En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 132

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La primera pregunta de Jesús a los fariseos tiene que ver con la humanidad del Mesías; por lo menos así es como ellos lo interpretaron. Después de haber respondido a las preguntas de los escribas que fueron enviados por los fariseos, y después de haber silenciado a los fariseos por Sus preguntas, Jesús se vuelve a la multitud y a Sus discípulos con una advertencia sobre los escribas y fariseos.

Jesús Hace Preguntas Acerca del Mesías – Mateo 22:41-46

¿De Quién es Hijo el Mesías? – Mateo 22:41-42

41 Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó,
42 diciendo: ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De David.

La primera pregunta de Jesús a los fariseos tiene que ver con la humanidad del Mesías; por lo menos así es como ellos lo interpretaron. Es interesante ver que cuando Cristo hizo esta pregunta a Sus discípulos en Mateo 16:15, “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro respondió con una descripción hecha y derecha: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Quizás los fariseos se estaban congratulando entre sí al contestar esa sencilla pregunta. Cualquier niño judío podía dar esa parte de la respuesta. Muchos versículos en el Antiguo Testamento profetizaron que el Mesías nacería de la familia de David. Dios le había hablado directamente a David en 2 Samuel 7:12-14 de que Él establecería el trono del reino de David para siempre; Isaías 11:1 habla de un vástago del tronco de Isaí, el padre de David; Jeremías 23:5-6 dice que Dios levantará a David renuevo justo, y hará juicio y justicia en la tierra. Pero tan fácil como era responder a esa pregunta, los fariseos no estaban de ninguna manera preparados para la segunda parte, la cual tenía que ver con la deidad del Mesías.

¿Puede el Mesías ser Hijo de David y Señor? – Mateo 22:43-46

43 El les dijo: ¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo:
44 Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?
45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?
46 Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más.

En el ámbito de estos pocos versículos se tocan una serie de las doctrinas más profundas del Antiguo Testamento, incluyendo la Trinidad (tanto la deidad de Cristo como la Persona del Espíritu Santo), la inspiración de las Escrituras, la ascensión de Cristo y la Escatología. En la primera parte de la pregunta, Cristo hizo que los fariseos admitieran que el Mesías sería el hijo de David. De hecho, en Marcos 12:35 Él afirma que los escribas enseñaban eso. Luego Él señala al Salmo 110:1 como que fue escrito por David bajo inspiración del Espíritu Santo. Marcos 12:36 específicamente dice: “Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo” y luego sigue la cita del Salmo 110:1: “El SEÑOR dijo a mi Señor”. En hebreo la primera palabra (SEÑOR) es Jehová y la segunda palabra (Señor) es Adonai, ambos nombres se usan regularmente para la deidad.

A pesar de que los teólogos liberales han inventado cualquier cantidad de ridiculeces tratando de negar que David sea el autor de este Salmo como también negar cualquier referencia al Mesías, eso está en contra de todos los registros en su uso en el Nuevo Testamento. No solamente Jesús lo usó para Su Mesianismo, sino Pedro (Hechos 2:34-35), Pablo (1 Corintios 15:25) y otras referencias en Hebreos 1:13; 10:13, lo usan para testificar sobre el Mesías. El hecho es que Una Persona de la Trinidad le habla a Otra Persona de la Trinidad llamándole Adonai. La Segunda Persona es también hijo de David según la carne. Se le invita a sentarse a la derecha de Jehová “hasta” que Sus enemigos sean estrado de Sus pies. La palabra “hasta” abarca el tiempo desde la ascensión de Cristo, a través de lo que conocemos como la Era de la Iglesia, más el período de la Semana Setenta de Daniel para Israel, e incluye el retorno del Mesías a la tierra.

El resto del Salmo 110 muestra a Cristo como un sacerdote del orden de Melquisedec y dice: “El Señor está a tu diestra; quebrantará a los reyes en el día de su ira” (Salmo 110:4-5). A pesar de que el propósito principal de la pregunta era mostrar que el hijo de David también es el Hijo de Jehová, todas las actividades mencionadas se cumplieron también. A la pregunta de Cristo en Mateo 22:45: “Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?” hay solamente una respuesta, y los fariseos no eran capaces de admitir esa respuesta, porque ¡necesitaban recibir a Jesús tanto como Señor y como Cristo!

La Advertencia de Jesús en Contra de la Inconsistencia de las Acciones de los Escribas y Fariseos – Mateo 23:1-12

La Autoridad de ellos debe ser admitida – Mateo 23:1-3

1 Entonces habló Jesús a la gente y a sus discípulos, diciendo:
2 En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.
3 Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.

