Una Secta Es Una Secta – Parte 2

Por: Carlos Tomás Knott; ©1999

Infalibilidad, Exclusivismo y Sumisión Ciega

El libro: Answers To Cultists At Your Door (“Respuestas a las Sectas en Tu Puerta”), presenta otro ejemplo. Los autores, los Passantino, son descritos así: “expertos en investigación de sectas”, que: “han pasado años en ministerio anti-secta” (según la contraportada del libro: Witch Hunt, “Caza de Brujas”). Ellos incluyen como las marcas de una secta la afirmación de que: “es la única organización en el mundo que hace la voluntad de Dios”, y el afirmar que su líder es: “únicamente escogido por Dios para guiar al pueblo de Dios”, o que sólo este grupo: “ofrece la verdadera interpretación de la Biblia en todos los asuntos”. De nuevo vemos que la Iglesia Católica Romana reúne perfectamente estas características. Ella profesa ser la única iglesia verdadera, que el Papa es únicamente escogido para guiar a todo el pueblo de Dios; y que sólo su jerarquía puede interpretar las Escrituras [el Magisterio]. Sin embargo, los Passantino, como muchos otros expertos sobre las sectas, fallan en identificar al Catolicismo Romano como secta, aunque según su criterio es secta.

Los mormones deben obedecer a ciegas a José Smith y sus sucesores; los Testigos de Jehová no se atreven a cuestionar la Sociedad de Atalaya; otros miembros de otras sectas tienen que someterse absolutamente a sus líderes. Este autoritarismo es una marca primaria de una secta. A todos los católicos se les requiere la misma sumisión ciega. El Canon 212 del Código de Ley Canónica del Catolicismo requiere que todo católico rinda obediencia absoluta a sus “sagrados pastores”. El Concilio Vaticano II afirma repetidamente que sólo la jerarquía católica puede interpretar la Biblia, y que lo que pronuncian los Papas debe ser obedecido sin cuestionar. El Canon 333 (Sección 3) declara: “No existe apelación ni recurso alguno contra una decisión o un decreto del Pontificio Romano”. El vigilante vaticano, el Cardenal José Ratzinger, en su recién “instrucción” de 7.500 palabras, declara que no se puede justificar la disensión respecto a las enseñanzas de la Iglesia: “diciendo que es asunto de seguir uno lo que dicta su conciencia”. Ninguna secta demanda la rendición de la mente y la conciencia con más arrogancia que el Catolicismo Romano.

Recomendando Al Catolicismo

Los expertos sobre las sectas no sólo excluyen al Catolicismo Romano de sus listas de sectas, sino que lo aprueban explícitamente. Por ejemplo, James W. Sire, que durante muchos años fue editor jefe de InterVarsity Press (en España: G.B.U.), en su libro: Scrip­ture Twisting (“Torciendo las Escrituras”), define a una secta como un grupo que tiene: “doctrinas o prácticas que contradicen a las de las Escrituras, como tradicionalmente interpretadas por el cristianismo representado por las principales denominaciones católicas y protestantes…” ¡Sire pone al Catolicismo como una regla de ortodoxia con la cual las sectas deben ser juzgadas! Sin embargo, él acusa a las sectas de torcer las Escrituras, ¡cosa de la cual Roma seguramente es maestra! Sire apunta al mormonismo como secta porque añade a la Biblia otras revelaciones, pero Roma ha añadido muchísimas más revelaciones nuevas a la Biblia que la iglesia mormona. Sire afirma: “En el cristianismo bíblico no hay una clase de gurús, no hay iluminati, no hay gente por la cual toda interpretación correcta tiene que venir”. ¡Pero ésta es precisamente la situación de la Iglesia Católica Romana! ¿Cómo, pues, puede hacer de ella una regla de ortodoxia?
Considera también el libro: The Agony of Deceit (“La Agonía de la Decepción”), editado por Moody Press. Cada capítulo fue escrito por un líder evangélico distinto acerca de una falsa enseñanza específica en las iglesias. Mientras que el libro en su mayor parte repite mucho del material hallado en: The Seduction of Christianity (La Seducción de la Cristiandad”), que salió cinco años antes, es otra voz dando muchas de las mismas advertencias, por lo cual estamos agradecidos. Sin embargo, este libro también hace la vista gorda respecto al Catolicismo Romano. En la página 65 dice: “El Catolicismo Romano tradicional…mantiene que la Biblia es inerrante”. ¡Al contrario, la verdad es que el Catolicismo Romano explícitamente niega que la Biblia sea inerrante! La siguiente oración reconoce que: “los mensajes [del protestantismo y del catolicismo] están en polos opuestos”, pero el escritor pasa en seguida a otro punto sin identificar las diferencias vitales.

