En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 4

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Imagínese que usted está en el campo y ve a un hombre que se le acerca, vestido de piel de camello; ciertamente le daría un poco de miedo. Luego usted observa que ese hombre come langostas en vez de frutas silvestres; usted cree que esa persona es algún tipo fanático, radical o revolucionario.

Pero esa era la apariencia de Juan el Bautista cuando llegó “predicando en el desierto de Judea” (Mateo 3:1). En realidad, Juan era un sacerdote, hijo de Zacarías y Elisabet (Lucas 1:5, 13). El ángel Gabriel le apareció a Zacarías y le dijo que su hijo Juan también sería un profeta, “para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17, 76).

Juan el Bautista era apenas seis meses mayor que su primo Jesús (cf. Lucas 1:36). El testimonio de Juan referente a Jesús fue hecho después de treinta años de silencio desde el cumplimiento de las profecías relacionadas con el nacimiento de Jesucristo. Fue “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4). Ahora, después de treinta años, y habiéndose roto ese silencio con un breve vistazo del joven Jesús a los doce años de edad, en el templo, preguntando y respondiendo preguntas (Lucas 2:39-47), Juan el Bautista hace su aparición con un sorprendente mensaje: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Después de que Juan fue encarcelado, su primo Jesús llegó a Galilea, “predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:14-15).

Cuando Jesús dijo, “el tiempo se ha cumplido”, Él utilizó el tiempo verbal del nombre pleroma que Pablo usó en Gálatas 4:4, traducido como “cumplimiento”. De esta manera, la pregunta surge de inmediato, si el tiempo fue cumplido, ¿por qué no fue establecido el reino de Dios, y por qué Cristo no inició Su reinado sobre toda la tierra? Antes de examinar esta pregunta es necesario repasar exactamente qué estaba incluido en la misión y el mensaje de Juan el Bautista. Como ya lo hemos mencionado, estas dos cosas fueron dirigidas a los judíos. La misión de Juan era “preparar el camino del Señor y enderezar sus sendas” (Mateo 3:3). Esta es una cita de Isaías 40:3 (y más tarde, Malaquías 3:1 contiene palabras similares, “He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí”). La misión de Juan, por lo tanto, fue una de preparación. El ángel Gabriel profetizó eso a Zacarías, el padre de Juan el Bautista: “E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1:17). El mensaje de Juan a Israel era: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Mientras que el significado básico de “arrepentirse” (metanoeo) es de un “cambio de mentalidad” el cual por sí mismo no necesariamente incluye la salvación cuando la palabra “arrepentirse” es utilizada en referencia directa al mensaje del Evangelio, algunas veces está relacionada con conceptos tales como “creer” (Marcos 1:15), “convertirse a Dios” (Hechos 26:20), “la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21), “conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 2:25), o “perdón de los pecados” (Lucas 24:47; Hechos 2:38). A veces “arrepentirse” se utiliza para abarcar el asunto de ser salvo sin que se mencione ninguna otra palabra. La benignidad de Dios guía al arrepentimiento (Romanos 2:4). Dios no quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento (2 Pedro 3:9). “No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3, 5). Cuando el Evangelio se recibe verdaderamente por fe, ese cambio de mentalidad por necesidad producirá frutos dignos de arrepentimiento.

Ahora volvemos a la pregunta, ¿Qué hubiese sucedido si el pueblo de Israel se hubiera arrepentido? ¿Se habría establecido de inmediato el reino de los cielos? La mejor forma de salirse de este dilema es decir “Y qué si…” ¡Es una pregunta hipotética por lo que no tiene una respuesta! Pero aun hay otro “Y qué si” de labios del mismo Jesús, con lo cual se satisface una respuesta. En Su segundo lamento sobre Jerusalén (Lucas 19:41-44; el primer lamento se registra en Lucas 13:34-35), Jesús dijo, “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos”.

Por lo menos, este “si” implica que el “día” y “las cosas que son para tu paz” habrían sido cumplidas de inmediato. Pero el hecho es que Israel, como nación, había rechazado a su Mesías; su templo había sido destruido y ellos habían sido dispersados. El Rey y Su reino fueron rechazados, no pospuestos. Pero nos estamos adelantando mucho a nuestra historia. Juan el Bautista, precursor del Mesías había introducido la persona de Cristo, el Mesías y Su programa, el reino de los cielos, en Mateo 3. Sin embargo, había dos asuntos importantes que aun debían de llevarse a cabo para que luego el Mesías presentara Su programa con todo detalle.

Jesús se acercó a Juan el Bautista para pedirle que le bautizara. Al principio, Juan dudó hacerlo indicando que era Juan el que necesitaba ser bautizado por Cristo. A la par de la afirmación de Jesús que “el tiempo se ha cumplido” en Marcos 1:14-15, ahora Cristo dice, “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia” (Mateo 3:15). Pero, ¿qué aspectos de ‘justicia’ pueden ser cumplidos en un ‘bautismo’? Puesto que el reino se ha acercado, debe de haber un Rey calificado el cual va a demostrar Su aprobación divina públicamente. Afortunadamente, tenemos información específica en el Evangelio de Juan que corrobora el “testimonio” de Juan el Bautista. Allí se le presenta como “un hombre enviado de Dios” (Juan 1:6), que vino para “dar testimonio de la luz” (1:7), para dar testimonio de Cristo como “el Unigénito de Dios” (1:18), como “el Cordero de Dios” (1:29), y como “el Hijo de Dios” (1:34). En todas estas formas, la Persona del Rey tenía que ser revelada a Juan para luego darle testimonio de ello a la nación de Israel (1:31). Así es como Juan el Bautista cumplió toda justicia al bautizar a Cristo.

El asombroso clímax de todo esto fue el fenómeno tres veces sobrenatural en Mateo 3:16-17. Primero, “los cielos le fueron abiertos” para darle énfasis a que Él era el Mesías enviado de lo alto. Segundo, Juan vio “al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él”. De acuerdo con Lucas 4:16-19 (que es una cita de Isaías 61:1-2), Jesús dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas… para sanar… para poner en libertad” (vea también Hechos 10:37-38). Dios le había dicho a Juan, “Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Juan 1:33). El Espíritu Santo era la Fuente de poder de Su ministerio, “pues Dios no da el Espíritu por medida” (Juan 3:34).

Finalmente, la voz del Padre se escucha en el bautismo de Jesús, diciendo, “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17). De esta manera, Jesús cumplió con toda la justicia con estas expresiones de la completa aprobación divina. Pero allí quedaba, frente a Su camino, la prueba restante de Su Persona en Su confrontación con el mismo satanás. Esto, también, tenía que llegar “en el cumplimiento del tiempo”.

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