Libres del Temor a la Muerte

El Dr. John Ankerberg © 2000

Descripción:

¿Te estás enfrentando a tu propia muerte? ¿Ha recientemente muerto alguien que conoces? ¿Cómo has de responder a estas situaciones como un cristiano? ¿Da la Biblia directrices a seguir? ¿Da Dios consuelo? El Dr. Ankerberg explica.

¿Qué sucede en el momento después de morir? Para mí, este es un tema muy personal, he visto a tres seres queridos morir en los últimos once meses. En primer lugar, mi padre; después mi tía; y luego el hijo de mi primo de 13 años. Día tras día, me senté con ellos a su lado de la cama y vi como los médicos trataron con todos los avances de la ciencia y la medicina, pero la muerte llegó. Personalmente he pasado por todas las etapas de duelo. He ido a sus funerales, he visto sus ataúdes, he tocado sus manos frías y he visto la muerte de cerca. Cuando ves la muerte tan cerca, que tan feo es y no puedes entender por qué todos tememos a la muerte. Hablé en dos de los funerales y no pude más que pensar, ¿Dónde están ellos ahora? A medida que sus amigos y familiares se reunieron para recordarlos, me preguntaba, ¿Cómo se estarán sintiendo? ¿Qué están experimentando en este momento?

Dios en la Biblia responde a estas preguntas con claridad. En primer lugar, la Biblia dice que no tenemos que estar contentos con respecto a la muerte. No tenemos que decir: “Esto es lo que Dios quería.” Más bien, la Biblia dice que la muerte es un enemigo, tanto de Dios y de nosotros. El apóstol Pablo escribe: “Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el último enemigo que será abolido es la muerte.” (1 Corintios 15:25-26). Esto es reconfortante para mí. A Dios no le gusta la muerte ni a nosotros. Él la llama un enemigo. ¿Por qué es la muerte el enemigo de Dios? Es porque la muerte destruye la vida, mientras que Dios es el Creador, el autor de la vida. Cuando el hombre escogió el pecado, rebelarse contra Dios, su pecado trajo la muerte. La Biblia dice en 1 Corintios 15:21, “Porque ya que la muerte entró por un hombre (Adán).” Y Romanos 5:12 dice, “El pecado entró en el mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”

Cuando el hombre pecó, la muerte entró en nuestra existencia y se convirtió en el enemigo que arrebata a un niño antes de que aprenda a jugar bajo el sol. Es el enemigo que se lleva la vida de un adolescente que acaba de comenzar a disfrutar de la vida. La muerte es el enemigo que se lleva al recién casado esposo lejos de su amada esposa justo cuando la vida era más dulce, el enemigo puede robar a los niños de sus amados padres y dejarlos huérfanos. Pero la Biblia también nos dice que a través de Cristo, Este enemigo—la muerte—se puede vencer, y estar seguros de que eventualmente Cristo la erradicará por completo.

Apocalipsis 21:4 dice: “El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado.” Cuando miré en el ataúd del hijo de mi primo de 13 años, le dije a su hermano gemelo Josué que no teníamos que estar felices por la muerte de Joel. La muerte es un enemigo y parte de la razón que Jesucristo vino al mundo. A todos los que ponen su confianza en Cristo, la muerte nos puede herir, pero no nos puede vencer. Es decir, la muerte no nos puede derrotar, pues no dejamos de existir, no es el fin de todo.

Como dice Pablo en 1 Corintios 15:55, “¿DÓNDE ESTÁ, OH MUERTE, TU VICTORIA? ¿DÓNDE, OH SEPULCRO, TU AGUIJÓN? El aguijón de la muerte es el pecado y el poder del pecado, la ley. “¿Qué significa esto? Ya que hemos pecado, experimentaremos el aguijón de la muerte. Pero no podrá destruir a los cristianos. Todos tememos a las avispas y abejas, que pueden volar tan rápido y picarnos. Pero si le quitas sus aguijones, pueden causarnos temor, pero en realidad son inofensivas. Así es también Jesucristo y Su promesa de dar a los que creen en Él la vida eterna, la muerte ahora es como una abeja que se le ha quitado su aguijón. La muerte vendrá a todos nosotros, pero para el cristiano, la muerte no nos puede conquistar o destruir. Es en realidad, el momento en que pasamos al otro lado del velo a una vida nueva maravillosa por toda la eternidad.

