La Puerta de la Salvación (Puerta Santa)

By: Carlos Tomas Knott; ©2001

Todos sabemos lo que es una puerta, porque las empleamos cada día de nuestra vida, casi sin pensar en ellas. Entramos por una puerta, luego salimos por ella. Cerramos o abrimos puertas cada día. Así que, cuando Dios habla de puertas, no es nada difícil de entender para nosotros. Sencillamente, una puerta da acceso, y todos comprendemos esto.

El 6 de enero de 2001 el Papa cerró la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, que había permanecido abierta desde el 24 de diciembre 1999. El 18 de enero 2000 se celebró el: “rito ecuménico de abrir la Puerta Santa del cuarto jubileo”. Participaron 22 líderes de iglesias cristianas, y el World Council of Churches (“Concilio Mundial de Iglesias”) que representa 337 denominaciones cristianas. Según el informe:

“Todos estaban unidos por su fe en Cristo, el único Salvador, y por un sólo bautismo”.

Entre los que tomaron parte estaban, por supuesto el Papa, luego el arzobispo de Canterbury (cabeza de la iglesia anglicana), el patriarca ortodoxo de Constantinopla, y líderes de iglesias anglicanas, luteranas, metodistas y pentecostales. Se trata de una puerta que el Papa a discreción suya puede abrir, y que cuando los fieles entran por ella, obtienen una indulgencia. Informan que unos 25 millones de personas viajaron a Roma durante el “Año Santo”, y la mayoría de ellas pasaron por esa puerta, supuestamente buscando y obteniendo una indulgencia, que es el perdón de sus pecados (hasta ese momento allí). Es impresionante pensar en tantas personas realizando semejante viaje, desde todas partes del planeta, en busca del perdón, y que los protestantes y evangélicos también hayan comenzado a seguir la pauta marcada por Roma.

Cierto es que el ser humano necesita perdón, porque no es básicamente bueno, sino pecador por naturaleza y en los hechos. Pero, la cuestión es, ¿cómo obtener perdón? El Papa y la Iglesia nos facilitan perdón a través de una puerta en Roma, a la cual no todos pueden llegar. Si el hacer peregrinación, confesarse y pasar por esta puerta pueden
otorgar perdón, ¿por qué cerrar la puerta? Si la Iglesia realmente quisiera que todos tuviesen perdón, ¿no podría dejar la puerta siempre abierta, y además, abrir otras puertas en otros lugares para que los que no tienen recursos para viajar a Roma también pudiesen obtener perdón? Estas preguntas deben estimularnos a volver a la Biblia, que es la Palabra de Dios, estudiar la cuestión de la puerta y el perdón.

En la Biblia encontramos varias referencias a puertas. Por ejemplo, cuando Noé y su familia hubieron entrado en el arca, Dios cerró la puerta (Génesis. 7:16). Esto aseguró la salvación de los que habían entrado, cuando el mundo de aquel entonces pereció en el diluvio. En Apocalipsis 3:20 Cristo dice: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. De este modo Cristo busca que voluntariamente abramos y admitamos al Señor. Él nos busca y nos llama, pero tenemos que responder, y esta respuesta de nuestra voluntad se ilustra como el abrir una puerta, lo cual es algo que todos sabemos hacer. Abrir la puerta es creer, confiar, aceptar. Es quitar la barrera que impide la entrada del Señor.

Ahora bien, en cuanto al perdón de pecados y la vida eterna, hay solamente una puerta con respecto a la salvación, y es el Señor Jesucristo. “Yo soy la puerta, el que por mi entrare, será salvo…” (S. Juan 10:9). He aquí la puerta que Dios establece para que todo ser humano pueda ser salvo, esto es, obtener perdón completo y vida eterna. ¡Qué bueno que toda persona, sea grande o pequeña, rica o pobre, tenga estudios o no los tenga, pueda obtener perdón y vida eterna, y tiene acceso a Dios por medio de Jesucristo y solamente por Él! A diferencia de las indulgencias que Roma ofrece, el perdón que Jesucristo extiende a la persona que confía en Él es completa, no parcial, no limitada al día de hoy. Es un perdón que quita todos los pecados del creyente, aun los del futuro: “El que por mí entrare, será salvo”. “Por mí”, claro, porque es a Dios por Jesús, no a Jesús por María, ni por la iglesia, ni por otros. Pedro mismo afirmó que: “en ningún otro hay salvación” (Hch. 4:12).

