En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 16

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

¿Se sorprendería usted al saber que habrá casamientos en la tierra cuando Cristo retorne a establecer Su reino milenial? ¿Por qué estaría Cristo discutiendo el asunto del divorcio mientras Él presenta los diversos aspectos de ese reino? ¿Van a tener todas las personas cuerpos glorificados? Si eso es así, ¿cómo podría haber casamientos y divorcios?

Un resumen de los eventos en el calendario profético servirá para aclarar cualquier malentendido. Proféticamente, el próximo evento que va a suceder es el descenso del Señor en las nubes para recibir a los miembros de la verdadera iglesia, tanto vivos como muertos, para que estén con Él en el cielo (Juan 14:1-3; 1 Tesalonicenses 4:13-18). Nosotros permaneceremos con Él en el cielo mientras está sucediendo el período de siete años de la tribulación en la tierra. Durante esos siete años, muchos judíos y gentiles serán salvos (Apocalipsis 7:1-17). Muchos serán martirizados, pero muchos permanecerán en la tierra y “resistirán hasta el fin” (Mateo 24:13). Aquellos que resistan vivirán a través de la gran tribulación y entrarán directamente en el Reino Milenial en sus cuerpos físicos ordinarios. Ellos tendrán hijos, construirán casas, sembrarán y comerán de lo sembrado. (Isaías 65:20-25). El lapso de vida será “como los días de los árboles” (65:12), y también habrán pecadores (65:20) que necesitarán ser salvos.

De esta manera, habrá matrimonios entre personas no glorificadas, lo mismo que divorcios. Si resulta fantasioso pensar que los santos resucitados y glorificados podrán vivir entre las personas ordinarias y pecadoras, recordemos que el mismo Cristo vivió y comió con Sus discípulos después de Su resurrección (Lucas 24:41-43; Juan 21:12-13). Mientras que será posible para que personas tanto glorificadas como no glorificadas puedan vivir juntas, eso no quiere decir que el matrimonio va a ser necesario y aun posible para los santos glorificados. Sin embargo, esas cosas que nos pueden parecer increíbles hoy día, no lo serán entonces. Cuando uno llega a pensar sobre cosas extrañas, recordemos que en Génesis 18:1-8 y 19:1-4, aun los ángeles se aparecían en forma humana, y eran capaces de comer, ensuciarse y cansarse, para luego desaparecer cuando su tarea había terminado. ¿Por qué, pues, sería imposible para los humanos tanto glorificados como no glorificados, existir en el reino terrenal de Cristo, sin casarse entre ellos?

Reiterando, el matrimonio entre personas comunes y corrientes, continuará a través de la era de la iglesia, de la gran tribulación, y a través del Reino Milenial. Por lo tanto, lo que Cristo presentó en Mateo 5:31-32 referente al matrimonio y al divorcio, tiene igual significado en todas estas eras. Pero ahora, ¿qué fue lo que Él enseñó?

El Asunto del Divorcio. Mateo 5:31-32
Lo que dice la Ley. 5:31

5:31: “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, déle carta de divorcio”.

Cristo se está refiriendo a Deuteronomio 24:1-4 que incluye esta declaración de la Ley de Moisés. Este mismo pasaje lo mencionan los fariseos en Mateo 19:7 cuando intentan engañar a Jesús para que tome partido ya sea con la escuela del rabino Hillel o con la del rabino Shamai, en relación con el asunto del divorcio. En Mateo 19:3, ellos cuestionan a Jesús en base a la escuela más liberal de Hillel: “¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?”. Lo que especifica Deuteronomio 24:1 es si el esposo “halla en ella alguna cosa indecente”. Las dos palabras hebreas usadas son dabár ervá (Strong H1697 y H6172) “la desnudez de algo”, lo que probablemente sea algo inmundo o un comportamiento impropio. La traducción griega de la Septuaginta utiliza las palabras aschemon pragma, que es una referencia a un asunto externo como la conducta o el vestuario que no son agradables. En el Nuevo Testamento en el único lugar en que esa palabra se utiliza es en 1 Corintios 7:36, en la forma del infinitivo, “impropio” (Strong G807, asjemonéo; indebido).

