En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 41

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Sanando la Parálisis: Sobreponiéndose a la Impotencia del Pecado. 8:5-13
La Solicitud del Centurión para que su Siervo sea Sanado. 8:5-6

8:5-6. “Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado”.

La palabra griega para “centurión” es jekatontarcos (Strong G1543), que literalmente es “capitán de cien”. El centurión era empleado del gobierno de Herodes Antipas como parte de las fuerzas regionales de ocupación en la tierra judía. La narración de Lucas menciona que él “amaba” (agapao, Strong G25) a la nación judía y les había construido una sinagoga. Aun unos ancianos de los judíos estuvieron dispuestos a acercarse a Jesús a nombre de este centurión. Lucas también menciona el afecto que el centurión tenía por su criado (pais, Strong G3816; también doulos, esclavo, Strong G1401) y los ancianos judíos consideraban a este centurión lo suficientemente “digno” (áxios, Strong G514, merecedor), como para que Jesús viniera y sanara a este siervo. La enfermedad del siervo era la parálisis, paralutikós (Strong G3885, paralítico), de paralúo (G3886, paralizado), la cual le impedía movilizarse. Sea lo que fuere esta enfermedad, el hombre sufría de muchos dolores al punto que Lucas, el médico, narra que se encontraba “a punto de morir” (Lucas 7:2).

La Respuesta de Cristo al Centurión

8:7. “Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré”.

Cuando Cristo respondió, en realidad Él dijo, “Yo, aun Yo, iré”, con el pronombre enfático mostrando Su disposición, o talvez Su determinación de ir. Los versículos siguientes dan la impresión de que el centurión no esperaba que Jesús viniera a su casa, sino que pensó que Jesús simplemente diría una palabra y su criado sanaría.

El Razonamiento de la Fe del Centurión. 8:8-9
La Fe en la Habilidad de Cristo para Sanar

8:8. “Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará”.

A pesar de que los ancianos judíos consideraron a este centurión “digno” (áxios), él no se consideraba a sí mismo “digno” (ihkanós, Strong G2425, idóneo, competente, digno). Estas dos palabras son similares, áxios se refiere al peso del carácter o los dones de una persona, e ihkanós se refiere a la suficiencia o competencia de la persona. El centurión se sentía insuficiente para tener a Cristo en su casa. En Lucas 7:6, el centurión envió a un segundo grupo de personas, sus amigos, para decirle a Jesús que no se “molestara”, usando una palabra fuerte como skúllo (Strong G4660, acosar, molestar), la cual la usaban los griegos para expresar problemas severos o dolor, algo así como ser despellejado vivo. Posiblemente no pudo haber encontrado una palabra más gráfica para expresar su propio sentido de bajeza con solo pensar que le estaba causando problemas a Cristo. A pesar de eso, el centurión sintió que Cristo era todo lo suficiente como para poder sanar a su criado con solo pronunciar una palabra. Algunos han sugerido que el centurión no quería ser responsable de causar que un judío piadoso se contaminara ceremonialmente al entrar en la casa de un gentil, pero esto no es más que una especulación, y no se encuentra en el texto. Seguramente, si la fe de este hombre era “tan grande” (v. 10) que creía que Cristo podía sanar a distancia, no tendría problemas en creer que también podía mantenerse limpio. En lugar de eso, el énfasis está en la habilidad de Cristo para hacer lo imposible.

La Fe en la Autoridad de Cristo para Sanar

8:9. “Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace”.

La Nueva Versión Internacional traduce, “Porque yo mismo soy un hombre sujeto a órdenes superiores”, lo que significa que el centurión conocía muy bien el concepto de la autoridad delegada en el sistema militar. Un soldado que desobedecía a un centurión estaría desobedeciendo al mismo emperador. “Precisamente porque Jesús estaba bajo la autoridad de Dios, Él se encontraba investido con la autoridad de Dios, de tal manera que, cuando Jesús hablaba, Dios hablaba… y la palabra de Jesús debía, por lo tanto, estar también investida con la autoridad de Dios, la cual es capaz de sanar la enfermedad” (Carson, Ibíd., p. 201). Es evidente que este centurión era un verdadero creyente en la soberanía y deidad de Cristo.

El Reconocimiento de la Fe del Centurión. 8:10-12
Mayor que Cualquier Otro en Israel

8:10. “Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe”.

