En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 47

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La Autoridad de Jesús Sobre las Fuerzas Espirituales:

Salvando y Sanando al Paralítico. Mateo 9:1-8

La Fe Produce el Perdón. 9:1-2

9:1-2. “Entonces, entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado y vino a su ciudad. Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados”.

Al no ser bienvenido en el país de los gadarenos, Jesús y Sus discípulos se embarcaron de vuelta “a su ciudad”, que era Capernaum (Marcos 2:1). Sin mencionar cómo, ni el número de ellos, Mateo simplemente dice que “ellos” le trajeron un hombre enfermo. Marcos 2:3 menciona que “era cargado por cuatro”. Igual que el hombre en Mateo 8:5, este también era paralítico, no podía caminar, y estaba “tendido sobre una cama”, o camilla, la cual podía ser llevada con facilidad hasta el techo y bajarlo a través del agujero que habían hecho (Marcos 2:4).

Los tres Evangelios, Mateo, Marcos y Lucas, indican que Jesús vio su “fe”, pero no elaboran en ello. Ciertamente, estos cuatro hombres que llevaban al paralítico tenían fe, puesto que buscaron la forma de acercarlo a Jesús a pesar de la multitud. Su fe era firme; no tenían duda alguna de que Jesús lo sanaría; esa fe era sin impedimentos, pues no tomaron en cuenta ningún obstáculo para llevar a cabo su cometido.

Pero ¿qué del hombre enfermo? La primera afirmación de Jesús revela que el paralítico también tenía verdadera fe, Jesús le dijo, Társei, téknon, “Ten ánimo, hijo” y luego agrega, “tus pecados te son perdonados”. Debe de haber existido un verdadero sentido de necesidad en el corazón de este hombre para que Jesús lo alentara a animarse y usara la palabra más tierna de “hijo”. Así como es cierto que en algunos casos Jesús sanaba sin mencionar la fe de la persona enferma, a pesar de eso, es evidente que a ninguna persona se le perdonan sus pecados sin que medie la fe. ¿Estaba este hombre esperando ser físicamente sanado? Ciertamente pareciera que sí, puesto que permitió que lo bajasen frente a Jesús. ¿Por qué pasar por toda esta molestia si él no buscaba ser sanado? No hay nada en el texto que indique que sus pecados eran la causa de esta parálisis; ya sea que nació así, o que había sufrido un accidente, es totalmente desconocido, y el acusarlo de pecado es tan malo como aquellos que asumen que el hombre en Juan 9:1 era ciego a causa de un pecado del pasado, de él o de sus padres.

El Razonamiento Promueve el Rechazo. 9:3

9:3. “Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí: Este blasfema”.

En contraste con la fe, el razonamiento trae duda, lo cual causa el rechazo de la verdad. Así era con estos escribas (y fariseos). Mateo menciona únicamente a los escribas y registra brevemente la acusación de la blasfemia. Adicionalmente a Marcos 2:7 y Lucas 5:21, en Juan 10:22-35 encontramos otra acusación de blasfemia en contra de Jesús porque Él afirma “Yo y el Padre uno somos”. Los judíos interpretaron correctamente Su afirmación e intentaron apedrearlo. Más tarde, al momento de Su juicio y crucifixión, Jesús de nuevo fue acusado de blasfemia por hacer las mismas afirmaciones (Mateo 26:65; Marcos 14:64). La palabra “blasfemia” viene del griego blasfemía (Strong G988, maldición, maledicencia), que se deriva de blásfemos (Strong G989, difamación, calumnia, maldición, injuria). Es principalmente injuriar, o difamar, a Dios, pero se utiliza en términos generales, para cualquier palabra despreciable.

En los pasajes paralelos (Marcos 2:7; Lucas 5:21) los escribas razonaban así: “¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?”. La narración de Lucas es especialmente reveladora pues agrega que “estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén” (Lucas 5:17). ¿Podría haber sido que el leproso que quedó limpio en realidad fue a Jerusalén a presentarse a los sacerdotes y que estos les avisaran a estas personas? Solamente Dios puede sanar la lepra, y ahora el mismo Jesús afirma poder perdonar los pecados. Ya sea que usted crea que Él es Dios manifiesto en la carne, o usted debe oponerse por todos los medios posibles a esa blasfemia. Los ancianos escogieron oponerse a Sus afirmaciones.

