En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 158

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La Resurrección de Cristo: La Prueba por el Testimonio de los Discípulos. Mateo 28:16-20.

Mateo 28:16-20: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

Cada uno de los cuatro Evangelios tiene una conclusión distinta, con registros individuales de las apariciones de Cristo después de la resurrección. Marcos narra la aparición “primeramente a María Magdalena” luego a “dos de ellos que iban de camino,” y luego “a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa” (Marcos 16:9-14). Lucas incluye la aparición a “dos de ellos [que] iban el mismo día a una aldea llamada Emaús,” luego en Jerusalén “a los once reunidos, y a los que estaban con ellos” a quienes llevó a Betania, y desde allí ascendió al Cielo (Lucas 24:13-50). El Evangelio según Juan narra la aparición a María Magdalena, a los 10 discípulos esa misma noche cuando Tomás se encontraba ausente, a los Once ocho días después, a siete de los discípulos en Galilea, a los discípulos a la mañana siguiente en el Mar de Galilea, y la entrevista personal con Pedro (Juan 20:11-19; 21:1-23).

De forma significativa, Mateo se limita a narrar dos de estas ocasiones, la aparición de Cristo a las mujeres en la tumba, y la aparición a los discípulos en Galilea un corto tiempo después (Mateo 28:9-10, 16:20). Una cantidad de autores ha considerado esta aparición de Cristo en Galilea como la misma de “quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen” (1 Corintios 15:6). El motivo para esta comparación incluye el hecho de que “algunos dudaban” (Mateo 28:17). Entonces, estos que dudaban no deben haber pertenecido a los Once, ya que con anterioridad habían visto a Jesús. Segundo, a las mujeres les dijo Jesús, “Vayan y denles las nuevas a mis hermanos” (Mateo 28:10), un término que Él nunca antes había utilizado con los Doce; por consiguiente eso se debe de haber referido a una reunión más grande de todos Sus seguidores en Galilea. Por ejemplo, Cristo usó el término “hermanos” de manera general en Mateo 23:8: “Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos.” Debemos admitir que este pasaje tiene dificultades de interpretación, pero debemos seguir las observaciones siguientes:

En Mateo 28:10, cuando Jesús dijo: “Vayan y denles las nuevas a mis hermanos,” seguramente Él no quiso decir que las mujeres se lo fueran a decir a ¡más de quinientas personas! Eran los Once quienes estaban en Jerusalén en ese momento; estos hombres fueron informados que Jesús iría delante de ellos a Galilea.

En Mateo 28:16-18 hay una referencia que se repite de los once discípulos, pero ninguna referencia a más de quinientas personas: “Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló…” Insertar otro grupo dentro de este contexto es una intrusión desafortunada.

En Mateo 28:16 las palabras “les había ordenado” se refieren al 26:32 que sucede inmediatamente después de la Cena del Señor cuando Jesús les dijo a los Once, no a más de quinientos, “Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.” Esto está muy relacionado con el 28:17, “Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban.” No debe de sorprendernos que algunos de los Once dudaran. En varias ocasiones en Marcos 16:11-16 los Once rehusaron creerles a las personas que le habían visto a Él, y “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado.” Aun cuando los Once le vieron, “Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu.” (Lucas 24:37).

Bien puede ser que cuando Mateo registró que “algunos dudaban” se estaba refiriendo a las distintas ocasiones durante los cuarenta días de apariciones del Salvador resucitado, incluyendo la de Lucas 24 como también de esta en Galilea. No es necesario saber cuándo fue que sucedió esta duda. Es importante saber que toda duda eventualmente se quitó: “El mismo hecho de que los discípulos no fueran prontos a creer, sino que sus dudas tuvieran que ser removidas de manera completa y total, es una prueba de lo más convincente de que Jesús sí se levantó de los muertos y que sí se le apareció a Sus discípulos como lo registra la narración inspirada.” (Lensky en Matthew, p. 1140).

Los tres versículos finales presentan la re comisión de los Once; los Doce habían sido comisionados en Mateo 10:1-9, pero el ámbito de esta comisión ahora se amplía. En 28:18 el pensamiento del 28:17 se continúa con la conjunción kai, “y,” con lo que se indica que Jesús aún les tenía que decir más a los Once: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo…”

La primera de tres cosas fue Su declaración: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18), demostrando así Su Persona. Cristo no solamente demostró Su deidad con la resurrección, sino que aquí vemos una afirmación de la autoridad universal que le fue dada por Su Padre. Él ya había declarado esa autoridad en Juan 10:18: “Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” Él tiene toda la autoridad que se le ha dado y Él ahora está sentado a la derecha del Padre, hasta que el Padre haga de Sus enemigos el estrado de Sus pies (Mateo 23:44). Luego Él retornará a la tierra para ejercer Su autoridad como Mesías/Rey sobre toda la tierra.

