En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 5

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Hace unos cincuenta años, no existía la tentación del uso de las drogas ilegales, por lo que los que somos mayores de 40 o 50 años podemos considerarnos afortunados en ese respecto. Pero lo que era común y socialmente aceptado era fumar cigarrillos, y muchos de nosotros caímos en esa tentación. Luego de haber sido salvos, muchos pudimos vencer ese vicio, gracias a Jesús. Y ahora estoy seguro de que si vemos a algún cristiano fumando, por no mencionar otros vicios, podemos decirle, ¿Qué piensa el Señor de eso? ¿Qué haría Jesús? Si esa persona, que es un creyente, se considera lo suficientemente listo, como muchos se consideran a sí mismos, pueden responder, “Jesús nació sin una naturaleza pecaminosa por lo que no pudo haber sido tentado y mucho menos pudo haber cometido un pecado”.

Esto genera muchas preguntas que se relacionan directamente a nuestro versículo, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley” (Gálatas 4:4). Pero primero debemos hacer un recordatorio de las cualidades de Jesucristo como Mesías/Rey de Israel tal y como aparecen en los primeros capítulos del Evangelio de Mateo. La genealogía de la realeza de Jesús y su nacimiento a través de Abraham y de David le dio el derecho legal al trono de David (Capítulos 1 y 2); Su bautismo, atestiguado por Su Padre Celestial y por el Espíritu Santo, demuestran Su derecho personal al trono: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17); y Su tentación y victoria en este encuentro satánico en el capítulo 4, le da Su derecho moral al trono. Si Jesús hubiera fracasado en ganarle la batalla a satanás en estas tentaciones, no habría estado moralmente calificado para regir en el trono de David y cualquier intento para presentar Sus principios del Reino, habría sido un discurso fingido, una total farsa.

La afirmación en Gálatas 4:4 es que “Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” lo cual incluye tanto la divinidad como la humanidad de Jesús. Como el Hijo Divino, fue “enviado”, y como el ser humano verdadero, “nació” de una mujer. A la unión de estas dos naturalezas se le conoce como la Unión Hipostática. Esta palabra se deriva del las palabras griegas hupo (bajo) y histastai (permanecer), o sea, permanecer bajo una base. Luego tomó el significado de substancial, sustancia, y finalmente persona. De esta manera, la unión hipostática se refiere a la unión personal de las naturalezas divina y humana de Cristo; Él es una persona con dos naturalezas. A pesar de que Cristo algunas veces se desenvolvió en la esfera divina y otras veces en la esfera humana, Él siempre actuó como una Persona. Nunca hubo ninguna conversación entre el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre; no la podía haber, porque eran una y la misma Persona.

Las profecías del Antiguo Testamento de que el Mesías sería un ser Divino/humano son, “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:22-23; cf. Isaías 7:14). Él es el “niño” que es nos nacido así como el “hijo” que nos es dado; el “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6).

Se puede citar muchos otros textos del Antiguo Testamento como pruebas. En el Nuevo Testamento, Cristo afirmó ser Dios (Juan 8:58; 10:30) así como hombre (Juan 8:40). Él aceptó que lo adoraran (Juan 9:38) y perdonó pecados (Mateo 9:1-6). Los judíos reconocieron estas afirmaciones (Juan 5:18; 10:31-33). Ciertamente satanás se le acercó dos veces diciendo “Si eres Hijo de Dios” (Mateo 4:3, 6).

A pesar de eso, hubo un radio predicador en el año 1960 (y más tarde su hijo, en 1978) que escribió un folleto titulado “La Tentación de Jesús”, en donde emitió las afirmaciones siguientes: “Jesús, cuando se encontró con satanás en el desierto, lo enfrentó como el Hijo del Hombre y no como el Hijo de Dios”. Luego agregó lo siguiente: “Entonces recuerde, Jesús, el Jesús humano, fue quien estuvo involucrado, y no Su Divinidad”. Más aun, “Jesús se encontró con el tentador en su estado de humanidad perfecta, totalmente separada de cualquier ayuda o participación de Su Divinidad”.

Es precisamente en este punto que ellos hacen caso omiso de la Unión Hipostática de las naturalezas divina y humana de la Persona de Jesús. Las dos naturalezas de Cristo son separadas al extremo de que Su naturaleza Divina no participa con Su naturaleza Humana. Y esto no puede ser; Jesús se encontró con satanás en Su Persona como el Dios/Hombre. El Jesús humano sin la participación de Su naturaleza divina, no habría sido tentado para que convirtiera las piedras en panes, pero la unión Personal de Sus dos naturalezas permitió que fuera la humanidad de Jesús la que fue tentada, pero no permitió el fracaso.

Mientras que es cierto que Jesús veló la gloria que tenía con el Padre antes de la encarnación (Juan 17:5) y de manera voluntaria limitó el uso de Sus atributos divinos (Juan 5:19), Él nunca podía renunciar a ni siquiera uno de Sus atributos, porque dejaría de ser Dios, ¡porque la divinidad no puede cambiar! (Malaquías 3:6). Debido a eso, alguien podría decir, “Bueno, si Él no podía pecar, luego las tentaciones de satanás no fueron reales, y, por consiguiente, Jesús no podría compadecerse con nosotros en el sentir de nuestras enfermedades”. Esto no es cierto por las razones siguientes:

Primero, es cierto que Cristo fue tentado porque Él tenía una naturaleza humana verdadera. Hebreos 4:15 dice, “sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Esto quiere decir que Él fue tentado porque era como uno de nosotros, teniendo una naturaleza humana, aparte del pecado. Jesús no tenía una naturaleza de pecado, puesto que Su naturaleza humana era perfecta, como era la de Adán antes de que este pecara.
Segundo, Jesús tenía que ser tentado en Su Persona puesto que la naturaleza divina no puede ser tentada. A pesar de eso, ello no implica la posibilidad de poder cometer pecado. Una persona impecable puede ser atacada (tentada) aunque no pueda ser derrotada (inducida a pecar). Es posible intentar lo imposible. Por ejemplo, una persona en un bote de remos puede atacar un buque acorazado con un rifle de copas, pero nunca podrá hundirlo y ni siquiera dañarlo en ninguna forma.
Tercero, la impecabilidad (la imposibilidad de poder pecar) depende del poder para resistir la tentación, y Cristo tenía poder infinito (omnipotencia) para resistir. De tal manera que la impecabilidad depende de la voluntad.
Cuarto, la tentación depende de la susceptibilidad, y Jesús fue susceptible a todas las formas de tentación excepto aquellas que surgen de una naturaleza caída, tal y como Adán era susceptible antes de la caída. Jesús, como hombre verdadero, tuvo hambre, sed, sufrió dolor, se cansó y, por lo tanto, pudo compadecerse con nosotros en el sentir de nuestras enfermedades. Pero a pesar de ello, el tener hambre y sed, el sufrir o ser oprimido por el mal, externamente, no es pecado.

Las tres áreas de tentación fueron reales porque, en el cumplimiento de los tiempos, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer. Cómo fue que Jesús fue victorioso y demostró ser moralmente capaz para gobernar desde el trono de David, será el tema de la parte siguiente.

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