Después de haber respondido a las preguntas de los escribas que fueron enviados por los fariseos (22:36-40), y después de haber callado a los fariseos con Sus preguntas (22:41-46), Jesús se volvió a la multitud y a Sus discípulos con esta advertencia en 23:1-12. La posición que los escribas y fariseos reclamaban se designa como la “cátedra de Moisés”. Desde los días de Esdras, cuando habían escribas: “Este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés… Porque Esdras había preparado su corazón para inquirir la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esdras 7:6, 10). Es interesante ver que Esdras era tanto sacerdote (cohen) como escriba (sepher), y no solamente estaba comprometido a inquirir y enseñar la Ley, sino también hacerla, ¡cosa que los escribas de tiempos de Jesús no tenían la tendencia de hacer! En tiempos de Jesús, los sacerdotes de Israel eran principalmente saduceos quienes habían abandonado doctrinas importantes como la resurrección, los ángeles y los espíritus.

¿Pero de dónde salieron los escribas a través de los siglos después de Esdras?

En la literatura rabínica el tren de la tradición se da como sigue: Moisés recibió la Torah en Sinaí y se la entregó a Josué el cual a su vez se la entregó a los ancianos, los ancianos a los profetas, y los profetas a los Hombres de la Gran Sinagoga (Avot 1:1)… Entonces, los trasmisores de la tradición incluyeran a los sucesores de los Hombres de la Gran Sinagoga hasta los tiempos modernos, o sea los escribas (soferim), los pares (zugot), los tanaium, los amoraim, los savoraim, los geronim, los codificadores, las famosas autoridades mundiales del Torah de cada época, y los rasher ha-yeshiva (las cabezas de las academias). [Jewish Values (Jerusalem, Israel: Keter Publishing House, Ltd., 1974), pp. 42-43.]

Incluidos en esta lista estaban los escribas (soferim, de saphar “escribir). En la época del Nuevo Testamento ellos eran “los doctores de la Ley” (Lucas 5:17). Muchos de ellos eran fariseos, pero ciertamente no todos los fariseos eran escribas. Ellos “se sientan en la cátedra de Moisés”, o sea no era un nombramiento, simplemente se arrogaron esta posición de autoridad, la cual continuó por tradición. Aun así, Jesús les dijo a la multitud y a Sus discípulos que “guardaran e hicieran” (ambos en tiempo presente: “manténganse guardando y manténganse haciendo”) todo lo que los escribas y fariseos decían. Obviamente eso no incluye todas sus tradiciones, porque Él ya había expresado que anulaban la Palabra de Dios por sus tradiciones (Mateo 15:3, 6). El énfasis de Jesús era en todo lo que decían al estar sentados en la cátedra de Moisés, lo cual solamente incluía la Palabra de Dios.

Esto es similar a la advertencia de Pablo en Romanos 13:1, 4: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas… porque es servidor de Dios para tu bien.” Esto no significa que debemos obedecer una ley inmoral, o una que restringe el testimonio cristiano. Los apóstoles en Hechos 5:29 les dijeron claramente a las autoridades que hay momentos en que debemos obedecer a Dios antes que a las personas. Por consiguiente, mientras Jesús instruía obediencia a lo que los escribas y fariseos decían, Él también le advirtió a la gente no hacer lo que ellos hacían, porque no practicaban lo que enseñaban. Para reforzar este principio, Jesús enumeró áreas específicas de sus prácticas que deben evitarse.

Las Acciones de los escribas y fariseos que deben ser evitadas – Mateo 23:4-12

Atan cargas pesadas – Mateo 23:4

23:4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas

Este versículo no implica que los escribas y los fariseos rehusaran observar sus propias tradiciones; el siguiente versículo habla de cómo hacen sus obras. El versículo 4 no significa que ellos apilaban las cargas de las tradiciones sobre otras personas al extremo, y no movían ni un dedo para hacer más fácil esa carga. Puesto que la Ley escrita, la Torah, no daba detalles específicos sobre cosas como comprar o vender, o cómo transferir una propiedad, ni aun lo que incluía el trabajo en un Sabbath, es que se formuló la Ley Oral, “porque la lectura literal de la Torah clama por una mayor explicación (Jewish Values, p. 13)

La idea era que esta Ley Oral le fue dada a Moisés en el Monte Sinaí, pero él no la preservó por escrito, en vez de eso fue pasada de generación en generación por la tradición oral. Sin embargo, recibió la misma autoridad que la Ley escrita y se esperaba que fuera observada y obedecida. Esto mantenía a la gente común bajo la atadura de los escribas y fariseos, quienes usaban la llamada Ley Oral como una excusa para añadir pesadas regulaciones a la Ley de Moisés. Eventualmente, la verdadera gracia de Dios en el Antiguo Testamento fue enterrada bajo sus tradiciones inmisericordes.

