En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 94

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

La Parábola Del Tesoro Escondido
Mateo 13:44

13:44. “Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo”

En las dos parábolas, la del tesoro escondido y la de la perla de gran precio, vemos a un hombre que vende todo lo que tiene para comprar el campo, y la perla. Algunos viejos comentaristas liberales enseñaban que el tesoro y la perla representaban la salvación, y que esta se podía lograr por el esfuerzo propio o por dinero. En el presente, algunos escritores evangélicos retienen esta interpretación y sin embargo mantienen que esto no enseña que la salvación sea por obras humanas o por dinero. Carson dice: “El reino de los cielos vale infinitamente más que el costo del discipulado, y todas aquellas personas que saben en dónde es que está el tesoro, gozosamente abandonan todo lo demás para asegurarlo” (Matthew, Expositor’s Bible Commentary, Grand Rapids: Zondervan, Vol. 8, p. 328).

De la misma manera, MacArthur declara:

En ambas parábolas el objeto inapreciable fue comprado a expensas de todas las posesiones que tenía el que lo encontró. Por esta razón, algunos cristianos se sienten incómodos con estas parábolas, porque pareciera que enseñan que la salvación puede ser comprada. Pero desde el principio hasta el fin, las Escrituras dejan abundantemente claro que la salvación es totalmente un regalo gratuito de Dios. Sin embargo, interpretadas de manera correcta, la salvación es comprada en el sentido de que la persona que acepta a Jesucristo como Señor y Salvador, renuncia a todo por Él (Matthew, Chicago: Moody Press, Vol. 2, pp. 389-390).

Para apoyar lo anterior, MacArthur utiliza Isaías 55:1: “A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche”. Refiriéndose a Filipenses 3:5-7 referente a Pablo, dice: “Como el hombre que compró el tesoro en el campo y la perla de gran precio, él liquidó todo lo que tenía por ese precioso tesoro” (p. 391).

Hay algunas objeciones a esta clase de teoría:

1. La salvación siempre ha sido gratuita desde el principio hasta el final; entonces, ¿en dónde está la nueva verdad, el misterio en estas parábolas, si la salvación es la fuerza principal?

2. Esta interpretación utiliza términos contradictorios. El decir que la salvación es gratuita, para luego sostener que el pecador debe de abandonarlo todo para asegurarla (Carson), o que la persona debe de renunciar a todo lo que tiene por Él (MacArthur), está en contradicción directa con Romanos 11:6: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra”. El rendirse al señorío de Cristo viene después de ser uno salvo y es parte del proceso de disciplina y crecimiento.

3. No es justo utilizar Filipenses 3:7: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo”, puesto que esas cosas que Pablo enumera eran todas las fuentes del esfuerzo para la justificación por la ley (3:5-6). Obviamente, esa clase de auto justificación debe de ser abandonada para ganar la verdadera justificación; ¿pero en dónde es que Pablo dice que “él liquidó todo lo que tenía” para utilizar esos activos y comprar así la salvación?

4. Isaías 55:1 especifica que la persona debe de llegar sin dinero, puesto que está comprando “sin dinero y sin precio”. Más aun, en este pasaje, uno del todo no vende ninguna cosa que tiene para poder comprar la salvación.

La parábola habla sobre un hombre que encuentra un tesoro escondido en un campo, y luego va y esconde el tesoro, después vende todo lo que tiene para poder comprar el campo y gozarse así del tesoro. No era poco común en esos días que los dueños de propiedades enterraran sus valores en la tierra, y es muy concebible que alguno de ellos muriera sin recordarse del lugar en donde habían enterrado su tesoro, y que el comprador del campo no supiera del tesoro tampoco. La ley también proveía una cláusula de que quien encontraba algo le pertenecía a esa persona.

Ahora bien, ¿qué significa todo esto en referencia a la Era de los Misterios del Reino de los Cielos?

Primero, el hombre que vendió todo lo que tenía para comprar el campo es Cristo: 2 Corintios 8:9: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. (También cf. Apocalipsis 5:9).

Segundo, el campo “es el mundo” (v. 38) y se le llama “su campo” (vv. 24 y 31). Esta parábola enfatiza que ¡Él ha comprado todo el campo para poseer el tesoro! Esto concuerda con 1 Juan 2:2, “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. Esto nos indica dos cosas; que la muerte de Cristo no solamente fue suficiente por los pecados de todo el mundo, sino que fue provista por los pecados de todo el mundo. Para que Él “gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).

Tercero, puesto que Su sacrificio fue destinado para todos, incluyó todo el campo y el tesoro contenido en el mismo. Este tesoro, por lo tanto, incluiría a los elegidos, y eso sería la fuerza principal de la parábola de la perla. No puede limitarse únicamente a los elegidos de la Era de la Iglesia, puesto que no existe ningún período de tiempo específico indicado en esta parábola.

Cuarto, el misterio de la parábola es que el Mesías va a morir por todo el mundo, tanto por los judíos como por los gentiles. Anteriormente, en Mateo 10:5-7, los Doce fueron enviados únicamente a los judíos, pero ahora, debido a que el reino mesiánico terrenal ha sido rechazado, la nueva revelación es que el Mesías morirá por todos. En algún momento después del Día de Pentecostés, y hasta Hechos 10—11, el apóstol Pedro aprendió esta lección nuevamente. A pesar de que aparentemente pudo haber habido una contradicción entre Mateo 1:21, “Él salvará a su pueblo de sus pecados” y Juan 1:29, “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, es poco probable que los Doce pudieran entender esta diferencia sino hasta después del Concilio de la Iglesia en Hechos 15. Sin embargo, Jesús, en repetidas ocasiones, les informó sobre la necesidad de Su muerte y resurrección, y que Él también tenía otras ovejas “que no son de este redil” (Juan 10:16), que también tenía que traer al redil.

A pesar de que el tesoro se refiere a todos los elegidos de todas las épocas, ciertamente los misterios relacionados con la Iglesia, y a la ceguera de Israel, deben de ser incluidos como parte del grupo de los adquiridos por Su sangre, y que serán salvos “en la plenitud de los tiempos”.
Agosto, 2007

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