En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 147

Por el Dr. Thomas O. Figart; ©2011

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

En nuestro pasaje, a todos los discípulos se les advierte de no “ofenderse” (escandalizarse) o que caigan en una trampa debido a su relación con Jesucristo, y al final del párrafo todos ellos dijeron que no lo negarían a Él; sin embargo, cuando llegó el momento de la verdadera prueba, “todos los discípulos, dejándole, huyeron.”

Predicciones Con Respecto a la Deserción de los Discípulos. Mateo 26:31-35

Mateo 26:31-35:
31 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. 32 Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea. 33 Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré. 34 Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

Al inicio de este párrafo, todos los discípulos son advertidos de no “ofenderse” (escandalizarse) o que caigan en una trampa (de scandalidzo) debido a su relación con Jesucristo, y al final del párrafo, todos ellos dijeron que no lo negarían a Él; sin embargo, cuando llegó el momento de la verdadera prueba, “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (versículo 56). Esto no debe pasar inadvertido en vista del hecho que Pedro es señalado como el más franco y reprendido por el Señor. Esta afirmación fue un cumplimiento de Zacarías 13:7, “Hiere al pastor [Cristo], y serán dispersadas las ovejas [los discípulos].” Cualquier otra cosa que esta profecía pudo haber incluido (como la dispersión en el año 70 d.C.), ciertamente hace referencia a los discípulos abandonando a Cristo al momento de la crucifixión, como lo menciona el versículo 56. Sin embargo, en el mismo párrafo Cristo les asegura que, después de la resurrección, Él se encontrará con ellos en Galilea. Él había predicho Su muerte y resurrección varias veces antes de esto.

Pedro, sin embargo, no se contentó con ello, sino que declaró su eterna fidelidad a Cristo, insistiendo audazmente que “aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.” En Lucas 22:31-32, vemos las cariñosas palabras de Cristo: “Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes [humas, plural] como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti [sou singular], para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos.” El diablo podía zarandear al pobre de Pedro, el discípulo franco, demasiado confiado, ¡pero él sería “zarandeado” como trigo, y no separado como la cascarilla! Esta prueba solamente serviría para “convertir” (epistrepho) o volver al revés a Pedro para que él, a su vez, fortaleciera a sus hermanos (cf. Juan 21:15-17).

El proceso de zarandear es triple; Pedro negaría que él era parte del grupo con Cristo, luego, que él nunca lo había conocido, y finalmente, maldiciendo y jurando declararía: “No conozco al hombre” (versículo 74). Todo esto se llevaría a cabo en la misma noche, antes que el gallo cantara, lo cual usualmente sucedía entre la media noche y el amanecer.

Uno pensaría que esa clase de advertencia directa habría silenciado a Pedro, y habría causado que él meditara en esas solemnes palabras de su Señor, pero Pedro perseveró en su confesión de fidelidad, ¡aún hasta la muerte! Sin embargo, él no estuvo solo en eso: “Y todos los discípulos dijeron lo mismo,” y no pasó mucho tiempo después de esto que “todos los discípulos, dejándole, huyeron.”

Las Oraciones en Getsemaní. Mateo 26:36-46

La Primera Oración. Mateo 26:36-41

Mateo 26:36-41:
36 Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. 37 Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera. 38 Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. 39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú. 40 Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? 41 Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

Getsemaní era un jardín, o un pequeño bosque de árboles de olivo, posiblemente situado en las faldas del Monte de los Olivos: “Muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos” (Juan 18:2). Jesús conocía que Su “hora” había llegado para ser traicionado y crucificado, y deseaba presentarle eso a Su Padre en oración. Él dejó a ocho discípulos sentados a la entrada del jardín, tomando consigo solamente a Pedro, Jacobo y Juan. Las cinco palabras usadas por Mateo, Marcos y Lucas, describen el estado emocional de Jesús y son asombrosas por su intensidad. Cada una de ellas tenía un matiz específico, y sin embargo, todas ellas contienen la idea común de una aflicción profunda del alma. No es difícil olvidar que Jesús era un verdadero ser humano, con un cuerpo real el cual reaccionaba ante el estrés, la pena, la debilidad, el hambre, la sed y las presiones de Su compasivo ministerio. La unión de Sus dos naturalezas, humana y divina, no removió los sentimientos humanos normales. Él ya había estado pensando y prediciendo Su inminente crucifixión durante algún tiempo, y ahora ese tiempo había llegado, así que sería de esperar que Él estuviera preocupado cuando dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte.” Entonces, no debe de sorprendernos que Él quisiera tener a Sus tres discípulos más cercanos para que “velaran y oraran” con Él.

Las palabras textuales de Sus oraciones han sido objeto de mucha discusión, ya que esta primera oración se pronuncia de una manera positiva mientras que la segunda de una manera negativa. La tercera oración es idéntica a la segunda según el versículo 44. Si estas oraciones se consideran simplemente como que abarcan solamente una petición básica, las variaciones realmente no importan. La verdadera pregunta tiene que ver con la posibilidad de que “la copa” o “la hora” (Marcos 14:35) le sean removidas. En el alma de Jesús no había ningún temor a la muerte; muchos mártires han muerto antes y después de esto, y aún algunos por crucifixión. A pesar de que la crucifixión era una horrible manera de morir, Su gran agonía fue causada por el prospecto de tener que llevar “nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24).

