En El Cumplimiento de los Tiempos/Parte 98

Por: Dr. Thomas O. Figart; ©1999

UN ESTUDIO SOBRE EL EVANGELIO DE MATEO

Alimentación de los Cinco Mil
Mateo 14:15-21

Este es el único milagro de Cristo (además de Su propia resurrección) que se registra en los cuatro Evangelios. Hay siete afirmaciones directas de boca de Cristo que nos brindan todo el cuadro de este milagro el cual demuestra Su poder creativo.

1.Probando: “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” Juan 6:5.

La gente había caminado mucho para ver y oír a Jesús. Movido a compasión Él había sanado a los enfermos, y se había preocupado por sus almas: “Porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas” (Marcos 6:34). Pero llegó la noche y aun Sus discípulos estaban ansiosos sobre su necesidad de comer. La solución que tenían era que se despidiera a la gente para que fueran a las aldeas más cercanas a comprarse alimentos. La respuesta inicial de Jesús la dirigió a Felipe, como se citó antes. La narración continúa: “Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer” (Juan 6:6).

Desafortunadamente, Felipe no pasó la prueba, puesto que razonó que se necesitaría más del salario de siete meses a razón de un denario por día para cubrir 200 días y que aun no serían suficientes para comprar comida para tanta gente. Sin embargo, Felipe y todos los demás discípulos habían visto antes a Jesús hacer poderosos milagros, ¿por qué no podía él creer en la suficiencia de Su poder para suplir esta necesidad?

No pasaría mucho tiempo después de esto que en Mateo 16:5-12 Jesús se refirió a esta alimentación milagrosa, cuando los discípulos olvidaron de llevar pan, y además, habían malentendido lo que Jesús dijo sobre la levadura de los fariseos y los saduceos. Jesús los reprendió diciendo, “¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan? ¿No entendéis aún, ni os acordáis de los cinco panes entre cinco mil hombres, y cuántas cestas recogisteis? ¿Ni de los siete panes entre cuatro mil, y cuántas canastas recogisteis?

Mientras que Jesús les estaba dando una lección para que interpretaran Sus palabras, al mismo tiempo ¡Él se sorprendió que ellos aun no hubieran aprendido la lección de fe en Sus obras! Aun más tarde, en 17:19-20, inmediatamente después de la gloriosa experiencia de la transfiguración, cuando ellos preguntaron porqué no pudieron expulsar un demonio de un muchacho, Jesús les afirmó que eso era debido a su incredulidad: “Porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible”.

2.- Prometiendo: “Jesús les dijo: No tienen necesidad de irse” Mateo 14:16.

Luego de probar su falta de fe, Jesús indicó que las multitudes no tendrían que caminar hacia la aldea más próxima para conseguir comida. Su propia pregunta, “¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?” fue totalmente oscurecida por Su promesa de gracia: “No tienen necesidad de irse”. Jesús utilizó la misma palabra que usaron dos veces los discípulos cuando dijeron “despide (apolúo, Strong G630) a la multitud, para que vayan (aperjomai, Strong G565) por las aldeas y compren de comer”. No es necesario que vayan cuando están ante la presencia de Aquel Quien ha creado vino del agua.

En este preciso momento Jesús pudo haberse dirigido a Felipe como lo hizo después, y decir, “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9). Ya sea que fuera Dios el Padre o Dios el Hijo, cuando alguno de los dos hace una promesa, no queda la menor duda de que se cumplirá. Remontándonos al padre de ellos Abraham, vemos que, “Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido” (Romanos 4:20-21).

3.- Proveyendo: “Dadles vosotros de comer” Mateo 14:16; Marcos 6:47; Lucas 9:13.

En los tres pasajes anteriores, Jesús usó la misma afirmación enfática: “dadles vosotros de comer” (dote, autos jumeís fágo, Strong G1325, G5210, G846, G5315). Cristo quería utilizar los instrumentos humanos como la fuente de suministro. ¿Pudo literalmente Jesús hacer llover el pan y el pescado sobre ellos? ¡Ciertamente! Sin embargo, Él quería que Sus discípulos fueran parte del proceso.

Esta no sería ni la primera ni la última vez cuando Dios haría eso. La provisión del maná en el Antiguo Testamento, en Éxodo 16:4, cayó del cielo, sin embargo, el Señor le dijo a Moisés: “El pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día”. Así como todos los detalles no son idénticos, la orden a los israelitas ilustra el uso del instrumento humano. ¿No fue este también el caso cuando Lázaro fue restaurado a la vida? Jesús hizo el milagro, pero cuando Lázaro salió de la tumba envuelto en vendas de pies a cabeza, el Señor les dijo, “Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:44). No cabe duda que los discípulos aun no eran capaces de comprender que ellos debían alimentar a las multitudes, ya que la respuesta del Señor a la siguiente pregunta es una evidencia de su insuficiencia.

4.Produciendo: “¿Cuántos panes tenéis? Id y vedlo” Marcos 6:38.

