En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 130

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

A pesar de que en este punto hay una división de capítulos, el argumento del contexto definitivamente indica que esta parábola es la conclusión de la trilogía de acusaciones en contra de los gobernantes de Israel quienes no solamente rechazaron a Cristo, sino que también ejercieron influencia en la nación en contra de Él.

Parábola de la Fiesta de Bodas – Mateo 22:1-14

Introducción a Esta Tercera Parábola De Rechazo – Mateo 22:1-3

1 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:
2 El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;
3 y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.

A pesar de que en este punto hay una división de capítulos, el argumento del contexto definitivamente indica que esta parábola es la conclusión de la trilogía de acusaciones en contra de los gobernantes de Israel quienes no solamente rechazaron a Cristo, sino que también ejercieron influencia en la nación en contra de Él. La primera parábola hizo énfasis en su falta de creer en oposición a la aceptación de Cristo por parte de los despreciados recaudadores de impuestos y las rameras. La segunda parábola amplía la expresión de rechazo al introducir el rechazo de los profetas antes de Cristo, el rechazo de Cristo, y la oferta del mensaje a otra “gente” (21:43) culminando con el retorno de Cristo a la tierra como la Piedra que Desmenuza (21:44).

Esta tercera parábola usa una analogía totalmente diferente para subrayar e imponer lo serio del rechazo de Israel a Cristo el Mesías. A primera vista pareciera inapropiado referirse al “reino de los cielos” como una fiesta de bodas para el hijo (Cristo) del rey (Dios el Padre) puesto que la Iglesia aun no había iniciado. Ciertamente, ¿cómo se presentaría Cristo a Israel en esta manera de realeza antes de Su muerte? Pero cuando la parábola se toma como un todo, puede verse que incluye el rechazo del Hijo, la destrucción de Jerusalén y el juicio de los incrédulos al retorno de Cristo a la tierra. La pregunta repetitiva “¿Qué hubiera sucedido si los judíos hubiesen recibido a Cristo como Mesías; cómo podría Él reinar como Rey, y quién sería Su novia en esta fiesta de bodas sin Su muerte y resurrección?” es totalmente irrelevante. El hecho es que los judíos ya lo habían rechazado al momento en que esta parábola fue pronunciada, y es la forma de Jesús de mostrar algunos de los eventos que están relacionados a los años sucesivos, aun hasta Su retorno a la tierra e inclusive el mismo. En este aspecto esta parábola difiere un poco de la segunda de esta serie, como lo podremos observar más adelante. Los siervos del versículo tercero se refieren al ministerio de los apóstoles y, a pesar de que el ministerio del Hijo se omite en esta tercera parábola, sí está incluido en la segunda.

Rechazo y Muerte de los Apóstoles – Mateo 22:4-6

4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;
6 y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.

En este párrafo se muestra el ministerio continuo de los apóstoles y las muertes resultantes de la mayoría de ellos. El Rey (el Padre) asegura: “díganles a los convidados” (Israel) que “todo está dispuesto” para la fiesta de bodas. El Libro de Hechos contiene un mensaje definitivo para Israel después de la muerte y resurrección de Cristo, y después que la Iglesia fue instituida. En Hechos 3:12-21 cuando Pedro repasaba el rechazo de Cristo por parte de Israel, los exhortó en los versículos 19-21: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.

En este punto en la historia era muy posible que ocurrieran los eventos futuros que nosotros ahora conocemos. Es cierto, Pedro y los otros apóstoles no habían recibido los detalles de la secuencia de los eventos incluidos en el retorno de Cristo; sin embargo, la venida del Señor en el aire para encontrarse con la Novia, la Iglesia, era una posibilidad real, la cual sería seguida por el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento relacionadas con el “tiempo de angustia para Jacob” (Jeremías 30:7) y “los tiempos de la restauración de todas las cosas” que Pedro mencionó en este texto.

Entonces, “todas las cosas” estaban “listas” para los eventos que llevarían hasta la fiesta de bodas del Hijo, incluyendo la misma. ¿Pero entonces qué de la destrucción de Jerusalén que sucedió hasta el año 70 d.C.? ¿Podría la promesa de Su retorno haberse cumplido antes de esto? La respuesta más simple, es “”, pero ya que esta invitación a Israel se basaba en la contingencia de su arrepentimiento y recepción de Cristo como Mesías, eso nunca sucedió. En su lugar, “[ellos] tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron”. Así, el juicio cayó sobre la ciudad y el Templo, y los tiempos de refrigerio ¡no llegaron!