La Biblia dice: “Porque la paga del pecado es muerte; mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Además, la muerte no puede separarnos del amor de Dios. El apóstol Pablo escribe en Romanos 8:38 “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Así que en primer lugar, la Palabra de Dios nos dice, que para los creyentes, la muerte es un enemigo que ya está parcialmente conquistada, su aguijón ha sido quitado, y algún día será completamente erradicada por Jesucristo. En segundo lugar, ¿Qué pasa si somos cristianos y se nos han dicho que tenemos una enfermedad incurable y en unos pocos días, semanas o meses vamos a experimentar la muerte? ¿Cómo podemos manejar nuestro temor? La muerte es un desconocido, algo que no hemos experimentado. Bueno, cuando nos embarcamos en un viaje, necesitamos un mapa de rutas fiable. Cuando hacemos la transición de esta vida a la otra, todos necesitamos un mapa de ruta fiable que nos puede decir con certeza nuestro destino final. Ese mapa de ruta fiable es la Palabra de Dios, la Biblia. La única guía confiable no es una persona que haya tenido una experiencia cercana a la muerte, ese es uno que ha tenido un ataque al corazón y que ha sido reanimado y vive para contarnos lo que experimentó. No podemos confiar en él. ¿Por qué? Es porque la Biblia nos dice que Satanás y sus ángeles nos pueden dar experiencias que nos engañan. La Biblia dice que Satanás se enmascara o se disfraza, “presentándose a sí mismo como un ángel de luz” (2 Corintios 11:14). Más de 12 millones de estadounidenses han tenido experiencias cercanas a la muerte, y la mayoría de esas personas han sido engañados por un ángel de luz que les ha dado una información falsa (información que contradice lo que Dios dice en la Biblia) acerca del más allá.

No, la única guía confiable que nos puede decir con certeza lo que hay detrás de la cortina de la muerte es Aquel que en verdad murió, no uno que ha sido reanimado, sino uno cuyo cuerpo estuvo en el sepulcro, frío, quebrantado y rígido durante tres días, pero que luego se levantó de entre los muertos. La única persona que ha vencido la muerte ha sido Jesucristo. Sólo él tiene el derecho, la autoridad para decirnos lo que viene después de la muerte. ¿Y qué es lo que Él dice? Cuando Jesús vino a la tumba de Lázaro, Él encontró que Lázaro había estado muerto por cuatro días. Justo en frente de la tumba de Lázaro Jesús proclamó, “Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás.” (Juan 11:25-26).

Después de hacer esta declaración de que Él tenía el poder de dar la vida que dura para siempre, Él proporcionó la prueba que respalda su reclamación. Él en realidad resucitó a Lázaro de entre los muertos, pero la muerte es inevitable para todos nosotros. Debemos confiar en alguien para nuestro futuro. ¿Hay alguna razón por la que no quisieras confiar en Jesucristo? El apóstol Juan fue tan lejos como para decir: “El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado respecto a su Hijo. Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida.”(1 Juan 5:10-13).

La Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Si te estás acercando a la muerte y sientes temor, Dios quiere que confíes en sus promesas para ti. Tan solo creer en Su Hijo, el Señor Jesucristo, y pedirle que te perdone tus pecados, para ser el Salvador de tu vida, Dios promete que la muerte será sólo una transición a la vida eterna en el Cielo con Él. Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creed en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, os lo hubiera dicho; porque voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros.” (Juan 14:1-3).

El apóstol Pablo, al acercarse a su propia muerte, pudo escribir: “Porque sabemos que si la tienda terrenal (refiriéndose al cuerpo) que es nuestra morada, es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa (Esto es, un cuerpo nuevo) no hecha por manos, eterna (Esto es, un cuerpo eterno) en los cielos. Pues, en verdad, en esta morada gemimos, (es decir, según nos volvemos viejos las dolencias y dolores llegan, luego las enfermedades y sufrimientos) anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial; (nuestros nuevo cuerpos)” (2 Corintios 5:1-3). De hecho, Pablo pudo decir con confianza: “pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor.” (2 Corintios 5:8).

