En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 129

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Hay tres posibles fuentes de la autoridad de Jesús: de satanás, del cielo, y de los hombres. Todas estas fuentes tienen implicaciones difíciles para los líderes judíos en tiempos de Jesús.

Su Rechazo: La Autoridad de Jesús es Cuestionada – Mateo 21:23-27

Mateo 21:23-27:
23 Cuando vino al templo, los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron a él mientras enseñaba, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿y quién te dio esta autoridad?
24 Respondiendo Jesús, les dijo: Yo también os haré una pregunta, y si me la contestáis, también yo os diré con qué autoridad hago estas cosas.
25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿Del cielo, o de los hombres? Ellos entonces discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
26 Y si decimos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen a Juan por profeta.
27Y respondiendo a Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas

El rechazo de Cristo después de Su presentación pública es una continuación del rechazo manifestado desde Mateo 11—12, lo cual culminó en la acusación de que Cristo estaba haciendo milagros en el poder de Beelzebú (12:24). Ahora los principales sacerdotes y los ancianos, junto con los escribas (Marcos 11:27; Lucas 20:1) intensifican su oposición al interrumpir Su ministerio de enseñanza en el Templo, al preguntarle sobre la fuente de Su autoridad por “hacer estas cosas”. Esto debe de haber incluido no solamente la enseñanza sino también la purificación del Templo y la curación de las personas en el Templo.

Tres fuentes de autoridad eran posibles. En 12:24 ellos le acusaron de usar la autoridad satánica. Aquí, Jesús mencionó otros dos ámbitos, “del cielo” o “de los hombres” cuando los cuestionó sobre Juan el Bautista. Ellos no estuvieron dispuestos a comprometerse con ninguno de los dos. Si admitían que la autoridad de Juan era del cielo, entonces, ellos miemos razonaron que Jesús les preguntaría, “¿Por qué, pues, no le creísteis?” Consideremos por un momento lo que ellos habrían tenido que aceptar. Juan les mandó “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Él presentó a Jesús como “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Juan también dijo: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).

Jesús resumió este mensaje diciendo en Mateo 21:32: “Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis”. ¿Cómo podían ellos negar que la autoridad de Juan viniera del cielo? Su segunda elección no era mejor porque, como lo revela Lucas 20:6, “Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta”. Su primera elección habría sido la correcta, pero les hubiera obligado a creer que Jesús era el Mesías/Rey de ellos. Como sucedió, esto reveló su hipocresía. Tampoco podían aceptar la elección alternativa, ya que eso habría significado su muerte; y eso reveló su cobardía. Significaba que ellos tenían que aducir ignorancia; pero al mismo tiempo eso le dio a Jesús la oportunidad de mostrarle a la demás gente la verdadera falta de carácter de ellos. El rechazo de Jesús de responder a su pregunta, por consiguiente, no fue del todo una evasión, sino que fue, ciertamente, una respuesta en sí misma. Para demostrar la realidad y lo serio de Su respuesta, Jesús de inmediato ofreció tres parábolas con las cuales ilustró el rechazo de ellos hacia Él.

Sus Ilustraciones: El Rechazo de Ellos Hacia Él en Tres Parábolas
Mateo 21:28—22:14

La Parábola de los Dos Hijos – Mateo 21:28-32

Mateo 21:28-32:

28 Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña.
29 Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
30 Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.
31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Dijeron ellos: El primero. Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios.
32 Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle

A pesar de que estas tres parábolas se refieren al rechazo de Jesús por los gobernantes de los judíos, esta primera parábola concierne más directamente al mensaje de Juan el Bautista relacionado con Jesús. Afortunadamente, Jesús interpreta esta parábola para que no quede ninguna duda de su aplicación.

Existen algunas diferencias textuales en que si es el primer hijo o el segundo el que dice; “Sí, señor, voy” y luego no hace nada, pero el argumento sobre el texto no está del todo claro. La Nueva Versión Internacional concuerda con la Reina Valera 1960, lo cual es algo inusual. De cualquier forma que se tome, la aplicación del hijo hipócrita va hacia los fariseos y escribas, quienes hacían una pretensión externa de obedecerle al Padre, pero nunca de arrepintieron de su vacía auto justicia y creer el mensaje de Juan relacionado con el Hijo.

