En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 136

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Profecías del Rey: El Discurso del Monte de los Olivos
Mateo 24—25

Hace unos años era fácil comprar una medicina en la farmacia; generalmente sólo existía una o dos marcas para lo que uno buscaba: Por ejemplo, para el dolor de cabeza y para el resfrío, la aspirina o la mejoral. Pero ahora hay cientos de pociones, polvos, y píldoras que llenan una multitud de estantes, y las afirmaciones de lo que pueden hacer son a veces incomprensibles y muy confusas.

Algo parecido a eso sucede con la interpretación de la profecía. Lo que era tan simple se ha complicado tanto y ha producido tantas divisiones que uno debe de caminar entre el amilenialismo, el promilenialismo (que dice, en efecto, “no sé que quiere decir eso, pero lo sigo de todas maneras”), postmilenialismo, reconstruccionismo, además de numerosas variaciones de premilenialismo, incluyendo pre-tribulacionismo, mid-tribulacionismo, post-tribulacionismo y dispensacionalismo progresivo, sin mencionar las teorías de la inminencia o la no inminencia del retorno de Cristo, o si hay un solo rapto de la Iglesia o son dos.

En vista de todo esto, algunas personas han descuidado la profecía, relegándola al fondo de todo. Aun así, allí está, abarcando una cuarta parte de las Escrituras. Con referencia a todas las teorías anteriores, se han publicado volúmenes excelentes que tratan sobre los temas proféticos. Repetir una pequeña fracción de esa información no es el propósito de esta serie de artículos. Ciertamente, sería imposible tratar con todas las posibilidades en solo un libro. En vez de eso, el Discurso del Monte de los Olivos será abordado de acuerdo al propósito de todo el Evangelio según Mateo, y específicamente en cuanto se refiere al lugar que ocupó en la culminación del ministerio del Señor Jesucristo.

El Plan Para el Futuro de los Judíos – Mateo 24:1—25:30

La Pregunta de los Discípulos. Mateo 24:1-3

1Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo.
2 Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada.
3Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?

Al final del capítulo 23, Jesús emitió un lamento compasivo sobre la ciudad de Jerusalén, y al mismo tiempo pronunció el juicio venidero sobre Israel. Después de eso, Jesús se alejó del Templo y Sus discípulos quisieron mostrarle los edificios del Templo. Herodes el Grande había empezado a reconstruir el Templo en el año 20 a.C., y no se completó sino hasta el año 64 d.C. El momento de Mateo 24 era aproximadamente 50 años después y la mayoría de los edificios habían sido terminados. Sin duda alguna, los discípulos estaban orgullosos de estos edificios y querían mostrárselos a Jesús. Es significativo que el Templo fue destruido seis años después que fue terminado. Eso sucedió en el año 70 d.C. durante la guerra con Roma.

Jesús predijo en el versículo 2 que todas las piedras del Templo serían derribadas. Ni Mateo ni Marcos dan detalles sobre la caída de Jerusalén; es Lucas quien relata las palabras de Jesús acerca de los ejércitos que cercarían la ciudad y la confusión resultante y la angustia que acompañarían los “días de venganza” cumpliéndose la profecía de que la casa de ellos les sería dejada desierta (Mateo 23:39). Esto constituye la respuesta para la primera pregunta: “¿Cuándo serán estas cosas?”. La narración de Lucas también incluye lo que les acontecerá personalmente a los discípulos: “Pero antes de todas estas cosas os echarán mano, y os perseguirán, y os entregarán a las sinagogas y a las cárceles, y seréis llevados ante reyes y ante gobernadores por causa de mi nombre” (Lucas 21:21). Mucho de eso sucedería antes de la destrucción de Jerusalén, y el resto de sus problemas continuarían hasta el fin del siglo, cuando el último de los apóstoles, el anciano Apóstol Juan, muriera en su exilio en la Isla de Patmos.

La pregunta que queda: “¿Qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo [era]?” incluye dos eventos que no sucederían durante el curso de esta era, sino más bien al final. La única “era” que ellos conocían era la que Jesús les enseñó en Mateo 13. En esa discusión Él reveló La Era de los Misterios del Reino de los Cielos, como se explicó en los comentarios de ese capítulo. La “era” tendría tres secciones; un tiempo para sembrar, que la empezaría el mismo Señor antes de ir a la cruz (Mateo 13:27), un tiempo de crecimiento del trigo y la cizaña juntos (13:30) y un tiempo de cosecha, cuando los ángeles vendrían “al final de la era” (13:30) a separar el trigo de la cizaña. Después que el trigo (la buena semilla de 13:24, 30) se recoge en Su granero, será la ocasión cuando “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (13:43).

