En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 14

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Principios divinos que deberán cumplirse en Su Reino Mesiánico
Mateo 5:21-48

Una de las controversias de nuestros días, en algunos países del mundo occidental, es el mostrar los Diez Mandamientos, por ejemplo, en edificios públicos no religiosos. Ha habido mucha oposición sobre eso en los EE.UU. y en Canadá sobretodo. Nosotros podríamos esperar que Jesús hubiera hecho eso también, y, puesto que Él trajo la gracia de Dios y no la Ley, deberíamos esperar que Él no promoviera los Diez Mandamientos. Pero como lo mencionamos en la parte anterior, Su deseo no era el destruir la ley sino el cumplirla. En Mateo 5:21-48, Jesús nos da una serie de principios divinos que deberán cumplirse en Su Reino Mesiánico y comienza dando Su propia interpretación de seis de los Diez Mandamientos.

Mateo 5:21-22. “Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego”.

Hay seis afirmaciones de la antítesis de cómo los rabinos enseñaban la Ley y de cómo Jesús la interpretó. No tiene importancia si eso fue dicho “por ellos” (los rabinos) o “a ellos” (la gente), porque el resultado es el mismo. Jesús está dando la verdadera interpretación. El Sexto Mandamiento, “No Matarás” debe de haber tenido referencias específicas al asesinato, como lo menciona claramente Génesis 9:6 y Éxodo 21:12, porque había muchos mandamientos para ejecutar a un ser humano bajo la Ley. Por ejemplo, un hijo contumaz y rebelde era apedreado hasta morir (Deuteronomio 21:18-23), lo mismo era el que secuestraba una persona (Éxodo 21:16) y también el adúltero y la adúltera (Deuteronomio 22:22), así como el que no guardaba el Sabbath (Números 15:32-33).

Sin embargo, los rabinos aparentemente suavizaban la Ley, aun al tratarse de asesinato, porque añadieron “y cualquiera que mate [asesine] estará en peligro de ser juzgado”. Este juicio sin duda se refería a Deuteronomio 16:18 que le daba autoridad a los jueces de cada tribu. Estas cortes podían ser completamente justas o no si las decisiones dependían solamente de ellas. A pesar de eso, Jesús no se opone ni al mandamiento ni a la corte. Su respuesta, sin embargo, no debe de tomarse como que anula la pena capital, puesto que Él no vino a abolir la Ley sino a cumplirla. Al contrario, Jesús emite aun una advertencia más severa puesto que se trata no solamente con la acción evidente de asesinato, sino con aquello que es su causa.

En Mateo 15:19, Jesús enseñó que la causa esencial del asesinato es el corazón humano pecador. El Apóstol Juan claramente indica que “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él” (1 Juan 3:15). Más aun, en 1 Juan 4:20 él añade que si una persona dice que ama a Dios pero aborrece a su hermano, es un mentiroso. Jesús retoma el Sexto Mandamiento a su punto de origen y brinda tres ejemplos de juicio, el resultado de los cuales es la muerte. Primero, una persona que se enoja con su hermano está en peligro de juicio en la corte local, posiblemente refiriéndose a una corte secular, cuya sentencia sería la muerte por la espada o por la crucifixión, si es que el enojo conduce al asesinato. Segundo, el Sanedrín judío, el concilio, insistiría en la muerte por lapidación, si el enojo se expresa por la palabra en arameo “Raca” (cabeza hueca) y lleva al asesinato. Finalmente está la motivación interior la cual se expresa si al llamar a alguien “fatuo” eso lleva al asesinato, y terminaría eventualmente en la Gehena, o el fuego del infierno. En el Antiguo Testamento, Gehena es Ge-Hinom, el Valle de Hinom, situado al sur de Jerusalén. Como parte de la adoración a Moloc, los niños eran quemados allí (Jeremías 7:31). Al contrario de muchos comentaristas, Lenski dice, “No tenemos ninguna evidencia de que los judíos alguna vez quemaran vivos a los criminales o que sus cadáveres fueran arrastrados a este valle, o que hubieran fuegos constantes que ardían allí todo el tiempo (p. 215, Evangelio de Mateo). A pesar de eso, él indica que Gehena se utiliza como una designación para el infierno y que Cristo la utiliza exclusivamente en esta manera (cf. Mateo 5:29-30; 10:28; 18:9; 23:15, 33).

Observe cuidadosamente que Jesús no está diciendo que el enojarse sin causa, o utilizar lenguaje difamatorio, automáticamente da como resultado el asesinato y su juicio. En cada caso, Jesús dice que la persona “será culpable de juicio”, el cual en su resultado último significa el fuego del infierno. Su punto es hacerlos ver lo que el enojo en realidad significa, y ¡que es la causa insipiente para el asesinato! El enojo es malo, fácilmente conduce a algo peor y como dice Juan, puede ser una indicación de que esa persona no tiene la vida eterna.

En Su Reino Mesiánico, el Señor Jesucristo regirá con vara de hierro (Apocalipsis 2:27; 19:15) y cualquier pecado evidente será tratado de manera sumaria. De tal forma que aquí en Mateo 5:21-22, Jesús declara esta fuerte afirmación sobre el enojo y luego da dos ilustraciones para mostrar la importancia de detener una actitud antes de que esta se vuelva incontrolable.

Una Ilustración Religiosa. Mateo 5:23-24

5:23-24: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”.

Literalmente, la idea es la de arreglar la disputa fuera de la corte (un arreglo extrajudicial) y así eliminar el enojo contra el adversario al reconocer la deuda y asegurar el pago de la misma. De otra manera, el rehusar hacer este arreglo (lo cual es una señal de que usted aun está enojado) dará como resultado algo aun peor: La prisión, hasta que usted pague lo que debe.

Al tomar esta ilustración de manera parabólica, el deudor es el pecador quien no puede pagar su deuda por el pecado, y el adversario es Dios. La prisión de la cual ningún pecador puede ser liberado, es entonces, la Gehena, o el fuego del infierno. Todo esto se reduce a la necesidad de poseer la justicia de Dios por la fe, la cual sobrepasa toda la auto-justificación de los escribas y fariseos, cuyo resultado será el fuego del infierno “en el cumplimiento de los tiempos.”

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