En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 8

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Enero del año 2000 no inició el nuevo milenio, como lo mencionamos en la Parte 1 de esta serie de artículos. Si yo digo que le he dado vuelta a la pista 1.999 veces, no he completado las 2.000 vueltas sino hasta que corra totalmente las 2.000 vueltas. Lo mismo sucede con los años, no entramos en un nuevo milenio sino hasta que llegamos al 1 de enero del 2001.

Pero nosotros no sabemos cuándo es que el reino milenial de Cristo va a iniciar, sino hasta que Él retorne en el aire a encontrarse con Su iglesia (1 Tesalonicenses 4:16-17); luego sigue el período de siete años de la gran tribulación sobre la tierra (Compare Daniel 9:24-27 con Mateo 24:18-21 y Apocalipsis 7:14-17). Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el Señor retornará a la tierra para empezar Su reino terrenal el cual durará por un período de mil años. (Compare Mateo 24:29-30 con Apocalipsis 20:1-6).

Este es “el Reino de los Cielos” que Jesús les estaba ofreciendo a los judíos en Mateo 5—7. Jesús comienza a describir el reino detallando una lista de ocho bienaventuranzas, o bendiciones, para el verdadero discípulo de Su reino (Mateo 5:3-12).

Mateo 5:3-12

Mateo 5:3. “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”.

La palabra “bienaventurado” que se encuentra al inicio de estos versículos, es la palabra griega makários (Strong G3107), la cual, en el Antiguo Testamento Griego, se traduce de la palabra hebrea esher (Strong H835), que significa ¡cuán felicidad la de esa persona! (Salmo 1:1; 24:3-5; 119:1-2). Por lo tanto, esto representa un estado de satisfacción como un regalo de la gracia de Dios en el pasado, a pesar de las circunstancias que puedan ocurrir en el presente y debido a la realidad de la recompensa futura.

La palabra “pobre” (ptojós, Strong G4434), según el Léxico Griego de Thayer, puede significar una persona pobre de bienes materiales, socialmente destituida o espiritualmente disminuida. A pesar de que estas tres definiciones pueden ser ciertas en una misma persona, el contexto del versículo nos indica que se refiere a una cualidad principalmente espiritual, así como el hambre y la sed del versículo 6 no son situaciones físicas, sino espirituales.

Estas personas son “pobres en espíritu”, lo cual refuerza la connotación espiritual. Jesús dice que esa clase de personas forman parte del reino de los cielos; Él no infiere que eso sea un requisito para poder obtener un lugar en ese reino, sino que se está afirmando una característica de aquellas personas que poseen ese reino. Más adelante, en el versículo 20, Jesús afirmará que la verdadera justicia es un requisito para poder entrar en el reino de los cielos. Sin embargo, no puede dudarse de que una persona que es pobre en espíritu estará mejor dispuesta a aceptar la justicia que proviene de Dios, que una persona que es orgullosa.

El contexto es muy importante; este contexto en particular está asociado con la prédica de Jesús de que el reino de los cielos “se ha acercado” en el 4:17. Jesús está ofreciendo un reino terrenal con Él mismo como Rey, cumpliendo así la profecía en Isaías 40:1-3 (tal y como Juan el Bautista lo predicó en 3:1-3). Debemos recordar que en este punto en el ministerio de Jesús, Él no incluyó los “misterios” del reino, como tampoco hubo ninguna insinuación sobre un vacío de dos mil años (o más) antes de que este reino se iniciara. No, para Jesús el reino “se ha acercado” ahora; ¡está listo para ser establecido porque Él es el Rey!

De esta manera, Su reino, será como profetizó Isaías, “Yo habito… para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15), “…pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra” (Isaías 66:2).

Mateo 5:4. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”.

Es interesante observar que dos escritos no dispensacionalistas sobre Mateo 5:4 (McNeile, p. 50 y Carson, p. 133), le asignan a esta bienaventuranza de llanto un cumplimiento de consumación en el futuro, de la esperanza mesiánica, como lo profetizó Isaías 61:2, mientras que el confeso comentarista dispensacionalista (MacArthur, Vol. 1, pp. 53-65), escribe docenas de páginas aplicando este llanto a creyentes e incrédulos, afirmando que “la consolación de Mateo 5:4 es futura solamente en el sentido de que la bendición es el resultado de la obediencia; la consolación llega después del llanto. Conforme estamos continuamente llorando sobre el pecado, seremos consolados, ahora, en esta vida (p. 62)”.