Volviendo a Deuteronomio 24:1-4, la “cosa indecente” que el esposo halla en su esposa puede ser cualquier cantidad de cosas, y de allí la pregunta de si “¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?” La única causa que no significa es el adulterio, puesto que era penalizado con la muerte por lapidación y no con el divorcio (Deuteronomio 22:22-30). Luego “la carta de divorcio” (Strong H5612 séfer, H3748 keritút) literalmente significa que una carta de terminación le era entregada a la mujer, la cual no era necesariamente para justificar la acción del hombre, sino para asegurar públicamente que la mujer no era una adúltera. De esta forma, ella quedaba libre para poder casarse de nuevo. La única restricción era que ella no podía regresar con el primer marido puesto que eso era considerado como una contaminación.

La Enseñanza de Cristo. 5:32

5:32: “Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”.

Hay dos cosas que Cristo cambia. Primero, Él no apoya las concesiones de la Ley Mosaica. Esto no es una contradicción con lo que Él dijo de venir a cumplir la Ley y no a abrogarla, pero, así como en todas las demás afirmaciones, Jesús presenta aquí la interpretación correcta de la Ley. Lo hace aún más claro en Mateo 19:3-9 en donde cita de Génesis 1:27; 2:23-24. Desde el principio, Dios estableció que el matrimonio fuera entre un hombre y una mujer, una sola vez y de por vida. Por esta razón, las concesiones de que hizo Moisés eran “por la dureza de vuestros corazones” (Mateo 19:8). Esto quiere decir que Dios sabía que ellos harían peores cosas si no les hubiese dado ese permiso. Por consiguiente, eso no era un mandamiento sino una concesión, lo cual no anulaba Génesis 1 y 2.

Segundo, Cristo permite únicamente una causa para el divorcio, “a no ser por causa de fornicación”. Fornicación es un término más amplio que el adulterio; el adulterio es solamente una forma de fornicación, como lo es la prostitución, el homosexualismo, la bestialidad y la falta de castidad entre las parejas solteras. Se puede decir que sería la de una “relación sexual generalmente ilegal”. Esto puede bien ser el porqué Cristo no usó el término más específico moijeúo (Strong G3431, adulterio), el cual únicamente incluye a las parejas casadas. Para Cristo y para Pablo, la única cosa que podía disolver la unión matrimonial era el estar unidos vía la fornicación con alguien más, de acuerdo a 1 Corintios 6:16. Aun en ese contexto, Pablo se refiere a la norma de la creación para mostrar la permanencia del matrimonio, a menos que sea rota por las relaciones sexuales ilícitas.

La última parte de este versículo, “hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”, contiene verbos aoristos en el tiempo pasado. Lenski muestra que esta traducción viola tres verbos pasivos. Él sugiere que el esposo “hace que ella quede estigmatizada como adúltera; y aquel que se casa con ella queda estigmatizado como adúltero”. En el caso de fornicación no vemos ningún problema; el fornicario ha roto el voto matrimonial y es culpable. Pero cuando no existe la fornicación y el hombre (en este caso) se divorcia de su inocente esposa “por cualquier causa” de acuerdo con la costumbre farisaica de ese día, él es el culpable. Jesús denuncia a este hombre malvado. Esto estaría de acuerdo con Mateo 5:20 como otro ejemplo de la tradición de la auto-justificación, y ésta arruina la intención divina del matrimonio.

Ciertamente, para poder entrar en el reino de los cielos, el cual Cristo está presentando, un discípulo debe de tener una mayor justicia que la de los estribas y fariseos con respecto a esta relación matrimonial, que es muy importante. En el cumplimiento de los tiempos, cuando el Reino quede establecido, Cristo utilizará Su “vara de hierro” para regir de que esto sea así.

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