En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 9

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

El solo hecho de que estemos leyendo este artículo nos indica que, primero, el Señor no retornó el 1 de enero de 2000 para recibir a los cristianos, como muchos creyeron que lo haría. Si Él hubiese retornado entonces, todas esas personas relacionadas con los ministerios cristianos no estarían aquí. Segundo, sus programas de televisión y sus sitios en Internet no estarían operando; y, tercero, todos los que están leyendo este artículo, si se han entregado al Señor Jesús como Señor y Salvador, tampoco estarían aquí; todos estaríamos en el cielo en este momento. Y para el resto de ustedes, hay un cuarto punto muy importante y es que puesto que el Señor aun no ha retornado por los Suyos, las puertas de la oportunidad aun están abiertas para que acepten ese regalo de salvación al confiar en el verdadero sacrificio por el pecado que Él nos dio por medio de Su muerte y resurrección: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

A pesar de que no sabemos cuándo retornará el Señor en las nubes por los suyos, lo que sí sabemos es que siete años después de ese evento, Él retornará para establecer Su Reino de los Cielos en la tierra y le incorporará las profecías contenidas en las bienaventuranzas del capítulo 5 de Mateo, las cuales se empezaron a examinar en la parte anterior.

Mateo 5:6. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”.

¿Qué es la “justicia” mencionada por Jesús en este versículo? ¿Es una invitación para ser justos, o es una declaración de que el verdadero discípulo (el que ya posee la justicia) la verá visiblemente cumplida en este reino que Jesús está ofreciendo? Puesto de otra forma, ya que las palabras “hambre” y “sed” son participios presentes, ¿”hambriento” y “sediento” son indicaciones de condiciones que ya se han realizado personalmente, por el profundo deseo de la justicia pública, o es un deseo de las personas interesadas en ser salvas y que poseen dicha justicia?

Ya hemos indicado nuestro punto de vista de que Jesús le habla a varios grupos en esta proclamación y que esta sección, 5:3-12, expande las bendiciones del verdadero discipulado. Por consiguiente, se deduce lógicamente que el hambre y la sed están en el corazón de los verdaderos discípulos, los cuales ya son justos, pero que tendrán su hambre y su sed satisfechas cuando Jesús inicie su gobierno, con vara de hierro, en Su reino. De nuevo, esto no está muy alejado ya en el futuro, sino que es algo que está allí y entonces, cuando Él es recibido como Rey en Su reino.

Pero no falta alguien que diga que el versículo diez habla de ser perseguidos en nombre de la justicia. Eso es cierto. Sin embargo, en ese punto, el Rey aun no ha sido aceptado por Israel y, por lo tanto, no puede establecer su justo mandato. Conforme Él habla, Jesús presenta una expectación de oposición hacia los justos, pero eventualmente, ¡de ellos será el reino de los cielos en el cual la justicia gobierna!

Aun otros pueden señalar al versículo veinte en el cual Jesús habla de los que dependen de la justicia farisaica y les advierte de que deben de tener una justicia mejor que esa para poder entrar en el reino de los cielos. Sin embargo, esto no se está diciendo para los “bienaventurados”, puesto que ya son poseedores del reino de los cielos (v. 10). El versículo veinte es una advertencia a otro grupo de Su audiencia los cuales aun no tienen la verdadera justicia de Dios.

No es necesario confundir este pasaje con los pasajes que pertenecen a la iglesia, los cuales enfatizan nuestra justicia en Cristo, como en 2 Corintios 5:21. Debemos tener en cuenta que la verdadera justicia siempre se obtiene por la fe, de la misma manera como Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia (Romanos 4:3). Pero la justicia personal hace que el verdadero creyente tenga hambre y sed por el día cuando esto será mostrado universalmente cuando Cristo retorne y reine como Jehová Tsidkenu EL SEÑOR ES NUESTRA JUSTICIA (Jeremías 23:5-6). Hay otras Escrituras en el Antiguo Testamento que mencionan esto:

Isaías 45:8: “Rociad, cielos, de arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo Jehová lo he creado”

Isaías 61:10-62:2: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas. Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones. Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha. Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará”.

¿Cómo podría alguien leer estas palabras sobre el Reino del Mesías y no creer que está profetizado que será un reino tanto espiritual como físico? ¡Si los judíos hubieran aceptado la oferta de Jesús cuando Él la hizo, seguramente aquellos que tenían hambre y sed de justicia en verdad habrían sido satisfechos!

Mateo 5:7. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”.

Entre todas las cosas mencionadas en estas bienaventuranzas, aquí se puede decir mucho sobre la misericordia. W. E. Vine escribió, “la misericordia asume la necesidad por parte de aquella persona que la recibe, así como los recursos adecuados para enfrentar la necesidad por parte de aquella persona que la muestra” (Diccionario Explicativo de Palabras del Nuevo Testamento, Vol. 3, p. 60). De tal manera que cuando yo tengo una necesidad de Dios, me acerco a Dios Quien es el que tiene los recursos, y así, esa necesidad queda satisfecha.

Muchos escritores han utilizado el viejo cliché que dice que la misericordia es cuando Dios nos da lo que no merecemos. Esto hace que la misericordia sea algo negativo, una clase de retención de parte de Dios. Ciertamente, este no es el punto de vista bíblico. La misericordia de Dios se otorga en la regeneración del que cree (Tito 3:5); Sus misericordias y fidelidad son nuevas cada día (Lamentaciones 3:23); Él hizo un pacto con David el cual incluye esas misericordias (Isaías 55:3; cf. Hechos 13:34) y también se nos promete que obtendremos misericordia al acercarnos a Su trono de la gracia (Hebreos 4:16).

Todos estos son conceptos positivos de la misericordia recibida con la cual satisfacemos nuestras necesidades y, a pesar de ello, ninguna de estas se ajusta directamente a este versículo que estamos considerando, puesto que es la quinta bienaventuranza en la secuencia que describe las características de los “bienaventurados” a quienes el reino de los cielos les es ofrecido por el mismo Mesías. A ellos se les asegura que obtendrán misericordia en ese reino.

Una vez más, podemos señalar varias referencias en el Antiguo Testamento que claramente demuestran que la gracia de Dios fue prometida en el reino del Mesías. Todo el libro del profeta Oseas es un ejemplo clásico de la misericordia de Dios para con Israel en ese reino prometido.

Oseas 1:6: “Ponle por nombre Lo-ruhama, porque no me compadeceré más de la casa de Israel” Pero luego en 2:23 el profeta dice, “Y la sembraré para mí en la tierra, y tendré misericordia de Lo-ruhama”. En Oseas 3:5 aparece la promesa que resume todo: “Después volverán los hijos de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a Jehová y a su bondad en el fin de los días”.

En Isaías 54:7-8: “Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor”. Finalmente, en Zacarías 10:6: “Porque yo fortaleceré la casa de Judá,… y los haré volver; porque de ellos tendré piedad, y serán como si no los hubiera desechado; porque yo soy Jehová su Dios, y los oiré”.

¡Solamente medite en todo lo que Jesús le estaba ofreciendo a Israel! ¡Jesús no había venido para destruir la Ley o los profetas, sino para cumplir! Habrá aquellos que obtendrán misericordia y ciertamente serán satisfechos “en el cumplimiento de los tiempos”.

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