En este ejemplo, estaríamos de acuerdo con la referencia más específica del cumplimiento mesiánico de Isaías 61:2, excepto que agregamos lo que ya ha sido mencionado: Jesús estaba presentando un reino inmediato en el cual Él vendría “…a consolar a todos los enlutados; a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto”. (Isaías 61:2-3).

El hecho histórico del rechazo de Su reinado no elimina Su promesa. El rechazo meramente abre el camino para que esta “consolación” se cumpla cuando el Rey retorne. Después de todo, como McNeile ha observado, en Lucas 2:25, cuando Simeón esperaba la “Consolación de Israel”, la palabra hebrea nakjam (Strong H5162), según McNeile pp. 50-51, “es un nombre para el Mesías”. El mismo Jesús observó en Juan 14:16, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (alos, otro de la misma clase). Esto quiere decir que Él, el Mesías, era el consolador para todos aquellos que lloran. Cuando Jesús lloró sobre Jerusalén después del rechazo del pueblo judío en Mateo 23:37, Él dijo, “¡Jerusalén, Jerusalén…! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”. ¡Pero bendito sea Su Nombre cuando Él retorne en toda Su gloria, porque todos aquellos que lloran en Jerusalén, serán consolados!

Mateo 5:5.Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad”.

De igual manera que en la bienaventuranza anterior, tanto Carson (pp. 133-134) como McNeile (p. 51), se refieren a la herencia de la tierra como el del futuro reino mesiánico, pero la idea que tienen sobre “la tierra” es la de la tierra nueva en Apocalipsis 21. MacArthur, por otro lado, utiliza todo un capítulo (pp. 167-176) para definir y aplicar la palabra “mansos” al creyente de hoy, pero eventualmente él ve el aspecto de la “herencia” como que se cumple en el futuro reino milenial. Ambos enfoques han descuidado el contexto básico de la presentación que el mismo Jesús hace de Sí mismo al ofrecer el reino de los cielos para ese momento y, por lo tanto, ellos están describiendo características de los santos del reino y lo que habrían recibido como parte del reino en ese instante.

Siempre tiene algún valor el enseñar comprensivamente el uso de la palabra griega praos (Strong G4235, G4239), manso. En los Sinónimos del Nuevo Testamente, R. C. Trench, resume esta palabra como “no es solamente el comportamiento exterior de una persona, ni aun sus relaciones con sus semejantes, o como que es muy poco en su mera disposición natural. En vez de ello, es la gracia interior del alma y el ejercicio de esa gracia de primero y principalmente hacia Dios” (p. 15). Trench continúa mostrando cómo es que esta gracia se manifiesta en la vida. Pero el contexto de Mateo 5:5 está relacionado con uno de los resultados del reino terrenal de Cristo, que es la herencia de la tierra. Jesús está citando el Salmo 37:11, 22, 25, “Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz”. Luego cita el Salmo 37:29, “Los justos heredarán la tierra, y vivirán para siempre sobre ella”. Cuando estos versículos se comparan con el Salmo 2:8-9, “Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra”, no puede negarse que el Mesías reinará sobre las naciones que estén situadas geográficamente en la tierra, y luego los mansos serán co-herederos con Él de esa herencia. Para el judío de esa generación, esto querría decir la liberación de la tierra del dominio de Roma y el restablecimiento del trono de David, como lo prometía el Antiguo Testamento.

Sigamos adelante. Estas son las primeras tres de las ocho bienaventuranzas prometidas por el Rey para el Reino de los Cielos, todas las cuales serán cumplidas literalmente “en el cumplimiento de los tiempos”.

Lea la Parte 9

La Película de Jesús

¿Cómo llegar a ser un cristiano?

¿Cómo llegar a ser un cristiano? Un cristiano es una persona que es un seguidor de Jesucristo, quien ha creído en Él. La Biblia ofrece una respuesta clara para que sepas que eres cristiano, Haga Click Aquí.

La Biblia en Audio