¿Qué quiere decir esto? Cuando morimos, nuestro cuerpo se coloca en la tierra y nuestro espíritu va a estar con el Señor. Por ejemplo, en la Biblia hay una distinción clara entre la tumba donde descansa el cuerpo y el Seol donde los espíritus de los muertos se reúnen. El Antiguo Testamento habla de la otra vida usando la palabra hebrea Seol, 65 veces en el Antiguo Testamento. Seol se refiere al reino de los espíritus difuntos. En la descripción de esta región, parece que no todas las personas tienen la misma experiencia en ese lugar, Para algunas personas, es una región de penumbra, pero para otros es un lugar donde moran con Dios.

En el Nuevo Testamento la palabra griega para el Seol es la palabra Hades. Al igual que el Seol, la palabra Hades nunca se utiliza para referirse a la tumba, pero siempre se refiere al mundo de los espíritus que han partido. Antes de la muerte y resurrección de Jesús, Él describió el Seol, o Hades, como el reino de los muertos, que tiene dos compartimentos. En Lucas 16, Jesús habló acerca de un hombre rico y un mendigo, llamado Lázaro. Después de describir sus muertes, escucha lo que Jesús dijo que les sucedió: “y murió también el rico y fue sepultado. En el Hades [la traducción del griego en el Antiguo Testamento de la palabra Seol] alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a lo lejos, y a Lázaro en su seno. Y gritando, dijo: “Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y refresque mi lengua, pues estoy en agonía en esta llama.” Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes, y Lázaro, igualmente, males; pero ahora él es consolado aquí, y tú estás en agonía. Y además de todo esto, hay un gran abismo puesto entre nosotros y vosotros, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan, y tampoco nadie pueda cruzar de allá a nosotros.”

A partir de la historia de Jesús, podemos responder a la pregunta: “¿Cuánto tiempo se tarda, después de la muerte, para determinar si estás en el cielo o en el infierno?” La respuesta de Jesús es: “El hombre rico cerró los ojos en esta vida y los volvió a abrir en la siguiente” ¡Fue inmediata! Como un incrédulo en el Hades, el hombre rico era plenamente consciente. Tenía un cuerpo espiritual que podía hablar, podía sentir, podía experimentar dolor, podía recordar lo acontecido en su vida. También vemos que su destino eterno estaba irrevocablemente fijo. Abraham le dijo: “hay un gran abismo puesto entre nosotros y vosotros, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan, y tampoco nadie pueda cruzar de allá a nosotros.” Esto significa que una vez que pasas a través de la puerta de la muerte, tu destino final está fijo para siempre. No serás capaz de cambiarlo.

¿Qué pasó con el creyente Lázaro? Jesús dijo que Lázaro fue escoltado por los ángeles a esa región del mundo subterráneo, el Seol o Hades, que se llama aquí el seno de Abraham. Él estaba siendo consolado y feliz. Es interesante que en el Nuevo Testamento después de la muerte y resurrección de Cristo y Su ascensión, a los creyentes ya no se dice que van al Hades donde estaban los muertos que había sido justificados. No, los creyentes ahora se dice que van directamente al cielo. En otras palabras, las dos regiones del Hades ya no existen lado a lado. El Seno de Abraham está en el cielo hoy en día. Pero el Hades por los muertos sin Cristo, los injustos, todavía existe. La Biblia dice que algún día el Hades y los que residen en él, de acuerdo a Apocalipsis 20:14, serán arrojados al infierno eterno. La Biblia describe al juicio del mundo de Dios con estas palabras terroríficas: “Y el mar entregó los muertos que estaban en él, y la Muerte y el Hades entregaron a los muertos que estaban en ellos; y fueron juzgados, cada uno según sus obras. Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda el lago de fuego. Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20: 13-15).

La Biblia no enseña que hay un purgatorio. La Biblia no dice nada acerca de un lugar temporal de castigo y de limpieza que las personas sufren y luego van al cielo después de 1000 o 10.000 años de sufrimiento. No, la Biblia dice que el Hades será arrojado al infierno algún día, pero que la única diferencia para las personas que están en el Hades será su ubicación. No habrá ninguna diferencia en el castigo. Las personas incrédulas que mueren no escaparán a ninguno de los sufrimientos y la agonía eterna que serán parte del infierno. El apóstol Pedro nos dice claramente: “El Señor sabe cómo… reservar a los injustos para el día del juicio, mientras continúa su castigo” (2 Pedro 2:9). Algunos preguntan: “¿Qué pasa con mi cuerpo? ¿Qué pasa con mi espíritu cuando muera?” Santiago dice, “el cuerpo sin espíritu está muerto”. Es decir, el cuerpo lo llevan bajo tierra y si eres un cristiano, tu espíritu va a estar con el Señor. “Ausente del cuerpo es estar [inmediatamente] presente con el Señor.”

