En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 156

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La Sepultura de Jesucristo. Mateo 27:57-66

Su Sepultura por José de Arimatea (Y Nicodemo) Mateo 27:57-61

Mateo 27:57-61 “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo. Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue. Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro.”

Los cuatro Evangelios tomados en conjunto nos brindan una narrativa completa de la persona de José de Arimatea así como sus tiernas acciones a Jesús. Se encuentran registradas diez cosas acerca de él.

Lo que primero se menciona es su situación financiera; “un hombre rico de Arimatea.” Una evidencia de su riqueza es que él puso el cuerpo de Jesús “en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña.” Lenski describe la tumba cerca del Gólgota como el lugar más probable en el que Jesús fue sepultado: “Es una amplia cámara labrada en un risco sólido, cuya cara es lisa y perpendicular… Es la tumba de un hombre rico, ya que tiene un vestíbulo, y en la cámara principal junto a tres costados hay sitio para tres cuerpos, el sitio central a la izqjuierda no se utiliza. Es una tumba nueva, ya que solamente un sitio para un cuerpo está terminado, los optros dos no lo están” (Lenski¸ R.C.H. Matthew, Op Cit., pp.1119-1120). El área terminada impresionó grandemente a Lenski y le hizo agregar: “Si esta no es la tumba actual en la que Jesús fue colocado, la duplica en todo aspecto.”

Esta clase de obsequio, aun proveniente de un hombre rico, es, por lo tanto, la segunda evidencia de su generoso espíritu.

Una tercera cosa que se menciona es que José “también había sido discípulo de Jesús.Juan 19:38 agrega: “que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos.” La forma verbal de esta frase es que José estaba siendo discipulado por Jesús. Entonces deben de haber habido numerosas conversaciones entre ellos dos. Sin embargo, antes de la crucifixión, “aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga” (Juan 12:42).

Pero ahora que Cristo ha sido crucificado debido a la influencia del Sanedrín, un asombroso cambio se produjo en José; mientras que anteriormente había temor, ahora “entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús” (Marcos 15:43). Mateo 27:58 da una impresión distinta de que José “pidió” (rogó) que le dieran el cuerpo de Jesús, pero el verbo aiteo, “pidió” es el que se usa, como se hace en Marcos y Lucas “pedir permiso.” El permiso generalmente se le otorgaba a los miembros de la familia, o a los amigos, para remover el los cuerpos de los crucificados. En este caso ningún miembro de la familia apareció para pedir el cuerpo de Jesús.

Aquí tenemos que considerar dos factores: primero, la costumbre de que los romanos habrían dejado el cuerpo en la cruz hasta que hubiese sido picado en pedazos por las aves, y el hecho opuesto de que la profecía del Salmo 16:10 tenía que cumplirse: “ni permitirás que tu santo vea corrupción.” Aquí vemos a un miembro del Sanedrín, quien no estaba preocupado por contaminarse, ni si podría participar en la fiesta Pascual, haciendo una petición pública por el cuerpo de un hombre que había sido declarado como blasfemo por el mismo Sanedrín del cual José era miembro (Lucas 23:50).

Pero esta es solamente la mitad de la historia. José era rico, generoso, discípulo de Jesús, atrevido, y miembro del Sanedrín; una sexta cosa que se menciona es que él era: “varón bueno y justo” (Lucas 23:50). José probablemente era un hombre “bueno” (agatos) antes de volverse justo (dikaitos), o justificado por su fe en Cristo. A pesar de que temía a los judíos, este carácter justo de manera natural llevó a una séptima cosa en la lista acerca de él: “No había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” (Lucas 23:51), al referirse a la decisión del Consejo de condenar a Jesús, un hombre inocente, a muerte. Esta objeción a la acción de sus compañeros del Sanedrín es una evidencia a una octava cosa, la reputación de José; él era “miembro noble del concilio(Marcos 15:43), que la Biblia NVI traduce como “miembro distinguido del Consejo.

Esta posición distinguida, o prominente, como un gobernante de los judíos no impidió su testimonio público, porque la novena cosa en la lista es que: “también esperaba el reino de Dios” (Marcos 15:43). Sin duda alguna José había escuchado de Jesús esta declaración de que Él era el Mesías/Rey y había asimilado esta enseñanza como parte de su fe. Si bien es cierto que el término “el Reino de Dios” se puede referir al reino espiritual, este término se usa también para el reino terrenal del Mesías; el contexto dentro del cual ocurre determinará el significado específico. Aquí revela que José estaba “esperando” por el reino a´jn después de convertirse en creyente. Para él, por consiguiente, era la expectativa de un reino futuro. Uno no puede dejar de pensar lo que estaba pasando por la mente de los creyentes que eran testigos de la crucifixión de Cristo. Igual a los dos camino a Emaús, muchos de ellos podrían haber estado pensando: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel” (Lucas 24:21). Esta esperanza eventualmente será cumplida.