Luego también, en un sentido literal, muchos de los colectores de impuestos y las rameras realmente se acercaron a Juan. Ellos entraron “al reino de Dios” antes que ellos (esto es, antes que los gobernantes quienes nunca creyeron el “camino de justicia” que Juan les presentaba). Aquí, por cuarta vez en Mateo, Jesús usó la expresión “Reino de Dios”, y Él la usará de nuevo en el v. 43 por última vez. En cada caso se refiere al reino espiritual, conectado con el “camino de justicia” el cual fue introducido por Juan el Bautista. Esto fue eso que representaba “la voluntad de su padre” (v. 31) rechazado por los escribas y fariseos.

La Parábola de los Labradores Malvados – Mateo 21:33-46

Mateo 21:33-46:

33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.
35 Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.
36 Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.
37 Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.
38 Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.
39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.
40 Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?
41 Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo.
42 Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.
44 Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
45 Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos.
46 Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.

Jesús presenta una historia franca sobre una ocurrencia común en la tierra de Israel en Su día, y aun la aplicación es lo suficientemente sencilla para que los gobernantes impíos de Israel la comprendieran. Hay algunas cosas que merecen nuestra atención. La mayoría de los asuntos básicos está clara, el padre de familia es Dios, el hijo es Jesús, los labradores malvados son los principales sacerdotes y los fariseos en este texto: y ciertamente incluyen a los líderes de Israel en el Antiguo Testamento; los siervos enviados por el padre de familia son los profetas. El rechazo a los profetas ya era un asunto de la historia en esos días, y el rechazo al Hijo pronto sería cumplido con Su muerte. Mucho de esto se reitera en Mateo 23:29-37 en donde Jesús pronunció ayes sobre los escribas y fariseos quienes son “hijos de aquellos que mataron a los profetas” y quienes matarían adicionalmente a “profetas y sabios y escribas” (23:31-34). Más aun, Jesús se lamenta sobre Jerusalén “que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados” (23:37).

Sin embargo, hay muchas diferencias de opinión relacionadas con la interpretación de la “viña”, el “reino de Dios” y la “nación” que produzca los frutos de él (21:43). Cómo cada uno de estos términos es interpretado ciertamente va a afectar cómo es que los otros se verán; por consiguiente, los tres constituyen un mensaje consistente.

Debido a que la parábola de la viña es dada en Isaías 5:1-7 (y también en Jeremías 2:21; Salmo 80:8) con muchos de los mismos detalles como se muestran aquí en Mateo 21:33, Israel es considerada como la viña por algunos escritores. Sin embargo, si Israel, la viña es quitada de los gobernantes de Israel (los labradores malvados), ¿qué sentido tendría? Más aun, el mismo Jesús identifica la viña como “el reino de Dios”, al declarar que le “será dado a gente que produzca los frutos de él” (v. 43). Seguramente nadie puede decir que Israel le fue quitado a alguien para dárselo a alguien más. Esto nos lleva al problema de poder identificar quién o qué es lo que representa el “Reino de Dios” (la viña).

Toussaint, siguiendo a Alva J. McClain, no ve una diferencia real entre los términos “reino de Dios” y “reino de los cielos”. Él pregunta: “¿Qué significan, entonces, los dos términos”? A través de todo el Evangelio según Mateo, ambos términos se refieren al reino literal y terrenal prometido y profetizado en el Antiguo Testamento” (Toussaint, Stanley, D. Behold The King, A Study of Matthew. Portland: Multnomah Press, 1980, p. 68). Después, en la página 182, él interpreta la levadura puesta en tres medidas de harina en la parábola de Mateo 13:33 como el mal que corre su curso, pero que “la parábola se detiene cuando esta cantidad de harina es fermentada, de tal manera que el reino llegará cuando el mal haya corrido su curso”. Sin embargo, Lucas 13:20-21 declara “hasta que todo hubo fermentado” Tratando de mostrar de que no hay profesión sin realidad tanto en el reino de Dios como en el reino de los cielos, Toussaint dice, “Realmente el darnel (cizaña) y los peces malos nunca se dicen que están en el reino de los cielos (p. 67). Si esto es cierto, ¿cómo es que Jesús declaró en Mateo 13:41 que Él enviará Sus ángeles “y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad”? Entonces es bastante confuso cuando Toussaint interpreta la “nación” a la que el reino le es dado en Mateo 21:43 como la Iglesia (Ibíd. p. 251)

