la gente, y no los niños, no hubieran dicho eso, aun las piedras hubiesen clamado inmediatamente (Lucas 19:40). Y, ciertamente, las mismas piedras del Templo clamaron en el año 70 d.C. cuando eran derribadas una a una para otra destrucción del Templo y de la ciudad, demostrando así que Israel había perdido “el tiempo de su visitación” (Lucas 19:44). Cada vez que un arqueólogo vuelca una piedra y corrobora alguna verdad bíblica, ¡las piedras continúan clamando que Jesús es Dios!

La Maldición de la Higuera – Mateo 21:17-22

Mateo 21:17-22:

17 Y dejándolos, salió fuera de la ciudad, a Betania, y posó allí.
18 Por la mañana, volviendo a la ciudad, tuvo hambre.
19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.
20 Viendo esto los discípulos, decían maravillados: ¿Cómo es que se secó en seguida la higuera?
21 Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no sólo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho.
22 Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis

Un número de problemas se presentan con este milagro. Jesús usualmente sanaba enfermedades a pesar de que algunas veces echaba fuera demonios; o Él demostraba Su poder sobre la naturaleza, aun al punto de crear panes y peces. Pero este milagro “destructivo” casi es el único en su tipo, con otro similar como fueron los cerdos que se lanzaron y ahogaron en el mar (pero aún ahí, había demonios involucrados). Entonces, aquí, parece que no había razón alguna para que Jesús maldijera la higuera por no tener higos, particularmente puesto que Marcos 11:13 dice, “pues no era tiempo de higos”. Esto de inmediato la distingue de la higuera de Lucas 13:6-9, la cual estuvo estéril durante tres años.

La dificultad en interpretar esta acción se encuentra parcialmente en juzgar mal lo que Jesús hizo, y lo que Él buscó enseñar con Sus acciones. Más complicaciones surgen cuando se trata de igualar este evento histórico a ciertos usos de la higuera en forma parabólica. De hecho, excepto por esta narración, la higuera siempre se usa en parábolas en los Evangelios. La higuera estéril en Lucas 13:6-9 ya se ha mencionado. Después de tres años consecutivos de fracasar al no producir ningún fruto, el viñador pidió un año más para airear y fertilizar el árbol, pero la parábola no se completa excepto por la amenaza de cortarlo a raíz si el siguiente año no daba ningún fruto. La maldición de la higuera solamente la registra Mateo y Marcos, y la finalidad del resultado fue observado por los discípulos al día siguiente. Otra mención de una higuera, y esta en forma de parábola, se da en los Evangelios según Mateo, Marcos y Juan, y tiene que ver con el futuro (Mateo 24:32-33; Marcos 13:28; Lucas 21:29-33). Esa parábola no tiene nada que ver con maldición o con cortar de raíz, es simplemente una comparación; “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, conoced que está cerca (la venida del Hijo del Hombre), a las puertas” (Mateo 24:32-33).

Nuestro interés aquí se centra alrededor de la maldición de la higuera, un hecho real histórico. ¿Pero por qué hizo eso Jesús, y qué es lo que Él estaba significando con esa acción? La pregunta al “por qué” la da Mateo 21:19: “Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente”. Pero luego, alguien está en lo cierto cuando señala que Marcos 11:13 parece discutir en contra de Jesús cuando dice: “pues no era tiempo de higos”. ¿Por qué Jesús esperaba encontrar higos en tiempos de la pascua? Según Hunsinger: “Las frutas se distinguen como higos tempranos y tardíos. Los tempranos empiezan a formarse en marzo y maduran a finales de mayo” (Hunsicker, Claus, The Theological Dictionary of the New Testament; Grand Rapids: Eerdmans, 1971, Vol. 7, p. 793). Adicionalmente, Edersheim comenta: “En relación con la fruta aun no madura tenemos la evidencia inconfundible del Mishnah, confirmada por el Talmud, de que la fruta no madura se comía tan pronto empezaba a tomar un color rojizo—como se expresa ‘en el campo con pan’, o, como lo entendemos nosotros, por aquellas personas a quienes el hambre les vino en el campo, ‘ya sea mientras trabajaban o viajaban’. Pero en el caso presente, aquí no había fruta ni temprana ni tardía, ‘sino solamente hojas’” (Edersheim, Alfred. Life and Times of Jesus the Messiah, Grand Rapids: Eerdmans, 1956. Vol. 2, pp. 374-375).

¿Pero que hay de la segunda pregunta; qué es lo que Jesús estaba enseñando con esta acción? La lección de fe es obvia tanto en Mateo como en Marcos. En Mateo la lección se repite de 17:20 en casi idéntica forma, al usar la ilustración de la posibilidad de mover una montaña al mar. Jesús tiene la intención de incluir: “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (21:22).

Muchos comentaristas ven una segunda lección en este milagro, concretamente, la maldición a Israel. Algunos señalan a la destrucción de la ciudad y el Templo en el año 70 d.C. y la subsiguiente dispersión de Israel a todas las naciones como cumplimiento de la maldición. Sin embargo, como Carson adecuadamente comenta: “Esto no significa que la interpretación común—que la higuera representa a Israel y es maldecida por no producir fruto—esté correcta. A la luz de la discusión sobre la relación entre las hojas y la fruta, Jesús está maldiciendo aquellas personas que hacen un show de producir mucho fruto, pero que están espiritualmente desiertos” (Carson, p. 445). Mientras que es cierto que Israel como nación fue destruida y dispersada, no es posible que Jesús diga de toda la nación, “Nunca jamás coma nadie fruto de ti” (Marcos 11:14). Siempre ha habido y siempre habrá un remanente fiel, y el Apóstol Pablo nos asegura de un tiempo cuando “todo Israel será salvo” (Romanos 11:26). Es interesante ver que Pablo utiliza otro árbol, el olivo, en Romanos 11:1-24 para mostrarnos ¡cómo es que eso va a suceder!

La higuera estéril de Mateo 21 correctamente describe a algunos en Israel, específicamente a sus líderes incrédulos quienes nunca produjeron fruto y quienes impedían que muchos israelitas entraran en el reino (Lucas 11:52). Los ayes pronunciados sobre los escribas y fariseos en Mateo 23 explicarán más adecuadamente sobre quienes es que la maldición de la higuera va a caer, “en el cumplimiento de los tiempos

Mayo, 2010

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