La Destrucción de su Ciudad, Jerusalén – Mateo 22:7

Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad”

Históricamente esto se cumplió cuando el ejército romano bajo la dirección del general Tito, masacró más de un millón de judíos, destruyó su Templo y quemó su ciudad. El historiador Josefo presente una descripción detallada de todo esto. Él narra que:

“Un soldado le prendió fuego a una ventana dorada por medio de la cual había un pasaje a los aposentos alrededor de la santa casa en su lado norte. Conforme las llamas subieron los judíos hicieron un gran clamor como lo requería una aflicción tan grande… puesto que esa santa casa estaba pereciendo, por el bien de la misma la mantenían protegida. Tito demolió totalmente el resto de la ciudad y demolió sus muros. El número de las personas que fueron llevadas cautivas fueron 97.000, y el número de quienes murieron durante todo el sitio fue 1.100.000 (Josephus, Flavius, Life and Works. Chicago: John C. Whiston Company, n.d., pp. 845, 855.)

La Extensión de la Invitación para Bien o para Mal – Mateo 22:8-10

8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos.
9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis.
10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados

Nosotros podemos ver hacia el pasado como que parte de esto se ha cumplido, y hacia el futuro como que está por venir. Nos recuerda de la parábola anterior en la que existe un intervalo largo de tiempo después que la Piedra es rechazada por los edificadores (21:42) hasta que Él se vuelve en la Piedra que los desmenuzará (21:44). Esto es también equivalente a lo que hemos designado Cielo como La Era de los Misterios del Reino de los Cielos en Mateo 13, la cual empezó con la “siembra” del mensaje por Cristo y Sus Apóstoles, y culminará con la “cosecha” por los ángeles al final de la Gran Tribulación cuando Cristo retorna a la tierra.

Entonces, aquí, ese mismo período largo de tiempo está incluido en 22:8-10 cuando la invitación se les hace a todas las personas que se encuentran en las salidas de los caminos hasta que se llene la casa de convidados a la fiesta de bodas del Hijo. Como en la parábola del trigo y la cizaña en el capítulo 13, se les permite la entrada a los buenos y a los malos para que estén juntos hasta el momento de la cosecha, o como lo expresa esta tercera parábola, hasta que los malos son separados de los buenos de la fiesta de bodas.

Los Llamados son Separados de los Escogidos – Mateo 22:11-14

11 Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda.
12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.
13 Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos

Lo básico para permanecer en la fiesta de bodas es el traje apropiado. El intruso mal vestido se revela como tal por la falta del atavío apropiado. Como la cizaña de Mateo 13, esa persona puede aparentar ser lo mismo que el verdadero trigo, pero después de un minucioso examen hecho por el rey, no tiene el vestido de bodas.

Esto no es ningún concepto nuevo, Isaías 61:10 lo aclara: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas”. Ya en Mateo 7:22-23 Jesús lo dijo de otra manera: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Estos obreros de iniquidad con frecuencia hablan como verdaderos creyentes, pero cuando se enfrentan con el Señor, serán encontrados faltos del vestido de bodas de justicia el cual solamente se obtiene por medio de la fe en Cristo.

En 20:16 las palabras del Texto Receptus (sobre el que se basa la versión Reina Valera 1960) son las mismas que aquí en 22:14: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. Había alguna duda relacionada en su inclusión en 20:16, pero aquí no queda la menor duda. La conclusión es clara; aquellas personas preparadas para la Fiesta de Bodas entrarán en ella; las que no estén preparadas serán echadas en las tinieblas de afuera. Las personas elegidas lo son “según la presciencia de Dios Padre” (1 Pedro 1:2). Los “muchos” incluyen a quienes son llamados pero no son escogidos. Estas últimas personas son así porque rechazaron la repetida invitación del Padre. Nunca podrá ser culpa de Dios; las personas se condenan “porque no ha[n] creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18).

Julio, 2010

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