Anchando los símbolos externos – Mateo 23:5

23:5 Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos

Cristo dejó claro que todas las obras de los escribas y fariseos tenían motivos egoístas. No era para cumplir con las Escrituras, ni glorificar a Dios, sino que era para que las personas los vieran. En este versículo se mencionan dos cosas, las filacterias y los flecos en el borde de sus mantos. No hay mucho que decir sobre usar los flecos porque estos fueron ordenados en Números 15:38-39 y Deuteronomio 22:12 que ellos debían hacerse “franjas en los bordes de sus vestidos, por sus generaciones; y pongan en cada franja de los bordes un cordón de azul”. Las franjas color azul eran para recordarles todos los mandamientos de Dios y ser santos.

Pero no hay seguridad acerca del uso de las filacterias. La palabra “filacteria” no aparece del todo en el Antiguo Testamento, y puede sorprender a algunas personas de que solamente se usa en este único caso en el Nuevo Testamento. Proviene del griego fulaktérion (Strong G5440, de fulásso, Strong G5442, custodiar, guardar.) y en el paganismo era un amuleto de encanto llevado para guardarse del diablo. En la cultura judía las filacterias se confeccionaban de pequeñas cajas de cuero a las cuales se les sujetaban unas tiras, una para la frente y la otra para el brazo izquierdo que es el más cercano al corazón. En estas cajitas de cuero de colocaban cuatro juegos de versículos de las Escrituras, Éxodo 13:1-10; 11-16 y Deuteronomio 6:4-9; 11:13-21. Las tiras se amarraban alrededor del brazo y la mano para formar la letra hebrea sin (s) la cual es la primera letra del nombre de Dios, Shadai, o Altísimo

Una nota aun más sorprendente es que las cuatro referencias anteriores nunca pudieron haber tenido la intención de ser tomadas de manera literal, o sea, que estas cajitas de cuero nunca debieron ser usadas del todo:

Si la práctica de usar flecos tenía autoridad en las Escrituras, estamos bien convencidos de que ninguna petición similar se hizo para las llamadas filacterias. La observancia se originó de una interpretación literal de Éxodo 13:9 a la cual aun el mandamiento en Deuteronomio 6:8 no le da ningún consentimiento. Esto aparece aun de Deuteronomio 6:18, en donde el significado espiritual y propósito de esa dirección se indica de inmediato, y de una comparación con expresiones familiares, lo cual evidentemente no puede tomarse de manera literal—como en Proverbios 3:3; Cantares 8:6; Isaías 49:16… Existe evidencia suficiente, aun en los escritos rabínicos, de que en tiempos de Cristo las filacterias no se usaban universalmente, y menos por los sacerdotes que oficiaban en el Templo. [Alfred Edersheim, Sketches of Jewish Life in the Days of Christ (Grand Rapids, Michigan: Eerdmans, 1956), pp 220-221.]

Realmente, Éxodo 13:9 pareciera estar refiriéndose a la Fiesta de los Panes Sin Levadura: “El festival prescrito era para Israel ‘como una señal en su mano, y un memorial entre sus ojos.’” (Keil and Delitzsch, The Pentateuch, Vol. 1, Grand Rapids, Michigan: Eerdmans Publishing Company, 1959), pp 34, 37.) A pesar de que Deuteronomio 6:8; 11:18 menciona atar la Palabra de Dios en el brazo y en la frente, no existe ningún mandamiento para ponerla en sus corazones y almas. Keil y Delitzsch comentan más sobre lo correcto de la interpretación figurada aquí: “Es obvio por las mismas palabras, las cuales no dicen que los mandamientos deben de ser escritos en rollos (libros), sino solamente que deberán ser, para los israelitas las señales en sus manos y por frontales entre sus ojos, o sea, deben mantenerse a la vista como memoriales sobre la frente y la mano” (Ibíd., p. 37). Luego, en Proverbios 3:3, la misericordia y la verdad deben ser atadas al cuello, y en Proverbios 6:21 los mandamientos del Padre serán atados en el corazón y enlazados al cuello; ambos casos deben ser interpretados, obviamente, de manera figurada.