El profeta nos da el cuadro más gráfico de lo que eso se trata, en Isaías 53. Un versículo en particular revela parte de la agonía anticipada por Cristo: “Mas el SEÑOR cargó en él el pecado de todos nosotros” (53:6). La traducción “cargó en él” proviene de la palabra hebrea paw-ga la cual se define como sigue: …irse en contra de alguien con violencia hostil… causar que algo caiga sobre alguien más. Isaías 53:6 leería entonces, “él hizo caer sobre él la iniquidad de todos nosotros” (Gesenius, William. A Hebrew and English Lexicon of the Old Testament, Ed. Brown, Driver and Briggs, Oxford, Oxford University Press. 1907; pp 665-666).

Recuerdo hace unos años cuando visité un matadero de reses y observé el método utilizado. El animal se llevaba al final de una rampa en donde un gran peso de repente aplastaba su cabeza, causándole la muerte. ¡Este es un cuadro para la palabra hebrea paw-ga, en referencia al impacto inimaginable que sintió Cristo al absorber todos los pecados del mundo al mismo tiempo en Su cuerpo! ¡Nunca debemos olvidar que Él sintió toda la medida de la ira de Dios por nuestros pecados mientras Él aún estaba vivo en la cruz! Antes de morir, Él clamó, “Todo se ha cumplido” (Juan 19:30).

A pesar de que el Evangelio según Juan no registra la experiencia en Getsemaní, Juan 12:27-28 sí nos brinda un vistazo directo al contexto de las oraciones. Jesús dijo: “Ahora está turbada mi alma (de taraso, golpear, ser movido); ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica tu nombre.” Cuando esta declaración se compara con Mateo 26:39, 42, 44, nos aseguramos de que así como Jesús estaba siendo tentado, y que Su alma estaba en una penosa agonía aún al extremo de sudar grandes gotas de sangre (Lucas 22:44), nunca ha habido un momento en el que Él deseara hacer Su propia voluntad humana sobre la voluntad de Su Padre. La verdadera humanidad que se encogió por la terrible carga de llevar la iniquidad de todos nosotros, fue, al mismo tiempo, unida a la verdadera deidad la cual le permitió a Él acceder y llevar a cabo la voluntad de Su Padre.

Cuando Jesús se acercó a Sus tres discípulos después de Su primera oración, los encontró dormidos. Su reprensión es específica, y sin embargo amable; ¿es que ellos no tuvieron suficientes fuerzas para vigilar (y orar) con Él durante una hora? Ellos no solamente necesitaban mantenerse alerta ante la posibilidad de un ataque satánico, sino también evitar cometer esas cosas ante el Padre celestial de ellos. La palabra pierasmos puede significar prueba o tentación al mal. Aquí, pareciera que Jesús se estaba refiriendo a la solicitación del mal, puesto que Él utilizó el contraste entre el deseo del lado espiritual de ellos y la debilidad de la carne.

La Segunda y Tercera Oraciones. Mateo 26:42-46

Mateo 26:42-46:
42 Otra vez fue, y oró por segunda vez, diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad. 43 Vino otra vez y los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados de sueño. 44 Y dejándolos, se fue de nuevo, y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45 Entonces vino a sus discípulos y les dijo: Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. 46 Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega.

En Su segunda y tercera oraciones Jesús simplemente concluye: “hágase tu voluntad,” lo cual es otra manera de decir, “Padre, glorifica tu nombre” (Juan 12:28). ¡Para eso fue que Él vino, y eso es lo que Él haría!

En la primera oración en el jardín “No tu voluntad, sino la mía” cambió el Paraíso al desierto y trajo a las personas del Edén a Getsemaní. Ahora “No mi voluntad, sino la tuya” le ocasiona angustia al hombre que la ora, pero transforma el desierto en el reino y trae a las personas de Getsemaní a las puertas de la gloria (Carson, Donald A. “Matthew” Expositor’s Bible Commentary. Ed. Frank E. Gaebelein, 12 volúmenes. Grand Rapids: Zondervan, 1984, Vol. 8, p. 545.)

Entonces, habiendo sido fortalecido por un ángel del cielo (Lucas 22:43), Jesús habló irónicamente a Sus discípulos, “duerman ya, y descansen.” Esta es ironía pura porque casi de inmediato Él agrega: “Levántense, vamos.” Él pronto le diría a Sus captores: “Mas esta es hora de ustedes, y de la potestad de las tinieblas” (22:53). Pero después de esto “en el cumplimiento de los tiempos,” Él resucitará de Su tumba y demostrará con ello y por medio de muchas otras apariciones, que Él verdaderamente es el Hijo de Dios, y “la luz del mundo,” con “¡poder sobre las tinieblas!

Noviembre, 2011

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