McClain propone una interpretación similar. Primero él dice que: “Durante la era presente, desde Pentecostés hasta la Segunda Venida de Cristo, el Reino Mediatorio se debe decir que está en desuso, en el sentido de su establecimiento real en la tierra. Sin embargo, en otro sentido, puede decirse que el Reino Mediatorio en el presente tiene una existencia de jure, aun previo a su establecimiento… como las personas que nacen en una familia real, entramos judicialmente en el reino antes de su establecimiento, una acción divina tan asombrosa que Pablo habla de ella como un traslado (Colosenses 1:13)”. (McClain, Alva J. The Greatness of the Kingdom. Grand Rapids, Zondervan, 1939, pp. 439-440). Esta última afirmación asume que “el reino de Su amado Hijo” en Colosenses 1:13 es el reino mesiánico terrenal de Cristo (las palabras de jure, significan “por derecho”). A pesar de que sería incorrecto caracterizar a Machain como un dispensacionalista progresista, sin embargo para él es confuso afirmar que el Reino Mediatorio tiene en el presente una existencia de jure, previo a su establecimiento.

Entonces, ¿cómo debe de interpretarse la declaración de Cristo? Como ya se dijo, Jesús afirmó que el reino de Dios es la viña, quitado de los labradores malvados y dado a “otros labradores” (21:41) y a otra “gente” (21:43) que produzca los frutos de él. El lapso de tiempo de esta transferencia de la viña a los otros labradores tiene que ser necesariamente después de que el Hijo sea rechazado, e incluirá la destrucción de Jerusalén y la dispersión de Israel en el año 70 d.C. y se extenderá durante toda la Era de la Iglesia, más los siete años de la Semana Setenta de Daniel, cuando la “Piedra” que desecharon los edificadores caerá sobre los malvados y los desmenuzará en pedazos al retorno de Cristo a la tierra (21:44). Decir que el “reino de Dios” es la Iglesia no es acertado. En vez de eso, este lapso de tiempo es idéntico al de la parábola del trigo y la cizaña en Mateo 13 y puede definirse similarmente como “La Era de los Misterios del Reino de los Cielos” la cual empezó con el rechazo por Israel en Mateo 11:20-26, antes de Su muerte y se extenderá al momento de Su retorno a la tierra para derrotar a todos Sus enemigos y establecer Su Reino Mediatorio.

Más aun, el término “reino de Dios” en este contexto puede ser correctamente identificado como la “esfera de fe”, para decirlo de alguna manera, el cual le fue ofrecido a Israel, y como dice Pablo: “ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles” (Romanos 11:25). Esto definitivamente incluirá la Era de la Iglesia, pero también incluye el ministerio de Cristo y Sus apóstoles en el período después de Su rechazo en Mateo 11—12, y todos los millones de personas que serán salvas durante los siete años después que la Era de la Iglesia se complete.

El capítulo 21 cierra con una cita del Salmo 118:22-23 relacionada con la piedra que rechazaron los edificadores y que se convirtió en la cabeza del ángulo (cf. Mateo 16:18 para la exposición) como también la profecía de la piedra que golpea de Daniel 2:34 la cual describe el retorno de Cristo a la tierra.

No hubo ninguna duda por parte de los principales sacerdotes y los fariseos de que Cristo les hablaba como si fuesen los labradores malvados, pero no hubo ningún arrepentimiento de su parte tampoco. Lo habrían matado allí mismo, pero le temían a la multitud. Desde el punto de vista divino, aun no era “el cumplimiento de los tiempos” porque Jesús tenía otra parábola que darles, además de toda una serie de ayes en contra de ellos (Mateo 23) y una profecía extensa sobre los tiempos finales (Mateo 24—25) antes de Su arresto y crucifixión.
Junio, 2010

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