Finalmente, la décima observación acerca de José de Arimatea se puede ver en su amorosa preocupación por Cristo. En una corta declaración, Marcos 15:46 dice: “El cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro.” Juan agrega que Nicodemo, quien también era miembro del Sanedrín: “Vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos” (Juan 19:39-40).

José y Nicodemo, amigos y discípulos de Cristo, lo sepultaron amorosamente. ¿Pero dónde estaban los familiares, y dónde estaban los Doce? Estas son omisiones extrañas sin ninguna respuesta. Extraño aún, quizás, cuando sus ministerios se cumplieron, no se vuelve a mencionar a estos dos. Sin embargo, sin este incidente, la profecía de Isaías 53:9 que Cristo “con los ricos fue en su muerte” no se habría cumplido, y uno de los aspectos importantes del Evangelio estaría faltando. 1 Corintios 15:1-5 usa la palabra “que” para indicar cada una de las cuatro partes de la narración del Evangelio: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce…”

En la providencia de Dios, José de Arimatea y Nicodemo fueron usados para proveer la evidencia de que Cristo verdaderamente murió; ellos lo sepultarían con el cuidado que Él merecía.

La tumba de Cristo Sellada por los Soldados. Mateo 27:62-66

Mateo 27:62-66: “Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos de noche, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. Y Pilato les dijo: Ahí tenéis una guardia; id, aseguradlo como sabéis. Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia.”

Lo que fue la intención de los principales sacerdotes y los fariseos para prevenir que los discípulos robaran el cuerpo de Jesús vino a ser la prueba real de que Él ciertamente resucitó de los muertos. La de ellos fue una extraña combinación la que se acercó a Pilato: los principales sacerdotes eran saduceos que no creían en la resurrección, según Mateo 22:23; y los fariseos eran los más duros críticos de la declaración de Jesús de ser el Hijo de Dios. Sin embargo, allí estaban todos ellos, ¡haciendo todo el esfuerzo para asegurarse de que los discípulos no robaran Su cuerpo! Todos ellos le habían abandonado en la crucifixión, y temían lo suficiente a los judíos como para reclamar el cuerpo de la cruz. Sin embargo, en la mente de estos dos grupos de gobernantes judíos, generalmente diametralmente opuestas entre sí, estaba el extraño temor de que los discípulos hicieran el intento de engañar a la gente; así que le pidieron a Pilato que pusiera guardia y sellara la tumba para prevenir ese desastre.

Existe alguna duda si es que a Pilato le solicitaron poner la guardia romana, o que él les dijo que pusieran la suya propia. Parece evidente de Mateo 28:14 que los guardas eran guardas romanos, puesto que los miembros del Sanedrín prometieron hablarle a Pilato para: “persuadirle, y ponerlos a salvo.” La Biblia NVI traduce este versículo, “nosotros responderemos por ustedes y les evitaremos cualquier problema.” Esto no sería necesario si los soldados le hubieran pertenecido a los judíos.

Es igualmente asombroso que estos gobernantes usaran la misma declaración que Cristo les hizo directamente a ellos en Mateo 12:40 (a saber, la señal de Jonás), de que Él estaría durante tres días y tres noches en el corazón de la tierra, como la fuente de su preocupación. Ciertamente Sus propios discípulos no entendieron con claridad Sus enseñanza acerca de su propia resurrección después de tres días; ¿por qué iban estos gobernantes a estar tan preocupados? Su razonamiento era que si Él los había engañado acerca de Su declaración de ser el Hijo de Dios (probablemente porque Él no descendió de la cruz), ahora el “último error” (plano, “engaño”), creían ellos, sería peor que el primero. ¡Si solamente se hubiesen dado cuenta de que realmente se convirtieron en el medio para demostrar la misma cosa que ellos estaban tratando de evitar! Así que colocaron algún tipo de sello sobre la piedra que fue rodada para sellar la entrada a la tumba, y colocaron los guardias, asegurándose por partida doble de que el cuerpo de Jesús permaneciera en la tumba. ¡Cuántas veces Dios utiliza la furia del hombre para ser alabado! ¡Lo que ellos lograron es haber asegurado por partida doble la prueba de que un milagro sucedió cuando la tumba fue encontrada vacía! “En el cumplimiento de los Tiempos,” esta profecía hecha por Jesús se cumplió: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:19).

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