La segunda de las tres cosas es Su mandato: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones” (28:19-20a), al presentar Su programa. En base a Su autoridad Cristo ahora extiende Su alcance para incluir a todas las naciones. En Mateo 10:1-8 cuando Cristo envió a los Doce en su primera misión, la misma estaba limitada a las “ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mateo 10:6). Pero entonces, ya que Su propia gente no le recibió, Él ahora está listo para ordenar que este mensaje sea llevado a todas las naciones.

Este mandamiento incluye ir, discipular, bautizar y enseñar. A pesar de que la palabra “ir” es un participio, sin embargo es un mandato, como lo afirma Juan 20:21: “Como me envió el Padre, así también yo os envío.Hechos 13:1-4 indica que el Espíritu Santo llama a personas específicas para enviarlas a lugares específicos: “Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.” La frase “enseñar a todas las naciones” (mathete usate panta ta ethne, “hacer discípulos a todas las naciones”) abarca el presentar el Evangelio, bautizar a las personas que reciben el Evangelio, y enseñar a las personas convertidas todas las cosas que les fueron dadas a los discípulos por Jesús. Toda la práctica del bautismo por agua en el libro de Hechos se hizo inmediatamente luego que la persona aceptaba a Cristo como Salvador; nunca hubo un período de espera para “probar” que el nuevo creyente fuera a perseverar. Todas esas restricciones basadas en la “cultura” o en el “testimonio demostrado” son extrañas a las Escrituras.

El concepto final es Su consuelo: “yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (pasas tas hemeras; “todos los días”) (Mateo 28:20b), que es la promesa de Su Presencia. En esta última afirmación se incluyen dos factores de parte de Cristo; el primero es Su presencia permanente. Esto es simplemente la posición de la persona cristiana: “vosotros en mí, y yo en vosotros” (Juan 14:20), y “Cristo en vosotros, la esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Es sorprendente que sean tan pocos los creyentes verdaderos que toman ventaja de este conocimiento de una manera práctica. Es triste decirlo, pero con cuánta frecuencia esta clase de expresiones salen de los labios de personas cristianas sinceras, como “Que Dios esté con nosotros hoy,” o, “Señor, acompaña a los misioneros.”

El mismo capítulo catorce del Evangelio según Juan nos asegura que las tres Personas de la Divinidad moran en cada creyente: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad… vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17); y esta promesa: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él” (Juan 14:23). Estos y muchos otros versículos en las Escrituras dejan en claro la presencia permanente del Señor. Entonces, el preguntarle a Él que esté en usted es una forma de incredulidad; ya sea que usted crea en lo que Él ha dicho: “Yo estoy con ustedes siempre,” ¡o usted de manera ignorante esté continuamente clamando por algo que ya le ha sido otorgado como parte de su salvación!

Un segundo factor es que esta promesa es: “hasta el fin del mundo [de la era].” En el Evangelio según Mateo, cuando Cristo habla sobre “la era” Él se refiere al período durante el cual Él ministró al sembrar el trigo entre la cizaña hasta el fin de la era cuando Él envíe a Sus ángeles a separar el trigo de la cizaña, como se discutió en el capítulo trece. Esto significa, por consiguiente, que la responsabilidad de predicar el Evangelio no es posible que finalizara con los Once, sino que continuará hasta el fin de la era. Mateo 28 no es solamente una amonestación para predicar; Pablo, al escribirle a la iglesia en Corinto dijo, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación… y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:17-20).

Los cuarenta días de las apariciones de Cristo después de la resurrección terminaron con Su ascensión al Cielo. Sus últimas palabras a los discípulos fueron: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:7-8).

Que nosotros que le amamos a Él retengamos Su declaración de “toda autoridad;” que obedezcamos Su mandamiento de ir a “todas las naciones;” y que nos gocemos en Su consuelo de estar con nosotros “todos los días” hasta que Él vuelva de nuevo, “¡En la plenitud de los tiempos!

Las últimas palabras de Cristo en la Biblia son; “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.” (Apocalipsis 22:20)

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