En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 7

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

En todo el mundo cristiano muy pocos documentos han afirmado tener la notoriedad del llamado “Sermón del Monte” de Mateo capítulos 5 al 7. Hay dos palabras principales en esta afirmación que son, ‘cristiano’ y ‘sermón’, de las cuales surgen dos grandes cuestiones en la mente: El contexto dentro del cual se encuentra este documento, y, el propósito que tuvo Cristo para presentarlo.

Anteriormente hemos analizado de muchas formas, que Cristo demostró ser el heredero con derecho al trono de David. En Mateo capítulos 1 y 2, Sus derechos natural y legal al trono fueron presentados. Mateo 3 nos brinda un relato de Su bautismo con la afirmación del Padre que “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”, demostrando así Su derecho personal al trono. En Mateo 4, Su victoria sobre la tentación de satanás le da Su derecho moral el trono. Después de esto, Jesús llamó a varios de Sus discípulos para que lo siguieran como “pescadores de hombres”. Cuando ellos le fueron presentados en Juan 1:35-51, reconocieron que Él era el “Hijo de Dios”, “el Rey de Israel”, “el Mesías”, y “Aquel de quien Moisés y los profetas escribieron”. Muy pronto su fama se extendió por toda la región, no solamente en Galilea sino también desde Siria hasta Judea. Multitudes le siguieron y Jesús demostró ser el Mesías/Rey de tres maneras: Enseñando, predicando y haciendo milagros de sanidad, tal y como el Antiguo Testamento había profetizado sobre el Mesías.

Ahora, en Mateo capítulos 5 al 7, Él está listo para demostrar Su derecho jurídico al trono, no presentando un sermón como tal, sino más bien, compartiendo los detalles de Su propuesto “Reino de los Cielos”, el que tanto Juan el Bautista como Cristo proclamaron que “se ha acercado”. Por lo tanto, este documento (Mateo 5—7) es una oferta bona-fide de los principios del reino de los cielos dirigido a las multitudes, y no es, técnicamente hablando, un documento cristiano, a pesar de que vino directamente de Cristo. El cristianismo se basa en la muerte, resurrección y ascensión de Jesucristo, por eso es que este documento no pudo haberse emitido para establecer a la iglesia cristiana sin el Evangelio, o las buenas nuevas relacionadas con la redención del pecado por el derramamiento de la sangre de Cristo en la cruz del Calvario.

Mientras que muchos de los principios resumidos aquí son principios eternos, y se han incluido en la doctrina de la iglesia, no debe de sorprendernos el hecho de que nueve de los diez mandamientos se mencionan en las epístolas del Nuevo Testamento, de alguna forma u otra; a pesar de ello, es evidente que la Ley de Moisés fue cumplida por Cristo y nunca fue su propósito como un medio de salvación. Pablo dice en Romanos 10:4, “porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”, y en Gálatas 3:21-22, “¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes”.

Este es el motivo por el cual hemos dicho que la información que nos brinda Mateo 5—7 ni es cristiana ni es un sermón; en vez de ello, es una profecía de lo que Cristo exactamente quería establecer como reglas y regulaciones para el Reino de los Cielos, el cual Él estaba ofreciendo al pueblo allí mismo. El hecho de que la Nación de Israel rechazara Su oferta del Reino y eventualmente lo crucificara, no altera la sustancia ni el propósito del Reino de los Cielos. Hay una gran diferencia entre la interpretación y la aplicación de cualquier escritura. El viejo adagio de “toda Escritura fue escrita para amonestarnos, pero no toda Escritura fue escrita para nosotros”, será siempre cierto. Muchos de los Salmos que David escribió de sus malas experiencias, han sido una bendición para las personas de todas las edades, pero su interpretación primaria es para la vida de David únicamente. De nuevo, los principios eternos expresados por David, lo fueron también para nuestra amonestación, y de la misma manera es que podemos beneficiarnos de estos principios de los capítulos 5 al 7 de Mateo.

Conforme avanzamos a través de estas afirmaciones proféticas de principios, debemos notar con cuánta frecuencia estas se derivan del Antiguo Testamento, en donde originalmente fueron dadas como promesas para la Nación de Israel y la restauración futura de su reino terrenal. Observemos también cuán variados son los temas, lo que indica que las “multitudes” no solamente incluyen a los verdaderos discípulos de Cristo, sino también a aquellos a quienes Jesús advirtió que debían tener una verdadera relación con Dios. Tampoco a Él se le escapó mencionar a los lobos peligrosos de Su época, que eran los escribas y fariseos religiosos cuya auto-justicia era menos que aceptable para Él, porque Él conocía que estas personas buscarían mantener alejados a los demás de “entrar en el reino” a pesar de que ellos mismos no lo habían logrado.

Cristo inicia con Sus “discípulos”, ciertamente un grupo no limitado a los Doce, y discute las bendiciones que trae el seguirlo a Él como Mesías/Rey; no será un camino fácil, pero tendrá su recompensa (5:1-16). Luego, Jesús le asegura a todos aquellos que lo escuchan, que Él no ha venido a destruir la Ley o los Profetas, sino más bien, ha venido para cumplir (5:17).

Volviendo Sus pensamientos a cualquier persona que se ha reunido para escuchar, Jesús presenta una fuerte amonestación de que el seguirlo requiere verdadera justicia, no la auto-justicia como la de los escribas y los fariseos (5:18-20). Para explicar este punto más específicamente, Jesús da Su propia interpretación de las Escrituras, y al hacerlo así, rechaza las tradiciones farisaicas que estaban anulando la Palabra de Dios (5:21-48). Jesús no solamente rechaza los principios de estas personas, sino que también rechaza sus prácticas, mostrando la verdad sobre una cantidad de cosas, incluyendo el dar, la oración, el ayuno y la confianza en Dios como Padre (6:1-7, 11).

Las amonestaciones concluyen con advertencias adicionales para que todos estemos seguros de estar en el camino correcto siguiendo la enseñanza correcta, y construyendo sobre el único fundamento seguro (7:12-29).

De tal manera, que como se mencionó anteriormente, es importante notar, conforme examinamos estas afirmaciones y amonestaciones proféticas, cuántas de ellas son tomadas directamente del Antiguo Testamento, haciendo énfasis una y otra vez, que las promesas de Dios a Su antiguo Pueblo de Israel nunca han sido olvidadas y, así, el Apóstol Pablo puede preguntar y responder a su propia pregunta: “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera… No ha desechado Dios a su pueblo, el cual desde antes conoció” (Romanos 11:1-2).

Por eso es que es esencial la interpretación literal de las Escrituras y reconocer, por lo menos, tres dispensaciones principales, o eras, las cuales han sido establecidas por Dios y nombradas en las Escrituras: “Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17). “Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles; si es que habéis oído de la administración [dispensación] de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros” (Efesios 3:1-2). “De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:10).

Como veremos más adelante, Dios hará que todo esto suceda cuando Cristo retorne a la tierra para sentarse en el trono de David, “en el cumplimiento de los tiempos”.

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