La página 111 afirma: “La Iglesia Católica resistía las herejías crecientes con respecto a la Persona de Cristo, y…protestantes continuarán afirmando la cristología Católica”. ¡Otra vez, esto es terriblemente falso! La cristología del Catolicismo es herética. Niega el lugar único y exclusivo de Cristo como mediador entre Dios y los hombres, haciendo a María: “co-mediadora”; niega el carácter exclusivo de Su obra redentora, haciendo a María: “corredentora” (El Concilio Vaticano II acredita a María con un perpetuo: “oficio salvador; ella continúa obteniendo mediante su intercesión constante la gracia que necesitamos para la salvación eterna”). Y niega la suficiencia de Su obra redentora, declarando que además de lo que Cristo sufrió por ellos en la cruz, los redimidos también deben sufrir por sus propios pecados en esta vida, o bien en el purgatorio, etc. Hay mucha más herejía en la cristología católica, como por ejemplo el hecho de presentarle perpetuamente como un infante o niño sujeto a Su madre, pero no entraremos más en esto ahora por cuestión de espacio. El “Cristo” del Catolicismo Romano es tan falso como su “María”, es tanto “otro Jesús” como el del mormonismo, o cualquier otra secta. ¡Admitámoslo!

Varias veces el libro The Agony… dice que los protestantes y los católicos abrazamos los mismos credos apostólicos. Esto es en parte verdad, pero despista gravemente. La implicación es que los credos son afirmaciones completas y comprensivas del cristianismo bíblico, pero no lo son. Además, hay una gran diferencia entre el significado de los credos según entienden los protestantes y los católicos. Por ejemplo, afirmando que Cristo: “sufrió bajo Poncio Pilato”, el Catolicismo Romano enseña que Su sufrimiento fue insuficiente. Además de los sufrimientos de Cristo, cada uno de nosotros debe sufrir por sus propios pecados para ser salvo. Aun podemos sufrir vicariamente, para la salvación de otras personas (la Constitución Apostólica del 1 de enero, 1967, Indulgentiarum Doctrina, nº 1687, urge a los católicos a llevar: “cada uno su propia cruz en expiación de sus pecados y los de otras personas…ayudando así a sus hermanos a obtener la salvación de Dios”). ¡Esto es para los protestantes una herejía grosera, un disparate! No obstante, el libro The Agony… implica que en los credos los católicos ven el mismo sentido que los
protestantes. ¡Esto es un error inexcusable y fatal en un libro escrito por eminencias cristianas para señalar los errores dentro de la iglesia! Aunque éste y los otros libros citados arriba contienen mucho que es recomendable, su aprobación del Catolicismo Romano es un despiste trágico.

El falso retrato del Catolicismo Romano sigue en el libro The Agony…, en la página 244. Después de condenar correctamente la venta de indulgencias que condujo a Martín Lutero a clavar sus 95 tesis en la puerta de la capilla en el castillo de Wittenberg, el editor/ revisor del libro, Michael Horton, escribe: “No sería justo, por supuesto, interpretar toda la historia y el carácter del Catolicismo romano por este trágico plan para recaudar fondos…” La implicación es que Roma ha cambiado y mejorado, la cual es falsa. Aunque no las vendan tan descaradamente ahora, las indulgencias todavía son una parte importante de la salvación en el Catolicismo.

 

 

 

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