Esa “era” por consiguiente, se extendería desde el ministerio de Cristo antes de la cruz y terminaría con la venida de Cristo con Sus santos ángeles para remover a los malos y empezar el Reino Mesiánico en la tierra. Algunas personas podrían concluir que la Era de la Iglesia está incluida dentro de ese concepto, sin embargo la Iglesia nunca se menciona ni se describe, y solamente puede ser entendida de manera muy general como parte del período de “crecimiento” en la declaración “Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega” (13:30).

Solamente existen dos menciones de la palabra “ekklesía”, (Strong G1577) iglesia, en Mateo. La primera está en Mateo 16:18 y es la profecía que Cristo va a edificar Su Iglesia en el futuro. No existe ninguna explicación sobre su organización, doctrina o destino. La segunda se encuentra en 18:15-20 con instrucciones para la disciplina, pero de nuevo, nada más se revela. Después de eso, en 19:27-28 Cristo responde la pregunta de Pedro sobre cuáles discípulos se esperaría que sigan al Señor. La respuesta de Cristo no incluyó la Iglesia; en vez de eso Él dijo: “De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel”. Más aún, en Mateo 20:20-23 Santiago y Juan, con la ayuda de su mamá, aun estaban preocupados con sentarse a la derecha y la izquierda en Su reino. Nada se menciona sobre la Iglesia.

¿Cuándo fueron revelados los distintos aspectos de la Iglesia? No fue sino hasta que Pablo escribió en sus cartas cuando los varios “misterios”, o nuevas revelaciones, acerca de la Iglesia salieron a luz. En el año 51 d.C. Pablo escribió 1 Tesalonicenses, y en el 4:15 vemos: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor”, y luego él procedió a aclarar la doctrina de la venida de Cristo “en el aire”, cuando los muertos en Cristo son resucitados junto con los santos que están vivos, y son “arrebatados juntamente con ellos… para recibir al Señor en el aire” (14:17). La expresión “arrebatados” es de la palabra griega jarpázo (Strong G726, apoderarse, arrebatar), “uso del poder divino transferido a una persona maravillosa y suavemente de un lugar a otro, tomar por sorpresa” (Thayer’s Greek Lexicon, pp. 74-75). Esta es una referencia al Rapto de la Iglesia. Cerca de cinco años después, en el año 56 d.C., Pablo comunicó la misma idea a la Iglesia de Corinto en 1 Corintios 15:51-52: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos”. Luego él procede a agregar que los muertos se vestirán de incorrupción y los vivos de inmortalidad.

Cerca de cuatro años después de esto, en el año 60 d.C., Pablo le escribió a la Iglesia en Éfeso diciéndoles del “misterio” de la Iglesia como el Cuerpo de Cristo (Efesios 3) y como la desposada de Cristo (Efesios 5:25-32). Uno se pone a pensar qué fue lo que los discípulos recordaron del Discurso en el Aposento Alto en Juan 14—17, donde Jesús mencionó que Él se iría y vendría de nuevo para recibirlos a Sí mismo, y sobre el descenso del Espíritu Santo y Su morada en ellos para siempre. Ese Discurso, a propósito, lo hizo dos días después del Discurso del Monte de los Olivos, y la información que Cristo les dio entonces no habría estado en su pregunta sobre “el fin del siglo [era]” en Mateo 24:1-3.

Lo que ellos recordaran no cambió su forma de pensar sino después que el Espíritu Santo vino sobre ellos el Día de Pentecostés y alteró considerablemente su punto de vista. Aun en Hechos 1:4-6, después que Él les recordó de la promesa de la venida del Espíritu Santo (la cual Él prometió en el Discurso del Aposento Alto), cuando se reunieron, “le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Aun en este tardío momento, ellos no estaban pensando sobre una Era de la Iglesia, sino una era terrenal, ¡el reino israelita! En el momento del Discurso del Monte de los Olivos, por consiguiente, Él les habló a Sus discípulos como judíos que creían en Él como su Mesías/Rey, lo cual eventualmente se llevará a cabo “en el cumplimiento de los tiempos” pero es impensable incluir a la Iglesia en la respuesta que Cristo les dio.

Enero 2011

Lea la Parte 137

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