En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 151

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

El Juicio Final de Jesús Ante Pilato. Mateo 27:11-32

Para poder tener una presentación completa del juicio romano, se deben incluir las narraciones de los Evangelios según Lucas y Juan. Este enfoque también hará posible que podamos observar todos los intentos que hizo Pilato para liberar a Jesús. Pilato pareciera ser un hombre débil y sin principios, por lo menos en este caso.

La Acusación y la Pregunta de Pilato. Mateo 27:11-14

Mateo 27:11-14:

11 Jesús, pues, estaba en pie delante del gobernador; y éste le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Y Jesús le dijo: Tú lo dices. 12 Y siendo acusado por los principales sacerdotes y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti? 14 Pero Jesús no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho

El juicio empezó cuando Jesús fue acusado de tres cosas; pervertir a la nación, prohibiendo pagarle tributo a César y hacerse rey (Lucas 23:1-4). Pilato no estaba impresionado con esas acusaciones, porque dijo: “Ningún delito hallo en este hombre” (Lucas 23:4). Luego él hizo un esfuerzo para que los judíos juzgaran a Jesús según sus leyes, pero rehusaron, diciendo: “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie” (Juan 18:31). Bajo la ley romana eso era cierto; solamente las autoridades romanas podían condenar a muerte a una persona. Así que aun cuando los judíos practicaban la muerte por lapidación como castigo por blasfemia, eso no estaba permitido bajo la ley romana.

Su preocupación no era alguna supuesta afirmación de deidad; ellos estarían más molestos sobre el asunto de los tributos, o la afirmación de ser Rey de los judíos, si eso significaba una insurrección en contra de César. Sin embargo, Pilato le preguntó a Jesús, “¿Eres tú el Rey de los judíos?” Jesús le respondió, Su Legeis “Tú lo dices” (versículo 11), y mientras Pilato se “maravillaba mucho” (versículo 14) de que Jesús no respondiera a las muchas cosas que se decían en Su contra, Pilato no asumió que Él era digno de la pena de muerte. Juan registró más de una conversación entre Pilato y Jesús en relación con el “reino” de Jesús. Uno de los aspectos más importantes de la respuesta de Jesús lo encontramos en Juan 18:36. Hay algunas personas que toman la primera parte de este versículo para decir que Jesús negó Su reino terrenal cuando dijo, “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían.” Pero Jesús agregó, “pero mi reino no es de aquí” infiriendo que los judíos lo habían rechazado como su rey, y que Él establecería Su reino en esta tierra más tarde.

Luego Pilato salió a los judíos de nuevo y dijo, “Yo no hallo en él ningún delito” (Juan 18:38). Ordinariamente esto habría sido una orden para liberar a Jesús, pero los judíos continuaron con sus acusaciones, esta vez mencionando a Galilea (Lucas 23:5). Cuando escuchó que Jesús era galileo, Pilato lo envió a Herodes Antipas, tetrarca de Galilea (quien en ese momento se encontraba en Jerusalén), esperando con ello pasarle el problema, y permitirle a Herodes que tomara la responsabilidad de condenar a muerte a Jesús. Pero eso no funcionó, porque todo lo que le interesaba a Herodes era ver que Jesús hiciera algún milagro; en vez de eso, Jesús rehusó responderle a Herodes “sus muchas preguntas” (Lucas 23:6-9). Los judíos persistieron en sus acusaciones frente a Herodes “con gran vehemencia,” pero Herodes todo lo que le permitió a los soldados hacer fue que: “le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato” (Lucas 23:11-12).

La Decisión, ¿Jesús o Barrabás? Mateo 27:15-18

Mateo 27:15-18
15 Ahora bien, en el día de la fiesta acostumbraba el gobernador soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. 16 Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. 17 Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? 18 Porque sabía que por envidia le habían entregado

A estas alturas Pilato anunció que tanto él como Herodes Antipas habían examinado a Jesús, especialmente con respecto a la acusación de ellos en contra de Jesús: “como un hombre que perturba al pueblo” (Lucas 23:14), pero que no hemos hallado “en este hombre delito alguno” de lo que los judíos acusaban a Jesús. Pilato sugirió: “Le soltaré, pues, después de castigarle” (23:16). Este fue su cuarto intento para liberar a Jesús. Esto coincidía con la Fiesta de la Pascua. Durante cuánto tiempo se practicaba esta costumbre, nadie realmente lo sabe. Algunas personas aún han conectado esto con una práctica pagana egipcia más antigua, pero eso es mera especulación. Pilato hablando claramente dijo: “vosotros tenéis la costumbre” (Juan 18:39) así que aparentemente esta se origina en los judíos. La descripción que Mateo hace de Barrabás es simplemente: “un preso famoso” pero Marcos 15:7 dice “que había[] cometido homicidio en una revuelta.” Él también le llama ladrón, pero ese crimen en particular no era suficiente para decretar una sentencia de muerte, como sí lo era la insurrección (revuelta) y el homicidio. Pilato sabía que los principales sacerdotes y gobernadores se lo habían entregado “por envidia,” o sea, porque estaban envidiosos que Jesús atrajera a tantos seguidores. Quizás entonces, Pilato estaba torciéndoles el brazo al ofrecerles liberar a Jesús puesto que la alternativa para los judíos era condenar a muerte a un hombre inocente, ¡aún al que era llamado el Cristo, y Rey de los Judíos!