Pero, por otro lado, si eres un incrédulo, si no has puesto tu fe en Jesucristo y lo que Él hizo por ti en la cruz, tu cuerpo va bajo la tierra y tu espíritu va al Hades donde no hay esperanza, sólo agonía y desesperación. La Biblia también enseña que en el regreso de Cristo, los que han creído en Él, sus espíritus serán reunidos con sus cuerpos. Pues Dios resucitará a sus viejos cuerpos y los hará nuevos. 1 Tesalonicenses 4:14ff. dice: “Creemos que también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él (es decir, los que murieron creyendo en Cristo); y los muertos en Cristo resucitarán primero. Después de eso, nosotros que todavía estamos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire.”

Es por eso que Jesús dijo en Juan 6:40, “Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo aquel que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y yo mismo lo resucitaré en el día final.

Por otro lado, aquellos que han rechazado a Cristo, sus cuerpos serán enterrados, pero al morir sus espíritus entrarán inmediatamente al Hades. Daniel en el Antiguo Testamento se refiere a la resurrección, cuando los cuerpos de ambos creyentes e incrédulos se reunirán con sus espíritus: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra (en referencia a nuestros cuerpos) despertará; unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua”. Jesús enseñó en Mateo 25 que cuando los espíritus de los malvados se reúnan un día con sus cuerpos, seguidamente, sus vidas serán juzgadas. Después de un juicio justo, Jesús, el Juez eterno, dirá a los que se encuentran ser malignos, “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado para el diablo y sus ángeles… Estos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”.

Si eres un incrédulo, debes temer a la muerte por lo que vas a experimentar inmediatamente después de morir. ¿Cómo puede alguien dejar de temer la muerte? Sólo es posible si creemos en el Señor Jesús. El libro de Hebreos, capítulo 2, versículo 15 dice: “Jesús vino para librarnos de aquellos que por temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda su vida.” Intuitivamente tememos a la muerte, porque no sabemos lo que hay después de la muerte. Tememos a la muerte, porque si hay un Dios, no queremos encontrarnos con Él. Tememos porque no vamos a ser capaces de cumplir sus demandas, si eso es lo que temes, la Biblia está de acuerdo contigo. Nadie puede cumplir las demandas de Dios. Todos somos pecadores, es por eso que Dios, que nos ama “envió a su Hijo al mundo, no para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo a través de Él.”

La Biblia dice que Dios nos quiere dar un regalo. “El don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). En otras palabras, Dios quiere que tengas vida eterna. Él quiere que tus pecados sean perdonados. Es por eso que Él envió a Cristo, y una vez que ponemos nuestra fe en Jesucristo, Dios nos da el regalo de la vida eterna. Los escritores bíblicos describen nuestra proximidad a la muerte y nuestra esperanza del cielo como un barco, navegando en aguas desconocidas. Para mantenernos fijos en posición, necesitamos un buen anclaje. Nota lo que la Biblia dice: “los que hemos buscado refugio seamos grandemente animados para asirnos de la esperanza (en Cristo) puesta delante de nosotros, la cual tenemos como ancla del alma, una esperanza segura y firme, y que penetra hasta detrás del velo donde Jesús entró por nosotros como precursor” (Hebreos. 6:18-20). La Escritura describe nuestra esperanza como ancla, descansando en las manos de Jesús. Nuestra ancla se extiende desde Jesús hasta donde estamos, y Jesús no se mueve. Al igual que un ancla que sostiene un buque con seguridad en su posición, nuestra esperanza en Cristo garantiza nuestra seguridad. Mientras que el ancla del barco se hunde al fondo del océano, el ancla del cristiano sube al santuario verdadero y celestial donde Jesús está aferrado a Dios mismo. Así pues, estamos a salvo y seguros en Cristo.

