En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 82

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

El Agente del Verdadero Exorcismo: El Espíritu Santo. Mateo 12:25-30

El Principio del Poder Divino en el verdadero exorcismo. Mateo 12:27-28

12:27-28. “Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”.

Las Escrituras revelan solamente dos tipos de exorcismo, el verdadero y el falso. Incluidos en el verdadero exorcismo están los siguientes casos:

  • El mismo Jesús echó fuera demonios en varias ocasiones, con el poder del Espíritu Santo, y al mismo tiempo, Él se estaba presentando como el Mesías/Rey a Israel (Mateo 4:24; 8:16; 9:34; 12:22-24)
  • A los Doce Apóstoles les fue dada la autoridad en Mateo 10:8
  • Los Setenta recibieron esta autoridad sobre los demonios en Lucas 10:17-20.
  • Pablo echó fuera demonios en Hechos 16:18 y 19:12.
  • Felipe echó fuera demonios en Hechos 8:5-8.

Los “hijos” de los fariseos echaron fuera demonios en Mateo 12:27. No es justo saltar a la conclusión de que Cristo estaba diciendo que estos “hijos” de los fariseos estaban usando el poder satánico para echar fuera demonios, porque eso implicaría lo opuesto de lo que Él había dicho sobre el reino dividido en Mateo 12:26.

Si estos hijos” se comparan con los individuos mencionados en Marcos 9:38-40 y Lucas 9:49-50, bien podría ser que son ocasiones de un don milagroso del Espíritu en el Antiguo Testamento. La ocasión en Marcos y Lucas es la misma: “Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Marcos 9:38-40).

Tenemos la tendencia de creer que los dones del Espíritu son estrictamente un fenómeno del Nuevo Testamento, pero si nos regresamos hasta Números 12:24-30, vemos que setenta ancianos profetizaron cuando el Espíritu descendió sobre ellos, y luego otros dos, Eldad y Medad, quienes no habían subido al Tabernáculo, también profetizaron cuando el Espíritu descendió sobre ellos. Pero cuando Josué le pidió a Moisés que se los prohibiera, Moisés le respondió, “¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos” (Números 11:29).

El exorcismo falso es fingir lo milagroso.

En Mateo 7:22 Jesús dijo: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Observe que estas afirmaciones son meramente declaraciones hechas por estos falsos maestros. Jesús no dijo que en realidad echaron fuera demonios; ellos simplemente dijeron que lo habían hecho. Jesús no está de acuerdo con ellos del todo; los llama “hacedores de maldad”. ¿Cómo podrían ser considerados como algo más? Jesús también los contrasta con aquellas personas que hacen la voluntad de Su Padre, en Mateo 7:21. Finalmente, Jesús deja claro que no los conoce y les ordena que se aparten de Él.

En Hechos 19:13-17 siete hijos de Esceva, un judío, también llamados “exorcistas ambulantes” intentaron sacar a un espíritu malo, en el nombre de Jesús, pero fueron vencidos por ese espíritu malo, el cual no reconoció su autoridad.

A manera de resumen, los comentarios siguientes indicarán que el exorcismo no es dado como un don a los cristianos hoy día.

El exorcismo fue uno de los aspectos del don del apostolado, como una “señal” (semeion) de la autenticidad de su ministerio y su mensaje como de ser de Dios (Hechos 14:1-3; Hebreos 2:3-4). Esto fue solamente para una generación porque los Apóstoles fueron parte del cimiento de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo (Efesios 2:20). Nuestra tarea hoy en día no es poner cimientos sobre cimientos, sino construir la superestructura al ganar a los perdidos. Cada nuevo creyente se convierte en una “piedra” en ese sentido espiritual (1 Pedro 2:5-8).

Como ya se explicó, el exorcismo le fue dado específicamente a los Doce, a los Setenta, y a Pablo, como parte de la “autoridad” en el don del apostolado. Por lo tanto, es imposible reclamar la autoridad apostólica para echar fuera demonios afirmando que eso es un don apostólico.

La comisión apostólica en Marcos 16:17 detalla las “señales” específicas las cuales incluyen el echar fuera demonios, hablar en lenguas, la protección del daño por serpientes y cualquier veneno, y sanar a los enfermos. De esta manera, si alguna persona cree tener el exorcismo como parte de su ministerio hoy, entonces todas esas “señales” deberían ser reclamadas para nuestro tiempo, junto con el don del apostolado. Obviamente ese no es el caso. Más aun, esta comisión específica se presenta históricamente cumplida por los apóstoles: “Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían. Amén” (Marcos 16:20).

El exorcismo no está nombrado como parte de nuestra armadura espiritual, como tampoco está relacionado a nuestra unión con Cristo, ni a nuestra lucha espiritual. Toda la armadura de Dios que se detalla en Efesios 6:11-18 no incluye el exorcismo, simplemente expresa la obediencia y la sumisión a Cristo (2 Corintios 10:1-6). Nuestra autoridad espiritual no se extiende a la autoridad apostólica, por eso es que nunca se nos permite enfrentarnos a los demonios para echarlos fuera en el nombre de Cristo.

¿Entonces, qué autoridad tiene el cristiano ante la presencia de una persona que está posesa por demonios? No para la confrontación, sino para orarle a Dios para que sea Él quien expulse al demonio (Santiago 5:16; Hebreos 4:14-16). “En el Cumplimiento de los Tiempos” Dios tratará con todos esos falsos apóstoles y profetas.

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