La Advertencia: El lavado de manos de Pilato. Mateo 27:19-26

Mateo 27:19-26:
19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. 20 Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. 21 Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! 23 Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! 24 Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado.

Cuando Pilato estaba en el proceso de negociación con los principales sacerdotes, ancianos y la gente, ocurrió una extraña interrupción. Él actualmente estaba sentado en la “silla de juicio” (bema, una plataforma elevada). Esta misma palabra bema, la usó Pablo en 2 Corintios 5:10 para referirse al “tribunal de Cristo” en donde las obras de las personas creyentes serán juzgadas con el propósito de otorgarles galardones. La silla de juicio en la que Pilato se sentó fue en la que determinaría si Jesús, o Barrabás, sería soltado. La interrupción del proceso lo ocasionó la esposa de Pilato, quien le advirtió a su marido: “No tengas nada que ver con ese justo,” debido a un sueño que ella tuvo ese mismo día. Desafortunadamente no se da ningún detalle de ese sueño, así que, como puede esperarse, se ha producido mucha especulación sobre lo que pudo haber sido.

Sin embargo, solamente podemos tratar con los hechos, y estos son pocos. Ella había “padecido mucho” debido a Jesús. Que le llamara “un hombre justo” y le advirtiera a Pilato que no tuviera nada que ver con Jesús, muestra que ella no quería que Pilato lo condenara a muerte. Lo que no se menciona es igual de importante, pues no hay ninguna indicación que Dios le diera ese sueño, ni que un ángel hablara con ella (como fue cierto con José en Mateo 1:20; 2:19). Habiendo mencionado esto, se puede decir que la reacción de Pilato a esa advertencia de su esposa fue la de intentar una vez más liberar a Jesús al repetir su pregunta del versículo 17 en el versículo 21: “¿A cuál de los dos queréis que os suelte?” Cuando ellos repitieron su exigencia por la liberación de Barrabás, Pilato persistió preguntando: “¿Qué mal ha hecho?” Pero para este momento, los principales sacerdotes y los ancianos “persuadieron a la multitud” (versículo 20), con lo cual Pilato temió una revuelta. Ese alboroto seguramente pondría en peligro su puesto así como su vida; así que “tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros”

Esta acción de Pilato realmente era una práctica judía, datando desde Deuteronomio 21:1-9. En 21:1-6, la Ley de Moisés preveía la ocasión de que un hombre fuera encontrado muerto en el campo. Los ancianos y jueces de la ciudad más cercana harían que el sacerdote ofreciera una vaca alazana para luego lavar sus manos sobre la vaca diciendo: “Nuestras manos no han derramado esta sangre… no culpes de sangre inocente a tu pueblo Israel… Y tú quitarás la culpa de la sangre inocente de en medio de ti.”

La responsabilidad por la sangre de Cristo fue asumida por “todo el pueblo” (versículo 25), pero esta declaración debe de tomarse en el contexto apropiado ya que de otra manera se pensaría que incluye a todos los judíos de todas las generaciones desde entonces. En realidad, fue la acción de la turba de los que fueron “incitados” por los principales sacerdotes (Marcos 15:11). Ciertamente hubo muchos miles de personas para la Pascua que no estuvieron involucrados, y quienes no tenían ningún deseo por la crucifixión de Cristo, y muchos miles más en toda la tierra de Israel quienes no estuvieron presentes en Jerusalén para la Pascua y quienes habían visto Su amoroso carácter manifestado en Su ministerio y milagros, quienes no habrían consentido la crucifixión de Jesús. Pero las autoridades de los judíos persuadieron a la turba. Este rechazo por el Israel oficial trajo el juicio del año 70 d.C. sobre su Templo y la ciudad tal y como Cristo lo profetizó en Mateo 24:2.