Otra pregunta las personas hacen es, ¿Qué pasa con el dolor y la tristeza? Si has perdido a tu esposa, tu esposo, un hijo, ¿cómo manejar su pérdida? Hay que saber que es bueno y normal que los cristianos tengan duelo. Está bien derramar lágrimas, es normal extrañar a nuestros seres queridos. Sin embargo, “no os entristezcáis como los que no tienen esperanza.” El apóstol Pablo dice: “Pero no queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen (es decir, los que mueren creyendo en Cristo), para que no os entristezcáis como lo hacen los demás que no tienen esperanza.”(1 Tesalonicenses 4:13). Pablo esperaba que los cristianos lloraran por la pérdida de sus seres queridos, pero les recuerda que los volverán a ver.

Cuando David se enteró de que su hijo Absalón lo mataron, la Biblia registra, “Y el rey se conmovió profundamente, y subió al aposento que había encima de la puerta y lloró. Y decía así mientras caminaba: ¡Hijo mío Absalón; hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera haber muerto yo en tu lugar! ¡Absalón, hijo mío, hijo mío!” (2 Samuel 18:33).

Cuando Lázaro murió, María y Marta entristecieron, cuando Jesús vino, Él preguntó: “¿Dónde lo habéis puesto?” (Refiriéndose a Lázaro). “Le dijeron: Señor, ven y ve,” Y cuando Jesús llegó, la Biblia registra el versículo más corto de la Biblia: “Jesús lloró.” Los que estaban reunidos alrededor decían: “Mirad, cómo lo amaba.” (Juan 11:35-36). Cuando la muerte nos separa de alguien que amamos, muchas veces nos sentimos como si nadie pudiera sufrir más que nosotros. Pero el dolor es universal. La Biblia dice que Jesús mismo lo experimentó. Incluso Dios Padre vio a su Hijo morir una muerte agonizante en la cruz. Podemos traer nuestras penas y dolor a Dios, sabiendo que Él entiende y se compadece.

La Escritura dice: “Porque convenía que aquel para quien son todas las cosas y por quien son todas las cosas, llevando muchos hijos a la gloria, hiciera perfecto por medio de los padecimientos al autor de la salvación (es decir, Jesús) de ellos… Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, Él igualmente participó también de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.”(Hebreos 2:10-15). La Biblia continúa: “Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” (Hebreos 2:17-18). Es decir, como Jesús experimentó la muerte, el sufrimiento y la tentación, podemos llevar nuestras penas a Él. Él es misericordioso y fiel, Él entiende el dolor de lo que has pasado.

Si estás sufriendo en este momento, quiero que sepas que estas promesas de Dios me han ayudado mucho. Pienso en ellas y permite que te de una más. Dios nos dice que debemos recordar, que si nuestro ser querido muere creyendo en Cristo, él o ella está más vivo ahora que antes. Pienso en mi papá, mi tía o el hijo de mi primo de 13 años, si yo supiera que se habían ido en un avión y volado hasta las Bahamas, y supiera que ahora estaban sentados en la playa y nadando en un mar hermoso y cálido. Los iba a extrañar, pero no me sentiría tan mal. Sabría que estaban pasando un buen momento. Sólo esperaría poder unirme a ellos. Bueno, si tu ser querido ha muerto creyendo en Cristo, están en un lugar mejor que las Bahamas. Ellos están en el Cielo, en la casa del Padre, donde hay muchas moradas.

Jesús dijo: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:27-28). Cuando el apóstol Pablo trató de hablarnos acerca del Cielo, se quedó sin palabras tratando de describirlo. Él dijo: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9). Gracias a Cristo, podemos ser libres del temor a la muerte, podemos saber a ciencia cierta que el Cielo es nuestro destino final. Si tu ser querido está con Cristo, tienes la esperanza de que vas a estar con él o ella, los verás de nuevo. Él está con Cristo ahora mismo. Si no conoces al Señor como tu Salvador personal y tu ser querido muere, nunca vas a verlo de nuevo. Tenemos que estar preparados para la muerte. Todos sabemos que vamos a morir, pero no sabemos cuándo. La Biblia dice que Dios da a cada uno de nosotros la oportunidad mientras vivimos para tomar decisiones que determinarán el tipo de vida que tendremos en la eternidad. En concreto tenemos que decidir ahora si vamos a creer en Jesucristo y recibir el regalo de la salvación, o elegir no creer y estar separado de Dios en el cielo por toda la eternidad.

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