En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 149

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

El Juicio ante Caifás y el Concilio. Mateo 26:57-68

Los Testigos Falsos. Mateo 26:57-63

Mateo 26:57-63a:
57Los que prendieron a Jesús le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. 58Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. 59Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte, 60y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, 61que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días re-edificarlo. 62Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? 63aMas Jesús callaba.”

Una interesante audiencia preliminar ante Anás, suegro de Caifás, se narra en Juan 18:12-27, pero esta no la registran los otros evangelios. No queda claro el por qué Anás estaba involucrado, porque se le había obligado a jubilarse y en su lugar se había nombrado a si yerno. Una sugerencia es que a estas alturas Caifás estaba dando tiempo para poder reunir un mayor número de miembros del Sanedrín, así que Jesús fue enviado a la casa de Anás por un rato. Sea la razón que fuere, Anás luego envión a Jesús a la sala de juicio “en donde los escribas y los ancianos se encontraban reunidos” con Caifás quien era el que precedía la reunión. Una declaración entre paréntesis (versículo 58) revela que Pedro entró al patio del sumo sacerdote; de nuevo, solamente Juan 18:15-18 menciona la influencia de “otro discípulo,” probablemente Juan, quien era conocido por el sumo sacerdote, quien le habló a la criada que abrió la puerta para que Pedro entrara. Pedro quería ver “el final,” o sea, cuál sería el resultado del juicio.

En todos los juicios llevados a cabo por los judíos, se puede observar una cantidad de prácticas ilegales, la primera de las cuales fue el juicio ante Caifás llevado a cabo durante la noche. Un segundo procedimiento ilegal fue que los testigos (falsos) se presentaron en contra de Jesús, pero ninguno en Su defensa. “Muchos testigos falsos se presentaron” (versículo 60), pero, “sus testimonios no concordaban” (Marcos 14:56). Finalmente se presentaron dos testigos falsos acusando a Jesús por haber dicho que Él podía “derribar el templo de Dios, y en tres días re-edificarlo” (versículo 61) o, como leemos en Marcos 14:58, “Nosotros le hemos oído decir: Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano.” Jesús no había dicho ninguna de esas dos cosas; lo que Él dijo fue que si ellos, los judíos, destruían “este templo” que en tres días “lo levantaré” (Juan 2:20). Juan 2:21 lo interpretó como sigue: “Mas él hablaba del templo de su cuerpo.”

A pesar de que la profanación y destrucción de un lugar sagrado era considerado digno de muerte entre las naciones antiguas, incluyendo los judíos, como algunas personas creen, aun así, eso no fue lo que Jesús dijo, como tampoco lo quiso decir. Lo que Él dijo fue, “Si ustedes destruyen este templo” (este naos, o lugar santo); y lo que quiso decir fue: “Si ustedes destruyen mi cuerpo.” Entonces, aun si los judíos continuaban durante los siguientes tres días refiriéndose a este dicho para referirse al Lugar Santísimo, no podían acusarlo de blasfemia. ¡Ellos tendrían que acusarse a ellos mismos por destruir el Templo! Lo más que podían tener en contra de Él era la afirmación de que podía reconstruirlo en tres días, un templo que ya tenía 46 años de estar construyéndose. La forma como ellos le habían respondido tres años antes, (cf. Juan 2:19) era en una incredulidad tan sarcástica que el traer eso a luz ahora en Su contra sería negar lo que ellos mismos creían de Él con anterioridad.

Al no responder a las acusaciones de los dos testigos falsos, Jesús hizo que las palabras de ellos sonaran más que ridículas. Caifás, también, debe de haberse dado cuenta de la debilidad de ese falso testimonio a pesar que quiso que Jesús respondiera.

El Verdadero Testigo. Mateo 26:63b-68

Mateo 26:63b-68:
63bEntonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo. 65Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. 66¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! 67Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.

Cuando Jesús rehusó responder, Caifás se volvió a único asunto real, la afirmación que Jesús había hecho con anterioridad de que Él era el Hijo de Dios. Unos pocos ejemplos son “Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre (literalmente, ‘su Padre sin igual, o único’ patera idion), haciéndose igual a Dios” (Juan 5:18). Luego en Juan 8:58-59: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, YO SOY. Tomaron entonces piedras para arrojárselas…” y en Juan 10:30-33, después que Jesús dijo “Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle. Cuando Jesús les dijo, Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis? Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios.” En todas estas ocasiones, Jesús pudo librarse de cualquier juicio legal o lapidación, al eludir de manera milagrosa a los judíos.

Estando en el patio de Caifás, habiendo sido traicionado por Judas y capturado por Sus enemigos, Jesús fue de nuevo acusado por blasfemia, esta vez frente al Sanedrín. Caifás fue cuidadoso en usar las palabras que ponían a un hebreo bajo juramento solemne: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.” Al preguntarlo de esa manera Caifás reveló que la afirmación de mesianismo incluía la apariencia de deidad, y que ese hombre Jesús realmente había pronunciado esa afirmación. Cristo respondió tan simple y directo como era humanamente posible: “Tú lo has dicho” (su eipas). Esta es exactamente la misma respuesta que Jesús le dio a Judas en el versículo 25 cuando este preguntó si iba a traicionarlo. Esta era la fórmula judía común para afirmar una declaración hecha. De hecho, Caifás lo enfatizó específicamente: “¡Ha blasfemado!” y que ellos lo habían “oído de su boca” (Lucas 22:71). Si esto no fuera suficiente, Su respuesta como lo registra Marcos 14:61 fue: “Yo soy” (Ego, Eimi), usando el pronombre enfático. Pero esto no es todo lo que Jesús afirmó; Él añadió “Además (esto es, aún si ustedes no creen que Yo soy el Hijo de Dios) les digo, que desde ahora verán al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” Esta es una combinación del Salmo 110:1, a lo cual los fariseos no pudieron responder en Mateo 22:41-46, y Daniel 7:13-14, el cual describe Su poder; primero, a la derecha de Dios, y luego sobre toda la tierra. Estos incrédulos judíos lo verían de esa manera, ¡pero solamente como el juez de ellos!

Luego Caifás violó otra práctica judicial que requería que pasara un día entero entre el juicio y el veredicto. Él dispuso que se tomara una decisión inmediata sin más testigos, la cual fue unánime: “Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte” (Marcos 14:64). Finalmente, los insultos de ellos y el castigo físico que le infligieron fueron desmedidos, escupiéndole al rostro, propinándole puñetazos, vendándole los ojos (Lucas 22:64). Y luego atreviéndose a que profetizara quién le había golpeado. Sus propias Escrituras testificaron que ellos estaban cumpliendo Isaías 50:6 por su imposición ilegal de tortura sobre Él: “Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos.”

¡Y “En el cumplimiento de los tiempos” Él juzgara esa clase de incrédulos!

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