Surgen más preguntas: ¿Quién le dio al Papa esta puerta de bronce llamada la Puerta Santa? ¿Aparece en la Biblia? No, no está en la Palabra de Dios, porque es un invento humano que las Escrituras ni enseñan ni autorizan. Con esto del Santo Año de Jubileo, volvemos al libro de Levítico 25 donde Dios estableció el jubileo para los judíos bajo el primer pacto, la antigua alianza. Es cosa de Israel, no de la Iglesia. Esto demuestra cómo el catolicismo romano intenta mezclar el judaísmo con el cristianismo. ¿A dónde conduce esta puerta? Creo que es importante saber esto antes de entrar por ella, y respecto a esto vamos a considerar las palabras del Señor Jesucristo mismo, las cuales son infalibles:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino
que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la
puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (S.
Mateo 7:13-14).

Las palabras de nuestro Señor son a la vez una invitación y una advertencia. Nos invita a entrar por la puerta, pero advierten que hay otra puerta que hay que evitar. La puerta estrecha lleva a la vida, y la ancha lleva a la perdición. Cristo nos llama a entrar, pero dice que muchos entran por la puerta ancha, y pocos hallan la puerta estrecha. Recordemos que en S. Juan 10:9 Él dice: “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo”. Entonces, la puerta estrecha de salvación y vida es Jesucristo mismo, y pocos hallan esta puerta.

Ahora bien, si fuéramos el diablo, el adversario de Dios y de los seres humanos, ¿cómo procuraríamos evitar que la gente hallara la puerta estrecha de salvación en Jesucristo? ¿No sería una estratagema de engaño el hacer otra puerta (otro acceso a Dios) que profesara ser de Cristo, incluso en Su Nombre, pero que fuera ancha, es decir, que admite a muchos a la vez y no discrimina ni demanda grandes cambios? Aparentemente, esto mismo es lo que ha hecho, y “la Puerta Santa de bronce” en Roma ilustra bien esto. Hay lugar para muchos, admite muchas personas de muchas creencias diversas, y todo supuestamente en nombre de Cristo. Así que todos entran felices, y se aceptan, se respetan mutuamente, procurando una unión religiosa. Pero si se tuviera que entrar uno por uno, arrepentidos de sus pecados, incluso del pecado de la religión falsa que Dios abomina, la idolatría, la usurpación de los oficios de Cristo, o el tomar la piedad como fuente de ganancia, ¿quién entraría? ¿Entrarían tantos, y juntos? Espero que la respuesta sea obvia. La puerta del perdón no está en Roma ni en ningún otro lugar en el mundo. Es el Señor Jesucristo, y la justificación es por la fe en Él, sin obras. ¡Cuántos se han dejado engañar, creyendo que tienen perdón por haber ido a Roma y haber pasado por la puerta! ¡Cuántos se felicitan de que se están uniendo las denominaciones e incluso las religiones en una gran religión mundial! ¡Es una puerta bien ancha donde todos entran! La puerta que lleva a la vida sigue siendo pequeña, y quien la controla es Dios, no el hombre ni ninguna iglesia. Todavía está abierta, pero el día de la gracia y la paciencia de Dios para con la humanidad se está concluyendo, y cual tormenta los años apocalípticos de Gran Tribulación se acercan. Hoy todavía es posible entrar por la puerta estrecha, por lo cual en Nombre del Señor Jesucristo invito a cada lector a asegurarse de que entre por la puerta estrecha, la estrecha, no la ancha.

“Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no Podrán”.

 

 

 

 

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