Lo grande de la fe del centurión se muestra por la reacción de Cristo en que Él “se maravilló” (dsaumázo, Strong G2296, admirar, asombrar). Muchas veces esta palabra indica cómo es que la gente se maravillaba de Jesús (cf. 8:27; 9:8, 33; 15:31), pero la única otra vez que se indica que Jesús se “maravilló”, fue por la falta de fe de Su pueblo natal de Nazaret, tanto así que “no pudo hacer allí ningún milagro” (Marcos 6:5-6). Pero aquí vemos a un gentil cuya fe sobrepasa a la de cualquier israelita. La Traducción Expandida de Wuest lo pone de esta manera: “Con toda seguridad os lo digo, en el caso de siquiera una sola persona, no pude encontrar tan grande fe en Israel”. De la misma manera, cuando Jesús ministró a la mujer cananea, otra persona gentil, dijo, “Oh mujer, grande es tu fe” (Mateo 15:28).

Mayor que en todo Israel Colectivamente. 8:11-12

8:11-12. “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

Debemos de recordar en todo momento, que Jesús está haciendo estos milagros para probar Su Mesianismo a Israel. El “reino de los cielos” se muestra aquí como un reino físico en donde los patriarcas resucitados se sientan. Lucas 12:37 muestra esto de sentarse como una fiesta de bodas, en la cual Jesús les sirve, y en Mateo 22:13 se muestra la separación resultante de aquellos que fueron invitados a esta fiesta de bodas, pero dijeron toda clase de excusas, y esto es lo mismo que aquí en Mateo 8:12, cuando son echados “en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes(22:13).

Hasta este momento Jesús no ha recibido ninguna respuesta de fe por parte de la nación de Israel, lo cual era necesario para el establecimiento de Su “reino terrenal”. Pero Jesús continuó predicando sobre este “reino de los cielos” y la fe del centurión gentil expone el contraste de la incredulidad en cuanto a que “vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Aun los ancianos de los judíos que el centurión envió para encontrarse con Jesús, guardaron un curioso silencio cuando se trataba de mostrar alguna relación con Cristo como su Mesías/Rey.

De acuerdo a los profetas, los gentiles serían incluidos en ese Reino. Esto es evidente al comparar Amós 9:11-12 con Hechos 15:14-17 en donde todas las naciones (los gentiles), buscarán al Señor. Tan al principio como el Pacto Abrahámico en Génesis 12:1-3, “todas las familias de la tierra” serán benditas en la simiente Mesiánica. Aquí en Mateo 8:10 encontramos la expresión de la fe gentil en la soberanía y deidad de Cristo, la cual es mayor que cualquier otra vista en Israel.

Con más severidad, Cristo predice que “los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera”. Esta no es la primera vez en Mateo que una advertencia de juicio se pronuncia en contra de los israelitas incrédulos. En el 3:11-12 Cristo profetizó de una separación de la paja del trigo, la cual será quemada en “fuego que nunca se apagará”, y Él vuelve a repetir esto en Lucas 3:17. No es de sorprenderse pues, que Jesús use esta ocasión de sanar al criado del centurión como un recordatorio para que Israel se vuelva a Él como Mesías/Rey o tenga que pasar por este severo juicio con su castigo eterno. El reino pudo y debió haber sido establecido si la nación hubiera recibido a Jesús. Hasta Mateo 11—12, Jesús amablemente les dio la oportunidad de arrepentirse, pero ellos rehusaron (11:20). A pesar de que se hubieran arrepentido y recibido el reino, hubiera sido necesario aun separar a los “hijos del reino” no arrepentidos, que son los “rebeldes” de Ezequiel 20:28.

Jesús claramente hizo la distinción entre la simiente física de Abraham y los hijos espirituales de Abraham y dijo de los judíos no creyentes, “Vosotros sois de vuestro padre el diablo” (Juan 8:37-44). El apóstol Pablo hizo la misma distinción en Romanos 9:6-8: “Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos… Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes”. Solamente los verdaderos creyentes serán permitidos en ese reino.

La Recompensa de la Fe del Centurión

8:13. “Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”.

La recompensa de la sanidad no fue proporcional a su fe, sino exactamente como él creyó; esto es, el centurión creyó que Jesús no entró en su casa y tocó al criado, sino que solamente pronunció una palabra. Eso fue exactamente lo que Jesús hizo, tal y como el hombre creyó que Él podía hacer. Hubo momentos cuando Jesús sanó y no se menciona ninguna fe, y otras veces, como en Mateo 15:28 en donde se menciona la gran fe de la mujer. Puesto que Jesús es soberano y omnipotente, Su escogencia de métodos es ilimitada.

En el cumplimiento de los tiempos”, cuando estemos en el “reino de los cielos” con Jesús, Él podrá explicar todas nuestras preguntas sobre sus métodos.

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