En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 40

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Introducción

En esta sección, Mateo capítulos 8 al 10, Cristo presenta Su autoridad como el Rey al mostrar Su Reclamo Profético al Trono de David, haciendo milagros. El propósito de los milagros era para autenticar que el mensaje y el mensajero provenían de Dios, como lo muestra Juan 20:30-31 (los milagros como prueba de la deidad y del mesianismo de Cristo), o Hechos 14:2-3 (los milagros como prueba del apostolado de Pablo y Bernabé). En Mateo, el propósito de los milagros era para demostrar Su autoridad como Rey y lo mismo para dar fe de que Su mensaje y Sus obras son de origen divino.

El Antiguo Testamento nos da la naturaleza del Reino que debe de esperarse y las condiciones en el mismo. Isaías 35 predice los milagros como parte del Reino y en Mateo 11:1-6 Jesús hace muchos milagros en presencia de los discípulos de Juan el Bautista como prueba para Juan de que Él, Cristo, era ciertamente al que debían esperar.

De esta manera, los milagros eran un anticipo de lo que el Rey hará si solamente ellos lo aceptaran a Él y a Su reino. Esto también lo demuestra Hebreos 6:5 que dice que la gente que veía los milagros de Jesús y Sus discípulos, gustaron de “los poderes del siglo venidero”, ¡el Reino Mesiánico!

Su Autoridad Sobre las Fuerzas Médicas: El Gran Médico: Mateo 8:1-17.

Sanando la Lepra: Limpiando la Contaminación del Pecado. 8:1-4.

8:1. “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente”.

La multitud que siguió a Jesús cuando descendió del monte, muy bien pudo haber incluido a todos los que escucharon el Sermón del Monte, además de otros que se les habían unido. La “gente” (7:28) que escuchó y quedó admirada de Su doctrina, sin duda alguna le contó a otras personas sobre la enseñanza inusual y con autoridad, de Jesús, para que también ellos lo siguieran. El leproso pudo haber estado lo suficientemente cerca para escuchar la enseñanza de Jesús y también pudo haber oído sobre Sus milagrosas sanidades antes de este momento.

8:2. “Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme”.

Observemos que el leproso vino a Jesús. Por Lucas 5:12 sabemos que este hombre estaba “lleno de lepra”, lo que significa que era reconocido como un caso extremo de la enfermedad. Bajo la Ley, esa persona debía de permanecer alejado de la gente (el Talmud prescribía una distancia no menor de 1,80 metros) y pregonara “¡Inmundo! ¡Inmundo!” (Levítico 13:45). Igualmente, debía vivir solo y “fuera del campamento” (13:46); aun así, este leproso encontró la manera de abrirse paso entre la multitud, acercarse a Jesús y “postrarse ante Él” (literalmente, “dobló sus rodillas”, de la palabra proskunéo, Strong G4352, hacer reverencia, postrarse).

El leproso reconoció la deidad de Cristo. No solamente se postró (dobló sus rodillas) delante de Jesús, sino que también reconoció Su soberanía, “diciendo: Señor, si quieres”, y Su poder divino, “puedes limpiarme”. Como veremos de 2 Reyes 5:7, solamente Dios puede “limpiar” (kadsarízo, Strong G2511, limpiar, desaparecer, purificar) la lepra.

8:3. “Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció”.

Es importante que Jesús deliberadamente tocara al leproso porque esto habría hecho que cualquier otra persona fuera ceremonialmente inmunda, pero debido a que Jesús es Dios, ¡no podía contaminarse! Al contrario, Su toque limpió y sanó a muchas personas. Hubo sanidades que ocurrieron solamente con una palabra de Jesús, de tal manera que el haber tocado a este leproso debió de haber sido en beneficio de los que observaban. Imagínese la sorpresa e impresión de toda esta gente cuando observaron a un hombre obviamente limpio tocar a un leproso. Observemos también que la sanidad fue inmediata y total. Tanto Marcos 1:42 como Lucas 5:13 agregan que la “lepra de fue de él”. Más tarde se mencionará que Jesús utilizó muchos métodos para sanar; aquí fue con un toque, pero los resultados siempre fueron perfectos.

8:4. “Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos”.

Cuando Jesús le ordenó al leproso que ya estaba limpio, “no lo digas a nadie”, ¿fue meramente para prevenir que las multitudes no entorpecieran Su ministerio? Marcos 1:45 indica que este hombre desobedeció y se lo contó a todo el mundo, y eso produjo que Jesús abandonara la ciudad. Sin embargo, pareciera claro, de Mateo 8:1, que este milagro fue hecho públicamente, a la vista de las multitudes que seguían a Jesús. Por eso, la instrucción de Jesús debe de ser tomada en un contexto más completo.

Cristo también le dijo a este hombre que se mostrara al sacerdote y ofreciera la ofrenda requerida por la ley para un leproso que había quedado limpio, lo cual serviría de prueba para el mismo sacerdote, de que esa lepra había sido limpiada (Levítico 14:2). El hecho es que solamente Dios puede limpiar la lepra. En 2 Reyes 5:7 cuando Naamán el capitán sirio fue enviado por su rey para ser sanado de su lepra, Joram, rey de Israel rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Soy yo Dios, que mate y dé vida, para que éste envíe a mí a que sane un hombre de su lepra?”. Aun un rey sin fe como Joram en Israel reconoció que solamente Dios puede sanar la lepra. Por consiguiente, si solamente Dios puede sanar la lepra, y si Cristo sanó a este leproso, ¡Él debe de ser Dios! Más aun, si los sacerdotes y los oficiales de los judíos pudieron ver la limpieza genuina de una lepra, fue “para testimonio a ellos” de que Jesús era en verdad el Mesías de los judíos.

No existe ninguna indicación de que el leproso ya limpio fuera a Jerusalén, se mostrara al sacerdote, presentara la ofrenda requerida por la ley, y pasara por un ritual de una semana de duración para probar que había sido limpiado por Jesús. Sin embargo, hay una referencia curiosa en Hechos 6:7, en la temprana historia de la iglesia: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”. ¿Podría haber una conexión directa entre este leproso ya limpio y esa gran compañía de sacerdotes ya salvos? Solo podemos preguntárnoslo hasta que, en el cumplimiento de los tiempos, Jesús retorne y cosas como esta nos sean reveladas en el cielo.

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