La Soberanía Demuestra la Autoridad. 9:4-8

La Soberanía por Encima de los Pensamientos: La Omnisciencia. 9:4

9:4. “Y conociendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones?”

La omnisciencia es un atributo exclusivo de Dios, y se afirma de Jesús aquí, de acuerdo con Juan 2:25: “Y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre”. Su conocimiento abarcaba “todas las cosas que le habían de sobrevenir” (Juan 18:4). Jesús conocía el mal que ellos estaban pensando en sus corazones; era un mal en contra de Él. Entonces, en un sentido cierto fueron los escribas y los fariseos los verdaderos blasfemos; se decían a sí mismos que Jesús no era Dios, y que Él era pecador. En el 9:11 lo acusan de comer con los pecadores, y peor aun, en el 9:14 que Él echaba fuera demonios por el poder del príncipe de los demonios.

La Soberanía Sobre el Pecado y la Enfermedad: La Omnipotencia. 9:5-7

9:5-7. “Porque, ¿qué es más fácil, decir: Los pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa. Entonces él se levantó y se fue a su casa”.

Anticipándose a una posible refutación, Jesús quería mostrar que no solamente Él tenía la autoridad en el ámbito físico, sino también en el espiritual, así que Él hace el milagro de la sanidad física; cualquiera de las dos afirmaciones era igual de fácil, si Él es Dios; porque ellos podrían haber dicho, “Es fácil decir que se pueden perdonar los pecados, pero ¿quién puede demostrar eso? Las palabras no cuestan, veamos sus obras”. Cuando había hecho Su obra y había demostrado que Él, el Hijo del Hombre, tiene “potestad” (autoridades) en la tierra para perdonar pecados, aun así ellos rechazaron Su afirmación como su Mesías/Rey. En Mateo 12:38, ellos continúan acercándosele diciendo, “Maestro, deseamos ver de ti señal”. Las exigencias de la incredulidad son insaciables. La historia del hombre rico y Lázaro en Lucas 16:19-31 termina con esta triste afirmación, “Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos”. La historia ha confirmado esta afirmación, porque Jesús murió y resucitó, pero la nación de Israel no quedó convencida de que Jesús es su Mesías/Rey.

La Soberanía en la Mente de la Multitud. 9:8

9:8. “Y la gente, al verlo, se maravilló y glorificó a Dios, que había dado tal potestad a los hombres”.

Primero, el hombre ya sanado glorificó a Dios (Lucas 5:25) y luego la multitud añadió sus comentarios “todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa” (Marcos 2:12); en Lucas 5:26 dice, “Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas”. Los comentarios de Lucas están llenos de palabras poco comunes. Ellos quedaron “sobrecogidos”, de la palabra ékstasis; (Strong G1611, asombro) y glorificaron, de doxázo (Strong G1392, alabar, honrar) a Dios, lo cual indica su actitud favorable hacia Jesús también. Se llenaron de temor, de fóbos (Strong G5401, temor, miedo) lo cual fue sin duda alguna a que sintieron la presencia de Dios; y, finalmente, vieron “maravillas” (cosas extrañas), de parádoxos (Strong G3861, extraordinario, maravilloso), que quiere decir, más allá de cualquier opinión o expectativa del hombre.

Así que este milagro produjo éxtasis, maravilla, temor, glorificación a Dios y cosas más allá de la expectativa de la multitud; y sin embargo, el Israel oficial solamente pudo decir, “¡Él blasfema!”. Si Jesús no hubiera sido capaz de perdonar los pecados y de curar a los enfermos, no habría podido cumplir la profecía y no podría haber sido su verdadero Mesías; pero Él hizo todo eso y aun más, y, sin embargo, Su propio pueblo no le recibió.

Pero en el cumplimiento de los tiempos cuando Él regrese a la tierra, entonces ya será demasiado tarde. Entonces, Él será su juez.

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