En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 146

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

G. Campbell Morgan sugirió estas tres palabras para tener el significado completo de la Cena del Señor: Conmemoración, Comunión y Pacto.

Provisión para la Cena del Señor. Mateo 26:26-30

Mateo 26.26-30:
26 Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos; 28 porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados. 29 Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 30 Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.

En algún momento durante la cena de la Pascua, Jesús hizo una pausa para introducir una nueva ordenanza. Es obvio que lo que estaba diciendo tenía una relación con la misma Pascua. Juan el Bautista había presentado a Jesús como: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29, 36), en el mismo inicio del ministerio de Jesús. Aquí, en la conclusión de Su ministerio, Jesús dijo que la copa con vino simbolizaba la “sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (cf. Mateo 26:28 y Lucas 22:20). El apóstol Pablo repitió estas palabras de Jesús en 1 Corintios 11:25: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre

G. Campbell Morgan sugirió estas tres palabras para tener el significado completo de la Cena del Señor: “conmemoración, comunión y pacto.” (Morgan, G. Campbell. The Gospel according to Matthew [El Evangelio Según Mateo]. Old Tappan, New Jersey: Fleming H. Revell, 1929. p. 299)

Es una conmemoración puesto que Jesús dijo: “Hagan esto en conmemoración mía.” (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:24). Pablo hizo referencia a esto en 1 Corintios 5 cuando estaba tratando con un creyente que vivía una vida incestuosa con “la esposa de su padre” (5:1). Él conectó la actitud inflada de la iglesia en Corinto con la fiesta de la Pascua y la de los Panes sin Levadura, diciendo: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad.” (5:7-8). Más tarde les recordó examinarse a sí mismos, para no comer el pan ni tomar la copa de manera indigna, porque esta ha sido la causa de que muchos de ellos estuvieran débiles y enfermos, ¡y algunos hasta habían muerto! ¡Esta no era la forma de conmemorar la muerte de nuestro Señor, nuestro Cordero Pascual! Debemos juzgarnos a nosotros mismos y acercarnos a la Cena del Señor para recordarlo, no para complacernos en la levadura de la malicia o de la maldad. Después de todo, nuestro valor está en el mismo hecho de Su crucifixión por nosotros, para que nuestra conmemoración sea sobre lo que Él hizo para que fuésemos dignos de acercarnos a Dios.

También es un tiempo de comunión, como Pablo lo registra en 1 Corintios 10:16-17: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.” Por lo tanto, Jesús dijo, “Haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (11:25). Su práctica se vuelve en una unión común de todos los miembros del Cuerpo de Cristo; todos estamos al mismo nivel; todos necesitamos el mismo Salvador. Entonces, la Cena nos acerca en comunión con el mismo Señor (Hechos 20:6-7).

Finalmente, la cena del Señor es un pacto. El Señor Jesús dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:20; cf. Marcos 14:24; 1 Corintios 11:25). La palabra diatheke, “testamento”, se traduce mejor como “pacto,” puesto que es una señal directa de un nuevo pacto, recordándonos que es el resultado del derramamiento de Su sangre por nosotros.

Mucho se ha escrito desde la posición pre-milenial, cuestionando si solamente hay un Nuevo Pacto en la sangre de Cristo, o son dos los Nuevos Pactos, uno exclusivamente para Israel, y el otro únicamente para la Iglesia. Las personas que apoyan el concepto de dos pactos afirman que la idea del Nuevo Pacto original profetizado en Jeremías 31:31-34 y citado en Hebreos 8:6-13 es estrictamente judío y no menciona a la Iglesia. Estas personas contienden que un Nuevo Pacto debió haberse hecho para la Iglesia, el Cuerpo de Cristo; de otra manera, las promesas de Israel se confundirían con las hechas a la Iglesia, y esto lleva a debilitar el argumento para el pre-milenarismo, aunque sin destruirlo.

Los argumentos para el Nuevo Pacto son los siguientes: Solamente hay un único pacto hecho con la sangre de Cristo. En ningún lado se menciona dos pactos. Es “el nuevo pacto” en Lucas 22:20; 1 Corintios 11:25; 2 Corintios 3:6; Hebreos 9:15; el que se contrasta con el antiguo, el Pacto Mosaico en 2 Corintios 3:6-7 y en Hebreos 8:6-8 y 9:15. Además, Gálatas 4:21-31 enumera solamente dos pactos: “uno que procede del monte Sinaí” (versículo 24 y el otro, el de la “Jerusalén que procede de arriba” (versículo 26).

Este Nuevo Pacto ya está en efecto en la Iglesia con Pablo y otras personas siendo llamados “ministros de un nuevo pacto” (2 Corintios 3:6), y es la fuente de todas las bendiciones espirituales en Cristo. Esto de ninguna manera cancela el cumplimiento futuro prometido a Israel en Jeremías 31:31-34 y repetido en Hebreos 8:6-13. Esto sucederá en la Segunda Venida de Cristo a la tierra (Romanos 11:25-27).

Estos dos conceptos no son contradictorios, y deben ser considerados como que se traslapan uno con el otro. Esta doble aplicación también es cierta para el Pacto Abrahámico puesto que, “en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles” (Gálatas 3:14) sin anular ni comprometer las promesas físicas o espirituales hechas a los judíos en ese pacto. Lo mismo puede decirse del Pacto Davídico. Cristo va a reinar durante 1000 años en el trono de David, sin embargo, la Iglesia reinará con Él: “Si sufrimos, también reinaremos con él(2 Timoteo 2:12), y hay multitudes de todas las naciones que van a reinar con Cristo durante Su reino terrenal Davídico y Mesiánico: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos… y vivieron y reinaron con Cristo mil años… Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección… serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:4-6). ¿Por qué, entonces, debe de considerarse extraño que el Nuevo Pacto del cual Cristo es Mediador debe de incluir tanto a Israel como a la Iglesia en su cumplimiento sin causar ninguna confusión en sus promesas?

En Mateo 26:29 Jesús les recordó a los discípulos que Él bebería del vino con ellos en “el Reino de Su Padre.” En Lucas 22:16-18 Él incluyó tanto el pan como la copa, y no los tomaría más “hasta que el reino de Dios venga.” Pablo escribió en 1 Corintios 11:26: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.” La Iglesia será llevada en el Rapto, pero también retornará con Cristo para reinar con Él en la tierra. Aún en el Reino Milenial habrá fiestas y recordatorios de Su salvación: “Y Jehová de los ejércitos hará en este monte a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados… Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros… Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:6, 8-9)

Al final de la cena Jesús y Sus discípulos cantaron el himno final del Hallel (Salmo 118) el cual, entre otras muchas cosas, hace referencia a Su rechazo por los judíos, convertirse en “la cabeza del ángulo” (versículo 22), el nuevo “día” que Él estableció por Su resurrección (versículo 24), y Su segunda venida, cuando todas las personas dirán: “Bendito el que viene en el nombre del SEÑOR” (versículo 26, cf. Mateo 23:39). Todo esto con toda seguridad sucederá “en el cumplimiento de los tiempos.”

(Oct. 2011)

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