Fue Andrés quien encontró un muchacho que tenía cinco panes de cebada y dos pececillos, pero aun Andrés cuestionó lo útil de algo tan poco, al decir, “Mas ¿qué es esto para tantos?” (Juan 6:9). Solamente imagínese lo que Giezi, el sirviente de Eliseo habría dicho sobre eso. Él tenía mucho más en que trabajar; veinte panes de cebada y trigo nuevo en su espiga, y sin embargo preguntó, “¿Cómo pondré esto delante de cien hombres?” (2 Reyes 4:42-43). La respuesta fue esencialmente la misma: “Da a la gente para que coma, porque así ha dicho Jehová: Comerán, y sobrará”. El principio básico lo encontramos en 1 Samuel 14:6: “No es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos”. En Zacarías 4:10: “Porque los que menospreciaron el día de las pequeñeces se alegrarán”.

Cuando el Señor le dijo a Moisés que fuera a Egipto para liberar a Su pueblo, Moisés le dio una excusa tras otra diciéndole al Señor sobre las cosas que no podía hacer. Entonces el Señor le dijo: “¿Qué es eso que tienes en tu mano?” (Éxodo 4:2). En realidad lo que el Señor le estaba diciendo a Moisés era, “¿Cuántos panes tienes? ¿Qué es lo que tienes que Yo pueda utilizar?

5.- Presentando: “Traédmelos acá” Mateo 14:18.

Lo poco que encontraron, auque fueron cinco panes y dos pececillos, nunca habrían podido satisfacer el hambre de tanta gente sino hasta que le fueron presentados a Cristo. La vara de Moisés no pudo hacer ningún milagro sino hasta que se convirtió en “la vara de Dios” en su mano. Entonces pudo ser levantada sobre el Mar Rojo y las aguas se dividieron (Éxodo 14:16); pudo golpear la roca para que brotara agua (Éxodo 17:5-6), y mientras se mantuviera levantada por encima de la cabeza de Moisés, Israel prevalecía sobre Amalec (Éxodo 17:9-10).

Una de las cinco piedras que David tomó del arroyo y puso en su honda se convirtió en un arma poderosa para destruir a Goliat el gigante (1 Samuel 17:40). Las dos blancas que presentó la viuda en el Templo tuvieron el valor del rescate de un rey porque ella le presentó todo lo que tenía al Señor. El Apóstol Pablo nos recuerda “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Solamente entonces podremos comprobar “cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

6.- Presidiendo: “Hacedlos sentar en grupos, de cincuenta en cincuenta” Lucas 9:14; Juan 6:10.

A pesar que los discípulos ayudaron en la distribución del alimento, fue Cristo Quien estaba a cargo. Para facilitar las cosas y asegurarse que todos serían alimentados, Cristo les dio instrucciones a Sus discípulos que hicieran las cosas decentemente y en orden. Luego, recordándoles que solamente Dios podía suplir sus necesidades, Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, elevó sus ojos al cielo, bendijo la comida, la partió y la dio a Sus discípulos.

No se dan más detalles, pero debe quedar inferido que Él hizo esto con cada canasto hasta que los doce canastos se llenaron, y de allí en adelante, la comida se multiplicó milagrosamente mientras se repartía y los discípulos se movilizaban entre la gente cuando “se recostaron por grupos, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta” (Marcos 6:40). A pesar de que el número total no se da, cinco mil hombres más las mujeres y los niños debe de haber sido por lo menos unas quince mil personas, considerando una mujer y un hijo o hija por cada hombre. Cada uno de los doce le debe de haber dado alimento a más de mil personas.

7.Preservando: “Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada” Juan 6:12.

Los Evangelios son específicos al registrar que “todos” fueron incluidos. En la distribución de los panes y los peces, Marcos 6:41 menciona que Jesús “Entonces tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y repartió los dos peces entre todos”. La distribución se hizo fácil porque la gente se sentó en grupos. Marcos 6:39 utiliza dos juegos de dos palabras curiosas “sumpino sumpósium” (Strong G4844, G4849; grupo de bebida por grupo de bebida, o compañía por compañía). Luego Marcos 6:40, prasiá (Strong G4237, grupos repetidos, como los surcos de un sembrado). Y en la participación: “Y comieron todos” (Mateo 14:20) y en la satisfacción: “Y se saciaron” (Lucas 9:17).

No solamente fueron atendidos a cabalidad sino que aun sobró comida. Los “pedazos” (klásma, Strong G2801, trozo, pedazo) no eran pedazos a medio comer, sino pedazos rotos de los que originalmente se distribuyeron. El salvador no quería que nada se desperdiciara.

Ha sido sugerido que esas doce pequeñas cestas de mimbre fueron llenadas para proveer lo suficiente para Jesús y los discípulos. Pero como pudiera serlo, ciertamente concuerda con Efesios 3:20: “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros”. O con Filipenses 4:19: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

Y como Él prometió cuidar de nosotros hasta el día cuando, en el cumplimiento de los tiempos, ¡Cristo nos lleve a casa al cielo!

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