En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 28

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La Súplica: Guía y Liberación

6:13a. “Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal”.

Muchas preguntas surgen de este versículo: ¿Podría Dios dirigir a alguien a la tentación? ¿Qué significa la palabra tentación? ¿Es la liberación del mal, o del mismo maligno? ¿O puede esto tener referencia a la liberación del futuro período del mal que es la gran tribulación?

Las palabras “no nos metas”, como en las peticiones anteriores, están en el tiempo imperativo aoristo el cual puede ser interpretado como “no dejes que caigamos en la tentación”. Según A. T. Robertson, en Gramática p. 948, también puede ser clasificado como un imperativo permisible. “Este causativo puede tener una fuerza permisiva, no permitas que caigamos”.

Por lo tanto, nuestra respuesta a la primera pregunta sería que Jesús no les está dando instrucciones a Sus discípulos de pedirle a Dios que no los meta en tentación, sino más bien, que no permita que eso suceda. La Biblia Nueva Versión Internacional traduce este versículo así: “Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno”.

Segundo, la palabra tentación (peirasmós, Strong G3986, prueba, tentación), puede significar solicitar el mal (Santiago 1:13-15), o puede referirse a pruebas dadas para reforzar o mejorar el carácter de una persona (Santiago 1:12). Obviamente, el contexto debe de ser el factor decisivo. Aquí en Mateo 6:13, pareciera que es negativo, puesto que la petición es para ser librados del mal. Después de todo, ¿qué sentido tendría ser librado de una prueba que es para beneficio propio?

En 1 Corintios 10:13, Dios nos da la prueba y la forma cómo escapar de ella, que es en realidad, la gracia para poder soportar la prueba; y en 2 Corintios 12:7-10 Pablo pidió tres veces que fuera liberado, pero en vez de eso recibió la promesa de “Bástate mi gracia”.

Esto nos lleva a la tercera pregunta: ¿Es la liberación de las cosas malignas, o del maligno, satanás? El género de las palabras griegas apo tou ponerós (Strong G4190) (del mal), puede ser tanto neutro como masculino, puesto que la ortografía es la misma en ambos casos. Algunos autores favorecen el género masculino “del maligno” debido a la preposición apo (del), la cual se usa predominantemente para la liberación de las personas, mientras que ek (fuera de), sería usada para la liberación de las cosas malas (cf. Robertson p. 653).

La cuestión de que si peirasmós, (Strong G3986, prueba, tentación), se puede referir a la futura gran tribulación, significaría que Jesús estaba instruyendo a Sus discípulos para que fueran exentos de ese tiempo de la prueba que precede al establecimiento de Su reino terrenal.

Esto sería extraño a la luz de Sus instrucciones previas de regocijarse bajo esas circunstancias de persecución y difamación. Más aun, la única vez que la palabra peirasmós se utiliza para la gran tribulación se encuentra en Apocalipsis 3:10, donde encontramos la frase que la define, “yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra”.

En todos los demás casos en que aparece la palabra “tribulación” se usa la palabra griega dslípsis (Strong G2347, angustia, atribular, persecución, tribulación), para referirse a la gran tribulación.

En resumen, entonces Jesús les está diciendo a Sus discípulos, cuando les presenta que Su Reino “se ha acercado”, que oren para que “no permitas que caigamos en la tentación del mal, sino líbranos del maligno”.

La Bendición: Doxología

6:13b. “Porque tuyo es el reino, tuyo el poder, y la Gloria, por todos los siglos. Amén”.

La primera parte de la doxología (instrucciones de adoración a la Divinidad), “porque tuyo es el reino”, en ninguna manera contradice la primera parte de la oración, “Venga tu reino”, puesto que Jesús tiene en mente de que el gobierno universal y soberano de Dios es una certeza ahora. Pero el reino que vendrá, con el Hijo de David, Jesucristo, como el Rey supremo, será una manifestación mundial de que la voluntad de Dios se hará como se hace en el cielo.

El Padre Celestial es también el Dios omnipotente y glorioso, por lo que se puede agregar, “el poder y la gloria por los siglos de los siglos”. Esta doxología es una de las tantas que tienen sus raíces en el Antiguo Testamento: En 1 Crónicas 29:10-11, encontramos que David, en su oración con la que cerró su reino, reconoce estos atributos, y más: “Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo. Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos”.

Y la palabra final, “Amen” es la que corona esta oración. ¡De cierto, así es! ¡Qué atribución más excelente de una oración que anima a los discípulos para que sigan al Rey/Mesías ayudándolo a establecer Su reino en la tierra! ¡Así es, en “el cumplimiento de los tiempos”, cuando Jesús ponga Sus pies sobre el Monte de los Olivos, así será!

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