¿Es Suprema la Iglesia? – Parte 2

By: Carlos Tomas Knott; ©2000

Seguimos reflexionando sobre la declaración del Vaticano que salió en la prensa el martes, 5 septiembre, 2000.

“Hoy el cardenal Ratzinger, cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe, guardián de la ortodoxia de la Iglesia Católica, habló en una rueda de prensa en la ciudad vaticana. Afirmó la supremacía de la Iglesia Católica Romana. Al mismo tiempo hizo una declaración, en un documento de 36 páginas, rechazando el creciente número de intentos de retratar a todas las religiones como iguales. Fue todavía otra afirmación de la primacía de la Iglesia Católica sobre las demás religiones, y demuestra la fuerza de los conservadores en Roma”.

Describe a la Iglesia Católica Romana como:

“…la luz y guía para la salvación espiritual de toda la humanidad”.

En el artículo anterior examinamos la cuestión de la supuesta supremacía de la Iglesia Católica Romana, a la luz de las Sagradas Escrituras. En este segundo artículo preguntamos:

¿Es luz y guía para salvación espiritual?

Ella afirma que sí, como hemos leído arriba, y que la salvación está en ella. Pero la Biblia dice lo contrario. Jesucristo es la luz. Consideremos lo que dice el apóstol S. Juan, bajo inspiración divina en su Evangelio, porque ciertamente es doctrina apostólica.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Éste era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él. No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo” (S. Juan 1:1-9).

Está claro en esta porción primera del Evangelio, que la luz es el Verbo, esto es, el Señor Jesucristo, que era Dios, y era en el principio con Dios. No es ninguna persona, ni mucho menos la Iglesia de Roma. Ni siquiera Juan el bautista, un hombre “enviado de Dios”, era la luz. Tuvo el privilegio de ser “antorcha” (S. Juan 5:35), pero la luz era Cristo.

En S. Juan 3 vemos surgir por segunda vez el tema de la luz.

“Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Más el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (S. Juan 3:19-21).

En S. Juan 8:12 vemos lo siguiente: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. ¿Cómo puede entonces Roma insistir que ella es la luz y guía para salvación? ¡Es pura presunción!

S. Juan 9:5 el Señor Jesucristo afirma: “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo”. Algunos dicen que puesto que Él no está en el mundo, la Iglesia ahora es la luz. Pero hay que hilar más fino aquí y no ser tan superficiales como para hacer equivalencia entre Iglesia y Cristo. Aunque los creyentes somos llamados a ser luz, y resplandecer como luminares, esto es simplemente porque predicamos a Jesucristo, no por nada inherente en nosotros. Por ejemplo, Cristo es el camino, y aunque nosotros conocemos y señalamos este Camino para los que no lo conocen, nunca podríamos decir: “somos el camino”. ¡Esto sería blasfemia!

En S. Juan 12:46 leemos estas palabras de Cristo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”. Creer el evangelio, confiar en el Señor Jesucristo, es salir de las tinieblas del oscurantismo pagano, de la sombra de muerte sin esperanza cierta, a la luz de certidumbre de salvación y el gozo de ella.

Está claro en el Evangelio según S. Juan que la luz no es nadie menos que la Persona de nuestro glorioso Señor Jesucristo. Si predicamos el Evangelio no adulterado, la salvación por la gracia mediante la fe en Cristo, obras aparte, emitimos esta luz de Dios, damos testimonio de ella. Pero Roma no predica ni cree así en Cristo, como suficiente para salvación, obras meritorias aparte, vírgenes aparte, santos aparte, indulgencias aparte. Si la Iglesia de Roma desea ser realmente apostólica, debiera humillarse, arrepentirse y ponerse de acuerdo con los santos apóstoles. Hasta entonces seguirá siendo una falsa profetisa y usurpadora, que: “se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios…haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2:4).

Pero haga lo que haga la Iglesia Católica, usted, estimado lector, tiene una responsabilidad personal delante de Dios. No puede decidir la Iglesia por Ud., es una determinación personal. Sabiendo que las Sagradas Escrituras indican que la luz y salvación es el Señor Jesucristo, usted tiene que reaccionar ante la Palabra de Dios y responder a la verdad que Dios le ha comunicado en Su Palabra. Espero que tenga la honradez y valentía para descartar la religión, por vieja y extensa que sea, y que confíe única y personalmente en el Señor Jesucristo para el perdón completo de todos sus pecados: pasados, presentes y futuros, y acepte la dádiva de Dios que es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Carlos Tomás Knott
http://www.ctv.es/USERS/discipulo

 

 

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