En Hechos 3:12-19 el Apóstol Pedro hizo varias observaciones sobre la culpabilidad de ellos. Primero, él dejó claro que: “vosotros entregasteis y negasteis (a Jesús) delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.” Además Pedro culpó a la gente: “Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida.” Pero en el versículo 17 Pedro agregó: “Sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes” y les ofreció la oportunidad de: “Así que, arrepentíos y convertíos” dando como resultado que cinco mil personas creyeron (Hechos 4:4). El resto es historia, la nación como un todo rehusó creer, así que la involuntaria profecía de los fariseos en Juan 11:48 se cumplió, pero por exactamente la razón opuesta a lo que ellos más temían: “Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación”

Es triste decirlo, pero ellos no lo dejaron a un lado, en vez de ello, Pilato les liberó a Barrabás, flageló a Jesús, y se los entregó para ser crucificado. Esa flagelación generalmente era tan severa que le producía la muerte inmediata a la víctima. En el caso de la flagelación de Cristo, eso ciertamente contribuyó a Su debilidad física y muerte temprana.

Burla y Maltrato de Jesús. Mateo 27:27-32

Mateo 27:27-32:

27 Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; 28 y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, 29 y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! 30 Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. 31 Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. 32 Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.

A pesar de que los Evangelios presentan ciertos aspectos de los sufrimientos físicos soportados por Cristo, los mismos están discretamente limitados. Varios informes han sido escritos por distintos médicos acerca de los detalles específicos de la flagelación, el maltrato y la crucifixión de nuestro Señor. Uno de esos artículos se titula, “An Anatomist Looks at the Physical Sufferings of our Lord” (Un Vistazo Anatómico del Sufrimiento Físico de Nuestro Señor), por el doctor Howard A. Matzke en la revista The Lutheran Witness (El Testigo Luterano), 21 de Febrero de 1962, páginas 78-79, Otro artículo más detallado titulado, “On the Physical Death of Jesus Christ” (Sobre la Muerte Física de Jesucristo), por el doctor William D. Edwards, et al, se encuentra en el Journal of the American Medical Association (Revista de la Asociación Médica Estadounidense), 21 de marzo de 1980, páginas 1455-1463.

Como se puede ver de Juan 19:1-16, la flagelación y el maltrato de Jesús fueron dirigidos por Pilato como un intento de presentar a Jesús ante los judíos en un estado de debilidad y ensangrentado para provocar compasión y de esa manera intentar obtener la liberación para Él. Después de la flagelación, la cual le laceró Su espalda, Jesús fue llevado al pretorio, todo lastimado y solamente vestido con una chlamuda (un manto rojo que probablemente pertenecía a uno de los soldaos romanos). Asumiendo que por el uso se había descolorado, puede ser que por eso tanto Marcos como Juan lo describen como color púrpura. Por supuesto, todo eso lo hicieron en burla, presentando a Jesús como “rey.” La corona de espinas le añadió a la charada, pero al mismo tiempo, perforo el cráneo de Jesús, provocando que más sangre fluyeran por Su rostro. La caña que pusieron en Su mano era un kalamos, también llamado una “vara” la cual era lo suficientemente sólida como para golpearle la cabeza con ella (versículo 30) lo cual produjo que las espinas se introdujeran aún más produciendo más dolor.

Junto con la agonía física vino la humillación vergonzosa del arrodillarse irreverentemente, la burla y los escupitajos en Su rostro. Pilato presentó a Jesús a los judíos diciendo: “¡He aquí el hombre! Cuando le vieron los principales sacerdotes y los alguaciles” (aun en esta lastimosa condición) despiadadamente dieron voces, diciendo: “¡Crucifícale! ¡Crucifícale!” (Juan 19:5-6).

Increíblemente, Cristo aún pudo llevar a cabo dos conversaciones. En Juan 19:9-15 Él le respondió a Pilato, quien dijo: “¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene.”

La segunda conversación ocurrió cuando la procesión iba de camino al monte de la crucifixión. Cuando un grupo de mujeres “lloraban y hacían lamentación por él” (Lucas 23:27), Jesús les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos” (23:28). Luego Él repitió esencialmente lo que había predicho en Mateo 24:1-3; Lucas 21:20-24 en relación con la terrible destrucción del Templo y la devastación de Jerusalén.

Debido a la extrema debilidad de Jesús, Él ya no podía llevar Su cruz más lejos (Lucas 23:26). Los ancianos “obligaron” a Simón de Cirene a llevar la cruz. Esto era conocido como “reclutamiento,” y se alude en Mateo 5:41. Existen dudas si es que Jesús solamente llevaba la pieza transversal, llamada patibulum, o la pieza vertical también (llamada stipes). Si ambas piezas eran llevadas juntas, el peso total habría sido de unos 130 kilos, mientras que el patibulum solamente pesaba unos 30 kilos. Un hombre fuerte y saludable no podría llevar un peso de 130 kilos por mucho tiempo, y en su débil condición, para que Jesús pudiera llevar 30 kilos habría sido casi imposible. Por eso no debemos dudar de que Simón “fue obligado a llevar la cruz” (Mateo 27:32), y, no es menos maravilloso que, en el cumplimiento de los tiempos Jesús esperaría de Sus seguidores que “a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos” (Mateo 5:41).

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