Una Secta Es Una Secta – Parte 1

Por: Carlos Tomás Knott; ©1999

Las iglesias evangélicas están siendo seducidas hoy en día como nunca antes en la historia. Enfrentan un peligro tan grave que, aunque hemos tocado el tema previamente, debemos volverlo a tocar con nuevo discernimiento y vigor. Si los evangélicos sucumben a la seducción (como están haciendo cada vez más), su testimonio del evangelio se sumergirá en confusión y podrá perderse. Esto sería una nueva y trágica dimensión de aquella apostasía de la cual la iglesia y el mundo nunca se recuperarán. Lo más asombroso y alarmante es que (con pocas excepciones) los líderes evangélicos y aun los que vigilan a las sectas rehúsan reconocer este peligro. Por esto nos vemos obligados a dirigirnos de nuevo al tema.

Una Colaboración Increíble

Durante décadas los evangélicos han intentado diligente y fielmente analizar y advertir a la iglesia respecto a las sectas. Incluidos en la lista están el mormonismo, los Testigos de Jehová, la Ciencia Cristiana, la Escuela Unitaria del Cristianismo, la Iglesia de Unificación de Sun Myung Moon, etc. Pero la secta más seductora, peligrosa y grande (más grande que todas las demás combinadas), no está incluida en la lista. ¡Muchos expertos rehúsan identificar a esta secta horrible como lo que es! Al contrario, la aceptan como “cristiana”.

Lo peor es que muchos grupos que predican el evangelio bíblico han abrazado a esta secta como colaboradora para “evangelizar al mundo”, aunque ella predica un evangelio falso que envía a cientos de millones de personas a una perdición eterna sin Cristo. Las denominaciones grandes tales como los anglicanos y los episcopales están involucradas en negociaciones para fusionarse con esta secta. Unos representantes de las Asambleas de Dios han tenido “diálogo fructífero” con esta secta, cuyos miembros ahora son percibidos generalmente como cristianos nacidos de nuevo. Como consecuencia, las iglesias evangélicas se ven en una crisis sin igual en su historia, y que amenaza su misma existencia.

Esto es una acusación severa, solemne y devastadora, pero la hemos documentado en el pasado, y ahora presentamos nuevas evidencias. Reto a un debate público a cualquier líder de iglesia, que declare que la acusación es falsa. Si demuestra que estoy equivocado, me arrepentiré públicamente. Pero si es verdad la acusación, entonces son necesarios cambios grandes en las iglesias evangélicas, incluso el arrepentimiento de muchos de sus líderes tan respetados. Solicito tu ayuda para proveer a los líderes de las iglesias con los datos que necesitan para identificar a esta secta. Son datos que años atrás yo mismo ignoraba, cuando yo también fallaba en identificar a la Iglesia Católica Romana como la secta que es.

Repudiando La Reforma

¿Qué es una secta? En su libro: Rise of the Cults (“La Subida de las Sectas”), Walter Martin define a una secta como: “cualquier desvío mayor del cristianismo ortodoxo respecto a las doctrinas principales de la fe cristiana”. Aunque el Sr. Martin no lo nombra,
el Catolicismo Romano es un: “desvío mayor del cristianismo ortodoxo”, acerca de muchas: “doctrinas principales de la fe”, y por lo tanto, según su definición es una secta. El reconocimiento de esta verdad es lo que dio comienzo a la Reforma. El negar que el Catolicismo Romano es una secta equivale a un repudio de la Reforma, y es efectivamente burlarse de más de un millón de mártires que murieron a manos de Roma, como si ellos hubiesen dado sus vidas por algo que no tiene sentido.

“Pero”, dice alguien: “después del Concilio Vaticano II (1962-65), la Iglesia Católica Romana ya no enseña ni practica lo mismo que antes de la Reforma”. Esta idea popular es falsa. Para contrarrestar la reforma, se reunieron los mejores teólogos de Roma, de 1545 a 1563, en el Concilio de Trento. Sus cánones y decretos, los cuales rechazaron cada doctrina de la Reforma, siguen siendo la declaración definitiva del Catolicismo Romano, y los catecismos católicos requieren adherencia a ellos. Al abrir el Concilio Vaticano II, el Papa Juan XXIII declaró: “Acepto enteramente todo lo que ha sido decidido y declarado en el Concilio de Trento”. El Concilio Vaticano II reafirmó los Cánones y Decretos de Trento. No, Roma no ha cambiado después de la Reforma, excepto superficialmente.

Si vivieran hoy Lutero, Calvino y los demás reformadores, ¡ellos denunciarían al Catolicismo Romano como la secta más grande y peligrosa en el mundo! Pero el instituto fundado por el Sr. Martin: Instituto de Investigación Cristiana (C.R.I. según las siglas en inglés) rehúsa clasificarlo como secta. En su libro que hemos citado antes, Martin enfatizó que las cinco sectas principales en aquel tiempo tenían “un séquito que excede los 8,5 millones de personas…” Sin embargo, pasó por alto a los cientos de millones que están en el Catolicismo Romano.

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