En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 148

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La señal de la traición era que Judas saludaría a quien sería Jesús de Nazaret. La palabra usada en el versículo 49 indica que Judas besó a Jesús más de una vez. Esto no era una pretensión de que le tenía mucho cariño, sino era para asegurarse, en la oscuridad de la noche, que la mayor parte de la muchedumbre pudiera observar el acto y así arrestar a la persona correcta. Pero esta no fue la única señal que se dio.

El Arresto Público y los Juicios del Rey. Mateo 26:47—27:32

La Traición y el Arresto de Jesús. Mateo 26:47-56

Judas y la Señal. Mateo 26:47-50

Mateo 26:47-50:
47Mientras todavía hablaba, vino Judas, uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle. 49 Y en seguida se acercó a Jesús y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó. 50 Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.

Inmediatamente después de las instrucciones a los discípulos de levantarse e ir a encontrarse con el traidor, Judas llegó con una muchedumbre de gente, estimada en varios cientos de personas, debido a los varios grupos representados. Las personas que llevaban espadas serían, sin lugar a dudas, soldados romanos asignados al gobernador; aquellas otras con palos posiblemente representaban a los guardas del templo. Además, estaban los principales sacerdotes, los escribas (Marcos 14:43), los fariseos (Juan 18:3) y los ancianos.

La señal de la traición era que Judas saludaría a quien sería Jesús de Nazaret. La palabra kataphilenses usada en el versículo 49, una forma intensiva de phileo, indica que Judas besó a Jesús más de una vez. Esto no era una pretensión de que le tenía mucho cariño, sino era para asegurarse, en la oscuridad de la noche, que la mayor parte de la muchedumbre pudiera observar el acto y así arrestar a la persona correcta. Lo que Judas hizo sería una señal (semeion), por lo que era necesario que esta fuera obvia. Al mismo tiempo, su saludo, “¡Salve, Maestro!” ayudó a identificar a Jesús como un profesor; de hecho, Marcos 14:45 lo registra como “Maestro, Maestro” haciendo doblemente seguro que ellos supieran que era Jesús.

Jesús respondió, “Amigo (hetarai, “conocido”) ¿a qué vienes?” Esto no fue porque Él no supiera por qué Judas había venido; sino más bien, era para enfatizar públicamente lo despreciable que era uno de los doce, uno que había tenido el privilegio de conocer la amistad de Jesús, y que había caído tan bajo como para haber traicionado a Jesús. Sin embargo, habría otras señales para asegurarse que los oficiales habían arrestado a la persona correcta.

Pedro y la Espada. Mateo 26:51-52

Mateo 26:51-52:

51 Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. 52 Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.

Fue Juan (en Juan 18:10) quien nombró a Simón Pedro como el discípulo que sacó la espada, e hirió al siervo cuyo nombre era Malco, quien sufrió ese severo daño en su oreja. El médico Lucas (22:51) dijo cómo Jesús sanó la oreja de ese siervo con un toque, pero ni Lucas ni Juan revelan ninguna reacción por parte de las personas que observaron este milagro. Ciertamente eso debe de haber proveído una señal directa para poder identifica a Cristo, el gran hacedor de milagros. Algunas personas entre esa multitud deben de haber sido testigos de otros milagros anteriores de Cristo. Ya sea que lo fueran o no, esta sanidad dio prueba de que ellos tenían al hombre correcto. Es triste, sin embargo, de que no hay ningún registro de alguna persona que reconociera a Cristo como Salvador en ese momento.

Cuando Jesús dijo, “todos los que tomen espada, a espada perecerán,” Él no estaba a favor del pacifismo. Esto habría contradicho la antigua predicción de Génesis 9:6: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada.” También habría contradicho Romanos 13:1-4: “Porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste… Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo.”

Entonces, lo que Jesús dijo, fue que si alguna persona usa la espada para sus propios propósitos malignos, puede estar segura que quienes están por encima de ella en el gobierno se asegurarán de que muera a espada.

Cristo y la Escritura. Mateo 26:53-56

Mateo 26:53-56:

53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? 54 ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? 55 En aquella hora dijo Jesús a la gente: ¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron.

Aquí podemos ver de Nuevo el aparente conflicto entre la voluntad humana de Jesús y el plan divino del Padre. No se necesita ninguna espada; Él podía pedirle al Padre que enviara más de doce legiones (más de 72.000) de ángeles para librarlo. Pero entonces, ¿cómo habría podido cumplirse el plan de redención del Padre? En el versículo 56 Jesús repitió esta necesidad: las escrituras de los profetas deben cumplirse. Si se preguntara, “¿Cuáles Escrituras?”, hay muchas, incluyendo el Salmo 22 e Isaías 53 que podrían ser citadas, pero adicionalmente, la recién mencionada cita que hizo Jesús de Zacarías 13:7 en Mateo 26:31: “Todos ustedes se escandalizarán [ofenderán] de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas,” la cual fue cumplida en Sus propios discípulos: “todos los discípulos, dejándole, huyeron.”

A pesar de que Mateo, Marcos y Lucas no lo incluyen, hay un extenso pasaje en Juan 18:4-9 que nos da una tercera señal de identificación: “Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscan? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra. Volvió, pues, a preguntarles: ¿A quién buscan? Y ellos dijeron: A Jesús nazareno. Respondió Jesús: Les he dicho que yo soy; pues si me buscan a mí, dejen ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno.”

Respondiendo a su pregunta repetida, Jesús contestó ambas veces con la expresión, “Ego, eime” (YO, YO SOY). ¡Esto debe de entenderse de que Jesús estaba afirmando ser JEHOVÁ! ¿Qué otra cosa habría causado que los endurecidos enemigos cayeran a tierra?

Cualquiera que fuese la impresión que ellos tuvieron debe de haber sido temporal, porque muy pronto llevaron a Jesús ante Caifás el sumo sacerdote. “En el cumplimiento de los tiempos” ¡toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es Señor!

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