No es fácil trazar la historia del uso literal de las filacterias por los judíos, a pesar de que MacArthur menciona que: “No hay registro alguno del uso de las filacterias sino hasta el año 400 a.C. durante el período ínter testamentario. Reliquias de las mismas fueron encontradas en la comunidad escenia de Qumram cerca del Mar Muerto” (John MacArthur, Matthew, 4 Volumes [Chicago, Moody Press, 1985-89], Vol. 3, p. 364.) Lo que Cristo condenaba no era el uso de las filacterias ni el que extendieran los flecos de sus mantos, sino más bien la práctica de hacer de estas cosas algo más grande de lo normal para que ellos pudiesen ser vistos. Al mismo tiempo, Él no recomendó el uso de las filacterias del todo.

Enaltecerse de las Posiciones Superiores – Mateo 23:6-12

6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas,
7 y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.
8 Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.
9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos.
10 Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
12 Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Continúando con Su explicación de que los escribas y fariseos hacían todo para que los vieran los demás, Cristo seguidamente considera tres áreas por las que ellos tenían gran aprecio, en las cenas (fiestas), en las sinagogas y en las plazas (en el mercado). En las fiestas los invitados se reclinaban en unos divanes a las mesas que eran bajas. Los “primeros asientos” se “encontraban al extremo izquierdo del diván, y se le consideraba como un lugar principal porque la persona que lo ocupaba podía observar toda la mesa sin tener que mover su cabeza de un lado a otro.” [R. C. H. Lenski, Matthew (Columbus, Ohio: Lutheran Book Concern, 1932), p. 875.] En las sinagogas les gustaba las “primeras sillas” para exhibir su orgullo: “La congregación se sentaba frente al arca. A un lado los ‘principales de la sinagoga’, rabinos, fariseos distinguidos, y otros, que eran los que buscaban ser honrados por la gente, son los que reclamaban las “primeras sillas”, las cuales se colocaban con el respaldar hacia el arca, mirando a los fieles” (Edersheim, op. cit., p. 263).

Afuera en las calles, en las plazas, les gustaba ser llamados Rabí, Rabí, que quiere decir “mi grande” que llegó a referirse a los maestros entre los judíos. Judas le llamó Rabí a Jesús en Mateo 26:25, 49 y en Juan 1:38 dos de los discípulos de Juan el Bautista le llamaron “Rabí” a Jesús, (que es lo mismo decir, al interpretarlo, Maestro). Entonces era en ese tiempo un título general de respeto, pero la historia posterior indica los extremos a los que ese título fue tomado. En días de Jesús los fariseos amaban la reputación de ser llamados Rabí.

Luego Jesús se volvió directamente a Sus discípulos y les dio severas advertencias en contra de ese orgullo y pomposidad. Los tres títulos no son prohibidos debido a sus significados, sino debido a ciertas implicaciones sobre su uso.

Primero, “vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro (la palabra griega aquí es didáskalos, Strong G1320 “instructor, maestro” como en Juan 1:38; o puede ser kathegetes, “líder” según el Texto Receptus) el Cristo, y todos vosotros sois hermanos”. Entonces, el énfasis puede ser, Cristo es su maestro con autoridad y ustedes son hermanos, todos aprendiendo de Él, no exaltando la autoridad de ustedes por encima de Su autoridad.

Segundo, “Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el que está en los cielos”. Ciertamente, Cristo no podía prohibirles llamar a su papá físico “padre”, y aun en un sentido eso no contradeciría a Pablo en 1 Corintios 4:15 quien afirmó ser el padre de los creyentes corintios, en que “en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio”. No, Cristo estaba tratando con el orgullo de los fariseos y en este sentido, nadie podía afirmar ser su padre, suponiendo que por medio de sus tradiciones y pesados requisitos legales, ellos habrían sido la fuente de vida para sus seguidores. Aun cuando Pablo usó el título, se aseguró diciendo que “en Cristo Jesús” había engendrado a los corintios por medio del Evangelio. Entonces, el título “padre” tiene referencia a la fuente de vida, por eso solamente hay un Padre, y Él está en el cielo.

Finalmente, en el versículo 10 a ellos no se les debe llamar maestros, porque Uno es su Maestro, el Cristo. Aquí la palabra es definitivamente kadshghtés (Strong G2519) o “guía” del verbo kadshgo, “dirigir, guiar”. Ninguna persona puede usurpar el lugar de Cristo guiando a Sus seguidores.

La misma advertencia es inherente a los tres títulos; la apariencia ante los hombres es una actitud de orgullo. Las palabras finales de Cristo en estas advertencias lo dejan claro, sea usted un siervo, y para ser exaltado, humíllese. Esto es idéntico con Mateo 20:26-28 en donde Jesús presentó el mismo desafío a Sus discípulos. El ser otra cosa, “en el cumplimiento de los tiempos” resulta en una condición de ese tipo de fariseísmo que mantendría a una persona alejada de la verdadera creencia en Cristo.

Sept. 2010

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